Bogotá, 14 jun (PL) Campesinos colombianos del municipio Tibú, en el departamento del Norte de Santander, continúan en protesta desde el sábado último en reclamo por el abandono del Estado, mientras la ciudad permanece en toque de queda.
Los pobladores salieron a las calles a pronunciarse por el estancamiento en la constitución de una Zona de Reserva Campesina (ZRC) en el Catatumbo, y por la falta de vías, acueductos y condiciones sociales.
También rechazan «la implementación de los proyectos de la locomotora minera y la política guerrerista del plan de consolidación y piden la sustitución gradual de cultivos de uso ilícito a través de proyectos productivos sostenibles, de manera consensuada con las comunidades».
La situación se agravó tras los disturbios registrados en las últimas horas, cuando la fuerza pública arremetió contra los manifestantes a quienes lanzaron gases lacrimógenos.
En un comunicado de la Asociación Campesina del Catatumbo, los agricultores aclararon que no son responsables de los incidentes contra propiedades públicas y edificaciones privadas en el casco urbano del Tibú.
Según medios de difusión locales, durante los disturbios la sede de la Alcaldía Municipal y la Fiscalía sufrieron cuantiosos daños al igual que la residencia del alcalde de la localidad.
La Asociación, señala el texto, no tiene nada que ver con esos hechos. Nuestra movilización se limita a la zona La cuatro, fuera del casco urbano de Tibú.
«Rechazamos las malintencionadas expresiones de vincularnos con los hechos acaecidos en el casco urbano, acciones que no han sido promovidas, ni orientadas, ni mucho menos dirigidas por nosotros», agrega.
La víspera los 19 voceros de las diferentes juntas de acción comunal y de la Asociación ratificaron al alcalde de la ciudad que seguirán movilizados por tiempo indefinido hasta que se cumplan sus peticiones.
Más de mil 700 labriegos están «a la espera de respuestas serias y concretas».
La Asociación mostró su preocupación por la seguridad, integridad y la vida de sus miembros ante las declaraciones del Comandante de la Fuerza de Tarea, Vulcano Marcolino.
«Responsabilizamos al Ejército Nacional por lo que nos pueda pasar, esta estigmatización genera daño a la organización y a sus líderes», manifestaron.
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