Por: Dubercy Barrero Zea||¿Por qué a mí? ha sido quizá la pregunta más repetida dentro del conflicto armado colombiano, pregunta misma, que por más de 50 años ha venido resonando entre las víctimas directas e indirectas de este absurdo e inhumano conflicto, según el Centro Nacional de Memoria Histórica , 220.000 muertos, 5.700.000 desplazados, 25.000 desaparecidos, 27.000 secuestrados, 10.000 víctimas de minas antipersonal, 1.892 masacres, 95 atentados con bombas y más de 6.000 niños reclutados, ha sido el fatídico resultado que arroja la violencia abrumadora que ha imperado en las últimas décadas en Colombia… en nuestra Colombia, cifras éstas que si bien duele saberlas, y más aún sumarlas, generan en la sociedad un desasosiego y una gran impotencia, ¿dónde está el Estado?, ¿Qué ha sido de mi patria?, ¿Qué ha pasado con mi pueblo? Pero lo que es más difícil de entender ¿dónde están mis derechos?
El Estado colombiano en cabeza de sus gobernantes, ha promovido políticas para frenar tanta violencia acaecida en estas décadas de terror e incertidumbre, una cruel guerra que no sólo afecta a las víctimas directas del conflicto armado sino a la sociedad en general; si bien es cierto se ha tornado muy difícil cumplir con un mandato Constitucional tal como el de garantizar entre otros derechos la paz y la vida , sí se han buscado mecanismos para lograrlo, tales como la Ley de Justicia y Paz, (ley 975 del 2005), con la cual se pretende que en nuestro país exista una verdad, justicia, reparación y la garantía de no repetición, un esfuerzo que países como Panamá, Paraguay, Perú, España entre otros, destacaron de manera positiva en el Examen Periódico Universal .
Sin embargo, y la dicotomía de este “pretender terminar con la guerra” radica en que en muchas oportunidades, las masacres perpetradas han sido con el beneplácito y el apoyo del mismo Estado colombiano, dado que éste se encuentra a merced de los grupos que gobiernan el país, logrando que la plutocracia se disfrace de democracia, donde los terratenientes y latifundistas quienes sostienen su riqueza a partir del despojo de la tierra, sobrepongan su sed de poder y de dinero por encima de la vida de las personas, logrando amasar fortunas incalculables sin importar que su “logro” se debió a que debieron manchar sus manos de sangre, dejando atrás viudas, huérfanos, madres, padres, hermanos y amigos llenos de dolor, miedo e impotencia, con sus derechos humanos quebrantados, transgredidos, pisoteados y olvidados.
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Centro Nacional de Memoria Histórica. (2013) no hubo tiempo para la tristeza [Vídeo]. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=das2Pipwp2w.
Constitución Política de Colombia. (1991) Preámbulo.
Asamblea general (2013). Informe del Grupo de Trabajo sobre el Examen Periódico Universal. Naciones Unidas; Consejo de Derechos Humanos. Obtenido de file:///C:/Users/FUAC/Downloads/EPU%20Colombia%202013.pdf
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Por otro lado, en Colombia, generalmente no se llega a ningún resultado efectivo en tratándose de violaciones de derechos humanos, no se logra dar una respuesta eficaz, o por lo menos clara, razón por la cual se debe recurrir a mecanismos internacionales para que de una u otra manera se garantice su transparencia en cuanto a la investigación y / o resultados, ya que dentro de los mismos poderes del Estado, se dilata la investigación a tal punto que se pierde toda confianza en el mismo.
El Ejército colombiano por ejemplo, en muchas oportunidades crea los más terribles atropellos en contra de la población civil, buscando proteger los intereses de las élites a los cuales sirven, sin importar las posibles consecuencias jurídicas que acarrearían, ya que, a quienes benefician con sus actos tienen el poder de lograr impunidad.
Y es que si bien es cierto existe una Justicia Penal Militar en nuestro país, es más cierto que al tener que investigar a sus mismos funcionarios (como en derecho se debiera hacer) se tiende a encubrir los lamentables hechos de terror que en muchas oportunidades han cometido, de ahí que según el informe Anual de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (2014), afirma que entre enero y agosto de 2013, 48 casos de homicidios atribuidos al ejército, caracterizados como «falsos positivos», se trasladaron de la jurisdicción ordinaria a la militar, a pesar de que el Gobierno había asegurado que ello no ocurriría, razón por la cual no se garantizaría la transparencia de lo investigado, en el mismo informe, la Alta Comisionada termina lamentando la impunidad que otorga el hecho de que se sigan concediendo privilegios ilegales a miembros de las fuerzas militares detenidos o encarcelados en instalaciones militares.
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Asamblea General (2014) Informe anual de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Naciones Unidas, Consejo de Derechos Humanos. Obtenido de
file:///C:/Users/DUVER/Downloads/ACNUDH-%20Informe%20Colombia%202013%20(3).pdf
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Dicho informe, trae a colación las violaciones pasadas de los derechos humanos por las fuerzas militares, allí afirma:
“Si bien por lo general el Estado aborda con seriedad la cuestión de garantizar la conformidad de su legislación con sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos, no fue así en el caso de la reforma constitucional para ampliar la jurisdicción penal militar. En octubre, la Corte Constitucional declaró que la reforma era inconstitucional por motivos de procedimiento. La Alta Comisionada y 11 titulares de mandatos de los procedimientos especiales habían indicado que la reforma era incompatible con decenios de avances jurídicos a nivel nacional e internacional. Las reacciones de algunos funcionarios del Gobierno a la decisión de la Corte mostraron en ocasiones una falta de respeto a la separación de poderes. El Ministro de Defensa Nacional anunció la decisión del Gobierno de emprender nuevas reformas en 2014 ” (pag.12)
Frente al “indirecto” caso omiso que hace nuestro Estado a las Recomendaciones que realiza este y otros entes internacionales, se puede por fin saber ¿Qué ha pasado con mi pueblo? ¡Está siendo masacrado!. Y lo peor es que la indiferencia, el poder, la necesidad de sobrevivir, y el deseo de surgir, se encuentran enfrentados en una guerra sin fin, sin esperanzas, absurda.//PACOCOL.ORG
