NELSON LOMBANA SILVA

Tarsicio Guaraca Duran, más conocido como el comandante fariano Jaime Guaraca, murió el pasado 5 de mayo de 2020, en la Habana (Cuba); había nacido el 5 de abril de 1938, en la finca San Isidro, vereda La Estrella, municipio de Planadas (Tolima). Concepción Duran y Eliodoro Guaraca, eran sus progenitores, dos campesinos trabajadores y emprendedores del sur del Tolima.

Dimensionar su obra no es tarea fácil, como tampoco resulta comprensible fácilmente medir su inmenso aporte al proceso revolucionario que poco a poco se viene desarrollando en Colombia y que, precisamente, el comandante fariano aportó un alto grado de sacrificio y abnegación en sus 82 años y un mes de fructífera existencia. Siempre estuvo al lado del pueblo. No vaciló un momento, ni siquiera cuando los esbirros del gobierno lo torturaron brutalmente en Cali y posteriormente, en la Gorgona. Su firmeza ideológica y política brillaron con luz propia en este humilde, trabajador y honesto campesino, que fue obligado por el Estado a empuñar las armas para defenderse y defender al pueblo campesino e indígena, villanamente explotado, engañado e ignorado por esta rancia oligarquía liberal – conservadora.

La burguesía y el imperialismo norteamericano, no dudaron en descargar contra él toda clase de epítetos denigrantes y ofensivos. Usando los medios de comunicación, no dudaron en calificarlo de forajido, criminal, matón, asesinos de niños, violador de mujeres, atracador y enemigo de la paz. Ahora recordamos esos negros titulares que aparecían con qué frecuencia en medios impresos, televisivos y radiales. Eran titulares descomedidos, carentes de veracidad, pero sí muy efectivos para atemorizar y engañar al pueblo atrapado en estas redes mediáticas.

El 15 de octubre de 2017, tuvimos la oportunidad de estar más de cuatro horas, conversando con él en su modesta vivienda del barrio Varadero, conociendo parte de su biografía, la lucha revolucionaria armada y el tema del momento: El proceso de paz que se desarrollaba precisamente en esta ciudad capital de la mayor isla antillana.

Con suficiente lucidez mental y prodigiosa memoria, el comandante Jaime Guaraca, nos contó una partecita de su vida. Quizás, fue la última entrevista que concedió a la prensa colombiana y que nosotros tuvimos la gran oportunidad registrar, con el único propósito de contribuir al esclarecimiento de la historia colombiana, porque como dijo Gabriel García Márquez, nos “la han escrito y oficializado más para esconder que para clarificar”.

Escuchar su relato pausado, seguro y sereno, nos indica que la historia colombiana, efectivamente, está contada al revés, favoreciendo de principio a fin la versión única e inmodificable de la clase dominante. Así, los villanos son héroes y los héroes villanos. Jaime Guaraca no empuñó las armas contra el Estado, porque quiso o por un simple prurito, lo hizo con el único propósito de defenderse y defender a sus hermanos de clase. Miente la oligarquía cuando dice que el comandante fariano era amigo de la violencia y la anarquía. Al contrario. El comandante fariano fue un abanderado de la paz  y la justicia social.  

Su infancia tormentosa

Su infancia fue apacible y tranquila solo hasta los diez años de edad. “Fue muy bonita a pesar de ser una familia muy humilde, pobre, pero muy trabajadora”, dice. Su padre pagó el servicio militar, participando del conflicto que tuvo Colombia con Perú. Siendo reservista fue reclutado y llevado a Leticia. Al regreso, contrajo matrimonio y se dedicó a derribar montañas “vírgenes”, fundando dos fincas: Una, en la vereda Montalvo, en la quebrada de las cruces, llamada: “Las Mercedes” y la otra, en la vereda La Estrella, llamada: “San Isidro”, donde precisamente nació el comandante fariano. Recuerda: “Nos criamos muy bien en una abundancia muy buena, porque esa tierra produce de todo y en esa época recién descubierta, se daba lo que se sembraba. Había abastecimiento de todo, de todo. Recuerdo que en esa época no se vendía un libro de leche, se regalaba”.

Era una región profundamente pacífica. Existía la camaradería, la fraternidad entre los campesinos. Dice: “Fue una etapa en la que yo considero fue muy pacífica. En la región todo el mundo trabajaba, erad dedicado al trabajo honrado, no había robo, no había delincuencia. La gente asistía a las fiestas y no se creaban problemas, así se emborracharan no había problemas. Era una región muy sana”.

Recordaba a su madre con inmenso cariño y gratitud: “Ella fue una mujer que se ganó mucho el cariño nuestro, porque era una mujer muy dulce, muy cariñosa, muy atenta, nos ayudaba en todo. A los que estaban estudiando les ayudaba en las matemáticas, en la escritura, en la ortografía, porque ella dominaba todo eso”.

Tenía siete u ocho años, cuando su madre murió, quedando al cuidado de su padre, quien lo mandó a la escuela. Estudió dos años. El tercero no lo pudo hacer porque irrumpió la violencia en toda la región con ímpetu descomunal. Tenía diez años y cuatro días de edad, cuando mataron a Gaitán. Esta era una región liberal gaitanista.

Guaraca de niño era tímido y respetuoso de las normas de convivencia. Con nadie se metía, con la esperanza de que nadie se metiera con él. Señala: “Desde la casa misma, se aprendía mucho el aspecto de la educación. En esa época, a una persona mayor se le decía: Don; si era una señora: Doña. Nunca se le decía el nombre solamente. Entre los niños se respetaba mucho, había un respeto total. Si uno se encontraba por el camino a una persona mayor, se saludaba y se hacía a un lado para que pasara. Hoy, no hay esa costumbre, se perdió. Así me crié yo, así me crié”.

Se crió en un hogar profundamente religioso. Sin embargo, desde muy niño fue abandonando la creencia religiosa. Dos razones fundamentales tuvo para tomar esta audaz e histórica decisión: Una, al rogarle con toda la fe del mundo a Dios que no permitiera que su madre muriera y dos, cuando vio al cura comandando un grupo de militares y paramilitares.

“Cuando mi madre enferma – relata – de acuerdo a lo que ella misma nos había enseñado que todas las cosas que uno necesitara había que pedírsela a Dios y que Dios se la resolvía. Entonces cuando ella estaba enferma, que duró un año en cama, que no se podía levantar, se puso flaquita, flaquita; yo era uno de los que me salía de noche y detrás de la casa me arrodillaba y rezaba y le pedía a todos los santos (menos a Juan Manuel), que no me dejaran morir a mi mamá, pero resulta que ella murió. Ahí, comenzó la desconfianza de que no había nadie que resolviera eso, que no había un ser sobrenatural que resolviera las cosas de la tierra. Me fui apartando un poco”.

El otro incidente para separarse de la religiosidad desde muy niño Jaime Guaraca, lo relata, así: “El otro tema por el cual me fui separando de la religión: Es que con los conservadores armados de Ataco, venía el cura párroco de este municipio, con carabina en mano. El mismo cura que subía a esa escuela que quemaron a bautizar, a casar, a dar la misa, a hacer el rosario. Él siempre decía que era el representante de Dios en la tierra. Cuando yo me doy cuenta que el representante de Dios en la tierra andaba con ese grupo de bandidos, enseguida me dije: Bueno, entonces, nosotros a quién le pedimos algo. Eso quiere decir que estamos súper jodidos, porque no hay ningún representante de Dios en la tierra. ¿Por qué permite que se den esos delitos tan horribles? Ese fue el otro caso que me fue separando seriamente de la religión católica”.

A los diez años y cuatro días matan a Gaitán en Bogotá, el 9 de abril de 1948. Adiós a la tranquilidad de la región, hace presencia la zozobra y la violencia hace su aparición. No es una violencia que sale de la entraña del pueblo como se ha venido diciendo hasta ahora, es una violencia que viene de las alturas del poder. El país se revuelca, haciendo presencia la violencia a la vereda La Estrella. No nace allí, llega con sevicia arrasando al campesinado y generando la división por los colores políticos.

El liberalismo ordena concentrar a todos los reservistas en los pueblos. Los dos hermanos de Jaime se concentran en Santiago Pérez, corregimiento del municipio de Ataco. La orden era recoger a todos los conservadores del caserío y meterlos a la improvisada cárcel. La orientación se vino abajo cuando Mariano Ospina Pérez ofreció burocracia al liberalismo. “Todo se arregló, todo sigue en paz, a trabajar todo el mundo”, fue el comunicado de la dirección nacional del Partido Liberal.

Los hermanos de Jaime regresan a casa, pero inquietos y no muy convencidos del comunicado del partido liberal. Los rumores eran que la violencia comenzaría en cualquier momento. Mariano Ospina Pérez y Laureano Gómez se habían propuesto conservatizar al país a sangre y fuego. En esas condiciones, el presidente ordenó armar a los conservadores del municipio de Ataco.

Conocedores de los planes virulentos, orquestados en las alturas del poder, los hermanos de Jaime Guaraca, comienzan a organizar lo más elemental para hacer frente a esa violencia que se anunciaba en toda la región, cada vez con más fuerza e intensidad. Se apertrecharon de escopetas de fisto, tacos de pólvora negra, colocándole pantalla a la linterna, un cartoncito con dos huequitos para alumbrar pareciéndose al cocuyo. Los dos hermanos le dijeron a su padre: “Tiene que hacer un rancho allá en la orilla de la selva y el platanal, para que vayan a dormir allá. No se quede en la casa porque esto está muy peligroso. Nosotros nos vamos, pero estaremos pendientes de todo”.

Marcharon por los lados del corregimiento de Bilbao. Se rumoraba que la juventud se estaba agrupándose para defenderse. Don Eliodoro Guaraca, hizo el rancho y todas las noches iban a dormir allí. Una vez amanecía, daba una vuelta explotaría por el entorno y entonces sí salían los niños del escondite. “Así comenzó mi adolescencia. En esas condiciones, que ya no fue una cosa normal, todo había cambiado, todo había pasado a la zozobra, a la desconfianza, al cuidado y todo”, señala y agrega: “Así duramos como unos tres o cuatro meses, después del 9 de abril. De pronto salió un grupito de jóvenes de Bilbao; ahí venían mis hermanos y con ellos Charro Negro. Era un grupito de ocho a diez personas. Estuvieron en el pueblito de La Estrella, bailaron, tomaron aguardiente y se volvieron a ir, pero ya dijeron a la gente que tuvieran mucho cuidado, porque los conservadores y la policía estaban planeando salir a los campos a matar liberales”.

La noticia fue terrible. Los campesinos comenzaron a salir de la región, unos para Neiva, otros para Ibagué y otros para San Luis, el desplazamiento masivo fue dejando la región despoblada y las fincas abandonadas. Los que se quedaron no se quedan de noche en sus casas. Dicho y hecho: En noviembre de 1948, arribó a la región la policía y civiles armados de filiación conservadora, a eso de las cuatro o cinco de la tarde. Salieron al filo de Santo Domingo, donde se divisa el pueblito e hicieron tres disparos. Cuando don Eliodoro escuchó las detonaciones, dijo: “Esto está malo, porque esos disparos son de fusil y por aquí nadie tiene un fusil, los únicos que los tienen son la policía y el ejército. Hay peligro”.

Arribaron al pueblito. Estaba solo. Los habitantes habían escapado. Se ubicaron en la escuelita. Al otro día, muy temprano los campesinos hermanos de apellido Jiménez: Rafael y Justo y Baltazar Collazos, dos de sus hijas y un hijito pequeño, arribaron al lugar sin saber qué estaba pasando. No lo dejaron arrimar a la escuela: Mataron a los tres campesinos y a las niñas las violaron, haciéndoles cosas horribles. Después las asesinaron.

Relata el comandante Jaime Guaraca: “Al otro día, mi papá me mandó a mí y a Chucho, el que me sigue a mí, que tenía apenas ocho añitos y medio de edad, a buscar una vaca que se había ido, y a nosotros por desgracia nos tocó que ver los primeros tres muertos, ver cómo comenzó esa violencia en el Tolima, que golpeó tan duro y sobre todo en el sur”.

