Paulo Emanuel Lopes
Carlos Aznárez es director de la revista Resumen Latinoamericano,prestigiado medio de comunicación alternativo argentino, que, sobrepasando las fronteras del Río de la Plata, actúa como uno de los principales medios contra-hegemónicos del continente latinoamericano. Además de la ingerencia estadounidense, Aznárez también encuentra otro adversario en su militancia: el Sionismo, que a través de una institución que representa políticamente a la comunidad judía en Argentina, DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas), mueve una acción judicial en contra del periodista defensor de la causa palestina.

En relación con la política local, foco de esta primera parte de la entrevista exclusiva concedida aAdital, Carlos Aznárez cree que, antes que nada, se debe dejar en claro que los gobiernos Kirchner, en Argentina, así como otros en el continente, no representaron una ruptura del modelo. «Es cierto que el kirchnerismo representó, sobre todo en su comienzo, un cambio importante […] El gran problema es que tanto esa experiencia política como otras muy parecidas, que se instalaron en el continente […], están atravesadas, todas ellas, por numerosas contradicciones, sobre todo, por una clara decisión de no romper con el capitalismo”.
Para Aznárez, la unión de «progresismo” y «capitalismo” llevó a un profundo desgaste de la centroizquierda argentina. «Primero, su apuesta a consolidar una propuesta, en la que el consumo fuese algo más que prioritario, y el capitalismo ‘suave’ o ‘humano’ fuese la trinchera a ser defendida”. Otras razones para el desgaste, según el periodista, involucraron a la burocracia del Partido Justicialista (PJ), de la que los Kirchner fueron afiliados («una instancia burocrática y, generalmente, colaboracionista, decorada con posiciones macarthistas [en referencia a la práctica política que se caracteriza por el sectarismo, inspirada en el movimiento dirigido por el senador estadounidense Joseph Raymond McCarthy], con una clara tendencia a la corrupción”), y su relación «con lo peor de la burocracia sindical argentina”. «No es casualidad que, actualmente, con el vice-reinado macrista [en referencia al actual presidente, Mauricio Macri], muchos de sus mejores aliados son políticos del PJ y del sindicalismo pactista y entreguista”.
En resumen, con tantas contradicciones, para Carlos Aznárez, no podemos hablar de una victoria de Macri, sino «de una derrota del kirchnerismo”. «Scioli fue realmente un pésimo candidato […] Justamente, un gobernador que había tenido una gestión de regular hacia abajo, y que flirteaba con Estados Unidos e Israel”, se desahoga.
En relación al actual mandatario de la Casa Rosada, Mauricio Macri, Carlos Aznárez no ahorra críticas. «En los años en que el país estaba gobernado por Carlos Menem, el actual presidente, conjuntamente con su padre, Franco Macri, eran los mejores representantes de la llamada ‘Patria contratista’ o ‘Patria financiera’ […] [El grupo Macri] obtuvo la concesión por 30 años [del Correo Argentino SA], con la promesa de pagar al Estado una cantidad semestral de $ 51,6 millones. Sin embargo, en 1999, dejó de pagar […] La deuda del Grupo Macri con el Estado llega a los 659 millones de dólares, sin tener en cuenta los intereses”.
Lea la primera parte de la entrevista.

Adital: Señor Aznárez, Argentina vivió buena parte del siglo XX como uno de los países más prósperos del mundo, pero cambió el siglo enfrentando la mayor crisis económica y social que se haya visto. A pesar de estar inmerso en muchas contradicciones, el kirchnerismo le dio al país durante 12 años estabilidad política y económica, la que posibilitó a los argentinos, principalmente a las clases más bajas, reponer parte de lo que fue perdido en esas últimas décadas. Ante este contexto mayor, sobrepasando la esfera de la última elección y observando los últimos acontecimientos de la vida política latinoamericana, le pregunto: ¿Por qué Scioli no fue electo? ¿Por qué se rompió el ciclo progresista en Argentina?
