Henry Pacheco

El referendo sobre el Esequibo es una realidad. Guste o no guste. La constitución permite consultar acerca de ese tema. Voy a participar en la elección. No puedo darme el lujo de estar en negación o en la indignación moral como buena parte de las elites venezolanas. Para escindirse de la realidad hay que estar bien. Es un lujo. No estoy ahí ni quiero estar. Quiero estar con los pies en la tierra. En el “principio de la realidad”. 

Por eso voy a la realidad del 3 de diciembre que no solicité, pero no la puedo evadir con postureos de lugares comunes tipo “la soberanía se ejerce, no se consulta” o de la inútil “dignidad”. La  estrategia del gobierno frente al Esequibo nos trajo hasta acá. El 7-11-23 el presidente Maduro hizo una enjundiosa explicación sobre el despojo concretado en el Laudo de 1899. Fue buena, pero con huecos para explicar las acciones de su gobierno a partir de la quinta etapa (2015-2023). Con el referéndum, la meta inmediata del ejecutivo es mostrar fuerza y lograr una conversación con Guyana. Las 5 preguntas de la consulta están bien redactadas para dar un sí a todas. No lo haré. Votaré, pero no en bloque. La pregunta más difícil para un venezolano es la #3

Mi apreciación personal.

No soy conocedor del asunto sino un ciudadano que considera que votar y manifestar su opinión es lo correcto. Le tomó la palabra al presidente Maduro, quien en un acto por el Esequibo del 7-11-23, propuso un “debate abierto y sincero” acerca del tema y de las 5 preguntas. Aquí va mi aporte “abierto y sincero” al debate.

Hay que recordar que en 2018 la controversia fue remitida por la ONU a la Corte Internacional de Justicia (CIJ), en una interpretación que el secretario general de la ONU hizo del artículo IV del acuerdo de Ginebra (1966).

En un comunicado con fecha 9-11-23 Guterres ratificó esta decisión de 2018. Indicó que “en enero de 2018, después de analizar cuidadosamente la evolución del proceso de buenos oficios que había tenido lugar durante los años anteriores, el secretario general, en ejercicio del poder y la responsabilidad que le confiere el Acuerdo de Ginebra de 1966, eligió la Corte Internacional de Justicia como el siguiente medio a ser empleado para la solución de la controversia fronteriza entre los dos países” (subrayados míos).

El 10-11-23 Cancillería emitió un comunicado en el que rechazó esta posición de Guterres. Le señaló que, con su mensaje, “pretende declinar su responsabilidad en las tensiones generadas por Guyana, relacionadas con la controversia territorial por la Guyana Esequiba”. 

Algo  de  historia.

En 2019, Venezuela presentó una memoria para cuestionar la demanda de Guyana contra nuestro país, pero desconoció a la CIJ como instancia para tratar la controversia por el Esequibo. 

En 2020, la corte reconoció que posee jurisdicción respecto a la validez del Laudo de 1899. Nuestro país no asistió a las distintas audiencias hasta febrero de 2021. A ésta fue “por cortesía”. En noviembre de 2022, Venezuela asistió para plantear las objeciones a la posición de Guyana.

En abril de 2023, La CIJ votó en contra de la “excepción preliminar” -básicamente, que la demanda de Guyana no procede porque UK no es parte del caso, cuando debe porque se obligó con el acuerdo de Ginebra de 1966; la CIJ decidió 14 a 1 que a UK no le corresponde ser parte en el caso- formulada por Venezuela y acordó que tiene jurisdicción para decidir sobre la demanda de Guyana (la validez del Laudo de 1899).

El 21-9-23 la AN aprobó realizar un referéndum consultivo para “que el pueblo refuerce la defensa de la Guayana Esequiba”.

En la sesión del parlamento, Jorge Rodríguez justificó la consulta por “las insolentes declaraciones del Gobierno de los Estados Unidos en flagrante agresión contra la soberanía de Venezuela sobre el Esequibo. Al respecto, Rodríguez calificó de ignorante e injerencistas las aseveraciones del subsecretario para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de Estados Unidos (EE.UU) Brian A. Nichols, quien manifestó este miércoles su apoyo a Guyana para explotar los recursos naturales del Esequibo plegándose a los intereses transnacionales y en contra de los derechos legítimos de Venezuela.

El presidente Maduro hizo un “Brinkmanship diplomático” al proponer que Caricom organizara un encuentro entre el presidente de Venezuela y el presidente de Guyana. En esa idea no era mala, pero no se  concretó, ni creo se materialice a estas alturas dada la tirantez entre las dos naciones. De hecho, el primer ministro de Guyana aseguró que el tiempo de negociación acabó, no habrá dialogo entre Maduro y el presidente de Guyana Irfaan Ali

El objetivo del “Brinkmanship diplomático” es ambicioso, en un sentido: que Guyana desista del contencioso en la Corte Internacional de Justicia o, en su defecto, converse con Maduro. Lo ideal para el gobierno es que el vecino regrese al acuerdo de Ginebra de 1966. Guyana considera que su victoria está en la CIJ.

