Desde el magnicidio del presidente Jovenel Moïse en 2021 la isla ha caído en una espiral de caos

El horror extremo volvió a azotar este mes Puerto Príncipe, la capital de Haití, con una matanza que terminó con la vida de 180 personas en Cité Soleil, la mayor comuna de chabolas del país, asfixiada por el crimen organizado que desde hace años es amo y señor del territorio.

Monel Felix, también conocido como “Micanord Altes” y líder de una banda criminal, ordenó la masacre después de que un sacerdote vudú, al que pidió consejo sobre la enfermedad de su hijo, acusara a unos ancianos de la zona de dañar mediante brujería al niño, que falleció.

La ira de Felix desató un baño de sangre en el barrio Wharf Jérémie, en Cité Soleil, y dejó una nueva página de horror en la ya larga historia de violencia que azota a Haití.

El asesinato masivo en Wharf Jérémie tuvo lugar solo dos meses después de otra matanza llevada a cabo por la banda Gran Grif (Grandes Garras), considerada la más grande y poderosa del departamento de Artibonito.

Liderada por Luckson Elan, sancionado por la ONU por su participación en graves violaciones de derechos humanos, esa masacre dejó un saldo de 115 muertos en Pont Sondé, aproximadamente 100 kilómetros de la capital. Esa misma banda, responsable de numerosos actos de violencia, asesinó hace unas semanas a 20 personas mientras dormían en su casa en la región de Artibonito, en la comuna Petite Rivière. Detrás de esta violencia, que tiene sumido al país en una crisis humanitaria, con miles de desplazados, se calcula que hay cerca de 300 bandas, que controlan 80% de la capital, Puerto Príncipe y buena parte del país.

Según datos de la ONU, este último año la violencia pandillera ha dejado 5.000 muertos, en un país con poco más de 11,5 millones de habitantes. La crisis humanitaria también es alarmante, con decenas de miles de desplazados forzados a huir de sus hogares.

Otras pandillas

Según la organización Global Center Responsibility to Protect, la poderosa coalición de bandas Viv Ansanm (Vivir Juntos), a la que pertenece el grupo de Micanord Altes, lanzó desde finales de febrero ataques coordinados en toda la capital haitiana con el objetivo de expandir su territorio.

La coalición se formó en 2023, tras un pacto entre el exoficial de policía Jimmy Chérizier, alias Barbecue, jefe de la federación de pandillas G-9 y Familia y Aliados, y la pandilla de G-Pep, con el objetivo de derrocar al gobierno del entonces primer ministro, Ariel Henry, quien finalmente renunció desde el exilio el pasado mes de marzo. También figuran las bandas Terre Noir y Kokorat San Ras. Barbecue es conocido por su brutalidad extrema y ha sido acusado de orquestar numerosas masacres en barrios pobres de Puerto Príncipe, como parte de su lucha por el control territorial y político.

Además, Viv Ansanm ha estado involucrada en múltiples ataques a comunidades, lo que ha llevado a un desplazamiento masivo de personas, se calcula que más de 700.000.

Además de esta coalición hay otras bandas que contribuyen a agravar la crisis de seguridad, entre ellas, Baz Pilat (Base o Cuartel), que tiene su centro de operaciones en la región de Martissant, una zona estratégica que conecta Puerto Príncipe con el sur del país.
Su líder, Ezéchiel Alexandre “Ze”, fue arrestado en junio de 2022, pero esto no impidió a la banda continuar con sus actividades delictivas y ejercer un relevante control sobre las rutas de transporte, donde imponen peajes ilegales y extorsionan a los conductores. Sus acciones han bloqueado el suministro de alimentos y bienes básicos a amplias regiones.

Chen Mechan (Perros Malos) es otra de las bandas más temidas y violentas, que opera en el distrito de Bel Air, uno de los más conflictivos de la capital. Se dedica principalmente a secuestros, extorsión y ataques armados. Ha sido responsable de algunos de los incidentes más violentos del último año, incluyendo incendios de viviendas.

El Hospital General de nuevo blanco de ataques

Apenas el martes pasado la coalición de bandas Viv Ansanm (Vivir Juntos) atacó el Hospital General de Puerto Príncipe, cuando iba a ser reinaugurado, y dejó un saldo de dos periodistas y un policía asesinados.

Johnson “Izo” André, considerado el líder más poderoso de las pandillas en Haití y quien forma parte de la mencionada alianza criminal, publicó después un video atribuyéndose el atentado bajo el argumento de que no habían autorizado al Gobierno la reapertura del centro hospitalario. Tal es el dominio que han obtenido.

“Algunos fueron alcanzados en el pecho. Algunos de los periodistas tenían parte del rostro destruido, algunos recibieron disparos en la boca o en la cabeza”, declaró el fotógrafo Jean Fregens Regala, citado por la agencia AP.

Pese a que se trataba de un acto oficial, al mismo no asistió el ministro de Salud y la policía solo atendió los desesperados llamados después de dos horas, usando una escalera para ingresar al hospital por un muro, pues las pandillas controlan la mayoría de las calles.

“Cuando contactamos con una unidad policial, la policía nos dijo que no estaban al tanto del evento, de la reapertura del hospital”, añadió Regala, quien pese a los ruegos de su familia, dado que ya en 2023 otros dos periodistas también fueron asesinados por las pandillas, dijo que no abandonará el periodismo, pues “el trabajo debe continuar, para asegurar que la población esté informada”.

El tiroteado Hospital General.

El imperio de las bandas y el mundo que no mira

El sociólogo venezolano y articulista en Actualidad RT, Ociel Alí López, en un análisis publicado el 9 de octubre pasado, apuntaba que el lunes 7 había tomado posesión el nuevo presidente, Leslie Voltaire, a escasos días de la matanza de 70 personas ocurrida en el departamento de Artibonito tres días antes.

Tras comentar que “la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (Mmas), que cuenta con el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU, hasta ahora solo ha sido asunto de Kenia, que ha aportado unos 400 militares para hacer frente al caos violento”, sentenció: “Pero la verdad es que el mundo se olvida de Haití”.

Más adelante, lamentó que “Haití no se haya convertido en una preocupación internacional por parte de los organismos multilaterales o al menos en una noticia recurrente de los medios de comunicación internacional. No hay campañas para concientizar lo que allí sucede. En las redes solo salen burlas y fake news sobre los haitianos y sus prácticas religiosas. Varias ONG confiesan que la ayuda internacional es ridícula en relación al grave problema existente. No parece que hubiera la posibilidad real de confrontar estas bandas y no hay ayuda internacional lo suficientemente relevante”.

Sobreviviendo a la violencia

X @PBolivariana