Jaime Cedano Roldan

Romper la muralla del bipartidismo , saltarla o colarse por algún hueco fue uno de los retos de varias generaciones, empezando por las que gestaron sus luchas en los tiempos de la masacre de las bananeras, en el corto trajinar del Partido Socialista Revolucionario, de quienes fundaron el Partido Comunista en 1930 y de muchas y muchos otros.

Hubo cierta ilusión de ruptura o salto de la muralla con la “Revolución en marcha” de López Pumarejo, luego en la siguiente década vendría el terremoto Gaitanista y su trágico desenlace y tras el magnicidio la extensión y profundización de la violencia bipartidista. Algunos hasta pensaron que el golpe militar del general Rojas Pinilla era una estocada al bipartidismo pero devino en la dictadura y después de ella el Frente Nacional como institucionalización y endurecimiento de la muralla.

La revolución cubana inspiró alzamientos y rebeldías. Entonces los guardianes de la muralla reforzaron su defensa, militarizaron todo y convirtieron el “Estado de sitio” en forma permanente de gobierno. El sacerdote Camilo Torres intentó unir las rebeldías en un amplio Frente Unido pero muy pronto para salvar la vida tuvo que refugiarse en una de las guerrillas ya existentes, muriendo en combate muy temprano. La izquierda se atrincheró en el debate ideológico, político, táctico y estratégico sobre la formas, legales o ilegales, de tumbar la muralla. Debates y acciones. Decisiones sublimes y épicas. La lucha armada y el abstencionismo eran los discursos hegemónicos, reforzados por el golpe fascista contra Salvador Allende y por el exterminio de la Unión Nacional de Oposición el proyecto electoral unitario lanzado en 1974.

La violencia reaccionaria del régimen bipartidista se acrecentó. En medio de ella se intentó una salida política y las FARC firmaron un acuerdo de Cese al Fuego, Tregua y Paz y surgió la Unión Patriótica. Fue anegada en sangre. La tregua se rompió sin que nadie lo anunciara. El M-19 y algunas otras guerrillas renuncian al abstencionismo armado, firman la paz, se desmovilizan y participan exitosamente en el proceso constituyente de 1991 promovido por los jóvenes de la “Séptima Papeleta”. El mismo día de la instalación de la ANC el gobierno lanza un ataque demoledor contra la inhóspita región donde las FARC tenían su cuartel general. La arremetida por aire y tierra las obliga a dispersarse por las selvas y cordilleras donde se encuentran con la gente desplazada por las violencias y también con la bonanza de los dineros de la coca convirtiéndose pronto en un poderoso ejército. El paramilitarismo se reencaucha.

La oposición y las luchas reivindicativas desaparecen de las calles en medio de masacres, atentados, juicios sumarios, magnicidios, torturas en los batallones, desapariciones forzadas, millones de desplazados forzosos y miles de exiliados. A pesar de ello empieza el auge de los movimientos sociales y sigue la búsqueda de alternativas unitarias, siendo el Polo Democrático Alternativo la mejor experiencia en aquellos tiempos. Llega el tiempo siniestro del autoritarismo uribista, luego un ligero respiro con Santos quien logra un Acuerdo de paz con las FARC en La Habana que él mismo machaca con la convocatoria de un innecesario plebiscito que gana el guerrerismo.

El país, a pesar de todo empieza respirar un nuevo ambiente, llegan días de tranquilidad y sosiego en las zonas agrarias siempre violentadas. Despiertan las luchas agrarias y campesinas.

La ilusión de la paz dura poco.

Llega el gobierno de Duque con la misión de hacer trizas todo y el país se enviolenta otra vez. Reaparecen las masacres y todos los horrores de las guerras y las violencias. El gobierno es una verdadera mafia devoradora de riquezas y recursos. Estalla el Paro Nacional y los barrios de las grandes ciudades se insurreccionan por el pan y por algún futuro para las muchachadas, y cuando menos se esperaba la lucha callejera, el tropel, las marchas indígenas y campesinas se encuentran con la lucha política y de esa convergencia nace la fuerza del Pacto Histórico.

Son todas estas historias y todos estos caminos, luchas, alegrías y sufrimientos los que permiten que hoy domingo siete de agosto se esté posesionando Gustavo Petro como presidente de Colombia y Francia Márquez Mina como vicepresidenta, ante un congreso renovado.

Ha sido largo y duro, muy duro el camino.

“Algún día será domingo”, le escuché decir a un líder campesino en la vereda Santa Helena en Honda, Tolima, en la toma de una hacienda que con mozalbete entusiasmo acompañamos y apoyábamos, hace ya casi medio siglo.

  • Hoy es ese domingo.
  • O puede serlo.
  • Tiene que serlo.
  • Sevilla, agosto 7 de 2022