Veo el consultivo del 3-12-23 como un “Brinkmanship electoral” con el mismo fin: hacer presión a Guyana para que regrese al acuerdo de Ginebra o, alternativamente, el presidente de ese país se encuentre con el presidente Maduro.

El problema no es el referéndum consultivo. El artículo 71 de la carta magna permite esta consulta.

El artículo establece que Las materias de especial trascendencia nacional podrán ser sometidas a referendo consultivo por iniciativa del Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; por acuerdo de la Asamblea Nacional, aprobado por el voto de la mayoría de sus integrantes; o a solicitud de un número no menor del diez por ciento de los electores y electoras inscritos en el registro civil y electoral.

“También podrán ser sometidas a referendo consultivo las materias de especial trascendencia parroquial, municipal y estadal. La iniciativa le corresponde a la Junta Parroquial, al Concejo Municipal, o al Consejo Legislativo, por acuerdo de las dos terceras partes de sus integrantes; al Alcalde o Alcaldesa, o al Gobernador o Gobernadora de Estado, o a un número no menor del diez por ciento del total de inscritos e inscritas en la circunscripción correspondiente, que lo soliciten.

La carta magna no excluye ningún tema a ser consultado. Ejercer la soberanía no choca con una consulta sobre la misma. Es un referéndum consultivo, no es uno abrogatorio. Así que la consulta vale.

 Es evidente que la controversia y su situación actual es una materia de “especial trascendencia nacional”. La fecha para la entrega de la contra memoria venezolana es el 8-4-24.  Es un asunto de Estado que puede ser planteado al público. También se puede ejercer con un referéndum consultivo o litigar en la CIJ. Así que no se puede rechazar de entrada. La oposición pierde el tiempo en preciosismos porque no tiene una estrategia ante el Esequibo y el referéndum en particular. Y ya debería tenerla.  

En la web, está un archivo de la Cancillería en la que están registradas todas las acciones del gobierno de Maduro desde 2015 para la defensa del Esequibo. 

El general Pompeyo es una de las pocas voces consistentes sobre el tema cuando no se hablaba del mismo o concitaba poco interés. Aprendí del entonces coronel Pompeyo acerca del Esequibo. Celebro su ascenso a general de brigada. Solo señalo mis respetos al oficial general y su constancia, pero hay otros conocedores del asunto fuera del mundo chavista. El presidente debería dar el paso y, al menos, escucharlos. Algo como “tomarse un café sin compromiso para hablar sobre el Esequibo”. 

Consultar al ciudadano, que no sabe del asunto. Posiblemente no lo sepa como experto  pero las personas tienen información y una opinión acerca del Esequibo. Me resultan un tanto “clasistas” las opiniones en redes sociales que piden una “campaña educativa” sobre las preguntas que asumen son “complicadas para el común”. Lo son. Tienen sus “conchitas de mango” o hay que “leer entre líneas”. Que sea así no significa esa división que algunos todavía se empeñan en Venezuela: entre un pequeño grupo de ilustrados que saben –“el venezolano que más sabe de…”; el sueño del “gobierno de los que más saben en…”- y la “masa” a la que hay que enseñar desde cómo ser libre hasta del Esequibo. Ese “clasismo” de “es complicado para el pueblo” persiste en nuestro país, como si la gente fuera tonta. Es la misma que sobrevivió a una terrible inflación y la que no cayó en el conflicto civil promovido por élites irresponsables del gobierno y de la oposición.

Otro motivo para de  La consulta busca decirle al mundo que no hacen falta esos apoyos porque con el respaldo interno es más que suficiente.

Henos aquí, entonces, embalados al referéndum consultivo acerca del Esequibo ¿Qué el gobierno lo aprovecha dentro de su estrategia política? Por supuesto ¿Qué por eso voy a dejar de participar? No. Salvo que la oposición defina una estrategia que hasta ahora no la veo, que vaya más allá de la indignación moral, la “etapa de la lógica” en la que está como mecanismo de defensa ante una realidad que la sorprendió y no esperaba. La negación de la realidad se transmuta en lógica, “no se puede consultar sobre algo que ya existe”. La política entra en la dimensión ontológica. Así está la oposición mientras atina a una respuesta y a una estrategia.

Votar si, por qué.  Varias razones para hacerlo. Tres de entrada.