Agrega: “Llegamos a un sitio donde encontramos el primer muerto, estaba a un lado del camino que va para la escuela, en un punto que se llama: El Congo. El Congo porque había un árbol grande que le decían así, cerca de la escuela. No lo conocimos, porque le habían quitado el cuero de la cara. Lo mataron a puro machete. Sin embargo, seguimos, pasamos el portón y ahí estaba el otro al lado del camino. A ese no le habían pelado el cuero de la cara, sino que le habían rayado la piel en forma vertical. Tampoco se podía conocer. Seguimos dizque en busca de la vaca y de ahí ya se veía la escuela. En ese momento no se veía porque estaba en invierno y la neblina estaba sobre el piso. No se veía nada. Oímos la alborada de esa gente. Seguimos y el otro muerto. Eran tres. Ya con tres muertos, dijimos: “Esto no está bueno. Vamos a decirle a mi papá. Nos devolvimos a toda velocidad. Le dijimos. El salió con el yerno a un filo a mirar, pero todo estaba consumado”.

Así comenzó la violencia en esta vasta zona y así comenzó el niño Jaime Guaraca a padecer los rigores de la violencia que llegaba a la región por obra y gracia de la clase dominante. Nótese que no fue el pueblo campesino el que arengó la violencia, fue la gran oligarquía utilizando sus aparatos represivos militares y paramilitares.

Vida y obra de Jaime Guaraca (II)

La niñez del comandante Jaime Guaraca transcurría en la zozobra, porque los primeros diez años de vida habían desaparecido en el pasado. En la vereda La Estrella solo había un radio, propiedad de don Pompilio Perdomo, dueño de una finca grande ganadera. Era gaitanista. Cuando la radio anunciaba que el doctor iba a intervenir, don Pompilio regaba la bola por la región y los campesinos asistían puntuales a escuchar la intervención del caudillo liberal. Por ese radio la comunidad se enteró del asesinato del líder, a manos de la CIA y la oligarquía liberal-conservadora. El sueño de paz y justicia social se desplomaba de un solo golpe.

A la muerte de Gaitán no había guerrilla. Nadie hablaba de violencia, solo se hablaba de trabajar y hacer producir la tierra. Después del abominable magnicidio ocurrido en las calles céntricas de Bogotá, irrumpe la violencia con frenesí por vastas zonas del país. Se trataba de borrar a sangre y fuego el pensamiento izquierdista de Gaitán y de sus numerosos seguidores. Nada hecho por Gaitán debía quedar en pie, era la consigna de la rancia oligarquía personificada en los máximos dirigentes de los dos partidos tradicionales.

Afirma, Jaime Guaraca: “Fíjese usted que hasta ahí, no había guerrillas. Los jóvenes estaban inquietos. Eso los obligó a agruparse y comenzar a darle una estructura militar, sobre todo apoyándose en los reservistas. Eso fue lo que siguió después. Pronto vinieron los jóvenes que estaban por Bilbao y fundaron un campamento en una finca que se llamaba: Caicedonia. Ahí fue el primer campamento. Fue donde murió el primer policía. El disparo se lo hizo un joven campesino llamado: Medardo Quilombo. Era el único que tenía escopeta de cápsula, porque era gente de bien, rica, con buena finca y ganado. Esperó la policía y mató al primero en esta región”.

“De esta manera – dice – comenzó en serio la violencia y comenzó a actuar la guerrilla campesina”. No era una guerrilla para agredir, era para defenderse de las atrocidades de la policía y los primeros grupos paramilitares en obediencia a la orden presidencial de conservatizar el país al precio que fuera.

En esas condiciones, don Eliodoro tuvo que irse definitivamente para el monte con sus hijos ya crecidos, entre ellos, Jaime. La casa paterna había sido incinerada y sus productos hurtados. De esta manera, se acababa la vida sedentaria para esta familia y comenzaba el crudo peregrinaje por montañas inhóspitas, cañones inmensos y pendientes escabrosas. Llegaron a la finca propiedad de Leal, en potreros llamados: Los Monos. Allí, se reunieron numerosas familias.

Después vino la orientación de marchar hacia la vereda San Miguel. Dice Jaime: “Fíjese usted la distancia tan grande por esos campos, atravesándolos con niños chiquitos, con viejitos, con viejitas, mujeres embarazadas, enfermos, pero nos aproximamos a San Miguel. Nosotros nos quedamos en el área indígena. Mi papá se quedó ahí, cerca de un nacimiento de agua salada, donde se sacaba la sal y las otras familias pasaron al comando de San Miguel, al campamento”.

Luego, llega una nueva orientación: Marchar hacia la vereda El Támaro (Marquetalia). El río que cruza por allí sigue llamándose así. Allí, el destacamento duró solamente mes y medio, porque la nueva orden era marchar a la región del Davis. Era una distancia enorme, tocaba cruzar el río Saldaña, arriba en la empinada cordillera entre los afluentes del río Cambrín y la quebrada La Lindosa. Duraron meses haciendo la travesía en condiciones dramáticas. Iban con ellos, gallinas, cerdos, ganado vacuno, caballar y mular. Esa travesía la soportó Jaime Guaraca cuando frisaba los once años de edad. Llegaron finalizando 1950 y comenzando 1951.

En el Davis había una organización mucho más estructurada. Jaime, recuerda: “En el Davis ya había muchas cosas, una organización sobre todo muy buena; una organización de trabajo, una organización de todo. Yo con once años y pico, me llevaron a militar al batallón Sucre, o sea, a los niños y a los adolescentes. Se denominaba: “Organización de Pioneros”. Eso no lo hubo sino en el Davis, en ninguna otra parte hubo eso. Todo el que hable de esa organización en otra parte, es mentira porque no fue sino en el Davis, el comando dirigido por el núcleo comunista. Isauro Yosa era el jefe cuando eso”.

Agrega: “Yo no duré mucho tiempo ahí. No me gustó la forma. Nos daban instrucción militar, nos daban instrucción política, nos enseñaban a leer, a escribir y teatro. Había jóvenes expertos y salían a dar ese tipo de instrucción. Pero, a mí no me gustó, entonces busqué la posibilidad de que me aceptaran en la fila de disponibles y me aceptaron antes de cumplir trece años de edad”.

Pero, ¿Qué significaba ser disponible en el Davis? Jaime Guaraca, explica: “Disponible era una formación, donde el guerrillero no tiene asignada una tarea específica. La mayoría de guerrilleros en ese momento pertenecían a las Compañías. Una compañía estaba compuesta por 75 hombres. Otros estaban organizados en Comisiones, por ejemplo, el “Disco Rojo”, comisión especial que salía del Davis, iba hasta Natagaima a buscar información y hacer contacto con el Partido Comunista”. Subraya: “Los que no estaban en las Compañías, ni en las Comisiones, eran disponibles. Yo pedí que me aceptaran en esta fila de disponibles. Me aceptaron. A los pocos días ya hacía parte de una Compañía. Esta compañía no tenía nombre especial y era comandada por el capitán Llanero. Más tarde, pasé a la compañía de Jacobo Prías Alape (Charro Negro) y después, a la comandada pos los camaradas, Manuel Marulanda Vélez y Charro Negro”.

La estructura orgánica del Davis estaba dividida en dos partes: Una parte militar y la otra política. La primera era orientada por Isauro Yosa (Líster). Lo acompañaban en esa tarea: Luis Alfonso Castañeda (Capitán Richard), el capitán Canario, el capitán Joselito, el capitán Llanero. En el área política, eran cuadros del Partido Comunista: El compañero Raúl Balbuena (Baltasar), Fabián (Cache Palo), Timochenko, Leobrí. En 1952, pasó por allí, Martín Camargo, después comandante del EPL. Él se separó del Partido Comunista con un grupo, después de visitar a China.

Haciendo parte de la compañía de Charro Negro, Jaime Guaraca, sale de El Davis en 1952, porque el ejército nacional había tomado posesión del lugar. La táctica era realizar acciones militares distantes de allí, para llamar la atención del rabioso militarismo y abandonara la región. El capitán Richard salió para Calarma, donde tuvo enconados combates. En una audaz acción derribó una avioneta del régimen. Ave Negra salió para Monte Frío, Ciro Trujillo para Campo Hermoso. Nunca más Jaime Guaraca, regresó al Davis. El movimiento era permanente, soportando todo tipo de dificultades. Se trataba de defender la vida. Por su parte, el militarismo dejaba caer propaganda negra en extensas regiones del país, usando para ello, la mentira y el lenguaje más soez y miserable. El cuento reiterativo era que la guerrilla era la mala y los militares, los buenos. Nunca se dijo que la guerrilla defendía los intereses del pueblo y los militares los intereses de la gran burguesía.

Vida y obra de Jaime Guaraca (III)

Tanja Nijmeijer : “Descansa en paz, Jaime Guaracas

La necesidad crea el órgano. El campesinado del sur del Tolima, especialmente de Santiago Pérez (Ataco) y Planadas, estaba inmerso en una violencia que no era suya. El terrorismo de Estado impregnaba toda la vasta región, no teniendo los moradores otra alternativa que organizarse política y militarmente. Esto no se dio de la noche a la mañana. Por el contrario. Fue un proceso duro, complejo y hasta doloroso.

Una parte de la guerrilla estaba orientada por el partido Liberal y la otra por el partido Comunista. A la guerrilla liberal se le motejaba de “Limpios” y a la comunista de “Comunes”. El acuerdo que determinó la convivencia en una sola guerrilla, tuvo sus inconvenientes e incluso, se rompió definitivamente cuando esta se acogió a la amnistía del general Gustavo Rojas Pinillas, y muchos pasaron al bando del paramilitarismo ayudando al militarismo en la persecución de la considerada: “Guerrilla Comunista, marxista y leninista”.

Uno de los fundadores de las Farc – Ep, Jaime Guaraca, relata con detenimiento este momento político de la lucha armada en Colombia: “Ese es un tema grande, que mucha gente todavía no está clara y cada vez que pasan los años, menos clara está la gente sobre este tema”, comienza diciendo.  

Agrega: “Las guerrillas en Colombia surgen y, sobre todo, ese grupo del sur del Tolima al mando de Gerardo Loaiza y Leopoldo García (Peligro). Llegó un momento en que Gerardo se informa de la existencia del grupo de Irco (Chaparral), que comandaba Isauro Yosa y que estaba apenas surgiendo. Mandó a invitarlo. Las ideas de Gerardo y de Peligro eran orientadas por la Dirección Nacional del Partido Liberal. La orden era que tomaran el mando de todas las guerrillas en Colombia. Esa era la idea”.

“Los invitaron a la región y la dirección del movimiento dirigido por los comunistas vino, desde Irco a hasta el Davis. Se encontraron con Gerardo y hablaron toda la cosa muy bien y fue cuando organizaron un comando conjunto, un Estado Mayor Conjunto de parte y parte. Así crearon el Estado Mayor”.

“Pero, cuando la Dirección Nacional Liberal se dio cuenta de ese acuerdo, hay mismo mandó, específicamente a un emisario a decirle a Gerardo y a Leopoldo García, que no admitía esos acuerdos, mucho menos con comunistas; que ellos eran liberales puros, limpios. Es cuando Gerardo obedeciendo la orientación de la Dirección Nacional Liberal y Conservadora, porque en eso ya operaban juntos, convoca una reunión de toda su gente, de toda la guerrilla que ellos dirigían. Esa reunión la realizaron en el comando La Ocasión, que era el comando principal. Allí, Gerardo expuso el tema. Le dijo a la gente que ellos habían invitado a los comunistas a ir a la región, pero que los comunistas desde el momento que llegaron, los habían traicionado, porque seguían dando una orientación foránea, una orientación que habían incluido a Colombia, traía desde Moscú, que esa no eran las costumbres, ni la idiosincrasia del campesino colombiano, que era un daño que estaban haciendo los comunistas, que tuvieran en cuenta que ellos eran liberales “limpios”, que no podían hacer alianza con ninguno”.

“De ahí fue que cogieron el nombre de “limpios” y propuso la ruptura con los comunistas, porque como había el Estado Mayor Conjunto, que rompieran esos acuerdos. Y la gente aprobó. La guerrilla liberal “limpia” aprobó eso al momento y se convirtió eso como en una orden de guerra, más o menos, como una actitud de guerra. Y así fue. Pronto hubo el enfrentamiento a tiros con pretextos muy leves, unos y otros, pero hubo el enfrentamiento. El pretexto principal para esa división y para esa ruptura, fue ideológico y político. No fue otra cosa, sino ideológico y político y la forma de organización que los comunistas tenían, no les gustaba a ellos de ninguna manera; nada de lo que tenían los comunistas organizado para dirigir su guerrilla les gustaba, porque ellos eran liberales y querían hacer todo cuanto querían y cuanto podían. Para ellos no había control de ninguna manera”.