Es cierto que el kirchnerismo representó, sobre todo en sus inicios, un cambio importante con respecto a los anteriores gobiernos que sucedieron a la última dictadura militar. El gran problema es que tanto esa experiencia política (ligada notoriamente al peronismo) como otras muy parecidas que se instalaron en el continente y que conocemos con el nombre de «progresismos”, están atravesados, todas ellos, por numerosas contradicciones, pero sobre todo por una clara decisión de no romper con el capitalismo. Más aún, tratan de edulcorarlo y ofrecerlo como la mejor posibilidad de sobrevivir en tiempos convulsos. De esta manera, estos gobiernos (con la excepción de Cuba, Venezuela, Bolivia y en menor escala, Ecuador y Nicaragua) no frenaron ni criticaron la invasión abusiva de las multinacionales. Por el contrario, generaron políticas ligadas íntimamente al extractivismo y los agronegocios, no distribuyeron la riqueza ni tampoco avanzaron en la industrialización, recostándose en grandes propuestas asistencialistas, que si bien conforman en primera instancia a sectores populares muy sumergidos, luego se convierte en un boomerang, ya que deriva en «adhesiones clientelares”, despojadas de todo barniz ideológico.
Por otra parte, es verdad que varios de estos gobiernos progresistas mantuvieron posiciones avanzadas en política exterior y de enfrentamiento más o menos visible con el imperialismo, pero a la vez, actuaron con excesiva timidez frente a las primeras ofensivas de la derecha latinoamericana e internacional. En todo caso, la pérdida irreparable de ese huracán revolucionario llamado Hugo Chávez, influyó en demasía a la hora de concretar políticas de integración regional. Es cierto que Chávez impulsó la ALBA, la Unasur y la Celac, y trató de revivir el Mercosur, pero una vez que se produce su fallecimiento, esos organismos comenzaron a flaquear, y a perder contenido.
Toda esta introducción nos ayuda a ubicarnos también en Argentina, donde cierta soberbia del equipo gobernante, no imaginaba, por lo menos en el principio de la batalla electoral, que la derecha podía arrebatarle el gobierno. Así, Cristina K, que no se animó o no quiso reformar la Constitución para intentar una [nueva] reelección, en cambio se dio el gusto de ir subiendo y bajando a dedo a posibles candidatos a presidente, dejando a Daniel Scioli como el elegido. Justamente un gobernador, que había tenido una gestión de regular para abajo, y que coqueteaba con los EEUU e Israel, algo común a los tres candidatos con mayor porcentaje de votos: Macri, Massa y Scioli. Por otro lado, es el mismo Scioli que a nivel local [provincia de Buenos Aires] pretendía solucionar los conflictos y el tema de inseguridad inyectando miles de policías (20 mil), que paradójicamente hoy utilizará la nueva gobernadora derechista. Scioli fue a todas luces un muy mal candidato. Pero no fue el único, ya que quien CFK eligió para las elecciones de la importantísima Provincia de Buenos Aires (Aníbal Fernández) es casi peor que el anterior. De hecho, en la primera vuelta fue derrotado, por la decisión, incluso, de muchos votantes kirchneristas que no estaban dispuestos a tragarse semejante sapo.
Por todo esto, no es que ganó Mácri, sino que perdió el kirchnerismo. De hecho, después del triunfo de Scioli por escasísimo margen en la primera vuelta, tanto Cristina como sus grupos juveniles más leales (la Cámpora, entre otros) no se dispusieron a «militar» como las circunstancias exigían. Frente a ese panorama, y la sensación de que si se perdía vendría un gobierno como el actual, de características neoliberales y totalitarias, muchos ciudadanos y ciudadanas decidieron ponerse la campaña al hombro y se autoconvocaron para intentar evitar lo que luego, lamentablemente, sucedió.
El progresismo argentino, como otros tantos, cayó en un profundo declive por varias razones de peso: la primera, su apuesta a consolidar una propuesta donde el consumo fuera algo más que prioritario, y el capitalismo «suave” o «humano” fuera la trinchera a defender.
Por otro lado, al contrario de lo que en los inicios planteara Néstor Kirchner, sobre la aplicación de una idea de construcción política transversal, donde se insertaran, además del peronismo, otros sectores políticos de izquierda y populares, se terminó dejando de lado esta propuesta, y el mismo Kirchner se decidió por fortalecer el muy devaluado Partido Justicialista (PJ). Una instancia burocrática y generalmente colaboracionista, decorada con posiciones macartistas y con una clara tendencia a la corrupción de la mayoría de sus cuadros dirigentes. Lo mismo ocurrió a la hora de las relaciones del kirchnerismo con lo peor de la burocracia sindical argentina. No es casualidad que actualmente con el Virreinato macrista, muchos de sus mejores aliados son políticos del PJ y del sindicalismo pactista y entreguista.

