Por Odalys Buscarón Ochoa*
Moscú (PL) Los presidentes de Rusia y de Belarús dieron una inequívoca señal de la necesidad de insuflar contenidos tangibles a una alianza proyectada hace más de 15 años.
El soñado Estado Unificado, auténtico en toda su magnitud, perdura sobre el tintero como asignatura pendiente para Minsk y Moscú.
Desde el día de la rúbrica del Tratado para la creación del Estado Unificado transcurrieron algo más de 15 años. Para el 8 de diciembre estaba prevista la celebración del jubileo y la sesión anual del Consejo Supremo del citado esquema.
El proyecto ha demostrado desde entonces su pertinencia y viabilidad, esbozó el presidente ruso, Vladimir Putin, al recibir a su par belaruso, Alexander Lukashenko, en el Kremlin, en ocasión del encuentro de trabajo que pudo concretarse esta semana.
A su juicio, certifican su eficacia y congruencia con los intereses bilaterales, los más de 150 convenios sellados, normativos prácticamente de todos los aspectos claves de la cooperación, abundó.
Precursores del proyecto integracionista ruso-belaruso fueron los acuerdos sobre la Comunidad Rusia-Belarús (abril de 1996) y la Unión Belarús y Rusia, de 1997, que llevan la rúbrica de Lukashenko, como el artífice de la integración económica, y del entonces presidente de Rusia, Borís Eltsin.
Una de las preguntas sometidas a escrutinio del electorado belaruso en el referendo de 1995, promovido por el estadista, fue la política de integración económica con Rusia.
De ese período datan también los acuerdos para el establecimiento de una unión arancelaria y de pago y el Tratado de igualdad de derechos de los ciudadanos de ambos países.
En enero de 2000 Lukashenko se convirtió en el primer presidente del Consejo Supremo del Estado Unificado.
Al recapitular el camino trillado -con luces y sombras-, Putin catalogó esa asociación de paso afortunado, que no solo fortaleció la alianza estratégica de las dos naciones, sino que oxigenó los procesos integracionistas en el espacio postsoviético.
Belarús y Rusia enfrentarán juntos cualquier dificultad. Estuvimos juntos en los momentos más difíciles y desafiantes, y de esta situación compleja vamos a salir juntos como dos pueblos hermanos, sentenció el dirigente, al término de la sesión del Consejo Supremo, que integran los jefes de Estado, titulares del Ejecutivo y de los parlamentos.
Para el experto belaruso Gueorgui Grits, el esquema bilateral no pierde actualidad, a pesar de la existencia de otras estructuras de integración regional como la Unión Arancelaria y la recién constituida Unión Económica Euroasiática.
El Estado Unificado desempeña un papel creador e innovador, en esa dirección, en la que siempre se ha proyectado por delante de los procesos integracionistas, apuntó Grits.
DE LA REALIDAD VIRTUAL A LA INTEGRACIûN PLENA
Según Putin, la coyuntura económica mundial, las turbulencias en el mercado de divisas y el desplome de los precios del petróleo asestaron un efecto negativo en el comercio bilateral.
Al cierre de 2014, el intercambio se contrajo en el 5,3 por ciento, respecto a 2013, con saldo equivalente a 37 mil 600 millones de dólares.
El volumen de las inversiones rusas en Belarús asciende a seis mil 300 millones de dólares, mientras las belarusas en la economía rusa totalizan los dos mil 300 millones.
Rusia descuella como el principal socio comercial de Belarús. Casi la mitad de las importaciones de Minsk procede de la Federación. En tanto, la vecina nación centroeuropea es el principal destino de las mercaderías rusas dentro del espacio de la Comunidad de Estados Independientes.
Es evidente que el comercio bilateral -pese al espíritu del pacto- afronta asimetrías que lastran su más pleno desarrollo, y paradójicamente, en lo económico y comercial no puede hablarse de un binomio logrado.
Los estrechos nexos dentro de las estructuras de integración poco se echan a ver. Belarús ocupa el quinto puesto en el comercio ruso, después de China, Holanda, Alemania e Italia.
Todas esas barreras existentes al comercio mutuo, sostuvo Lukashenko en Moscú, deben ser retiradas, y es justamente lo que hacemos, asintió.
Ambos gobiernos suscribieron el plan anticrisis, que supone la coordinación de políticas y medidas en el ámbito económico y comercial, a corto y mediano plazos.
Putin catalogó de absoluta prioridad el desarrollo de los lazos económicos, e instó a dar pasos concretos para revertir la tendencia decreciente en el intercambio bilateral.
Según Grits, ese programa contiene puntos concretos que deben ejecutarse por las partes en el transcurso del semestre, y ello crea condiciones adicionales para oxigenar la cooperación económico-comercial.
De cualquier manera, el modelo debe completarse también de contenidos en lo político, social, cultural y humanitario, a fin de que sea una opción de convivencia genuina y gratificante, al menos para la mayoría de los ciudadanos de los dos países.
Cabe en ese sentido reconocer que la reciente sesión de trabajo moscovita llenó algunos vacíos. Parte de los convenios rubricados abordó cuestiones sociales y migratorias pendientes.
Así, Moscú y Minsk concordaron en una hoja de ruta para la creación de un espacio único de visado. Otro acuerdo, por separado, establece el libre tránsito de ciudadanos de los dos países y el derecho a la residencia en territorio del Estado Unificado.
Los socios ratificaron las líneas de prioridad para la consolidación del Estado Unificado, con perspectiva a mediano plazo, hasta el 2017.
Sin duda una buena noticia, que requerirá esfuerzos para remontar barreras y hacer realidad ese proyecto de alianza ruso-belaruso.
*Corresponsal Jefa de Prensa Latina en Rusia
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