“Eso fue lo principal. Pero, lo fundamental fue lo ideológico y político, dirigido desde la ciudad por la Dirección Nacional Liberal y Conservadora. Ahí, se rompió todo. No se volvió nunca, ni siquiera a hablar de eso, porque los liberales limpios, cada vez se fueron sectarizando más, mucho más. Después viene el otro caso que lo hablamos luego”.

Durante un período histórico, la confrontación era más violenta con la denominada “guerrilla limpia” que con el mismo ejército regular. Prácticamente, ésta había asumido un criterio paramilitar, pasándose sin sonrojarse los principales cuadros dirigentes a las huestes militaristas y al Estado colombiano. Su criterio liberal y conservador predominaba.

Pero, ¿Cuáles eran las diferencias sustanciales entre la guerrilla comunista y la guerrilla liberal? El comandante Jaime Guaraca, las explica de una manera sencilla y bastante pedagógica: “Las diferencias son muy grandes. Le voy a poner unos ejemplos muy prácticos: Lo que conseguía en comisiones los comunistas y llevaban al Davis, era distribuido totalmente para los más necesitados. No importaba quien era la familia, lo importante era que estaba en el Davis”.

“Se llevaba el ganado y cuando se sacrificaba una res a todo el mundo le correspondía un pedazo. Nadie se quedaba sin comer su pedacito de carne. Los “limpios” (Liberales), no hacían eso. Los “limpios” llevaban el ganado y los jefes separaban el lote exclusivo para ellos. Era propiedad de ellos”.

“Otro ejemplo: En combate se cogía un fusil y la guerrilla comunista decía: Este fusil es del movimiento, del colectivo, su dueño es el colectivo. Los liberales “limpios” recogían un fusil y el que lo recogía era el dueño. Lo podía vender, regalar, cambiar, lo que quisiera”.

“Otro ejemplo: En cuanto a la organización: Los comunistas tenían un régimen interno, unas normas de comando, que todo el mundo tenía que regirse por ellas. Nadie se podía ir del comando sin permiso, sin tener justificado qué iba a hacer. Los liberales “limpios” se iban a la hora que querían, cada uno para donde quisiera y volvía cuando quisiera. Esas son diferencias muy grandes”.

Viene luego, el encuentro directo de Jaime Guaraca con Manuel Marulanda Vélez, la primera impresión que tuvo el niño guerrillero con quien pasaría a la historia como el eterno comandante del movimiento fariano. El relato es sencillo y directo: “Cuando el camarada Marulanda decidió irse al Davis, llegó a comienzos de 1951, al comando dirigido por los comunistas. Fue bien recibido, porque él desde un comienzo fue un hombre muy afable, muy cariñoso, muy respetuoso, muy conversador. Él se ganaba la simpatía de cualquiera, como se ganó la mía, desde un comienzo”.

“La dirección del movimiento organizó una escuela en 1952, una escuela ideológica-política. Los estudiantes fueron: Charro Negro, Manuel Marulanda, Ciro Trujillo, Richard, etc. Es decir, los comandantes fueron los estudiantes. Cuando termina el curso, en la clausura, el camarada Marulanda, pidió el ingreso al Partido. Así como le digo: Pidió el ingreso al Partido Comunista. La dirección del movimiento y de la escuela, les aceptó el ingreso al Partido. Le proponen que si él quería llevar como nombre de guerra, el nombre de Manuel Marulanda Vélez, y le explicaron quien fue Manuel Marulanda Vélez: Aquel dirigente obrero y toda la cosa, que murió torturado por los esbirros de Laureano Gómez. Él aceptó. A partir de ese momento siguió llamándose: Manuel Marulanda Vélez, porque hasta ahí, le decían Pedro o también: “Tirofijo”. La gente le puso el nombre de “Tirofijo”, porque en realidad, él fue un hombre que con todo tipo de arma, era preciso al hacer el disparo. Él pegaba en el blanco muy bien, no perdía un disparo. Así, se ganó el nombre de “Tirofijo”.

“La primera vez que veo al camarada Marulanda, fue en el año de 1950, en el comando de San Miguel. Allí llegó él y al paso por el lugar que le digo de las salinas, donde había agua salada, que se sacaba la sal, a ese lugar llegaban muchas aves a tomar de esa agua, cuadrúpedos también de noche y el día que él pasaba por ahí a San Miguel, había una cantidad de pavas y mató dos con el fusil y las llevaba ahí”.  

“Se regó la noticia de que Tirofijo estaba en San Miguel. Yo le dije a Chucho, mi hermanito que me seguía, vamos a conocer a Tirofijo. Fuimos. Andábamos cerca de él. Él no habló con nosotros porque éramos unos muchachos de doce años. Yo le alcancé a decir a la familia: Si tuviera un poquito de más tiempo (edad), le decía que me aceptara y yo me iba con él, porque me agradó desde un momento como era él”.

“Físicamente era un hombre con aspecto elegante, despercudido; mantenía bien peluqueado, bien afeitado. Era un personaje. Y así sucesivamente era su procedimiento, conversador y muy respetuoso, sobre todo muy respetuoso, muy amable, con todo el mundo la iba. Todo el mundo que pedía hablar con él, él le aceptaba hablar y lo que explicaba, a la gente le agradaba mucho. Era un conversador único. Además de eso, humorista. Contaba muchos chistes de Cosiaca, de la Patasola, del Duende, de todas esas cosas”.

“La primera vez que hablé con él, tal vez fue como en el año de 1953, tal vez finalizando, que él mismo se dirigió a mí, cuando un hermano y un primo que estaban en la misma comisión no quisieron seguir por la pacificación de Gustavo Rojas Pinilla; entonces un día se me acercó y me dice: ¿Y usted tampoco va a seguir con nosotros?, me dijo. Le dije: (Cuando eso no se decía camarada, se le decía comandante) Comandante yo sí sigo con ustedes hasta el fin. Ese día me echó el brazo por encima, porque era muy cariñoso en ese sentido. Yo comencé a ser guerrillero en los primeros meses de 1951”.

Vida y obra de Jaime Guaraca (IV)

Un niño hecho guerrillero por obra y gracia de un Estado infame e indolente, que se ha sostenido históricamente en el mar hirsuto de la violencia y la brutal explotación del hombre por el hombre. En cualquier país medianamente civilizado a esa edad, los niños van a la escuela, al colegio, al campo deportivo o a la heladería a saborear una paleta o un simple helado. Comparten al lado de sus padres aventuras mágicas que traen consigo los libros animados, las películas y los cuentos de hadas. Los niños son niños con toda su inocencia y pureza. No fue así para Jaime Guaraca. El mundo tormentoso y azaroso del terrorismo de estado acechaba en cada paso que daba por la exuberante región que trajinaba. No entendía las causas, simplemente padecía las consecuencias del monstruoso sistema capitalista.

El régimen lo obligó a ser guerrillero a los trece años. “La experiencia fue lo normal – dice – un muchacho en la fila, que cuando daban las voces de mando, había que hacer lo mismo que hacía el resto. Y si se iba a cumplir una tarea, iba uno y hacía lo que podía, de acuerdo a su edad. Nadie le exigía más de la cuenta. Era andando y andando a Colombia, como se dice”.

“El reclutamiento lo pedí yo mismo en el Davis, lo pedí al oficial de servicio. Fui y le dije que quería que me aceptaran en la fila de disponibles y él anotó mi nombre y me dijo que sí. Cuando eso estaba ahí un muchacho que le decían Cardenal, era un político para la juventud y para los pioneros. El oficial de servicios, me dice: Todo el mundo que viene aquí se pone un seudónimo, un apodo o nombre cualquiera, no el propio nombre. ¿Usted cómo se va a poner?, me dice. Le dije: Yo no sé. Entonces este muchacho Cardenal, dice: No, pues póngalo Jaime. Y así me anotaron desde 1951 para acá, todo el mundo me llama Jaime”.

¿Qué sintió el niño guerrillero en el primer combate? Es honesto al contestar el sentimiento que experimentó la primera vez. Dice: “En eso, en general, hay que decir que a todo mundo le da miedo, porque uno se va a enfrentar a tiros, y uno no sabe si el otro que enfrenta es más hábil que uno. Además, si uno le tira y no le pega, el que viene sí viene dispuesto a tirar a pegarle. Si el arma no le da fuego, queda embarcado, como se dice. Entonces, uno siempre va al combate pensando en esas cosas. Pero, más sin embargo, lleva en la mente, a la vez, la esperanza de que vaya a triunfar. En este momento no me acuerdo donde fue mi primer combate, porque de muchacho nos tocó pelear con los pájaros (Conservadores armados) y después sí con el ejército”.

El demencial plan norteamericano: “Latin América Securety Operatión”, conocido universalmente como “Plan Laso”, lo define Jaime Guaraca como una política de intromisión de Estados Unidos en Colombia, con el único propósito de evitar en el país una revolución socialista al estilo Cuba. Afirma: “Esa fue una política de Estados Unidos, que se inventó para contrarrestar en Colombia la posibilidad de una Revolución triunfante como la de Cuba. Entonces, se inventó ese plan Laso con una serie de promesas, con una serie de ofrecimientos, que tampoco cumplió, porque no era para cumplirlos, era sinceramente para calmar los ánimos y poder controlar a la gente, no tenía ninguna intención de resolver el problema de la tierra, ni de la vivienda, ni de la escuela, ni nada de lo que prometía”.

Agrega: “La gente realmente no comprendió nada del verdadero objetivo del plan Laso, solamente la dirección era la que dominaba, pero ni el campesino se daba cuenta de eso. En esa época tampoco era mucho lo que se hablaba con el campesino para explicarle esas cosas. No era mucho lo que se hacía de política. El plan Laso no movilizó gente así. Estaban los puestos militares, pero no movilizó gente. Se vino a movilizar gente con la “Operación Marquetalia”.

“Antes, la base militar de Gaitania había movilizado cinco mil hombres contra nosotros, buscando la vía hacia Marquetalia, llegando hasta San Miguel. Pero, en ese trayecto, por las dos vías que penetraron, se peleó, se mataron soldados, se cogieron armas y ellos retrocedieron a Gaitania nuevamente. ¿Por qué retrocedieron a Gaitania? Porque hubo también protestas en las ciudades, en Bogotá, Cali, Medellín. Además, la resistencia nuestra. El otro fenómeno es que todavía no habían concluido con el plan de la Operación Marquetalia, hasta dos años después”.

“El primer combate de la guerrilla con el ejército fue el 27 de mayo de 1964. Esa es la fecha. Aunque hay algunas cosas que no estoy de acuerdo con lo que se dice, porque, por ejemplo, para hacerle un poco de historia, brevemente, en abril llegó Jacobo Arenas y Hernando González a la zona, enviados por el Partido Comunista. Cuando ellos llegan a la zona, nosotros ya estábamos en trincheras esperando el ejército que se metiera. Ellos encontraron fue un grupo organizado, militante de Partido, dispuesto a hacer resistencia. Había otras cosas que no estaban acordes con la situación, pero que existíamos ya como guerrilla sí, entonces en el mismo mes de abril, tal vez el 25, nos reunimos la dirección del movimiento agrario con Jacobo Arenas y Hernando González. La dirección de ese momento de Marquetalia era: El camarada Marulanda, el jefe; secretario político era Isauro Yosa; el segundo era Isaías Pardo; luego, seguía yo como secretario de organización; Darío Lozano, secretario de finanzas; Jesús Medina López, secretario de agitación y propaganda y otros compañeros del Estado Mayor, como Luis Pardo y Rogelio Díaz”.

