Por Félix Carrillo Hinojosa

En un País como Colombia, hablar de ” desaparecidos” es tan común, como decir que se la “roban”, todo prolijado por la ambivalente conducta mental que tenemos, que nos hace pasar de contar muertos, a sentarnos frente a un televisor en familia y con guaro en mano, y ver un partido de fútbol como si nada hubiera pasado.

Este es un país indolente, desagradecido, que se vende fácil, que siempre le pone precio a todos, que vuelve héroe a quien lo mata, viola o desacredita.

La postura pusilánime de la mayoría de los intelectuales y artistas, que cada cada vez más niegan su responsabilidad social, los cuales se parecen a los políticos que eligen, aspectos que ayudan a madurar el perfil real que tenemos.

Es la Colombia de pírricas conquistas, que nos conformamos con cualquier golosina, la misma que recoge muertos, los llora un rato y luego va a votar por quienes lideraron esas masacres, desaparecidos y violaciones.

La cuenta de muertos, crece. La de desaparecidos, crece. La de mujeres y hombres violados, crece.

No importa el día o la noche, el ejército, la policía, el smad, más los infiltrados, que cumplen fielmente la misión de vandalizar las marchas, son agentes de la muerte.

En nuestro país, ha habido miles Lucas Villas. “La vida no vale nada”, prueba de ello, lo encontramos en Popayán, la noche del 12 de mayo, aprovechada por cuatro agentes del SMAD, quienes decidieron darse un banquete especial, consistente en golpear, ultrajar y violar a a la joven Allison Lizeth Salazar Miranda de 17 años, quien en la mañana del día siguiente, decidió suicidarse.

Como estamos cansados del recurrente cuentico, “no más”, “ni una más”, “a la mujer se le respeta” y tantos cliché, es el momento que los líderes se manifiesten y dejen a un lado tanto “Yo perverso” y nos enfrentemos unidos con propuesta reales y así vencer, a los ineptos de un desgobierno que está madurando el desastre que reina en Colombia. Si seguimos así, nunca habrá paz

En un País como Colombia, hablar de ” desaparecidos” es tan común, como decir que se la “roban”, todo prolijado por la ambivalente conducta mental que tenemos, que nos hace pasar de contar muertos, a sentarnos frente a un televisor en familia y con guaro en mano, y ver un partido de fútbol como si nada hubiera pasado.

Este es un país indolente, desagradecido, que se vende fácil, que siempre le pone precio a todos, que vuelve héroe a quien lo mata, viola o desacredita.

La postura pusilánime de la mayoría de los intelectuales y artistas, que cada cada vez más niegan su responsabilidad social, los cuales se parecen a los políticos que eligen, aspectos que ayudan a madurar el perfil real que tenemos.

Es la Colombia de pírricas conquistas, que nos conformamos con cualquier golosina, la misma que recoge muertos, los llora un rato y luego va a votar por quienes lideraron esas masacres, desaparecidos y violaciones.

La cuenta de muertos, crece. La de desaparecidos, crece. La de mujeres y hombres violados, crece.

No importa el día o la noche, el ejército, la policía, el smad, más los infiltrados, que cumplen fielmente la misión de vandalizar las marchas, son agentes de la muerte.

En nuestro país, ha habido miles Lucas Villas. “La vida no vale nada”, prueba de ello, lo encontramos en Popayán, la noche del 12 de mayo, aprovechada por cuatro agentes del SMAD, quienes decidieron darse un banquete especial, consistente en golpear, ultrajar y violar a a la joven Allison Lizeth Salazar Miranda de 17 años, quien en la mañana del día siguiente, decidió suicidarse.

Como estamos cansados del recurrente cuentico, “no más”, “ni una más”, “a la mujer se le respeta” y tantos cliché, es el momento que los líderes se manifiesten y dejen a un lado tanto “Yo perverso” y nos enfrentemos unidos con propuesta reales y así vencer, a los ineptos de un desgobierno que está madurando el desastre que reina en Colombia. Si seguimos así, nunca habrá paz.

Félix Carrillo Hinojosa