Por: Juan Hernández Machado, miembro de la Unión de Historiadores de Cuba

Desde el pasado primero de agosto usted puede disfrutar en este sitio, amigo lector, de cómo el gobierno de Estados Unidos de América utiliza su instalación naval en la bahía cubana de Guantánamo para humillar a nuestro pueblo y atacar a la revolución cubana, aún cuando desde el punto de vista militar y estratégico dicha base es obsoleta para los intereses militares yanquis, según los cánones de la guerra moderna.

Como la misma se estableció a partir de un acuerdo- forzado, espurio y mantenido a la fuerza desde 1959- alcanzado con el gobierno cubano en 1903, algunos se cuestionan la legitimidad del reclamo cubano porque le devuelvan el territorio que es suyo por derecho propio.

En este caso las cartas están sobre la mesa hace tiempo. La historia nefasta de dicha base es bien conocida, el Gobierno Revolucionario cubano ha sido paciente aunque firme en su justo reclamo y cada cual podrá tomar el partido que mejor considere según le dicte su conciencia.

Pero eso no impide que desenmascaremos al Tío Sam por todas las vías posibles, porque su actuar desde hace doscientos años ha sido el robo de territorios, la imposición por la fuerza, las invasiones y ocupaciones utilizando diversas excusas; desde hace mucho tiempo se ha convertido en el señor de ordeno y mando cuyas fronteras alcanzan todo el globo terráqueo.

Por ello quisiera presentarle un ejemplo latente donde la prepotencia imperial yanqui y su real poder para imponerla, es lo que sostiene a una fuerza invasora ilegal a decenas de miles de kilómetros de su territorio, en la República Árabe de Siria.

La excusa esgrimida en años recientes para enviar sus tropas a operar tan lejos de sus fronteras naturales- y sin permiso ni invitación alguna del gobierno legítimo de ese hermano país- ha sido la lucha contra el terrorismo.

Pero, veamos algunos detalles de las relaciones de Estados Unidos con Siria para poder comprender mejor la situación actual.

El gobierno estadounidense reconoce la independencia de Siria en 1946 y abre su misión diplomática en el país. Sin embargo, no transcurrió mucho tiempo y nuestros vecinos del norte comenzaron a mostrar su garra.

Los Estados Unidos estaban interesados en construir el oleoducto transarábigo, que tenía a Siria como centro, pero el presidente Shukri al-Kuwatli, democráticamente electo en ese país, se oponía y lo bloqueaba. Y entonces, como por arte de magia, un grupo de militares sirios comenzaron a acusar al presidente de diferentes violaciones y dan un golpe de estado el 29 de marzo de 1949 que lo derroca y establecen una nueva administración que, coincidentemente, da luz verde a las aspiraciones estadounidenses en el país.

En aquella oportunidad poco se conoció de la real implicación de Estados Unidos en el caso, pero diversas investigaciones académicas posteriores confirmaron la mano de la recién creada Agencia Central de Inteligencia (CIA) yanqui en el golpe, incluyendo la participación del experimentado oficial Miles Copeland.

Copeland fue un oficial de inteligencia estadounidense (Oficina de Asuntos Estratégicos, como se llamaba entonces) estacionado en Londres durante la II Guerra Mundial a cargo de operaciones de desinformación. Fue uno de los primeros integrantes de la naciente CIA y enviado a Siria desde donde realizó diversas operaciones de espionaje y desestabilización como la descrita anteriormente.

En las nuevas elecciones libres de Siria en 1955 Shukri al-Kuwatli fue elegido de nuevo como presidente del país, aunque para esa fecha el cargo había perdido relevancia. Kuwatli aprobó la unión de Siria con Egipto para formar la República Árabe Unida, que presidiera Gamal Abdel Nasser y mantuviera una posición progresista.

En 1957 la CIA trató de nuevo de deshacerse de Kuwatli pero no tuvieron éxito como anteriormente, lo que provocó la retirada de los embajadores de ambos países y un enfriamiento en las relaciones entre ellos, relaciones que continuaron empeorando en 1967 debido al apoyo estadounidense al agresor israelita durante la llamada Guerra de los Seis Días mediante la cual Israel ocupó las Alturas del Golán Sirio, que mantiene hasta nuestros días.

Las relaciones se reanudan en 1974 y hasta el presidente Richard Nixon visita a Siria, lo que contribuyó a un mejoramiento de las mismas. Cuando Sadam Hussein invadió Kuwait en 1990, Siria cooperó con los Estados Unidos como miembro de la coalición multinacional de fuerzas que se formara para devolverle la libertad a Kuwait.