“Nos reunimos con ellos y ellos informaron todo lo que tenían previsto los mandos militares para realizar la Operación Marquetalia. Entonces, comenzamos por ver, por ejemplo: Tiempo de duración de la operación; ellos se había propuesto tiempo indefinido, no había tiempo limitado para esa operación. Ahora, el volumen que iba a participar en la operación: Se conoció desde entonces que estaban asignados 16 mil hombres del ejército, con el conocimiento de que si hacía falta, le agregaban otros batallones más. En cuanto a la logística: Tenían garantizado toda la logística que fuera necesaria, medios de transporte: Aéreo y terrestre, lo que fuera. Instrucción: Era la flor y nata del ejército colombiano que iba a participar con formación de contrainsurgencia que les permitía penetrar a donde quisieran, a donde se lo propusieran”.

“En vista de esa situación, el camarada Marulanda pidió un plazo para estudiar, para pensar él solo por ahí sobre el tema y, la orden era que todos pensáramos sobre lo mismo y luego nos reuníamos para seguir la discusión. Así fue. Se levantó la sesión, pero al poco rato, el camarada pidió que se reanudara la sesión y cuando se reanuda la sesión, pidió la palabra y expuso lo que había pensado. Dijo: Esa operación que el gobierno planea contra nosotros, es una operación muy grande y peligrosa, pero, por peligrosa que sea, nuestro deber es resistir y vencer. Pero para eso, se necesita que nosotros quedemos móviles, totalmente móviles. Eso quiere decir que toda la población civil que está a nuestro cargo, hay que evacuarla a la periferia. Eran todas las familias nuestras, los hijos y todo, que los teníamos entre la selva, como en tres o cuatro lugares. Dijo: Propongo 48 horas para que haya evacuado todo mundo. El que no se adapte a la vida de la guerrilla, que sea un inválido, un anciano, una señora, un niño, hay que evacuarlo. Se aprobó eso y partimos enseguida a cumplir la misión de evacuar a la población civil. Después que se hizo todo eso, volvimos a reunirnos y el camarada distribuyó el plan con el que se iba a hacer resistencia. Asignó a los caminos por los que el ejército iría a entrar los grupos. Por ejemplo: Para el Puerto asignó a Abanico con cinco compañeros; por el camino rial de Salvador a San Miguel, asignó a Miguel Pascuas con ocho compañeros y, por la Suiza, me nombró a mí y a Darío Lozano, jefe con ocho compañeros también. Así es como el primer combate que se libra el 27 de mayo de 1964, lo hicimos nosotros. Yo era el que estaba allí, comandando el grupito y fui el que disparé el primer tiro ese día, a las 9:15 de la mañana, con el fusil que portaba. Ese fue el inicio de los combates allá. Nosotros peleamos ese rato allí y después de unas horas nos cambiamos de sitio, al otro lado del río San Pedro, y a las 4:30 de la tarde, llegó Isaías. Isaías había sido nombrado comandante operativo que movía a la gente para un lado y para el otro. El secretariado para la resistencia era: Manuel Marulanda Vélez, Isauro Yosa, Jacobo Arenas y Hernando González. Isaías, no estaba en el momento del combate, estaba por los lados de Peña Rica, pero se dio cuenta y llegó a las 4:30 de la tarde, donde estábamos nosotros, pero ya nosotros habíamos cambiado de sitio. Con él bajaba Luis González, Luis Salgado, este último fue el primero que nos mataron. Él bajaba con Joselo y Pasolento, que era el grupo que andaba con Isaías. Por eso, Joselo no estuvo en el combate, pero en un discurso que Jacobo Arenas dio, todo emocionado, dice: Que el combate que dirigió Joselo en la Suiza, y así se ha quedado. Todo el mundo habla de que fue Joselo el que dirigió ese combate y no es cierto eso. Además, por ese tiempo Joselo estaba sancionado, no tenía ningún cargo de responsabilidad, no era miembro todavía de la Dirección de Marquetalia. La sanción era por fallas, errores, que cometía cuando se emborrachaba, era muy borracho. En ese tiempo estaba sancionado por eso. Los que hicimos la pelea por ese lado, ya Isaías se vincula, los diez que habíamos ahí y cinco con Isaías, éramos quince; quince hicimos la pelea hasta que tomaron a Marquetalia. El camarada Marulanda, se movía de un lado para otro, dirigiendo, planeando y planificando, para donde tenía que moverse uno, para donde tenía que moverse el otro. Ese era el trabajo de él”.

Vida y obra de Jaime Guaraca (V)

Jaime Guaracas junto con Manuel Marulanda Vélez , dos de los fundadores de las FARC, ambos muertos por causas naturales. Foto: @sandinovictoria

La primera vez que Jaime Guaraca estuvo en Támaro (Marquetalia), fue en 1950. Era una región completamente selvática. Quizás por eso Charro Negro, escogió el lugar para reunir las familias y salvaguardarlas de las hordas militaristas-paramilitaristas que iban surgiendo en toda la región como peste desbordada.

Sin embargo, en tiempos de la Operación Marquetalia ya había fincas, porque durante el período de pacificación del Frente Nacional, un grupo de labriegos, entre ellos, Jaime Guaraca, habían derribado montaña y sembrado productos de pan coger. Jaime recuerda – por ejemplo – que los González eran propietarios de la finca Peña Rica, una finca muy bonita, dice, fruto del trabajo heroico de sus cinco hermanos. También hicieron una gran finca Isaías y sus hermanos, Isauro Yosa en el corazón de Marquetalia. No había en la Operación Marquetalia, tanta selva como decía con tanta alharaca José Joaquín Matallana, señala Jaime Guaraca.

El gobierno nacional, confiado en la criminalidad de José Joaquín Matallana, el mismo que había dado de baja a sangre y fuego a los bandoleros en el norte del Tolima, criaturas, dicho sea de paso, que el mismo estado había engendrado y amamantado con el único propósito de eliminar toda expresión liberal gaitanista, realmente tacó burro en el sur del Tolima, sencillamente porque en esta región había organización, formación política e ideológica y deseos de libertad y justicia para todos.

Dice Jaime Guaraca: “El gobierno tenía tanta ilusión que Matallana era el que nos iba a acabar a nosotros, como acabó con los bandoleros en el norte del Tolima, con Desquite, Sangrenegra, etc, porque fue Matallana el que los acabó. Llegó un momento en que lo metieron para el sur del Tolima, pero el gobierno no se daba cuenta que en el norte del Tolima había era bandoleros y, en Marquetalia, era un núcleo organizado con militantes comunistas, con una moral altísima para resistir. Por eso, no pudo, no pudo hacer lo que quería”.

Al ingreso violento del militarismo en la región, el campo quedó solo, las familias fueron arrancadas violentamente de su tierra y confinadas en los pueblos aledaños. La perversa teoría gringa de quitarle el agua al pez, se ponía en práctica en esta hermosa región colombiana, sacudida por el tableteo de las ametralladoras, las bombas enormes que caían como luces de bengala y fantasía, lo mismo que el Napalm que iba bañando los árboles, los animales y los seres humanos en un holocausto difícil de narrar. Al respecto, dice el comandante fariano: “Le quiero decir lo siguiente: Cuando nosotros quedamos móviles, el ejército recogió a todo el mundo del campo, de sus fincas a los pueblitos. A los indígenas Paeces de la región los ubicó al pie del cementerio de Gaitania y no los dejaba salir. Mató a unos que caprichosa y desesperadamente se salían de noche para irse. El ejército los mató. Entonces, no había relación con nadie, porque no había con quien. El campo quedó desolado, solo, solo”.

Durante un buen tiempo de lucha y resistencia campesina en esta región, la figura de Charro Negro brilló con luz propia. Su talento, formación política y militar generaba liderazgo y seguridad entre los campesinos y combatientes. Explica Jaime Guaraca: “Charro Negro lo asignaron desde el Davis, jefe de la comisión. Él salió con nosotros, después el camarada Marulanda, después del 13 de junio, de tanta cosa que hubo, se vinculó allí con el grupo que él traía y crearon una sola comisión, pero el jefe siempre era Charro Negro. Charro era de la resistencia de las cuatro dictaduras: Mariano Ospina Pérez, Laureano Gómez, Urdaneta Arbeláez y Gustavo Rojas Pinilla, que termina en 1957. Charro Negro alcanzó el grado de Coronel. Cuando eso se copiaban los grados militares. El camarada Marulanda era mayor, lo mismo que Ciro Trujillo”.

“Entre ellos no había ninguna diferencia. No he conocido otra gente que se trate y se entienda tan bien como ellos dos. Ellos eran como un par de hermanos. La única diferencia era que Charro era más bien para la parte política y en cambio el camarada Marulanda era lo militar. Siempre era a emboscar el ejército y a pelear. Charro era un hombre de varias características, pero ante todo muy fraternal y también muy respetuoso. Sí le gustaba tomar licor y bailar. Él le organizaba un baile en cualquier lugar, así fuera en el filo de una peinilla. No se le pasaba un 20 de julio, un San Juan, un San Pedro, una navidad, sin armar una fiesta donde estuviera. Era alegre, muy dinámico. Y una forma de tratar a su gente muy bien, trataba a la gente muy bien. Ese era Charro. Era morenito, un poquito trigueño. Mejor dicho: El clásico Pijao, porque él era de la cuna de los Pijao, era oriundo de Natagaima (Tolima); su padre había fundado una finca en la vereda Horizonte, entre Herrera y el río Cambrín. Allá mantenían trabajando todos. Era de origen Pijao”.

“A Charro lo mataron los liberales “limpios” cumpliendo un plan de la oligarquía colombiana. Era la primera víctima de importancia para el Frente Nacional y la primera víctima de importancia de pérdida para nosotros. En un plan conjunto del gobierno liberal de Alberto Lleras Camargo (El Muelón) y los liberales “limpios” de Mariachi, llegaron un lunes a Gaitania, lo encontraron y lo mataron. Eso hacía parte del Frente Nacional, porque el Frente Nacional, se creó con un plan secreto para ponerlo en práctica contra las organizaciones. Es el temor que me da a mí ahora con los diálogos de la Habana, porque se parece mucho”.

“A Charro Negro, lo matan en primer lugar por ser comunista. El sectarismo de los “mariachistas” era muy grande y la asesoría de los dirigentes liberales y conservadores, muy grande también, que no querían en esa época, como no quieren ahora que hayan comunistas y guerrilla en Colombia. No nos podemos equivocar: Ahora está lo mismo. Siempre es una orientación, que la escriben y la aprueban, ¿Dónde? Allá, en el Pentágono yanqui de los Estados Unidos. De allá, sale esa orientación para el pueblo colombiano. Los gringos no quieren paz. Ellos dicen: Si hay paz, se nos acaba la plaza de venta de armas que se está fabricando. Necesita que haya los conflictos, que hayan las guerras, que hayan las invasiones, para eso. Aún están armando gobiernos que no tienen guerra, que no tienen nada y les está vendiendo por millones de dólares en armas. Esa es la política norteamericana. En Colombia hemos sido víctimas de esa política norteamericana por varias ocasiones y la muerte de Charro Negro, hace parte de eso, que era en cumplimiento del primer punto que tenía el Frente Nacional contra el movimiento revolucionario.  A Charro Negro lo matan el 11 de enero de 1960, en Gaitania (Tolima).

El asesinato del comandante Charro Negro, naturalmente tuvo un gran impacto en el incipiente movimiento revolucionario que poco a poco iba naciendo con todas las dificultades del mundo. Sin embargo, los que tomaron el liderazgo tuvieron la sapiencia para asimilar el crudo golpe y avanzar en la gran utopía. Jaime Guaraca, subraya: “Las consecuencias fueron las que hasta ahora no se han resuelto. Ya dije: Es el primer muerto de ese plan. Cuando sucede eso, nos encontramos con el camarada Manuel. Él salió a la vereda Jordán, cerquita a Gaitania y yo llegué también ahí. En eso salió Isauro Yosa y nos reunimos los tres. Se acordó en esa reunión salir a poner en conocimiento a la autoridad de lo ocurrido. Se nombró al camarada Marulanda. Él salió a Neiva, fue a Ibagué. Habló con los mandos del ejército, alcaldes, curas, en las dos ciudades. Y en los dos lugares la respuesta fue la misma: El único que puede resolver eso y mediar, es el ejército. El ejército va para allá. Y entró el ejército. ¿Cómo entró el ejército? Con un guía nuestro: Mariachi. Mariachi estaba aquí, llegaba el ejército, inmediatamente Mariachi se iba retirando con su gente para otra parte sin problema alguno. El comandante del batallón Tenerife, el coronel Charry, volaba de aquí, donde estaba el ejército en el helicóptero y caía donde iba Mariachi, en una coordinación muy bien hecha, que demostraba para nosotros que eso era un plan”.