La primera es la más sencilla. Considero mi deber expresarme en este tema. Si bien no ir a votar es una forma de expresión política,  pienso que el “voto activo” es más útil que la abstención. Más en Venezuela cuando nadie reclama el no votar.

 En mi caso, opto por dar mi opinión en las 5 preguntas.

El segundo motivo Hay preguntas con implicaciones de guerra. 

La paz que disfrutan muchos de los que llamaron a guerras dentro de Venezuela  la parimos quienes durante esos años de conflicto optamos por la contención. Esa paz la erigimos de manera colectiva. Hablo en plural porque fui uno de los que ayudó a construir esa paz. Por lo que me gané mi derecho a opinar y no a seguir “líneas” que “famosos e influencers” bajarán en tuiter para decirme cómo debo opinar y “ser bien visto”.

Al participar el 3 de diciembre expresaré que no deseo una guerra. Tengo claro que, si hay un conflicto, y me toca reincorporarme al servicio, lo haré “sin protesto” y sin shows para tuiter.

 Finalmente, votaré para tener la autoridad y verle la cara al vecino. De esta consulta podrá haber otra división entre “nacionalistas” y “no nacionalistas”.

Las preguntas sobre el referéndum, comunicadas por el CNE el 23-10-23.

Conocedores del tema han escrito acerca de las 5 preguntas. En mi caso, no soy conocedor del tópico sino un ciudadano que va a expresar su opinión en este asunto de

Lo primero que observo es que el gobierno pensó bien las preguntas. Al menos su redacción. Pueden parecer y ser complicadas o enjundiosas, pero están redactadas de tal manera que negar o afirmar según el caso, sea imposible. De aquí que el ejecutivo hable “El Esequibo es 5 veces sí”.

La primera interrogante.

“¿Está usted de acuerdo en rechazar, por todos los medios, conforme al derecho, la línea impuesta fraudulentamente por el laudo arbitral de París de 1899 que pretende despojarnos de nuestra Guayana Esequiba?

La respuesta es afirmativa. Es la nuez del contencioso de Venezuela cuando se descubrió el memo de Mallet-Prevost que llevó a que en 1962 el gobierno de Rómulo Betancourt planteara en la ONU revisar el caso porque el Laudo es nulo (con su antecedente en el Tratado de Washington de 1897).

Pasemos a la interrogante #2:

“Apoya usted el Acuerdo de Ginebra de 1966 como el único instrumento jurídico válido para alcanzar una solución práctica y satisfactoria para Venezuela y Guyana, en torno a la controversia sobre el territorio de la Guayana Esequiba?

Igualmente, la respuesta es afirmativa. Quizás es la pregunta mejor redactada y más ajustada a los hechos de las 5 interrogantes de la consulta. La menos envenenada en el verbo. Puede parecer contradictoria con la #3 pero no lo en un plano jurídico si se quiere. En lo político puede ser.

Es la pregunta “lógica” de las cinco porque se va a afirmar un acuerdo que para Guyana ya no existeEs la pregunta “lógica” porque el problema es cómo hacer que exista algo que solo existe para Venezuela pero que en la disputa en la CIJ tampoco existe. El fondo es cómo hacer de un acuerdo que existe pero es inexistente uno que exista o vuelva a existir.

No tengo problemas con la segunda pregunta y por eso mi voto es afirmativo para la pregunta #2.

Pasemos a las “preguntas pelúas”. Las interrogantes 3, 4, y 5 tienen implicaciones importantes, a mi modo de ver. Hay que leerlas con cuidado y ponderar votar sí o no en cada una.

La interrogante #3:

“¿Está usted de acuerdo con la posición histórica de Venezuela de no reconocer la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia Territorial para resolver la controversia territorial sobre la Guayana Esequiba?”.

En esta pregunta mi voto será en sí.  ¿Por qué?  Estoy  contra  las  reglas  establecidas   por  Guyana

La pregunta 3 es muy complicada. Es la más difícil de todas. Para un venezolano, es de doble filo y sumamente riesgosa. No por casualidad, desde Guyana se pide votar no a esta interrogante (junto a la #5). Tremendo problema para quienes van a votar no,

La pregunta busca justificar frente a la CIJ y a la comunidad internacional que no se favorece esa instancia en lo concerniente al reclamo por el Esequibo. No se niega la CIJ, sino que no es la instancia para tramitar la controversia.

Estoy claro que los Estados tienen su estrategia y su “razón de Estado” para mantenerse o salirse de los convenios. No hay linealidad cuando del poder se trata, aunque para los individuos sí debe existir (la integridad).

Tampoco me voy a anotar en la onda patriotera del gobierno que si a insultar a figuras de Guyana o ganar puntos al destrozar a Almagro, por ejemplo. Destrozar gente en tuiter es algo muy bien recompensado tanto en el gobierno como en cierta oposición.