Siria comenzó a ser mejor valorada por Washington al propiciar la liberación de rehenes occidentales retenidos en el Líbano, en 1991, y levantar las restricciones de viaje a los judíos sirios. Estados Unidos buscó una mayor participación siria en la solución de los conflictos del Medio Oriente.

Y luego de los ataques terroristas a Estados Unidos el 11 de septiembre del 2001, el gobierno sirio tuvo cierta cooperación con el estadounidense en la guerra contra el terror, pero la oposición siria a la guerra en Iraq, conociendo la falsedad de la existencia de las llamadas armas de destrucción masiva que nunca aparecieron en el territorio hermano, como clamaba el gobierno estadounidense, motivó un deterioro de las relaciones entre los dos países.

Internamente, la CIA y Comando Conjunto de Operaciones Especiales de Estados Unidos, comenzaron a realizar operaciones anti terroristas en Iraq, Paquistán e incluyeron a Siria. Comienzan a considerar a ese país como “refugio seguro” de terroristas y se incrementan los ataques al gobierno sirio por la violación de los derechos humanos en su país.

El historial estadounidense de alianza con Israel a toda costa en detrimento de los intereses de los pueblos árabes y en especial del pueblo palestino, causan irritación y, en ocasiones, acciones violentas contra sus símbolos.

Así sucedió el 12 de septiembre del 2006 cuando la embajada estadounidense en Damasco fue atacada por cuatro asaltantes armados con armas de fuego, granadas y un coche bomba que no llegó a detonar. Aunque los asaltantes fueron neutralizados por las fuerzas sirias de seguridad, el incidente contribuyó a incrementar las acusaciones al gobierno sirio de favorecer el terrorismo.

Desde el año 2004 el gobierno de los Estados Unidos, utilizado diferentes excusas como base, impuso disímiles sanciones a Siria, sus instituciones, dirigentes y personal del sector de los negocios y el comercio. Esto, más la interferencia estadounidense en los asuntos internos sirios, al apoyar a las facciones que se oponían al gobierno, motivó que las relaciones entre los dos países se suspendieran en el año 2012.

Ese mismo año, el presidente Barack Obama reconoció públicamente que el gobierno estadounidense reconocía a la Coalición de Oposición Siria y no al gobierno de Damasco como legítimo representante del pueblo sirio.

Hasta en el seno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas los Estados Unidos presionaron en varias ocasiones para que se adoptaran resoluciones contra el gobierno sirio por las medidas que este había aplicado para neutralizar las rebeliones en su contra.

Pero como ya estamos acostumbrados a que los apoyos estadounidenses no se quedan solo en palabras, resoluciones y declaraciones, a pesar de las fuertes medidas de seguridad para que la verdad no saliera al descubierto, se conoció que la CIA había estado organizando operaciones especiales desde el 2012 para armar y entrenar a los rebeldes contra el legítimo gobierno de Siria y que entre el 2013 y el 2017 los contingentes apoyados por los estadounidenses llegaban a más de 10 mil efectivos.

Desde el gobierno de Donald Trump se dieron los pasos para crear “zonas seguras” en Siria donde los estadounidenses pudieran operar “contra los terroristas”, cuando en la práctica eran ellos quienes apoyaban el terror contra el legítimo gobierno de Damasco.

El final del recuento es que el gobierno sirio, con la decidida participación de su pueblo y sus fuerzas armadas, y la camaraderil cooperación de diferentes fuerzas, especialmente de Rusia e Irán, logró terminar con la oposición terrorista interna.

Desde el inicio del conflicto, más de 500 mil personas han perdido la vida y más de once millones de sirios fueron desplazados de sus lugares de residencia a otras partes del país y a otros países vecinos.

Al lograr la estabilidad en el país, el gobierno sirio da pasos agigantados para la reconstrucción y estabilización, adoptando una serie de medidas que posibiliten la rápida recuperación y lograr una cooperación más amplia a nivel internacional.

Entre esto último se encuentra la promoción de gasoductos con Iraq, Irán y Turquía para el comercio con Europa; igualmente figura la llamada “estrategia de los cuatro mares (Golfo Pérsico, Mar Caspio, Mar Negro y Mar Mediterráneo) propuesta por el presidente sirio Bashar Al-Assad para el transporte de hidrocarburos, lo que lógicamente dejaría afuera a los Estados Unidos.

