Washington, 6 nov (Prensa Latina) Renuncie o no a la secretaría general de la Organización de Estados Americanos (OEA), el uruguayo Luis Almagro, de 57 años de edad, ya está pensando dónde vivir si deja el cargo.
Ya sea porque culmine su mandato en 2024 o precipitadamente, de inmediato, como exige un creciente reclamo de muchos países y personalidades en América Latina y el Caribe.

El tema surgió tras la contundente victoria en primera vuelta del Movimiento al Socialismo (MAS) en las elecciones generales de Bolivia, tal como ocurrió el año pasado cuando la OEA cuestionó los resultados hasta provocar un Golpe de Estado que instaló como presidente de facto a Jeanine Añez.

El odio de Almagro hacia el entonces presidente Evo Morales -y todo lo que su gestión gubernamental de 14 años significó para millones de bolivianos- quedó revelado, por segunda vez en un año, en comicios vigilados por cientos de observadores, incluido un equipo de la OEA.

El titular del organismo regional no tuvo mejor idea que colocarse entre los primeros en reconocer la victoria ‘masista’, representada por la fórmula de Luis Arce y David Choquehuanca.

Numerosas voces de la región reaccionaron de inmediato, tanto para felicitar a líderes y seguidores del MAS como para recordar la positiva obra de Evo Morales, pero también para demandar la urgente renuncia de Almagro acusándolo de tener las manos manchadas de sangre.

En términos similares se pronunciaron, entre otros, dirigentes políticos bolivianos, venezolanos, mexicanos, argentinos y uruguayos y personalidades e intelectuales de varios países del mundo.

Uno de los primeros fue el Grupo de Puebla, integrado por figuras políticas y exmandatarios latinoamericanos, el cual exigió la dimisión de Almagro, especialmente por su papel desestabilizador de la democracia en Bolivia y otros países del área.

Almagro respondió a esa agrupación con descalificaciones, al señalar que ‘no tiene una dimensión oficial pública de nada, es un club de amigos ideológicos’. Otros dirigentes latinoamericanos lo llamaron a someterse a un proceso de reflexión y autocrítica para determinar si cuenta con la autoridad moral necesaria para encabezar la OEA.

Recordaron que a lo largo de su primer mandato de cinco años (y lo que va del segundo, asumido en elecciones sin contendientes), el otrora canciller del expresidente José Mujica, se distanció deslealmente del popular líder uruguayo y de partido, el Frente Amplio, que lo expulso de sus filas el 2018.

Es conocido que la OEA, fundada en 1948 en plena Guerra Fría, tiene una larga historia de defensa de los intereses estadounidenses y de exclusiones, bloqueos y agresiones a Estados miembros.

Uno de los casos más vergonzosos -aparte de la expulsión de Cuba en 1962- fue en 1982, cuando hizo silencio ante la ocupación militar por parte del Reino Unido de las argentinas islas Malvinas.

Ahora Almagro encabeza el hostigamiento permanente contra el proceso bolivariano de Venezuela, lo que llevó al gobierno de Nicolás Maduro a iniciar, en 2017, un proceso de retiro de la OEA.

Según expertos, EE.UU. financia más del 50 por ciento del presupuesto de ese organismo, incluido el abultado salario de Almagro, por lo que renunciar le sería poco atractivo.

Criticado por su servilismo a Washington, muchos demandan, además de su renuncia, que sea sometido a un proceso político y penal por los daños perpetrados contra los pueblos de la región.

Si Almagro decide abandonar la OEA, lo acompañará el desprestigio y le será difícil decidir dónde vivir, salvo que mantenga su residencia en Estados Unidos al amparo de sus vínculos políticos.

Lo más irónico de todo quizás sea lo que el propio Almagro acaba de declarar a Radio Universal, del Uruguay, sobre su renuncia:

‘Me gustaría retirarme como Artigas, irme a tomar mate al Paraguay’, en referencia a José Gervasio Artigas (1764-1850), conocido como el ‘Protector de los Pueblos Libres’ por su destacado papel en las guerras de independencia hispanoamericanas. En el mundo existen numerosas estatuas al respetado patriota uruguayo, incluyendo, casualmente, una frente a la sede de la OEA en Washington.

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