
José Heriberto Holguín Bejarano
La principal acción que puede realizar Uribe Vélez, es su desmovilización guerrerista de sembrar de odio y mentiras al pueblo colombiano. Su actitud paranoica como mecanismo de defensa, lo ha llevado a una descomunal intranquilidad tal, que puede quedar convertido en un personaje típico, como también sus inmediatos seguidores y seguidoras.
El orgullo paramilitar le ha imposibilitado conducir a su grupo ciego, por caminos diferentes al de la contienda permanente, el cual no entra en contradicción con su mentalidad guerrerista paramilitar, quien será recordado en los anales de la historia como un personaje quien pudo arrepentirse de sus actos, confesando sus delitos al pueblo en una catarsis liberadora, pidiéndole perdón a todas las víctimas del paramilitarismo, acción que contribuiría a profundizar el proyecto colombiano: la paz como único camino.
Si el senador Uribe continúa con la actitud de bombardero de palabras e improperios con mentiras y triquiñuelas solo por sentarse en la terquedad política, su estupidez no le permitirá nunca salir del error. Las incoherencias lo han conducido a que todo se arregla con misiles, dinero, evasiones a las preguntas que se le hacen y falsedades para confundir a las personas que nunca han leído los acuerdos de la habana.
Por otra parte, sus partidarios incondicionales azuzados por su dirigente, de esa manera correrán la misma suerte si no contribuyen a cambiar la historia del país, experiencias del pasado cruento de Colombia de mentalidad fascista, que cortó la vida de un líder nato como fue Jorge Eliécer Gaitán, quien cuyo delito según la oligarquía de la época, fue haber brindado al pueblo una esperanza que nunca había tenido. De allí su oración por la Paz. Si el pueblo colombiano no vigila sus acciones, su grupo adherido a la usanza de los pájaros que organizó Laureano Gómez, establecerán ejércitos de ultraderecha para perseguir en las granjas agrícolas a los líderes guerrilleros cuando el conflicto haya terminado. Repitiendo la historia de lo que sucedió en Marquetalia y con la unión Patriótica (UP), experiencia de partido para la paz que se presentó en ese entonces, como también los desmovilizados del EPL y del M-19.
Hay que evitar en todos los aspectos la repetición de estos hechos tomando las medidas necesarias y no permitir regresar al escenario sangriento porque los odios de los uribistas están al acecho en nombre de su falsa democracia.
Los países del resto del mundo están abismados acerca del porqué en Colombia existe un grupo que se resiste a la PAZ.
Hago alusión a las palabras de Gaitán en su” oración por la paz”
“Impedid, señor Presidente, la violencia. Sólo os pedimos la defensa de la vida humana, que es lo menos que puede pedir un pueblo. En vez de esta ola de barbarie, podéis aprovechar nuestra capacidad laborante para beneficio del progreso de Colombia” …
…Os decimos, excelentísimo señor Presidente:
Bienaventurados los que no ocultan la crueldad de su corazón, los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar los sentimientos de rencor y exterminio. Malaventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad contra los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia”.
ORACIÓN PORLA PAZ (Fragmento)
https://www.youtube.com/watch?v=aCSyVnZRpuM
Votemos por el SÍ para que la historia de la violencia se termine definitivamente.
DEBATE CONTRA ALVARO URIBE SOLICITADO POR IVAN CEPEDA
https://www.youtube.com/watch?v=vsTyRSCOzBg
ANEXO LA ORACIÓN TEXTUAL ESCRITA POR JORGE ELIÉCER GAITAN
ORACIÓN POR LA PAZ
A continuación, el discurso completo del Dr. Jorge Eliécer Gaitán:
“Excelentísimo señor Presidente de la República, doctor MARIANO OSPINA PÉREZ:
“Bajo el peso de una honda emoción me dirijo a vuestra excelencia sabiendo que interpreto el querer y la voluntad de esta inmensa multitud, que cobija su ardiente corazón, lacerado por tanta injusticia, bajo este silencio clamoroso, para pedir que haya piedad y tranquilidad para la patria.
En todo el día de hoy, excelentísimo señor, la capital de Colombia ha presenciado un espectáculo que no tiene precedentes en su historia. Gentes que llegaron de todo el país, de todas las latitudes –los llanos ardientes y las frías altiplanicies, como las de esta capital– han venido a congregarse en esta plaza, cuna de nuestra libertad y de nuestra historia, para expresar su irrevocable decisión de defender sus derechos.