Hasta aquí hemos presentado un resumen de cómo han sido las relaciones entre estos dos países y los intereses estratégicos perseguidos por los Estados Unidos en Siria desde hace décadas.

¿Y cómo graficamos la prepotencia imperial yanqui?

Pues muy fácil. Con Siria no hubo acuerdo firmado con gobierno alguno, ni los anteriores ni el presente, que pudiera justificar imponer su presencia en parte de su territorio contra la voluntad de todo un pueblo, como hacen con la Base Naval que tienen en la bahía cubana de Guantánamo.

Sin embargo, los Estados Unidos, con el pretexto de la lucha contra el terrorismo, ocupan una zona rica en petróleo en el norte de Siria desde el año 2015. El gobierno sirio no les solicitó que lo hicieran, ni tampoco tienen un mandato internacional ni de su propio Congreso para hacerlo.

Sin embargo, los Estados Unidos, con el pretexto de la lucha contra el terrorismo, ocupan una zona rica en petróleo en el norte de Siria desde el año 2015. El gobierno sirio no les solicitó que lo hicieran, ni tampoco tienen un mandato internacional ni de su propio Congreso para hacerlo. Además, las facciones que apoyan desde allí y que actúan contra el legítimo gobierno sirio son los verdaderos terroristas en el área.

La última gran acción, ejecutada el jueves 10 de agosto por el llamado Estado Islámico, ocasionó la muerte de 26 militares sirios y otros resultados heridos. Esa organización, llamada Daesh en árabe, se beneficia de apoyo logístico e informaciones de inteligencia que brindan los militares yanquis que ilegalmente ocupan la zona este de siria.

De esa área es de donde parten los convoyes cargados con el crudo sirio que los Estados Unidos roba a ese país, bajo denuncias de Damasco, de los habitantes de las aldeas que en ocasiones obstaculizan su paso y de parte de la prensa internacional que cubre cada salida, pero, como se dice en el argot popular cubano “!hasta ahí las clases!”. No sucede nada a ningún nivel.

Cada convoy está formado por entre 70-100 camiones cargados de petróleo sirio que salen de las zonas ocupadas en la región de al-Jazira y cruzan a Iraq, todo a través de instalaciones estadounidenses donde disponen del objeto del saqueo como mejor les interesa.

Pero el robo no solo es de petróleo sino también de trigo. La prensa siria reportó a inicios de agosto que un convoy estadounidense de 45 camiones cargado de salvado de trigo salió de los silos de Al-Yarubiyah e ingresó en Iraq a través del cruce ilegal de Al-Mahmudiyah hasta las instalaciones de Estados Unidos en ese país. Días anteriores habían sacado otro convoy similar cargado de petróleo.

Si esto no es ultraje, robo, saqueo, imposición de la fuerza- no solo a Siria sino a todo el mundo para que mire hacia otra parte cuando estas cosas suceden y no se tengan en cuenta- entonces el sol no sale diariamente.

Este es solo un pequeño caso. En otras ocasiones hemos visto otros ejemplos, pero, así son las cosas en nuestro mundo. Fíjense hasta donde llegamos con la influencia estadounidense que hace pocos días cuando se conmemoraba el lanzamiento de las dos bombas atómicas contra Japón, se habló de todo menos de quién lanzó las bombas.

Cuando las nuevas generaciones accedan a esos discursos de dignatarios importantes de países y de organizaciones internacionales no conocerán la cruda y dura verdad: cuando el Japón imperial estaba derrotado, el gobierno estadounidense lanzó esas dos bombas, que provocaron muerte, desolación y sufrimiento a millones de personas de varias generaciones, no para obligar a Japón a rendirse- esa fue la excusa (mentira) que utilizaron- sino para demostrarle al mundo que ellos eran los poderosos a partir de ese momento.

No perdemos la esperanza de que en este caso de prepotencia imperial en Siria la conciencia colectiva mundial se levante pronto, que crezcan las denuncias contra estos robos, que se activen los mecanismos internacionales, que los mismos funciones correctamente y que se obligue a Estados Unidos a cesar esa mala práctica, a dejar esos territorios ocupados por la fuerza y permitirle al pueblo sirio- como establecen las leyes internacionales- darse el gobierno que mejor entienda y desarrollarse de la forma que mejor considere.

13 de agosto 2023.

BLOG EN PRENSA BOLIVARIANA: Juan Hernández Machado