Por: Juan Hernández Machado, miembro de la Unión de Historiadores de Cuba

Opinar sobre el proceso político de cualquier país es algo complicado, sobre todo cuando uno no es ciudadano del país sobre el cual se comenta. Sin embargo, las cosas se simplifican cuando el comentario se basa en hechos históricos que no se pueden negar.

Muchos parecieron sorprendidos al inicio con la victoria de Javier Milei en la segunda ronda de las elecciones presidenciales argentinas, victoria en la que superó por un poco más de once puntos porcentuales al representante del oficialismo, el ministro de Economía Sergio Massa.

Ya se ha escrito bastante y se seguirá escribiendo más aún sobre esto, pues Milei, sin gran experiencia ni respaldo político, aunque con un desarrollo sorprendente en la proyección mediática, sorprendió a todos en la primera ronda cuando logró pasar al balotaje, superando a otros candidatos más mediáticos y de los cuales se esperaba más.

¿Qué sucedió, entonces? ¿Qué facilitó su triunfo en segunda instancia?

Al igual que todo en la vida, cada situación hay que verla desde, al menos, dos direcciones o puntos de vistas.

En este caso, no hay duda alguna que Milei ganó, que el pueblo lo eligió y no fue puesto por ningún golpe de estado o maniobra sucia. Lo mismo sucedió, salvando las diferencias entre ellos, cuando Mauricio Macri fue electo presidente anteriormente. Eso está claro.

Pero si vemos el resultado electoral desde otro ángulo, resalta que la otra parte perdió, de nuevo igual que sucediera cuando Macri fue electo presidente.

Argentina pasa por segunda vez por esta situación. Varios amigos consultaron las opiniones de ciudadanos argentinos simpatizantes de Cuba sobre el desenlace de las elecciones en su país y todos- de lugares, clases y tendencias políticas diferentes- estaban muy contentos. Al preguntarles la razón respondieron que no sabían qué haría realmente Milei, si cumpliría totalmente o no lo prometido durante su campaña, aunque sabían que iba a ser difícil para ellos, pero lo más importante era que con este resultado habían salido del peronismo.

Esto es algo duro, pero real. El gobierno de Alberto Fernández no logró llenar las expectativas del pueblo, al que le prometieron muchas cosas cuando Macri fuera derrotado pero luego no se cumplieron.

El mismo lo reconoció en la entrevista que ofreciera a El País el 24 de noviembre pasado cuando aseveró que “no supimos sintonizar la sociedad”.

Y esta es una de las enseñanzas que hay que sacar de estas y otras elecciones que han tenido desenlaces similares: cuando una fuerza política, con sus dirigentes al frente, decide luchar por las reivindicaciones de su pueblo tiene que ir hasta el final y cumplir lo prometido durante las campañas electorales, si logran la victoria. De no poderse cumplir, con la misma franqueza y diafanidad hay que explicarle al pueblo las razones por las cuales no se puede cumplir.

Cuando esto no sucede le facilitamos el camino a la extrema derecha, al enemigo de clases, que tiene todo el poder adquisitivo, el control de los medios de información y otras medidas para influir en el electorado y ganarlo; un electorado que está desencantado con quienes pensaba que eran sus salvadores y resultaron siendo iguales o peores que los derechistas.

Un caso similar lo pudimos ver en el Ecuador cuando Lenin Moreno, que recibió el apoyo de la Revolución Ciudadana para ascender a la presidencia, se apartó de los principios de esta y vendió su alma a los intereses yanquis contrarios a su pueblo, sumiendo al Ecuador en una situación insostenible.

¿Resultado? El movimiento de la Revolución Ciudadana no pudo ascender al poder de nuevo, perdió más espacio y eso posibilitó que Guillermo Lasso entrara en escena, sumiendo al país en un caos mayor que el que había encontrado cuando alcanzara la primera magistratura.

Pero tampoco en ese caso supieron reorganizar las fuerzas, unirse, buscar los mejores representantes, ganarse la confianza perdida en el pueblo.

¿Y qué sucedió de nuevo? Que tampoco en estas últimas elecciones presidenciales los representantes de la Revolución Ciudadana pudieron regresar al poder.

Lamentablemente hemos visto cómo los pueblos se van sintiendo engañados, traicionados, desatendidos y eso posibilita que sean captados por la gigantesca maquinaria propagandística de los que hacen todo en su beneficio personal y de su clase, pero usan un tinte populista en su discurso, para ganar los votos que los lleven a la presidencia del país de que se trate.

Los argentinos esperaron que el período post Macri fuera realmente de respiro y de avance, pero en cambio se agravaron la crisis económica, el endeudamiento, la inflación y la pobreza. Ahí estuvo la clave del resultado electoral de este pasado domingo.

Ecuador tiene un nuevo presidente, joven, que sin pertenecer a ningún partido progresista ha prometido actuar en beneficio del pueblo. No hay otra forma que esperar a ver cómo actúa y, mientras tanto, se debe fortalecer el Movimiento de la Revolución Ciudadana, eliminando diferencias pírricas que no conducen a nada sino a la derrota, y cumpliéndole al pueblo lo que prometen.

En Argentina, aunque Milei tenga que hacer algunos ajustes a sus promesas de campaña, no hay dudas que la transformación será profunda, pero siempre en contra de los intereses verdaderos del pueblo argentino. Solo con saber que en sus primeras declaraciones después de electo reafirmó que se alineará con el gobierno de los Estados Unidos y el de Israel- a pesar de todo el genocidio que el mismo está cometiendo contra el hermano pueblo palestino- es suficiente.

