Por Jorge Petinaud
Moscú, 27 ago (PL) El primer diálogo «cara a cara» del presidente ruso, Vladimir Putin, y su par ucraniano, Piotr Poroshenko, concluido esta madrugada en Minsk, de inmediato provocó diversas interpretaciones respecto a una posible solución pacífica del conflicto.
Putin y Poroshenko habían coincidido en la conmemoración del aniversario 70 del desembarco de las tropas aliadas por Normandía, Francia, pero el encuentro duró apenas 10 minutos y contó con la presencia de la canciller alemana, Ángela Mérkel, y el presidente anfitrión, François Hollande.
Realizada a puertas cerradas, la nueva reunión transcurrió tras la cena que siguió a los debates de casi cuatro horas sostenidos entre los mandatarios de la Unión Aduanera (UA), integrada por Belarús, Kazajstán y Rusia, con Poroshenko y tres comisarios de la Unión Europea (UE).
Sin dudas, las conversaciones directas entre los gobernantes constituyen una señal positiva en la búsqueda del diálogo con el sureste rebelde, como el ucraniano valoró poco después ante la prensa.
El presidente belarruso, Alexander Lukashenko, por su parte, estimó muy favorable que todos los presentes en Minsk coincidieran en convertir a esa capital en escenario para que el Grupo de Contacto para La solución del conflicto en Ucrania inicie pronto las negociaciones.
Sobre la base del trabajo de ese grupo multinacional, es recomendable trazar pronto una hoja de ruta para finalizar la confrontación en el oriente ucraniano, considera Leonid Slutsky, presidente del Comité para los Asuntos de la Comunidad de Estados Independientes de la Cámara baja rusa.
Una visión diferente tiene el periodista ucraniano y doctor en Ciencias Políticas Alexánder Dudchak, quien insiste en no hacerse ilusiones respecto al fin de la guerra porque para Kiev es imposible asumir la vía pacífica.
La conclusión de las hostilidades significaría para los gobernantes ucranianos ocuparse de la economía, y eso es imposible sin la cooperación de Rusia y sin el potencial industrial de la región oriental del país, destruido por la guerra, dijo Dudchak en declaraciones a Prensa Latina.
Considera el politólogo que al evidenciarse esa tragedia económica, el pueblo que estuvo en las protesta de la plaza Maydán y hasta la población de la zona occidental, tradicionalmente más proeuropea, se preguntarán por qué Ucrania tomó ese camino.
Por eso, a su modo de ver, sigue siendo una prioridad involucrar a Rusia en la guerra como una supuesta amenaza. Es la única opción para justificar todos los fallos y errores de quienes llegaron al poder después del 22 de febrero, explicó.
Este punto de vista parece confirmado en el discurso dual de Poroshenko en relación con la paz, bien diferente ante interlocutores internacionales que cuando expone su política en Kiev, bajo la presión de Estados Unidos y de las fuerzas ultranacionalistas a las que se alió para llegar al poder.
Durante pláticas recientes con la jefa de Gobierno alemana, Ángela Mérkel; y en Minks, el mandatario reiteró que lo más importante es iniciar el diálogo y lograr la pacificación del país.
Sin embargo, minutos antes de partir hacia Belarús, en el discurso en el cual disolvió el parlamento y convocó a elecciones, reafirmó que la fuerza es la única opción frente a quienes rechazan el poder establecido tras la quiebra del orden constitucional el 22 de febrero.
La solución de esta contradicción demostrará si el estrechón de manos de Minsk entre Putin y Poroshenko es la luz que puede conducir a la salida del túnel de la tragedia ucraniana, o quedará simplemente como un relámpago fugaz.