Y a pesar del hostigamiento militar y la traición de Mariachi, el movimiento continuó su marcha. Dice el comandante Guaraca: “Nosotros volvimos a salir a Gaitania estando el ejército. Pero, el ejército comenzó a reducirnos el espacio para movernos, empezó a prohibirnos la parte política, no podíamos intervenir en ninguna organización, ni siquiera en las que había en los campesinos. Cuando eso ocurre, el camarada Marulanda, dijo: “No salimos más a Gaitania”. Cuando dejamos de salir nosotros a Gaitania, el ejército aplicó otras medidas. Le voy a contar lo que hizo posible de que el camarada dijera no más a Gaitania. Estando el ejército allí, como a los doce días, nosotros salíamos a reunirnos con los campesinos cerca de Gaitania. Digo nosotros porque era él y yo que lo acompañaba. Un día salíamos para la reunión y nos vieron pasando la plaza y ahí mismo salió el mayor Torres y llamó al camarada Marulanda, que esperara que el coronel quería hablar con él. El coronel vino, no saludó, sino que se dirigió directamente al camarada y le dijo: “Manuel, tengo conocimiento de que estás haciendo unas reuniones y debes saber que el ejército está aquí y es la autoridad; nadie más puede decir sobre cosas que el ejército. Es para que suspenda ese tipo de reuniones”. El camarada Marulanda, le dijo: “Coronel, yo no puedo suspender esas reuniones, porque son los mismos campesinos que me piden que les explique qué va a pasar. Mataron a Charro, un dirigente que estaba haciendo tantas cosas aquí para la ciudadanía y vino el ejército, está aquí en el pueblo, suben  los de Planadas, los que atacaron aquí con armas al cinto, se meten a las cantinas, toman aguardiente, humillan a la gente y el ejército no ve nada, está aquí y no ve nada. La gente pregunta: ¿Qué va a pasar?” Vuelve y le dice el coronel: “Mire Manuel, yo lo que estoy es advirtiendo, que se dé cuenta que esas reuniones son subversivas y usted no puede seguir haciendo eso. Si continúa haciendo eso, el ejército se ve obligado a ponerlo preso en la cárcel”. Salió y se fue”.

“Desde ese momento, dese cuenta, semejante amenaza. Eso era lo que ellos querían. Nosotros seguimos a la reunión y a las dos o tres cuadras, el camarada me dice: “Jaime, se acabó la salida de nosotros a Gaitania, las intenciones que tiene esta gente contra nosotros, son negras, nos quieren joder y nosotros tenemos el deber de no dejarnos. Quiere que no hagamos reuniones y nosotros en este país tenemos que hacer millones de reuniones con campesinos, con todo el mundo, para preparar la toma del poder. Así es que no más a Gaitania”. No volvimos a salir. Después, otras medidas que toma es emboscarse en los entronques de los caminos. Salían de noche y se emboscaba a haber quién de nosotros bajaba para capturarnos, porque sí tenían la intención de ponernos presos o matarnos. Y siguió la situación así agravándose cada día más. Instalaban morteros en lugares dominantes y bombardeaban cerca de las casas y el camino que venía de Marquetalia. En 1962, decidió subir el grupo de cinco mil soldados a San Miguel”.

“Vuelvo a repetirle: Eso era un plan del gobierno nacional: Matar físicamente a los principales dirigentes campesinos. Era un plan del Frente Nacional. Así que el ejército ocupara con pretextos, las zonas que habían abandonado, una vez ocupadas las zonas que había abandonado, entonces comenzar a preparar condiciones para la toma de Marquetalia. En eso aplicaba acción cívica-militar, aplicaban todo, tratando de ganar a la gente, tratando de ganarse a los indígenas. Les regalaban azadones viejos, machetes viejos, peluqueaban gratis, sacaban muelas gratis, brigadas de salud, teatro, payasos…Todo eso lo hicieron con tal de conseguir adeptos. Mientras tanto, estaban preparando todo para la toma de Marquetalia. Realizaron un censo de la población de cada familia campesina, de cada casa, anotando: Cuántas reses tenía, cuántos cerdos, cuántas gallinas…Todo eso lo hicieron, previendo todo eso para el futuro, porque si en el futuro aparecía una res en una finca de las que había censado que no tenía la referencia, ni la marca que figuraba allí, esa res era considerada de la guerrilla, la cogía el ejército y se la comía. Al fin y al cabo se comió todo. El ejército se comió todo lo que nosotros habíamos trabajado”.

El ambiente era cada vez enrarecido. La presión militarista iba en aumento. Cada vez limitaba más y más el espacio a los campesinos. Así, Jaime Guaraca y demás compañeros de lucha no volvieron a salir a ningún caserío. Cambiaron la táctica: Enviaban a sus mujeres a hacer mercado para la semana. Jaime, recuerda: “En una de esas salidas de las mujeres, casi matan a un poco, porque fue el tiempo en que el ejército en Gaitania, organizó un grupo paramilitar al mando de Alirio Salcedo, grupo que subía e incursionaba, atacaba casas, mataba indígenas y el último día de un ataque, atacó la casa de Darío Lozano, en San Miguel, y, hasta ahí habían subido las mujeres el domingo, que iban con la previsión para sus casas. No las mataron porque Lozano había hecho una cajuela y salía lejos de la casa. Cuando sintieron el ataque, todos se fueron por ahí. Por eso, no las mataron, pero quemaron la casa con todo, ese grupo de paramilitares. Dese cuenta todo lo que hacían contra nosotros y nadie veía nada, ni nadie se acordaba de que también nosotros éramos seres humanos”.

Vida y obra de Jaime Guaraca (VI)

En verdad la política paramilitar no es algo nuevo, ha sido una política de vieja data impuesta por Estados Unidos. El comandante Jaime Guaraca, se va mucho más atrás al calificar esta infeliz práctica de la clase dominante.

Se remonta a 1492, con el mal llamado “descubrimiento de América”. Señala: “A mi juicio eso es heredado de los españoles. Cuando los conquistadores toman la sabana de Bogotá, la sabana de Tunja (Boyacá) y otras regiones, los jefes conquistadores comenzaron a distribuirse las tierras y bienes de los indios. Cuando vieron que los indios querían oponerse a eso, trajeron de España bandoleros, delincuentes y formaron los grupos que se encargaban de poner el “orden”, según ellos. Eran españoles civiles, que les pusieron un jefe llamado: Mayoral. Era el que obligaba a los indios a trabajar, era el que ordenaba el castigo, el látigo y el cepo. El indio que lograba escapar para el monte, lo perseguían con perros asesinos siendo devorados por éstos. Ese grupo de esa época era paramilitar. Esa herencia quedó hasta este tiempo. Que ahora se perfeccionó es otra cosa. Ahora también como en aquella época, dependían de los jefes conquistadores, ahora dependen de la oligarquía que domina el país. Estos paramilitares fueron los que mataron a los caciques El Zipa y el Zaque, a la cacica Gaitana. Incluso, los mismos que atentaron contra Simón Bolívar, los mismos que mataron a Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliécer Gaitán…”

La relación del movimiento campesino con la comunidad indígena, especialmente la Páez, tuvo diversos momentos. Hubo solidaridad, sobre todo, cuando eran víctimas del establecimiento con sus medidas y su aparato represivo. Más tarde, esta comunidad fue cooptada por el militarismo con las denominadas: “Jornadas cívico – militares”. No obstante, el movimiento tuvo que hacer un gran esfuerzo por restablecer las relaciones de respeto y ayuda mutua. “En 1949, las relaciones eran muy buenas, porque también eran perseguidos y muchos indígenas matados por la policía, el ejército y los pájaros (paramilitares)”, dice y agrega: “Ya en 1964, sobre todo con el grupo Páez de Gaitania, fue un poco dura, porque como le he dicho, el ejército los preparó muchísimo. Resultó gente que se oponía a la lucha y nos perseguía y hacía de todo. Eso fue mejorando hasta que se mejoró”.

La situación compleja por la represión en el sur del Tolima, hizo que los dirigentes de la gran resistencia se desplazaran hacia el Pato, Riochiquito y el Guayabero. Una travesía descomunal y casi inverosímil. Una odisea sin precedentes en la historia del pueblo colombiano, perseguido por la cruda, criminal e infame militarización orientada por asesores norteamericanos. La política de tierra arrasada no dejaba otra alternativa, si de sobrevivir se trataba. Eso lo entendió el grupo liderado por Manuel Marulanda y Jaime Guaraca, entre otros.

Quien mejor para narrar este periplo que el comandante Jaime Guaraca: “Cuando se desmovilizó el Davis, solamente quedó allá una compañía al mando del capitán Llanero, con 75 hombres, éstos los mató el ejército y los “limpios” en su totalidad. En el sur del Tolima, además, se despertó una epidemia de odio contra los comunistas, promovida por los liberales “limpios”, que andaban por todas partes buscando comunistas para matarlos. La guerrilla dirigida por los comunistas salió del sur del Tolima, se fue para Villarrica y oriente del Tolima. Nos quedamos un grupo de treinta con los camaradas Charro Negro y Marulanda: 26 varones y cuatro mujeres. En medio de esa situación, que nos perseguía el ejército, la policía, los conservadores armados, los pájaros, los liberales “limpios”, cuatro fuerzas persiguiéndonos, eso fue en 1953. Finalizando este año, decidimos irnos del Tolima y cogimos esas cuestas del Huila, entrando a este territorio por Santamaría, peleando con los pájaros, la policía y el ejército. Esos 26 varones y cuatro mujeres, ya faltando cuatro que habían sido matados, fuimos los que llegamos a Riochiquito, comenzando a hablar con los indígenas. Al comienzo no nos aceptaban, pero después nos fueron aceptando, fundándose el Comando de Riochiquito, el campamento de Riochiquito. De allí, nos desplazábamos a la Síngula, Mosoco, Victocoila, la Troja, arriba al páramo de Moras y por ahí íbamos a Jambaló, Pitayó. Este grupo pequeño hicimos todo eso. Hay muchos recuerdos de estas travesías, pero en este momento no es tan importante, lo único es que yo era un adolescente, pequeño para esas cosas, sufre mucho. El paso de un río crecido, el paso de un puente, de un cable. Pero, bueno: Eso se resolvió”.

Indudablemente, una cosa es vivir el momento y otro muy diferente tratar de narrarlo. Sin embargo, se pueden tener elementos claros y contundentes para dimensionar la gesta revolucionaria de estos héroes y heroínas que tuvieron el valor de desafiar el poder omnipotente de la rancia y criminal oligarquía. Una experiencia que nos convoca a redoblar esfuerzos en la lucha contra este modelo explotador que nos viene matando con sus políticas pro imperialistas. No araron en el desierto. Todo ese acumulado es fundamental en la lucha revolucionaria hoy. Si ellos pudieron en qué condiciones, ¿Por qué nosotros no podemos hoy con toda esa experiencia de arrojo y heroísmo?

Jaime Guaraca, se jugaba la vida a cada paso que daba. Sus convicciones ideológicas y políticas y su formación humanista, se convertían como en la energía para no decaer, ni entrar en pánico o desmoralización. Al preguntársele, cuántas veces vio la muerte cerca, contestó: “En eso sí fueron muchas veces, porque cada uno que se enfrentaba al enemigo, se enfrenta a la muerte. El que viene, viene dispuesto a matar, era lo que el camarada Marulanda decía en su instrucción: “No dispare un tiro, mientras no tenga bien enfocado el blanco, porque cuando usted dispare tiene que darle al blanco, para que el enemigo salga de combate, sino el que viene sí le tira a usted y te mata”. Entonces, tocaba que tener mucho cuidado en eso. Claro, muchas veces vi la muerte, pero eso va pasando y se va olvidando”.

La preparación de un combate tenía un protocolo especial, como se dice hoy. Había que tener una serie cosas bien claras y precisas. Dice el comandante Jaime Guaraca: “Eso corresponde a la parte militar. Depende del combate. Si es una emboscada hay que analizar muy bien el sitio, que los guerrilleros queden viendo todo el terreno, lo que no ve uno, lo ve el otro, para cuando el enemigo se repliegue o trate de hacerlo, los guerrilleros tienen que ver donde se mete cada un enemigo. Pero, si es por ejemplo, un asalto, ya es diferente, porque hay que analizar, por donde se puede salir el enemigo, de donde le pueden disparar. Eso se mira desde el campo de los conocimientos”.