En cuanto a nosotros, y a pesar de sus “alentadoras palabras” que le dirigiera a la mafia terrorista de origen cubano que lo ovacionó en Miami, le aclaramos que Cuba es verdaderamente libre desde el primero de enero de 1959 y que, a pesar de todas las dificultades por las cuales atravesamos debido al bloqueo yanqui, a la inclusión en la espuria lista de estados promotores del terrorismo y a otras medidas contra nuestra vida, saldremos adelante, no importa que brinde su apoyo a los terroristas radicados en Miami y otras partes del “paraíso de la libertad” que aspiran a tener tres días de asueto para matar comunistas en nuestra patria.

De lo que sí no queda duda es que será un brusco giro a la derecha donde la protección de la población en general, los derechos de las mujeres, indígenas y adultos mayores sufrirán, y el pueblo argentino se verá en una situación peor que en la que se encuentra ahora. Tal vez esto lo haga pensar mejor, pues abrirle el camino a la extrema derecha nunca le traerá beneficios.

La otra experiencia que se debe sacar del caso argentino, que también se relaciona directamente con el cumplimiento o no de las promesas hechas al pueblo, es la unidad dentro del partido, movimiento o agrupación que dice luchar en beneficio popular y sus principales dirigentes.

Alberto Fernández también lo reconoce en la mencionada entrevista al admitir que “tuvimos demasiado debate público interno”. No nos gusta hablar de esas cosas, pero que es que las discrepancias entre el presidente saliente en Argentina y su segunda, la vicepresidenta Cristina Fernández, fueron profundas y demasiado públicas.

Y nosotros podemos hablar sobre estos temas porque existieron en nuestra historia y siempre con resultados muy desagradables.

En 1878 la desunión dentro de las filas patrióticas, el caudillismo y el regionalismo motivaron que después de diez años de cruenta lucha contra el dominio español no se pudo alcanzar la victoria.

Luego en 1895 cuando los yanquis intervinieron en nuestra guerra contra España, para evitar que los mambises cubanos se alzaran con la victoria, también hubo desacuerdo dentro de las filas cubanas que les facilitaron el camino a los ilustres vecinos del norte.

Prueba de ello es que el primer presidente republicano, que viabilizara muchas de las acciones estadounidenses en Cuba que denigraron la integridad de los verdaderos patriotas, procedía de las filas mambisas y conocía muy bien el pensamiento de José Martí sobre el imperialismo yanqui porque había estado varios años a su lado. Sin embargo, se plegó a los intereses yanquis sin remordimiento alguno.

Por eso, al beber de esa amarga experiencia, la etapa final de nuestra lucha por la verdadera liberación, dirigida por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, tuvo como premisa esencial la unidad y también cumplirle al pueblo lo que se le había prometido.

Solo así hemos podido resistir más de seis décadas de férreo bloqueo yanqui que hace nuestra vida actual muy, pero que muy difícil.

Y Cuba no es el único ejemplo.

Contra Lula da Silva hicieron lo indecible, pero como su causa era la correcta y realmente hizo los cambios prometidos, al final el pueblo actuó y hoy vuelve a dirigir los destinos de ese gran país.

Los intentos de golpes de estado contra Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela encontraron un pueblo agradecido que impidió que los mismos se hicieran realidad.

Cuántas medidas diferentes no se han aplicado contra la revolución sandinista, tratando de destruirla, y ahí está el pueblo nicaragüense, apoyando a su comandante, que ha dedicado su vida para transformar a ese hermano país como soñaba Augusto César Sandino.

¿Qué sucedió en la propia Bolivia? Luego del golpe de estado contra el MAS y Evo Morales, la ultra derecha nacional pensó que volvería a controlar el país por décadas, como había ocurrido en el pasado. Sin embargo, ese hermano pueblo, con el significativo aporte de sus indígenas, logró revertir la situación y reinstaurar en las elecciones a quienes realmente habían cumplido sus promesas de desarrollo y puesto a Bolivia en un lugar cimero en Nuestra América.

Hay una vieja expresión popular que lo resume todo: agua pasada no mueve molino. No se puede deshacer lo acontecido en Ecuador o en Argentina. Sean cuales fueren las razones que finalmente posibilitaron el triunfo de Javier Milei, lo cierto es que es el nuevo gobernante en ese hermano país.

Nuestros pueblos deben mirarse en ese espejo y sacar sus debidas conclusiones para que no les ocurra lo mismo, porque no hay duda de que la extrema derecha latinoamericana está envalentonada con ese triunfo en la Argentina.

Lamentablemente hay otros procesos realmente democráticos y progresistas en Nuestra América donde existen diferencias internas entre las filas gobernantes, algunas de ellas hechas ya conocidas públicamente.

No se puede lograr siempre la unidad total a lo que de lugar, pero sí se puede lograr la unidad dentro de la diversidad, encontrar esquemas comunes sobre los cuales se pueda trabajar y cerrar cualquier brecha que le quede al enemigo imperialista para tratar de destruir lo que tanta sangre, sudor y sacrificio les ha costado a nuestros pueblos, a nuestros obreros y campesinos, a nuestros indígenas latinoamericanos.

Confiamos en que existe la debida capacidad política en esos partidos, movimientos y países como para dirimir sus diferencias dentro de casa y no dar ninguna oportunidad al enemigo a que nos destruya.

Estas dos experiencias que nos deja la elección de Javier Milei deben servirnos para algo.

30 de noviembre 2023

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