Por Eduardo Miguel Álvarez Estévez*

La Habana, 4 de noviembre de 2026.- Anoche me acosté con los resultados parciales y esta mañana me desperté con la confirmación. La ola azul no fue una sorpresa, pero fue más grande de lo que muchos esperaban. Los demócratas no solo recuperaron la Cámara de Representantes; también le arrebataron el Senado a los republicanos, y lo hicieron ganando en bastiones que llevaban décadas siendo rojos . Texas, Kansas, Carolina del Sur, Iowa, Ohio. Estados que Trump ganó por márgenes abultados en 2024, y que anoche votaron por los demócratas .
No fue un voto de amor hacia los demócratas. Fue un voto de castigo contra Trump. El 43% de los votantes dijo que su motivación principal era oponerse al presidente . La inflación, el costo de la vida, la gasolina por las nubes y una guerra impopular contra Irán pasaron factura . Trump lo reconoció a su manera: dijo que aceptaba el resultado, que felicitaba a los demócratas, pero que la culpa no era suya porque él no estaba en la boleta . La misma excusa de siempre, con el mismo hombre de siempre.

Y yo, desde aquí, desde esta isla que lleva sesenta años esperando que el imperio se canse, me pregunto qué significa esto para nosotros. La respuesta, sinceramente, es: poco, pero algo.

Lo que no cambia

No me hago ilusiones. Lo dije antes de las elecciones y lo repito ahora. La encargada de negocios de Cuba en Washington, Lianys Torres, lo expresó con una franqueza que agradezco: «Nosotros no nos hacemos ningún tipo de ilusiones con eso» . El bloqueo es ley. La Helms-Burton, la Ley de Democracia Cubana, las sanciones de la OFAC. Nada de eso se derrumba porque los demócratas tengan mayoría. De hecho, los antecedentes no son alentadores: Obama restableció relaciones, pero mantuvo el embargo; Biden no revirtió buena parte de las medidas de Trump . Los demócratas no son nuestros salvadores. Son, en el mejor de los casos, un mal menor.

Lo que sí cambia

Pero hay algo que cambia, y no es menor. Trump ya no puede gobernar por decreto sin que nadie lo mire. El Congreso demócrata controlará las comisiones, podrá investigar a su gobierno, a su familia, a sus funcionarios. Podrá bloquear sus nominaciones judiciales. Podrá condicionar los presupuestos . Trump ya amenazó con convertirse en el «señor Veto», bloqueando todo lo que le envíen . Pero un veto no construye nada. Solo destruye. Y un presidente que solo destruye es un presidente acorralado.
El hombre que prometió «tomar» Cuba, que desplegó el Nimitz en el Caribe, que sancionó a nuestros médicos y a nuestros emprendedores, que tuiteó llamando a los cubanos a colaborar con la CIA, ahora tiene las manos atadas en su propia casa. No podrá imponer nuevas sanciones sin enfrentar un Congreso hostil. No podrá lanzar una aventura militar sin autorización legislativa. No podrá seguir jugando al emperador sin que alguien le ponga un freno.
Y eso, para nosotros, no es una victoria. Pero tampoco es poca cosa.
Lo que yo sostengo
Anoche, mientras veía los resultados, pensé en los 32 cubanos que murieron en Caracas, en los médicos que se desmayaron en guardias sin recursos, en los jubilados que hacen cola bajo el sol. Pensé en todos los que han sufrido el bloqueo de Trump sin tener nada que ver con las elecciones de Estados Unidos.
Los demócratas no nos van a salvar. No nos van a levantar el bloqueo. No van a pedir perdón por los años de agresión. Pero le pusieron un freno al verdugo. Y en esta guerra larga y desigual, un verdugo con las manos atadas es un verdugo menos peligroso.
Que nadie se engañe: la lucha sigue. La resistencia sigue. El bloqueo sigue. Pero el emperador, por primera vez en mucho tiempo, tiene miedo. Y eso, aunque sea un consuelo pequeño, es un consuelo.

Patria o Muerte. Venceremos.

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*Eduardo Miguel Álvarez Estévez es un analista político, ensayista y columnista, reconocido por sus textos de análisis geopolítico, crítica social y reflexión histórica sobre América Latina y el escenario internacional. Es colaborador y articulista en diversas plataformas independientes de pensamiento crítico y análisis sociopolítico en el ámbito hispanohablante (como piensaChile), donde publica ensayos breves de opinión y análisis de actualidad internacional.♦
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