¿Era el camarada Jaime Guaraca más militar que político o político que militar? Según su concepto, intentó combinar de la mejor manera los dos aspectos, destacando la importancia tanto de uno como del otro. Dice: “Hasta donde se pudo, hubo una combinación, porque eso sí lo repetían los jefes mucho. Todos debían tener cierto conocimiento político para poder estudiar la situación. En el aspecto militar, lo mismo. Entonces es una combinación que tiene que ir pareja, no para ese tiempo, para ahora también. La guerrilla de ahora debiera de actuar así. Es decir, en forma militar y política”.

Participó activamente de reuniones y conferencias que se desarrollaban con bastante frecuencia con el propósito de balancear las acciones, el momento político y proyectar colectivamente la ruta a seguir. La característica principal de este movimiento campesino alzado en armas, ante la arremetida desalmada del régimen capitalista y su binomio militar-paramilitar, era la decisión colectiva. Se discutía, se analizaba e incluso, se polemizaba, pero finalmente, se tomaba la decisión o por unanimidad o por consenso. El colectivo se apeaba en grado sumo de los principios leninistas de organización.

“En la década del 50 – dice el comandante Jaime Guaraca – asistí a varias conferencias. La última fue en 1958. Pero, como ahí terminó la lucha armada por esa época, en el 58 con el Frente Nacional, entonces, ya en 1964, se abre como se dice, una nueva etapa. Se dio la primera conferencia del Bloque Sur, pero yo no asistí. No asistimos porque la mayoría de los marquetalíanos, habíamos salido en guerrilla móvil hacia los lados de Gaitania. Fue cuando mataron a Isaías Pardo y me hirieron a mí en el brazo izquierdo. En la segunda conferencia, sí estuve, también en la tercera, en la cuarta, participando como miembro del Estado Mayor. En la quinta no pude asistir, porque estaba preso. Caí preso en desarrollo de una tarea de civil en Cali (Valle). En la sexta, seguía preso. En la séptima tampoco porque me habían asignado apoyar el segundo frente del Caquetá, estaba en el Paujil. No participé de más conferencias guerrilleras. Durante la séptima conferencia, en mi ausencia, me nombraron miembro del secretariado. En esa oportunidad nombraron a cinco: Jacobo Arenas, Manuel Marulanda Vélez, Alfonso Cano, Raúl Reyes y a mí. Me dijeron que tenía que trasladarme al sitio y yo me trasladé. Duré poco con esta responsabilidad. Eso fue en 1982 hasta 1986. En 1986, me sentí bastante enfermo. Me asignaron una salida del país y al poco tiempo nombraron mi reemplazo”.

Durante su larga lucha revolucionaria como guerrillero, el comandante Jaime Guaraca, fue herido una sola vez, en el brazo izquierdo. “Eso fue en una pelea que se realizó muy complicada, porque el enemigo estaba muy cerca de nosotros. En esa pelea muere Isaías Pardo. Lozano, que era el secretario de finanzas, también es herido en una pierna y a mí en el brazo. No estábamos sino los tres en ese momento, la otra gente iba andando. Eso fue el ocho de septiembre de 1964, en la cordillera de Canoas, frente casi a Gaitania”.

En relación con la detención, el camarada Jaime Guaraca, relata: “Yo iba de civil en un bus por las calles de Cali, el cual fue interceptado por el B2, había sido sapiado y el operativo había sido montado. Preciso, me detuvieron. Bueno, la misión que me había encomendado el camarada Marulanda todavía no se puede decir. Eso es muy triste. Solamente entendí que estaba preso cuando me pusieron las esposas. Era comandante de la tercera brigada militar de Cali, Fernando Landazábal Reyes, quien comprobó mi detención con la herida, hacia las 11:30 de la noche, más los sapos que estaban por ahí. Con aire de triunfo, dijo: “Este es el preciso que buscábamos”. Además, me dice: “¿Usted no sabía que a todo marrano gordo le llega su San Juan? Aquí paró su carrera”. Le dije: “Pues, vamos a ver si es cierto, mi general”. Le ordenó a un coronel: “Póngale las argollas”, y las argollas eran las esposas. Cuando sentí el frío del hierro en mis brazos, me dije: “Ahora, sí estoy preso”. Me llevaron a la pieza de “amansa locos” del batallón Pichincha. Me tuvieron tres meses, siete días, recibiendo todo tipo de torturas. Me dañaron la columna vertebral, me hicieron muchas cosas. Luego de ahí, a la cárcel, una peregrinación por varias cárceles. Estuve en la cárcel de Palmira, la Gorgona, Popayán, Chaparral, Cali. En esas cárceles me tuvieron. Duré detenido cinco años y pico”.

“Mi excarcelación fue posible en primer lugar por la detención en Cali, el delito fue calificado de rebelión. Cuando caigo preso, el país estaba en estado de sitio. El juez de primera instancia, era el jefe de la tercera brigada, el general que me acusaba de todo. Me hicieron un consejo verbal de guerra condenándome a 15 años más uno por peligrosidad. Pero, cuando el gobierno de Alfonso López Miquelsen levanta el estado de sitio, automáticamente todas esas penas pierden vigencia; entonces, pasa mi caso al Tribunal Superior de Bogotá y este Tribunal y este Tribunal lo envía al Tribunal de Cali, y el Tribunal de Cali, dice: “Esto no es asociación para delinquir y otra cosa, sino rebelión. Con el tiempo que hace que está preso, ya pagó la rebelión”. Entonces, paso al juzgado tercero superior y el juzgado tercero superior, dice: “Póngase en libertad condicional”. Pero, esa libertad condicional no me la dio, aunque se pagó la fianza, me llevaron para la Gorgona, porque tenía una condena como reo ausente de veinte años de presidio. Allá estuve 28 meses.  Mucha fue la fuerza que hicieron mis abogados. Yo mismo desde allá, siendo ministro de justicia, Alberto Santofimio Botero, le entregué un memorial escrito por mí, pidiéndole el traslado al Tolima, para aclarar mi situación. Con todo lo que se hizo, me trasladaron otra vez al país: De Cali a Popayán y de Popayán a Chaparral. Cuando me llevan a Chaparral, la primera cita con el juez, me pregunta el nombre y apellido. Yo le doy el nombre y apellido concreto mío. Dice: “Pero, aquí figura la condena a Jaime Guaraca. ¿Usted conoce a Jaime Guaraca? Le dije: “No”. “¿Usted es Jaime Guaraca?” “No” “Mi nombre es este: Tarsicio Guaraca Durán” Me dice: “Entonces, ¿Qué hace aquí?” “Esa es la pregunta mía”, le dije. Con todo eso llamo al abogado, al doctor Humberto Oviedo, le cuento eso y le dije: “Hay una posibilidad. Pida un duplicado de la cédula a la Registraduría y con la cédula usted presente un documento de libertad. Eso lo hizo y salí en libertad, porque la condena no estaba a mi nombre, sino a otro nombre que no era el mío. Salí en libertad por eso. No recuerdo la fecha. Me acompañó el mismo doctor Humberto Oviedo. Él tenía una camioneta cerca de la plaza de Chaparral. Había dos compañeros civiles: El chofer y otro. Él me recibió a la salida de la cárcel, salimos de allí que era un hueco, nos perdimos los dos, no salimos a la plaza. Sin embargo, llegamos a la camioneta y arrancamos. Él le dijo al chofer: “Tiene que meterle duro porque antes de la seis de la tarde, tenemos que pasar Espinal. La orden que tiene el batallón Caicedo es que a las seis de la tarde, taponan todas las salidas y entradas para recapturarlo. Hay que salir rápido. Salimos primero a Ibagué. Allí, me quedé y al otro día me fue para Bogotá. A los cinco días estaba nuevamente en el campamento de Jacobo Arenas y como a los quince días me encontré con el camarada Marulanda. El reencuentro fue muy bueno. Él llegó a una reunión del secretariado al campamento de Jacobo Arenas, tuvieron reunidos todo el día. Al otro día me dijo: “Vámonos para donde yo estoy, para mi campamento”. Yo me fui con él. Ese día, llegamos muy tarde. Al otro día ordenó preparar un almuerzo como con siete gallinas. Un almuerzo muy bien hecho, unas botellas de whisky, en una mesa bien arreglada. Él mismo dijo estas palabras: “Aquí, no se trata de discursos, se trata de un homenaje a Jaime por el buen comportamiento que ha tenido en la cárcel y porque sigue siendo un revolucionario. Por eso, es este almuerzo”. Fue todo lo que él dijo. Muy bueno todo. Yo fui guerrillero activo hasta 1985. En 1982, realizamos el último combate en San Vicente del Caguán, en la vereda Ochontal, le creamos como 25 muertes al ejército. De ahí, tomé una subametralladora marca “MP5”, muy fina, que fue la que porté hasta cuando me asignaron salir del país. Se la entregué al camarada Marulanda. Sentí nostalgia. Uno se encariña del arma. En realidad sentí nostalgia no seguirla teniendo en nuestras manos. Yo no llego a Cuba desde un comienzo. Yo salí con una tarea a desarrollar en Nicaragua. Allí, duré un año intentando hacer la tarea. En un paso por Cuba, los cubanos me hacen ver del médico y me ofrecen el tratamiento. Yo comunico esto a la dirección y la dirección determina que acepte el tratamiento. Mi relevo fue Ricardo Téllez”.

Vida y obra de Jaime Guaraca (VII)

El 15 de octubre de 2017, tuvimos la oportunidad de hacerle un reportaje al comandante Jaime Guaraca, en la Habana (Cuba). Durante cuatro horas nos estuvo comentando parte de su infancia, su juventud y su madurez en las breñas de la vida revolucionaria en Colombia. Era una mañana soleada con un firmamento cubano cerúleo. El reportaje lo dividimos en tres partes: La primera su infancia, la segunda su lucha guerrillera y la tercera parte, su análisis del momento de coyuntura, especialmente del proceso de paz que se desarrollaba, precisamente, en la Habana, entre las FARC – EP y el Estado Colombiano.

Varias cosas nos llamó poderosamente la atención: Una, que el movimiento guerrillero no lo haya tenido en cuenta para nada, estando en la Habana y con plena lucidez mental, intelectual y político. Dos, su escepticismo en relación a la palabra del gobierno nacional. Según deja ver, la guerrillera se apresuró a entregar las armas. También se atrevió a afirmar que el comandante Manuel Marulanda Vélez no habría firmado el acuerdo de paz en los términos que se suscribió. Y, finalmente, su fidelidad al centralismo democrático, al afirmar que había que respaldar la dirección del movimiento guerrillero y que ella tenía que responderle al país y a la misma organización revolucionaria.

Este acápite del reportaje es el siguiente:

–         Hablemos un poco del momento político que está viviendo el país y el continente latinoamericano. Se hace el proceso de paz entre las Farc – Ep y el Gobierno. En términos generales, ¿Cómo analiza usted este proceso?

En primer lugar, yo no conocí mucho de las discusiones en la mesa de diálogo. No participé. Ni a mí me preguntó nadie nada de eso. En segundo lugar, yo creo que en realidad es otro momento histórico de Colombia, como los que han ocurrido anteriormente, porque no es la primera vez que se firma un documento tan grande, tan bien discutido, tan bien elaborado, donde participaron los compañeros activamente en él.

Pero, ahí sí como se dice: Tiene sus peros. Ese documento tan amplio no se ha empezado ni a resolver, ni a cumplir por parte del gobierno, por parte del sistema. Digo a cumplir porque yo miro la historia del pasado, como dice la gente: La memoria histórica. Y, me doy cuenta que yo conozco y he vivido cuatro ley de amnistías del 48 hacia acá. Casi todas tienen el mismo objetivo y el mismo parecido. Ahora, se firma una ley de amnistía en todos esos documentos y fíjese usted que todavía no se ha cumplido.