Adital: En Brasil, Macri fue presentado como un empresario de éxito, como la persona que fuera electa para «salvar” a la Argentina. Su fuerte campaña de marketing no decía mucho sobre su futuro gobierno (¿Cambiemos? ¿Qué?). Al final, ¿quién es Mauricio Macri que no fuera presentado a sus electores?
Mauricio Macri representa lo más extremo de la derecha argentina y de los planteos económicos ligados al capitalismo salvaje. En los años en que el país era gobernado por Carlos Menem, el actual presidente, junto a su padre Franco Macri, eran los mejores representantes de la llamada «Patria contratista” o «Patria financiera”, términos utilizados para definir un grupo de grandes empresas proveedoras del Estado que sacaban sus beneficios de los grandes contratos estatales, de las privatizaciones, de la especulación y los subsidios, siempre a la sombra del poder político. Ese accionar de padre e hijo, lo habían comenzado durante la dictadura militar a través del grupo Socma, que fue uno de los principales lobbistas, que fogonearon y se favorecieron con la licuación* de los pasivos empresarios, y luego, con las democracias fallidas, siguieron acrecentando riquezas. A través de Itron, el holding Macri accedió en los años ’90, la década menemista, a la administración de los recursos del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Lo hizo a través de UTE-Rentas. La empresa se quedó con el negocio de la emisión de la facturas de ABL (Alumbrado, Barrido y Limpieza) y del impuesto automotor. El Grupo Macri se adjudicó en 1997 la privatización del servicio postal, en una de las últimas operaciones que consumó el ex presidente Carlos Menem. En aquel momento se logró la concesión por 30 años con la promesa de pagarle al Estado un canon semestral de $ 51,6 millones. Sin embargo, en 1999 dejó de pagarlo. En septiembre de 2001, Correo Argentino SA entró en concurso preventivo y dejó un tendal de $ 900 millones. La deuda del Grupo Macri con el Estado se eleva a los 659 millones de dólares sin tener en cuenta los intereses.
Más allá de enumerar algunos de los negocios en lo que está incluida la familia Macri a lo largo de su historia en la Argentina, lo preocupante es que a partir de 2007, cuando desembarcó el heredero Mauricio en la Ciudad de Buenos Aires, el clan ha dejado de ser un simple contratista del Estado para convertirse en parte del Estado mismo. Ahora, con su llegada al gobierno nacional, ese poder se ha multiplicado.
No es fruto de la casualidad que Mauricio promueva el pago a los fondos buitre que pretenden desvalijar a la Argentina ni que se sienta identificado con el Partido Popular de España y con la oposición al chavismo en Venezuela. Todos coinciden en la necesidad de avanzar hacia un modelo de sociedad en la que el partido que está en el poder ya no refleje los intereses del establishment sino que prefieren evitar riesgos y que sea un representante directo quien esté a cargo de la administración del país.
*maniobra contable comandada en 1982 por el entonces ministro de economía, Domingo Cavallo. Consistía en que empresas argentinas endeudadas en dólares en el exterior pudieran adquirir la moneda estadounidense a un valor más bajo que el precio del mercado, siendo la diferencia pagada por el erario público.
La Argentina bajo el dominio de Mauricio Macri – Parte II

En esta segunda parte de la entrevista exclusiva concedida a Aditalpor el periodista y analista político Carlos Aznárez, director de la revista Resumen Latinoamericano, seguimos con el abordaje de la situación política argentina, teniendo como sesgo la coyuntura que Mauricio Macri, recientemente electo presidente del país, debe enfrentar para continuar conduciendo su gobierno bajo este modelo, parafraseando a Aznárez, «despótico”.
La relación de la Iglesia Católica argentina con el presidente, por ejemplo, a pesar de la apariencia cordial, parece experimentar un rápido deterioro, cree Aznárez. «Por un lado, los sacerdotes de los barrios humildes ya vienen manifestando su rechazo a las políticas neoliberales del presidente. Pero, además, algunos obispos vinculados al Papa Francisco, también salieron a criticar […] Macri ha agendado un encuentro [con el Papa] para los próximos días, y veremos si Bergoglio expresará ese disgusto que le transmiten, en forma directa, diferentes miembros de la Iglesia [argentina]”.

