Por EQUIPO EDITORIAL /Correo.ca
Statistics Canada reporta la pérdida neta de 68.300 empleos en septiembre y el dato enciende las alarmas en todo el país. A esa cifra se suma la contracción de 41.700 puestos en agosto. El resultado de la suma borra de un plumazo los avances laborales registrados a principios de año y eleva la tasa de desempleo al 6,5 por ciento.
Para muchas familias latinas de Toronto, Montreal, Calgary o Vancouver, estas cifras son parte de la sobremesa cuando llega la renta, la hipoteca o el pago del carro.
Hay razones para preocuparse en particular. El empleo juvenil cayó en 48.000 puestos en septiembre, y muchos de nuestros jóvenes, hijos de inmigrantes o recién llegados, dependen de empleos de entrada para abrirse camino. La manufactura, donde trabajan muchos latinoamericanos, perdió 12.700 puestos, en parte por los aranceles estadounidenses. Y aunque la pérdida se repartió casi por igual entre empleos de tiempo completo y parcial, quien vive de un solo salario o de horas inestables tiene menos margen de maniobra.
Los números en negativo se registraron en sanidad, asistencia social y educación, en buena medida por la reducción de permisos para estudiantes internacionales. Esa política tiene rostro humano: estudiantes latinoamericanos que llegaron con la promesa de estudiar y trabajar, y hoy enfrentan un panorama incierto, además de las instituciones y servicios que dependían de ellos.
La participación laboral cayó al 64,8 por ciento, su nivel más bajo en 29 años, sin contar la pandemia, en gran parte por el envejecimiento de la población y la menor inmigración. Es una paradoja: Canadá necesita trabajadores, pero la contracción de la inmigración reduce justamente a quienes podrían reemplazar a los que se jubilan. Mientras tanto, los salarios por hora subieron 2,3 por ciento interanual, un alivio modesto frente a un costo de vida que no da tregua.
En ese contexto, las organizaciones comunitarias, las redes de empleo y los centros de servicios para nuevos inmigrantes son hoy más valiosas que nunca. También es necesario diversificar habilidades: certificaciones, mejora del inglés o el francés y reconocimiento de credenciales extranjeras abren puertas en sectores que resisten mejor. En ese sentido exigir a los gobiernos políticas coherentes, pues no se puede cerrar la puerta a la inmigración y, al mismo tiempo, lamentar la escasez de mano de obra.
Los economistas dicen que los nuevos aranceles no tendrán un impacto significativo en el empleo en los próximos meses. Ojalá tengan razón. Mientras tanto, la comunidad latina de Canadá ha demostrado resiliencia una y otra vez. Esta vez, esa fortaleza se medirá en solidaridad: ayudar al vecino que perdió su turno, orientar al joven que busca su primer trabajo y no dejar que nadie enfrente solo la incertidumbre.





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