Aquí viene el doble filo. Votar no es reconocer a la CIJ. Y admitir que podemos perder el caso ¿Y si lo perdemos? ¿Quiénes votamos no seremos responsables por tamaña decisión?

En primera instancia parece que sí, pero si se analiza con más detalle  por dos motivos.

El primero, que Venezuela salga del juicio de la CIJ en el tema del Esequibo, no detendrá la labor del tribunal, salvo que el retiro criollo produzca tal crisis que la corte no pueda decidir. Pero, en principio, la corte decidirá sobre la validez del Laudo de 1899 con Venezuela o sin Venezuela. 

Lo segundo es que el estado dirá, aunque la CIJ decida, que para Venezuela no existe tal decisión por lo que el Esequibo sigue en el contencioso. Es decir, negarnos a reconocer la decisión del tribunal ¿Cómo revertirla? O es con una acción armada contra el territorio en disputa o simplemente decir “no reconocemos la decisión de la corte, y la zona que se reclama se mantiene”, aunque Guyana avance en su estrategia porque la CIJ ratificaría. Es la opción del “desafío” o la “rebeldía” ¡Al gobierno y a la oposición cómo les gusta “un desafío”! Jugar, pues.

 Ganó el sí arrolladoramente en la pregunta #3 ¿Cuál va a ser la estrategia del gobierno? No se ha explicado, porque el caso en la corte seguirá ¿Será negarlo?

Ahora veamos la interrogante #4:

“¿Está usted de acuerdo en oponerse, por todos los medios, conforme al derecho, a la pretensión de Guyana de disponer unilateralmente de un mar, pendiente por delimitar, de manera ilegal y en violación del Derecho Internacional?

La pregunta 4 es la dilemática de las cinco porque si voto sí puede implicar el uso de la fuerza para detener barcos. Venezuela lo hizo en el pasado, con barcos que fueron llevados por nuestra Marina a aguas venezolanas, para impedir que exploraran en un mar en litigio.

Si voto no, la consecuencia es aceptar de manera indirecta que Guyana autorice nuevas exploraciones y continúen las actuales. No me parece aceptable. Más cuando ese mar no está delimitado.

Mi voto será SÍ porque el posible uso de la fuerza es más aceptable -en el supuesto de la pregunta- que permitir la exploración en aguas no delimitadas.

Finalmente, la pregunta #5. Leamos: 

“¿Está usted de acuerdo con la creación del estado Guayana Esequiba y que se desarrolle un plan acelerado para la atención integral de la población actual y futura de ese territorio, que incluya, entre otros, el otorgamiento de la ciudadanía y cédula de identidad venezolana, conforme al Acuerdo de Ginebra y el Derecho Internacional, incorporando en consecuencia, dicho estado en el mapa del territorio venezolano?”

La pregunta 5 alude a una suerte de mixtura para crear y no crear un “estado Guayana Esequiba” que se incorpore al mapa de Venezuela. Es y no es. Es porque se creará en una consulta  pero es una acción simbólica la que también puede tener una realidad de fuerza: poblar ese estado, que no es la primera vez que Venezuela lo busca (el territorio Esequibo).

Lo hizo durante el gobierno de Raúl Leoni en Anacoco en 1966, cuya jurisdicción la ejerce Venezuela. Reportajes afirmaron que, “el gobierno de Leoni, a través del MOP, tutelado entonces por el ingeniero Leopoldo Sucre Figarella, introdujo una población civil, construyó una guarnición militar, una pista de aterrizaje, una oficina postal, una escuela y puestos policiales”. Igualmente en el Rupununi en 1969, aunque ésta fue una rebelión dentro de Guyana la que solicitó el apoyo de Venezuela.

La novedad ahora es que no habría una “zona en reclamación” sino un “estado Guayana Esequiba”. Quedará ver cómo se organizará en cuanto a su estructura y autoridades.

La pregunta solo deja ver que se actuará para dar identidad -cédula, pasaporte, y otros documentos de identidad- a los que allí habitan o habitarán. Solo se habla de un plan para la “atención integral”. Más nada. Es una pregunta con efectos simbólicos que puede tener consecuencias reales de fuerza.

No es lo mismo hacer un mapa que incorporó la “zona en reclamación” -como se hizo durante el gobierno de Leoni cuando se presentó un nuevo mapa de Venezuela- que uno con un “estado Guayana Esequiba” que no existe en los hechos. Lo ideal es que existiera,

Por lo demás, la pregunta #5 se aleja del espíritu del acuerdo de Ginebra que sí es la posición de Venezuela al menos desde 1966: un arreglo producto de una negociación y no por acciones de fuerza o en los hechos.

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