Henry Pacheco*

Sin el patrocinio estadounidense y la complicidad “occidental”, especialmente la UE, las imágenes de niños mutilados y hospitales destruidos ya habrían generado una reacción social y política suficiente para sentar en el banquillo a los responsables.

Como expuso el representante de Suráfrica ante la Corte Internacional de Justicia en su demanda contra Israel por genocidio, “Estamos ante el primer genocidio retrasmitido por sus propias víctimas”. Los móviles de los gazatíes son, hoy en día, la única vía de comunicación que nos permite saber lo que ocurre dentro del gueto de Gaza. Esto es así porque Israel no permite la entrada de periodistas extranjeros, y los pocos que viven en la Franja trabajan sin apenas medios y siendo considerados un objetivo militar prioritario, porque el régimen israelí no quiere testigos ni pruebas del genocidio que allí están llevando a cabo. Solo en los dos primeros meses de la agresión israelí contra Gaza han sido asesinados más profesionales de la información que en los 20 años de la guerra de Vietnam. Aunque usted no lo crean .

Pero, aunque el régimen israelí intente bloquear toda la información posible, las redes sociales e internet han permitido mostrar la barbarie israelí y burlar el bloqueo mediático sionista. Cada día miles de vídeos y fotografías dan fe de la masacre que más de 2,3 millones de personas viven a diario. Hoy nadie puede decir que no conoce lo que ocurre en Palestina, nadie podrá argumentar “desconocimiento” cuando en unos años la historia juzgue el papel que los gobiernos y los pueblos han tenido respecto al genocidio de Gaza.

Existe una responsabilidad colectiva. No porque se esté apretando el gatillo directamente, no es necesario. Podemos hablar de responsabilidad colectiva porque esta catástrofe solo puede continuar mientras “occidente” siga permitiéndoselo a Israel. Si Naciones Unidas hoy sufre una vergonzosa parálisis es porque EE. UU., patrocinador y padrino de este genocidio, ejerce su derecho de veto para proteger a su alfil en Oriente Medio. Mantener a Israel a flote en un momento de reconfiguración geopolítica es una prioridad tanto para “demócratas” como “republicanos” en Washington, conscientes de que el régimen israelí es su mejor garantía de influencia en una región rica en recursos naturales, con gran valor geoestratégico y con una conflictividad creciente.

Sin el patrocinio estadounidense y la complicidad “occidental” —hágase especial mención a la UE— las imágenes de niños mutilados y hospitales destruidos ya habrían generado una reacción social y política suficiente para sentar en el banquillo a los responsables. Es ahí, en el silencio occidental —cuando no es directamente apoyo—, donde debemos señalar con el dedo y presionar por todos los frentes. La complicidad occidental es el último dique de contención que tiene el régimen israelí para seguir llevando a cabo su limpieza étnica contra el pueblo palestino.

La responsabilidad internacional de lo que ocurre en Gaza interpela por tanto a los gobiernos occidentales, que deben dejar de ponerse de perfil y adoptar medidas específicas, como a los pueblos, que deben seguir multiplicando su solidaridad y su internacionalismo. Sin duda, en Europa, se vive un divorcio entre los representantes públicos y las sociedades a las que deberían representar. Pero no hay margen para la resignación o el inmovilismo, el fin de la complicidad solo llegará si las movilizaciones fuerzan a los gobiernos a cambiar de posición y tomar acciones contundentes.

No es una demanda en abstracto.

Es exigir que nuestros gobiernos pidan un alto el fuego inmediato, incondicional y duradero; es apoyar la demanda de Suráfrica ante el Tribunal Internacional de Justicia; es cortar relaciones diplomáticas; es imponer un embargo en armas… es, en definitiva, acabar con la impunidad del régimen israelí.

Y por qué decimos que es una responsabilidad compartida, aparte de lo ya explicado, más del 85 % de la población de Israel está de acuerdo con el exterminio de todo el pueblo PALESTINO.

La solidaridad con Palestina va desde lo cotidiano, llevar una kufiya o hablar con tu vecino sobre lo que ocurre, a lo general, organizándonos en torno al movimiento solidario y participando en todas las acciones posibles. Es ahí donde debemos estar, en la lucha diaria hasta acabar con la ocupación, porque la causa palestina es la causa de la humanidad. La historia juzgará al mundo por lo que ocurre en Gaza y solo podemos estar, en el lado bueno de la historia.

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*Henry Pacheco.

 Investigador y analisata político venezolano

BLOG DEL AUTOR: Henry Pacheco

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