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por Diana Amador

Caracas, 22 Jul. AVN.- ¿Cuántas carcajadas, gritos de alegría, almas corriendo y pelotas rodando por las caminerías habrán visto y escuchado los árboles, flores y animales que dan vida al Parque Generalísimo Francisco de Miranda? Si éstos hablaran serían interminables los libros escritos sobre ello.

Son 82 las hectáreas que acogen a los caraqueños en su seno para ofrecerle un escape de los ruidos y agites de la urbe. En sus cálidos espacios también hay cabida para actividades culturales, recreativas y deportivas.

«Este es un lugar para suspenderse en el tiempo, para relajarse y encontrarse con uno mismo, con la naturaleza y la paz interior», expresó visiblemente emocionada la coordinadora del Parque, Josemith Paredes, en entrevista con la Agencia Venezolana de Noticias.

En 1998 el recinto fue declarado Bien de interés cultural para la nación y con este rol se ha transformado en un lugar para bailoterapias, ejercicios individuales y reflexión.

«Todo aquel que entra aquí siente el cambio. Esa invitación que nos hace la naturaleza se respira desde la entrada principal. El parque fue diseñado para que los ciudadanos se desconecten de la rutina y disfruten de la tranquilidad», acotó Paredes.

El área le ofrece a Caracas un pulmón vegetal, un terrario donde conviven diversas especies, lagunas para el deleite de los ciudadanos y un área con simulación de los planetas para su aprendizaje en el área de la astronomía.

«Este parque contiene además la representación de todos los árboles que existen en la República, comenzando por el Araguaney que es nuestro árbol nacional», dijo.

El regalo ornamental

Este año la ciudad que vio nacer al Libertador Simón Bolívar celebra su aniversario de fundación número 447 y, como en toda celebración, tiene que haber obsequios. El 2 de julio, el Parque le regresó a la ciudad capital un espacio remodelado dentro de sus instalaciones: Los Patios ornamentales.

El Patio de los azulejos, el Patio de los muros rojos y el Patio de la cortina de agua, son las tres obras que componen Los Patios ornamentales, diseñadas por el arquitecto Roberto Burle Marx (1909-1994), en las cuales se combinan vegetación, espejos de agua y cerámicas pintada a mano.

Esta remodelación está dirigida a que el pueblo «pueda venir y recrearse de manera pacífica. Hemos hecho un trabajo de iluminación muy bonito y en las noches es todo un espectáculo ver la cortina de agua», apuntó Paredes.

El Patio de los azulejos posee 20.000 baldosas pintadas a mano, 36 chorros que expulsan agua y cascadas «para que una vez que la gente entre, pueda conseguir armonía tanto visual como auditiva».

Mientras, el Patio de los muros rojos tiene una iluminación tranquila y a él vienen a anidar muchas aves. Además de su ornamento, lo caracteriza la diversidad de plantas que lo conforman.

El tercero, el Patio de las cortinas de agua ofrece una fuente cortina que en las noches es encendida y brinda un espectáculo entre el agua y luces de colores. En el día resalta su composición adornada por círculos que simulan un juego de damas y un cuadrado con grama diferente para producir una armonía visual.

Esta área del Parque está abierta de miércoles a sábado desde 9:00 de la mañana hasta las 8:00 de la noche. El espectáculo con las luces en la fuente cortina se realiza a partir de las 5:30 de la tarde para extenderse hasta las 7:30 de la noche.

«Queremos encenderlas a las 11:30 de la mañana y hasta la 1:00 de la tarde para que las personas que vengan a almorzar al parque puedan sentir que están en un lugar aparte del ruido y el tráfico de la ciudad», precisó la funcionaria.

Paredes hizo un llamado a la colectividad para que aprecie el recinto, ya que «este es un parque muy noble y maravilloso. Todo el que venga a visitarlo debe preservarlo. El mismo pueblo es el que debe contribuir con su mantenimiento porque es el que lo disfruta».

Belleza natural, recorrido por la historia, con la visita al buque Leander (réplica exacta) que trajo al prócer independentista Francisco de Miranda con la bandera nacional, y tecnología (el planetario y juego de luces en la cortina de agua) se conjugan en este espacio que desde 1961 le sonríe a la capital del país.

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