Se convirtió en ley en Diciembre de 2016, firmada por el presidente de la república, publicada en la Gaceta Oficial y no se ha cumplido. La ley de amnistía cuando se da, es para que salga todos los prisioneros de guerra y presos políticos, salgan de las cárceles. Con esta finalidad se da la ley de amnistía; pero en Colombia, el presidente Santos y compañía, no quieren hacer eso, no quieren cumplir como no la han cumplido con muchos acuerdos desde que él es presidente. Es una característica de Colombia y de los presidentes de Colombia: Prometen una cosa y prometen la otra y no cumplen. La primera ley de amnistía que yo conocí y que está en la historia que se piensa olvidar por mucha gente, comenzando por la gente que repite 53 años de violencia, 53 años de enfrentamiento. Es que no son 53 años, son más, porque esto comenzó en el 49 muy seriamente. Comenzando con eso, se empieza a negar una realidad colombiana que bien registra la historia. La ley de amnistía primera que se da en Colombia fue la que decretó Gustavo Rojas Pinilla cuando tomó el poder, cuando sacó a Urdaneta Arbeláez del poder y dijo aquí mando yo. Era 1953.

Para todo el mundo fue la ley de amnistía, para todos los alzados en armas. ¿Cuál era el objetivo que se buscaba con eso? El objetivo siempre ha sido desmovilizar y desarmar a la guerrilla. En aquella época había una guerrilla muy grande en el país, pero sobre todo liberal, pero era una guerrilla y estaba haciendo cosas importantes. Rojas Pinilla, hombre hábil, nombró inmediatamente emisarios a hablar con las guerrillas. Por ejemplo, a los Llanos, donde Guadalupe Salcedo, mandó al general Duarte Blum para que hablara con Guadalupe Salcedo y su gente y, convencerlos de que entregaran las armas, porque había una pacificación en el país. Y lo convencieron. En fila india, como se dice, casi más de tres mil guerrilleros, pasaron por el frente del general Duarte Blum dejando sus armas allí, entregándolas y con ello, se entregaban.

La pacificación la quiso aprovechar Guadalupe Salcedo y salió a Bogotá y, ahí lo mataron en seguida. Eso ocurrió con la guerrilla del Medio Magdalena dirigida por Rafael Rangel Gómez. También entregó las armas y se entregó, se fue a Barranquilla y lo mataron en plena calle. Eso ocurrió con la guerrilla de Urrao (Antioquia) al mando de Juan de Jesús Franco, que también entregó todo, se salió a Medellín y ahí lo mataron. No sucedió con las guerrillas del sur, porque con ellas tenían otro propósito. Lo que indica que el objetivo de esa ley de amnistía de Rojas Pinilla, era acabar con la guerrilla de ese tiempo. Y la acabaron. En las guerrillas liberales no resurgió nunca más un hombre en armas.

De modo que muertos hubo muchos, con respecto a eso, confiados en la paz y en la tranquilidad, salían a las ciudades y ahí los mataban. Bueno, lo del sur ya estaba un poco descrito que fue lo que aconteció con las guerrillas liberales, que pactaron con el gobierno para perseguir a los comunistas y se convirtieron después en paramilitares: Gerardo Loaiza , Leopoldo García, después Mariachi, que se desertó de las guerrillas comunistas, se fue para allá; Efraín González, Arboleda, también se convirtieron en paramilitares. De modo que entonces, ese objetivo que se buscaba con la ley de amnistía de Rojas Pinilla, lo cumplieron: Desmovilizaron la guerrilla liberal y mataron a un poco de gente, entre ellos a los principales dirigentes.

La otra ley de amnistía, se da con el Frente Nacional. También el objetivo era ese: Apaciguar el país y comenzar lentamente penetrando las zonas donde están los asentamientos guerrilleros, para eliminar a los principales dirigentes. Así mataron a Charro Negro y otros como a Alirio Saavedra y muchos ex guerrilleros, porque en esa vez fuimos amnistiados todos. El objetivo era también el mismo del 13 de junio de 1953. De modo que esa ley de amnistía ha servido para eso. Y el comienzo de lo que hasta ahora no se ha resuelto del todo con la macha de Charro Negro, porque ahí comenzó el problema para llegar hasta nuestros días.

Lugo se presenta la otra ley de amnistía, que fue la de Belisario Betancur. Querían también hacer lo mismo, que nos desmovilizáramos y que entregáramos las armas. Cuando eso el propio camarada Marulanda, al conocer la ley de amnistía, dijo: “Nosotros no nos podemos acoger a esta ley de amnistía, porque le dejaron unos micos colgando. Pero sí la podemos utilizar como un instrumento de movilización de opinión de masas”. Y, comenzamos a trabajar en torno a la posibilidad de crear un movimiento político y fue así como se creó la Unión Patriótica.

Pero en resumidas cuentas, ¿Cuál fue el resultado de eso? Las Farc sí envió compañeros a trabajar para la formación de la Unión Patriótica y se formó un gran movimiento con mucho entusiasmo y mucha esperanza , pero le aplicaron lo que se conoció después como la guerra sucia y murieron más de cinco mili dirigentes nacionales, regionales, militantes y simpatizantes del Partido Comunista y la Unión Patriótica.

Esos han sido los resultados de esa ley de amnistía y ahora conozco esta que firmaron, pero ya le dije: Desde Diciembre del año pasado (2016), convertida en ley y no ha dado el resultado que tiene que dar. Además, se le puede agregar otras cosas: Algunos que han sido favorecidos y le han dado libertad al salir de la cárcel, los han matado. En estos momentos a muchos de nosotros nos preocupa demasiado, el hecho de que las Farc, tan pronto comenzaron a discutir en las conversaciones, propuso y aprobó un decreto de cese unilateral del fuego. Desde ese momento las Farc silenciaron las armas, pero el gobierno no quería hacer eso. A última hora aceptó el cese bilateral  de fuego con fines de silenciar las armas, pero el Estado Colombiano, hay que decir y reconocer sinceramente: No ha silenciado las armas. Siguen habiendo muertos en Cauca, en Tolima, en Antioquia, en Villavicencio, en muchos lugares, se vienen presentando muertes de líderes campesinos, ambientalistas, de Derechos Humanos, con un argumento y con otro, pero es gente del Estado que está matando a esa gente, porque el paramilitarismo sigue intacto, así lo niegue Juan Manuel Santos y la canciller Holguín. Siguen bien armados, bien uniformados, con cara tiznada haciendo cosas. Eso es el Estado. Yo me pregunto: ¿Por qué no silencian las armas, si Juan Manuel Santos es el presidente? ¿Por qué no adopta medidas para acabar con esas masacres? Como muestra un botón de que el Estado no ha silenciado las armas: Esos nueve campesinos asesinados y no sé cuántos heridos en Nariño. Los mataron armas del Estado, armas oficiales del Estado, de la Policía y del Ejército. Entonces, yo me pregunto: ¿Para dónde va esta firma de paz, si el mismo gobierno no cumple, no cumple con silenciar las armas, mucho menos con otras cosas que debería haber cumplido hace rato? Le agrego: Es necesario que esta gente de la oligarquía, olvide la cultura de la violencia, olvide la cultura de la guerra, de la muerte, olvide la cultura del odio, para que haya reconciliación en el país, para que haya un restablecimiento y reconstrucción del país. Se necesita que haya eso, de lo contrario no se puede.

La situación es complicada. A nivel internacional a Colombia la miran de otra manera. ¿Por qué? Porque los discursos de Juan Manuel Santos, las opiniones que vierten de allá, de uno y otro miembro del gobierno nacional, son halagadoras, sin tener en cuenta lo que el pueblo está padeciendo, lo que el pueblo necesita y no se resuelve. El problema de la tierra, ésta se está concentrando mucho más en las grandes empresas transnacionales, explotadoras de los recursos naturales, mientras que el campesino sigue viviendo en minifundios y otros que no tienen donde vivir. La situación es muy delicada. Además, el año entrante hay elecciones (2018), para presidente de la República. Hay una lista grandísima de gente que está aspirando a la presidencia de la república. ¿Qué prometen? Hasta ahora no es mucho lo que prometen y no es mucha la garantía con ninguno de ellos. Colombia está abocada a que el año entrante gane un presidente que eche atrás todo lo que se acordó en las conversaciones de la Habana, y no es extraño que eso pueda suceder, porque puede seguir el ejemplo del presidente de Estados Unidos, que Barack Obama le entregó el poder en una situación diferente a la que hoy hay, porque la gente que hoy hay, es sumamente riesgosa, sumamente peligrosa. De un momento a otro puede evocarse una guerra nuclear, porque las amenazas del presidente de Estados Unidos, son muy fuertes. Figúrese usted que en plena sesión de las Naciones Unidas, fue a decir todas esas cosas y a amenazar con acabar a un país de 25 millones de habitantes y dejarlo en cenizas. Eso es muy peligroso, que de pronto resulte un loco y apriete un botón de esos y dispare un misil. Ahí, sí que la cosa se complica. De otra parte, Colombia no es un país independiente; Colombia en todo depende del Pentágono, entonces no es extraño que sucedan cosas en Colombia. Para mí, la situación es de mucha expectativa, sobre qué va a suceder y eso lo conocerán ustedes que están viviendo en Colombia.

Vida y obra de Jaime Guaraca (VIII)

Llegamos al final de nuestro modesto homenaje a nuestro camarada Jaime Guaraca, agradeciendo inmensamente a todos los lectores, hombres y mujeres, que dedicaron tiempo a la lectura de estos textos, y seguramente a la reflexión crítica y analítica teniendo como telón de fondo, la realidad concreta que vive hoy el pueblo colombiano y la humanidad en su conjunto. Es una partecita muy elemental de la gran obra de este gladiador por la paz, la justicia social y el socialismo, que dedicó toda su vida a dicha causa, en medio de la tempestad borrascosa de la ignominia de una pútrida oligarquía que se ufana de ser la más antigua del mundo.

Su ejemplo de lealtad a la causa noble del pueblo colombiano, seguirá brillando en el firmamento y en la conciencia de quien se inclina toma sus pertrechos y sigue en la lucha porque aún las causas por las cuales surge las Farc – Ep en 1964, siguen incólumes, vigentes en toda Colombia. La necesidad de la paz con justicia social sigue siendo una utopía allá en el horizonte de la patria ensangrentada y fraccionada por el afán personalista de una clase dirigente apátrida y cobarde que se entrega de hinojos a los dictámenes del imperialismo norteamericano.

En esta última entrega, el camarada Jaime Guaraca Durán es claro, directo y contundente. Su análisis es ecuánime y sin ambages, terriblemente realista y premonitorio por su vasta experiencia y su formación ideológica y política. Estudiarlo más que leerlo, será la gran oportunidad para fortalecer la conciencia revolucionaria y avanzar hacia el puerto inexorable de la victoria. El mejor monumento que se pueda erigir a su memoria, será indudablemente la unidad y la fidelidad a los principios diáfanos que encarna la ciencia, es decir, el marxismo y leninismo. ¡Honor y gloria a su memoria!  

–         En relación con las amnistías que usted enumera, la constante era que la guerrilla entregara primero las armas. En su momento, la guerrilla fariana no las entregó, ahora sí. ¿Qué lectura hace usted de esta decisión? ¿Un error? ¿Un acierto?

Yo no me atrevo a afirmar nada de eso, porque respeto mucho la opinión de la dirección, que fue la que estuvo en las conversaciones, la dirección completa estuvo en esas conversaciones y aceptó. Lo de antes, por ejemplo, el Partido Comunista Colombiano, desde la primera ley de amnistía no estaba de acuerdo en la entrega de armas. Dijo: Nada de entregar armas. Y, después el camarada Marulanda, dijo: “Nada de entrega de armas”, y sobre esa base, se marchó hacia el trabajo. Pero, lo de ahora, esa parte no me atrevo, ni siquiera a decir algo, porque la verdad es que me parece que fue muy prematura la entrega de armas.

–         Lo hecho, hecho está dice el dicho bíblico. ¿Qué deben hacer Colombia y el movimiento político: Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común para enfrentar esta cruda realidad que se presenta hoy?