Dos horas hace que ellos desembocan en esta plaza y no hay sin embargo un solo grito, porque en el fondo de sus corazones se agolpa la emoción; pero como en las tempestades violentas la fuerza subterránea es mucho más poderosa y ésta sabe que tiene el poder de imponer la paz cuando los obligados a imponerla no la imponen.
Señor Presidente: Aquí no hay aplausos sino millares de banderas negras que se agitan. Excelentísimo señor: Sois un hombre de universidad y por lo tanto os debe llamar la atención este hecho sin precedentes en la historia de Colombia.
Señor Presidente: Aquí están presentes todos los hombres que han desfilado y demuestran una fuerza y un poderío no igualados y sin embargo, no hay un solo grito. Aquí hay una contradicción a las leyes de la psicología popular. Un pueblo que es capaz de contrariar las leyes de la psicología colectiva es un pueblo que os demuestra que tiene un espíritu de disciplina capaz de superar todos los obstáculos.
Ningún partido en el mundo ha dado una demostración como ésta. Pero si esta manifestación sucede es porque hay algo grave y no por triviales razones. Y esto obliga a los hombres universitarios a escucharla y oírla. Somos la mejor fuerza de paz en Colombia. Somos los sustentáculos de la paz en Colombia, y mientras en las veredas y en los municipios fuerzas minoritarias se lanzan al ataque, aquí están las grandes mayorías obedeciendo una consigna. Pero estas masas que así se reprimen también obedecerían la voz de mando que les dijera: Ejerced la legítima defensa.
Dos horas ha gastado esta gente entrando a esta plaza para colmarla. El comercio ha cerrado sus puertas y le debemos gratitud por este noble gesto.
Porque somos fuertes somos serenos. Esta es la significación más exacta de que con nosotros no puede abusarse. Hay un partido de orden capaz de realizar estas manifestaciones para evitar que la sangre se derrame y para que las leyes se cumplan, porque son la expresión de la conciencia colectiva. Yo quisiera que todo el país contemplara este espectáculo. No me he engañado cuando he dicho mi concepto sobre la conciencia popular, ampliamente ratificada en esta manifestación, donde los aplausos desaparecen y sólo se oye el rumor emocionado de los millares de banderas negras que aquí se han traído para recordar a nuestros hombres tan villanamente asesinados.
Señor Presidente: serenamente, tranquilamente, con la emoción que atraviesa el espíritu de los hombres que llenan esta plaza, con esa emoción profunda os pedimos que ejerzáis vuestro mandato, el mismo que os ha dado el pueblo, en favor de la tranquilidad pública. Todo depende de vos; sabemos que quienes anegan en sangre este país cesarían en su pérfida siega. Esos espíritus de mal corazón cesarían al simple imperio de vuestra voluntad.
Amamos hondamente a esta patria nuestra y no queremos que nuestra nave victoriosa navegue sobre ríos de sangre.
Señor Presidente: No os reclamamos tesis económicas o políticas. Apenas os pedimos que nuestra patria no siga por caminos que nos avergüenzan ante propios y extraños. ¡Os pedimos tesis de piedad y de civilización!
Señor Presidente: Os pedimos cosa sencilla para la cual están de más los discursos. Os pedimos que cese la persecución de las autoridades y así os lo pide esta inmensa muchedumbre. Pedimos pequeña cosa y gran cosa: que las luchas políticas se desarrollen por cauces de constitucionalidad. Os pedimos que no creáis que nuestra tranquilidad, esta impresionante tranquilidad, es cobardía. Nosotros, señor Presidente, no somos cobardes: somos descendientes de los bravos que aniquilaron las tiranías en este suelo sagrado. Pero somos capaces, señor Presidente, de sacrificar nuestras vidas para salvar la tranquilidad y la paz y la libertad de Colombia.
Impedid, señor Presidente, la violencia. Sólo os pedimos la defensa de la vida humana, que es lo menos que puede pedir un pueblo. En vez de esta ola de barbarie, podéis aprovechar nuestra capacidad laborante para beneficio del progreso de Colombia.
Señor Presidente: Esta enlutada muchedumbre, estas banderas negras, este silencio de masas, este grito mudo de corazones, os pide una cosa muy sencilla: que nos tratéis a nosotros, a nuestras madres, a nuestras esposas, a nuestros hijos y a nuestros bienes, como querríais que os tratasen a vos, a vuestra madre, a vuestra esposa, a vuestros hijos, a vuestros bienes.
Os decimos, excelentísimo señor Presidente:
Bienaventurados los que no ocultan la crueldad de su corazón, los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar los sentimientos de rencor y exterminio. Malaventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad contra los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia”.