Aznárez cree que existe un sentimiento de impunidad que parece vivir el gobierno de Macri, protegido bajo el velo de una prensa partidaria, a la coacción política que la oposición viene sufriendo. A comienzos de este mes de febrero, por lo menos 15 congresistas aliados del antiguo gobierno migraron hacia el bloque oficialista, «algunos por promesas de ser catapultados hacia algún cargo de importancia, otros por querer distanciarse de la derrota sufrida”.
A pesar de los importantes apoyos que ya tenía y que viene agregando (nacionales e internacionales), Macri debe enfrentar una fuerte resistencia de los movimientos sociales populares, que trabajarán para impedir un nuevo intento de desmantelar el Estado argentino. «Las organizaciones populares y los movimientos sociales se preparan también para que la confrontación con el macrismo se de en las calles, teniendo en cuenta que el gobierno sólo tiene una masa de electores (que no son pocos), pero que esto no se traduce en militancia movilizada, sino en votantes pasivos”.
Para Aznárez, la respuesta del gobierno, lamentablemente, va a materializarse a través de la represión, inclusive con ayuda venida del extranjero. «El presidente tendrá dos caminos: o comienza a retroceder, fruto de un eventual disgusto generalizado, o aplica la receta represiva en amplia escala. Para esta último, cuenta con una ministra de Seguridad impuesta por la embajada estadounidense y vinculada al sionismo, que ya prometió palos, gas y balas de goma (por ahora) a quien ponga los pies en la calle”.
Adital: Argentina llegó a los titulares del mundo por dos novedades aparentemente contradictorias: el papado de Bergoglio y la llegada de Macri al poder. El grupo Curas en la Opción Preferencial por los Pobres inició una campaña abierta contra las actitudes del presidente, aunque los sectores progresistas sean minoría en la iglesia católica argentina. ¿Cómo está y como deberá ser la relación entre la nueva gestión de la Casa Rosada y la Iglesia argentina? ¿Y con el Papa?
Las relaciones entre Macri y la Iglesia tiene sus bemoles. Por un lado, los Curas de los barrios humildes ya han dado a conocer su rechazo a las políticas neoliberales del Presidente. Pero además, algunos obispos, vinculados a quien hoy es el Papa Francisco, también han salido a criticar algunos síntomas de intolerancia y prepotencia oficial. Entre ellos, la detención prolongada de la militante social Milagro Sala, en la provincia de Jujuy, y también la imparable ola de despidos de trabajadores y trabajadoras.
En lo que hace al Papa, Macri tiene ya marcada una cita para los próximos dias [27 de febrero], y allí se verá si Bergoglio deja traslucir este descontento que le transmiten en forma directa diferentes miembros de la Iglesia.

Adital: La decisión del actual presidente argentino de adoptar importantes acciones vía decretos «de necesidad y urgencia” demuestra, en primer lugar, que Macri no tiene apoyo político suficiente en el Congreso Nacional. Pero parece demostrar también que hay por parte de Macri una confianza muy gran en la cobertura parcial de los medios de comunicación nacional e internacional, embalada en transformarlo en un modelo para la región. En su opinión, ¿qué lleva a un presidente al comienzo de su gestión, electo por un estrecho margen, a tomar decisiones tan impopulares y tan contradictorias en tan poco tiempo?
Macri procede con total impunidad pero a la vez sabe que la mayoría de los «decretos de necesidad y urgencia» (DNU) no tienen marcha atrás. Para ello, cuenta con que la llamada oposición, de la que el kirchnerismo y el justicialismo son el brazo más importante, ha comenzado a dividirse antes, incluso, de que el Congreso se reúna. Esto habla también de que muchos «opositores” están pegando el salto hacia la derecha oficialista, algunos por promesas de ser catapultados a algún cargo de importancia, otros por querer distanciarse de la derrota sufrida, de la que fueron protagonistas principales.
Sin embargo, cada una de las embestidas macristas han suscitado respuestas en la calle de los sectores populares, verdaderas manifestaciones de resistencias frente al despotismo. Esto es importante porque los aumentos de servicios públicos y se producirá la vuelta al colegio y a las universidades de miles de estudiantes (con los gastos que ello significa), es posible prever que Macri no las tendrá todas consigo. El Presidente tendrá dos caminos: o comienza a retroceder producto de un eventual descontento generalizado, o aplica la receta represiva a alta escala. Para esto último cuenta con una ministra de Seguridad, impuesta por la embajada norteamericana y ligada al sionismo, que ya ha prometido palos, gases y balas de goma (por ahora) a quienes saquen los pies del plato.