No sé. En ese caso pareciera que hay que tener mucha paciencia para poder sortear esta situación. Dese cuenta usted la matanza selectiva que han estado haciendo en los campos. Eso corresponde a un plan de quitar a esos cuadros que están surgiendo allí, para con eso impedirle a las FARC que tenga posibles candidatos a concejales, a gobernadores, a diputados, al congreso. Es quitarle un cierto sector de masas a la guerrilla, así no estén disparando contra el propio dirigente guerrillero, pero lo están haciendo en esas condiciones y en forma selectiva. Repito: Con esa finalidad. Eso es un plan ya organizado de la oligarquía y comienza a darse los mismos pretextos para entorpecer el proceso. Un día de estos van a cometer una masacre y van a decir que fueron las FARC, porque hay gente interesado en eso. Yo no sé. Hay que organizar un trabajo muy grande, un trabajo político, ideológico; pero, quién garantiza la vida a la persona que se va a trabajar, quien garantiza eso. En las condiciones que se viven, no hay garantías para ese trabajo. De modo que así haya, muy buenas intenciones, pero con esa matanza selectiva, están preparando condiciones para que la gente diga: “Qué me voy a poner a apoyar al movimiento para que me maten”. Entonces, la situación es muy complicada, muy complicada. De todas maneras, todo eso va en contravía de la paz.

–         Según su criterio, ¿Todavía se ve el concepto de paz con justicia social muy distante en Colombia?

Para mí sí se ve todavía muy lejos. Mientras no se cumplan algunos de los acuerdos, que uno vea que se cumplió, no puede uno arriesgarse a decir siquiera: ¡Sí, la paz existe! Y, una de las cosas, vuelvo a repetir, mientras exista la inseguridad que hay, no es paz lo que hay, no es paz. Mucho deseo, mucho anhelo del colombiano vivir en paz, pero no se está viviendo en paz.

–         Hay nueve bases norteamericanas en Colombia. Incluso, algunos hablan de 21. ¿Esto también va en contravía del proceso de paz y de la paz en sí?

Pues claro que sí, porque si es un país que acuerda la paz, ¿Para qué armas? ¿Para qué bases militares? El colombiano no está en guerra con ningún otro país, lo quieren sí meter en un problema muy serio y es el problema con Venezuela, porque les conviene. En el caso de las bases, es que la entrega de las siete bases iniciales fue una entrega muy amplia, con eso se acabó la soberanía nacional en Colombia, la soberanía se perdió allí, porque la instalación de las siete bases, permiten que los gringos anden por Colombia, por donde quieran, que utilicen las autopistas, las carreteras, que utilicen los puertos, que utilicen todo en el momento que ellos lo decidan. Si hay 21, puede inclusive haber más, porque esa fue una de las cosas que quedó en el acuerdo, cuando entregaron la posesión de las siete bases. Yo digo: ¿Para qué siete bases, si se quiere la paz? Ahora: Continentalmente se dio una conclusión que dice: América Latina y el Caribe es declarado zona de paz. No quiere que hayan guerras, pero fíjese usted: El imperialismo sí quiere la guerra y la posición de Colombia es súper  estratégica para ellos, en todos los sentidos: En comunicaciones, en exploraciones en caso de guerra. Además, Colombia está muy cerca de muchos lugares. Un avión de guerra de Colombia, puede despegar y va al África, sin necesidad de aterrizar en ninguna parte. El continente lo puede recorrer todo, sin aterrizar en ninguna parte. De modo que a mi juicio, no se necesita que haya esas siete bases. Al contrario. Yo soy partidario que se desista de ese acuerdo, como también que se retire la Doctrina de la Seguridad Nacional impuesta a Colombia, al ejército colombiano. Que se retire eso. Y que se retire una cantidad de gringos que lo que hacen es estorbar en Colombia para que haya paz.

–         ¿Cómo entender que mientras el presidente Santos firma la paz, el presupuesto para las fuerzas armadas el año entrante, se incrementa en varios billones de pesos, mientras que se recorta en renglones sociales como la salud y la educación?

Eso no lo entiende sino el mismo Santos y compañía, porque si se quiere en realidad la paz, ¿Para qué aumentar el presupuesto para la guerra? ¿Para qué aumentar el salario de los militares? ¿Para qué aumentar la compra de armas? Si se quiere la paz, compre maquinaria agrícola, construya escuelas, construya universidades; reabra las universidades que están cerradas, los hospitales que están cerrados. Por ejemplo, el hospital La Hortúa en Bogotá, semejante hospital tan grande, prácticamente cerrado. ¿Por qué no se le dedica tiempo más bien a eso? Que eso sí va a beneficio social. Lo otro no va a beneficio sino a los intereses de los capitalistas, a nadie más.

–         El gobierno nacional habla de paz, pero pareciera que se preparara para más violencia contra el pueblo. ¿Cómo salirle al paso?

Es que la oligarquía está acostumbrada a eso, a dar un discurso de doble cara. Pero, esto no se resuelve de la noche a la mañana. Únicamente la denuncia, hay que hacer mucha denuncia de las cosas citando propiamente lo que dice el presidente y lo que hace. Hay que criticar eso, hay que explicarle a la gente: Mire que está diciendo esto, pero lo que está haciendo es lo otro. No solamente el presidente, toda la gente que lo sigue, porque ellos lo dicen confiados en que la opinión más que todo internacional, le está dando credibilidad. Hay que explicar eso ampliamente.

–         Se ha querido polarizar a Colombia entre Santos y Uribe. Santos presentado como la cara buena y Uribe la cara mala. ¿Usted también polarizaría el país entre estos dos “personajes”?

Yo no. Ni siquiera me atrevo a decir eso, porque tanto uno como el otro, son la misma cosa. No nos olvidemos de la memoria histórica: Santos fue el ministro de defensa de Uribe durante muchos años. En el mandato de Santos como ministro de defensa, fueron miles los jóvenes muertos en los falsos positivos y en muchas cosas más que hizo, como ordenar los bombardeos a los campamentos de Raúl Reyes, el campamento del Mono Jojoy, la matada de Alfonso Cano. Son muchas las cosas que Santos debe y no tiene cómo decir nunca que no. Claro que lo reconoce públicamente, lo ha dicho. Inclusive, dice: “Yo soy enemigo de las FARC, pero por eso no vamos a dejar de firmar los acuerdos”. Ha dicho muchas cosas. Entre estos dos personajes oscuros del régimen, no hay ninguna polarización. Los dos – para mí – son oligarcas, reaccionarios y enemigo de los trabajadores.

–         Usted que conoció tan bien al comandante Manuel Marulanda Vélez, porque estuvo tan cerca durante tanto tiempo. ¿Si él hubiera estado vivo hubiera firmado este acuerdo de paz de la Habana?

Yo creo que de pronto le hubiera incluido algunas propuestas más, en el sentido de que algunas cosas no se hubieran hecho tan prematuras, pero a lo mejor lo hubiera firmado sobre esa base. Él era un hombre muy pensador y muy analítico. Inclusive, con ese análisis, él se ponía a pensar en las cosas, se iba al infinito y volvía con una conclusión. Yo creo que hubiera sido otro el tema.

–         ¿Qué le hubiera agregado?

Creo que de pronto él le hubiera agregado, lo que ya estaba diciendo: El retiro de las bases militares gringas, la anulación de la Doctrina de la Seguridad Nacional, la salida del país de la cantidad de gringos que estorban en Colombia y la prohibición de que en Colombia, hayan norteamericanos que cometen un delito y por serio que sea, no son llamados a juicio, porque tienen inmunidad diplomática. Eso lo hubiera agregado él.

–         ¿Qué opina usted de la prolongada e injusta detención del camarada Simón Trinidad en las mazmorras de Estados Unidos?

Eso está demostrando las intenciones que tienen el gobierno colombiano y el de Estados Unidos. Fíjese usted: Simón Trinidad ya debería estar en libertad, no ve que es un guerrillero, es un revolucionario, no es un bandido, no es un narcotraficante, no es un bandolero. Debería estar en libertad ya, y no está porque esa es la intención que tienen. El día que los compañeros de la dirección, algunos de ellos, vaya a recibir el beneficio de amnistía, se va a acercar donde el juez y el juez va a abrir un libro allí, donde está escrito el nombre de él y le va a decir: “Pero, usted está aquí acusado de delitos de lesa humanidad, usted ha hecho esto y lo otro, usted no tiene derecho a la ley de amnistía. Va es derechito para la cárcel a pagar veinte años, porque así está estipulado en la famosa ley de transición”. Eso es lo que le espera a mucha gente. Yo no sé si me equivoque, pero lo de Trinidad, está demostrando eso, precisamente.

–         Con todo lo que se está viendo, podría decirse que la oligarquía y el imperialismo norteamericano son intransigentes. Con esa cruda realidad, ¿Podrá el pueblo tomarse el poder pacíficamente a través del debate electoral?

Las cosas han cambiado mucho y si uno se pone a mirar, el imperialismo le está metiendo mucho dinero a eso, mucho profesional pagado para conservar el poder político, pero también está amenazando muchísimo. Cualquier movimiento que hagan las gentes, es detectado y amenazado enseguida, la situación está muy compleja, hay que pensarla muy bien y decidir también muy bien.

–         Como diría V.I. Lenin en su momento, “¿Qué hacer?”

La verdad es que aunque en el momento el capitalismo tiene una crisis muy profunda, hay muchas contradicciones entre ellos. En estos momentos la cúpula del capitalismo desarrollado está en el poder en Estados Unidos. Eso es muy peligroso. Basado en eso hay que pensar. Sin embargo, hay que trabajar políticamente.

–         Camarada Jaime Guaraca: Viene a su memoria el camarada Raúl Rojas González del bravo Chaparral (Tolima) ¿Qué significa para usted este comunista?

Claro que sí. Lo recuerdo a él y a toda su familia, a toda la familia, porque uno no se puede olvidar de la gente que trabaja, de la gente solidaria, de la gente buena y Raúl es una persona como la que yo defino. Yo lo recuerdo mucho. Estaba muy dolido porque me habían dicho que había muerto, pero ahora me alegra mucho saber que está vivo y como tal quisiera saludarlo y abrazarlo.

–         ¿Por qué esa amistad con el camarada Raúl Rojas González?

Es amistad de revolucionarios. Entre revolucionarios se hace una amistad como si se fuera hermanos, claro, me refiero al verdadero revolucionario. Cuando a mí me tuvieron preso en Chaparral, ellos vieron por mí mucho, se solidarizaron mucho conmigo y eso uno lo agradece profundamente, más que cualquier otra cosa, estando uno en la cárcel, donde está padeciendo todas las humillaciones del caso. Una familia que se solidarice con uno así como lo hizo Raúl, eso es importante.

Una anécdota que recuerdo del camarada Raúl: Cuando me iban a liberar en Chaparral, el militar mandó a llamar a Raúl por intermedio de uno de sus hijos, creo que Jairo. Raúl asistió. El militar le dijo en presencia mía: “Lo he citado para que se despida de su amigo, porque mañana nos lo llevamos nuevamente para la Gorgona”. Raúl lloró. Su único ojito bueno se llenó de lágrimas al saber la noticia. Al ver eso, el militar dijo: “No sea huevón, lo cité para comunicarle que mañana sale libre el señor y para que usted le lleve alguna maleta y mañana no haya inconvenientes”. ¿Quién hace eso? Solo un amigo, un camarada de verdad, un comunista convencido. Para mí, Raúl es más que camarada, es mi hermano. Toda su familia fue muy generosa conmigo, me acompañó permanentemente durante la prisión en Chaparral. De verdad, quiera tenerlo a Raúl en frente para darle un fuerte abrazo.

–         Finalmente, Camarada Jaime Guaraca: ¿Qué palabras diría usted a la Juventud Comunista Colombiana, al Partido Comunista Colombiano, al pueblo Tolimense?

Hay muchas palabras para uno poderse dirigir a ellos, pero sobre todo, les diría que piensen en el futuro, que analicen la situación presente y la futura, que no admitan engaños, que no admitan promesas falsas, que miren bien a la persona por la cual se van a inclinar, porque de lo contrario, si no se analiza muy bien, se vuelve a pecar. Este pecado que yo digo consiste en la parcialización política que ha vivido Colombia. Cuántos movimientos, cuántos sindicatos con tantos nombres, siglas por un lado, siglas por otra; esa desunión tan terrible, es lo que ha perjudicado a Colombia y la va a seguir perjudicando. Que piensen muy bien en eso y que analicen – vuelvo a repetir – a quienes es que le van a brindar su apoyo, que piensen quien puede cumplir y quien no puede cumplir. (FIN)

Gráfica.- Camarada Jaime Guaraca y Nelson Lombana Silva, en la Habana