Adital: Despidos masivos de empleados públicos de inspiración política contraria; persecución de un periodista opositor de radio; detención de Milagro Sala, activista política opositora; cambios legislativos vía decreto para beneficiar a determinado grupo de comunicación aliado; y la última, el ataque de la Gendarmería Argentina a personas inocentes, niños inclusive, mientras el gobierno intentó encubrir el acto desastroso. Y estamos a menos de dos meses de gobierno. Hay una clara intención de implantar psicológicamente un «nuevo gobierno”, de desmontar el legado «Kirchner”, en especial en su relación con los movimientos sociales organizados. Para conseguir esa desarticulación, ¿qué camino deberá adoptar Macri durante su gestión? ¿Cuáles van a ser sus próximos pasos?
Todo indica que lo que comenzó a gran velocidad, tiende a continuar. El macrismo no ha dejado rincón sin que sus asesores metan las narices, y además de arremeter contra los trabajadores y trabajadoras estatales, generar vigilancia obsesiva y represión contra los jóvenes y los grupos militantes, también se ha propuesto premiar a esa oligarquía que lo acompañó (quitándole las retenciones a los sectores sojeros y a quienes están ligados a la Sociedad Rural Argentina). Además, congraciándose con las multinacionales mineras, resolvió la quita total de las retenciones a la minería, beneficiando a las empresas exportadoras de ese rubro en 3.300 millones de pesos [alrededor de 222,67 millones de dólares estadunidenses].
El macrismo es revanchista y por ello ha arrollado también toda la simbología propuesta por el gobierno anterior en cuanto a los derechos humanos. Apunta a desconocer el genocidio militar, cuestionando el número de desaparecidos y represaliados, pero también le hace guiños a una eventual liberación de los militares que se encuentran en prisión por haber participado en crímenes de lesa humanidad.
El macrismo es «sionnorteamericano”, ya que apuesta a relaciones carnales con el Estado Terrorista de Israel y hace buena letra con Washington, anunciando su futura entrada en la Alianza del Pacífico, y de paso sumándose a la ola desestabilizadora que vive a diario el gobierno revolucionario de Venezuela.
El macrismo es esencialmente neoliberal, capitalista, amante de las políticas de ajuste que derivan en mayores niveles inflacionarios.
El macrismo detesta la información objetiva de sus tropelías, y por eso, uno de los primeros decretos fue el de atacar y desmantelar de contenido, la muy progresista Ley de Medios. Apunta de esta manera a generar un discurso único, que se propaga desde los medios concentrados, quienes durante todo el gobierno de los Kirchner jugaron a la desestabilización.

Adital: Continuando con la pregunta anterior, ¿cómo será la respuesta de los sectores progresistas ante la escalada autoritaria en Argentina?
Para desgracia del macrismo, desde las primeras horas en que quedó habilitado el nuevo gobierno, comenzaron las acciones de resistencia popular. Algo que aumentó sobremanera al conocerse las listas de despidos en empresas estatales y privadas. Hoy, puede decirse, que no hay un día sin que se produzca algún tipo de protesta, desde los típicos cortes de ruta, las manifestaciones y los escraches*, hasta recitales masivos donde músicos populares convocan a miles de jóvenes a no olvidar el pasado y a repudiar las actuales políticas entreguistas.
En el plano sindical, más allá de los burócratas, hay organizaciones de base y también dos Centrales sindicales que están dispuestas a darle batalla al macrismo, además del gremio más afectado por los despidos, que es el de la Asociación de Trabajadores del Estado.
Las organizaciones populares y los movimientos sociales se preparan además para que la confrontación con el macrismo se dé en las calles, teniendo en cuenta, que el gobierno sólo posee una masa de votantes (que no son pocos) pero eso no se traduce en militancia movilizada, sino en sufragistas pasivos.
Es precisamente en la combinación de movimiento sociales, sindicalistas de base y organizaciones políticas combativas, donde la resistencia habrá de poner el acento en los próximos meses, teniendo en cuenta que todo lo que se haga este año, a nivel presión y acorralamiento del nuevo gobierno, servirá para desgastar su maquinaria y evitar así que aspire a permanecer en el poder más allá de los cuatro años que marca la Constitución.
*Escarches: son una forma de protesta en la que los individuos optan por manifestarse frente a la casa o lugar de trabajo de la persona a quien se dirige la indignación.
Paulo Emanuel Lopes
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