Por Jair de Souza*

Mirando en retrospectiva las últimas cuatro décadas de nuestras contiendas electorales, llegamos a la conclusión de que Lula se enfrenta hora al más insignificante e inepto de todos los adversarios con los que se ha confrontado a lo largo del tiempo.

Hay casi un consenso entre los analistas de que el representante del clan bolsonarista que encabeza la principal plataforma opositora logra ser incluso menos culto, más grosero y troglodita que el propio patriarca a quien debe su designación. En sus dos décadas de actividad parlamentaria, jamás ha ejercido protagonismo en nada de real relevancia, ni ha heredado siquiera el carisma demencial que caracteriza a su progenitor.

No obstante la validez de estas observaciones, Lula está inmerso en la más encarnizada campaña electoral de su vida. ¿Qué podría explicar esta contradicción tan aberrante?

Para empezar a aclarar el panorama, hay que tener en cuenta que la columna vertebral de las fuerzas enemigas del pueblo brasileño no está constituida por los personajes que integran nominalmente el movimiento nazifascista conocido como bolsonarismo. En realidad, estos no pasan de herramientas al servicio de aquellos que, en esencia, determinan la agenda que deben asumir.

Para explicarlo sin rodeos, nuestra lucha se lleva a cabo fundamentalmente contra el imperialismo estadounidense. Además, debemos tener presente que el combate actual se da en un momento de crucial importancia en cuanto a la definición del futuro de la potencia gringa en lo que toca a su pretensión de continuar imponiéndole al resto del mundo su hegemonía.

Con el propósito de reorganizarse para recuperar los espacios de influencia que ha perdido frente a China en los últimos tiempos, los estrategas estadounidenses consideran un requisito indispensable para su supervivencia hegemónica mantener el continente americano bajo su completo dominio.

Entonces, en sintonía con este propósito, toda su maquinaria de poder ha estado operando en la región. Como ya hemos podido constatar, su aparato de imposición no se compone únicamente de su gigantesca capacidad bélica. Aunque ésta, lógicamente, también desempeña un importante papel, como quedó claro en la violenta agresión armada contra Venezuela y el secuestro de su presidente legítimo, hay otros elementos que actúan igualmente para hacer valer los planes emanados de Washington.

Otro instrumento con equiparable potencial para imponer los designios estadounidenses sobre nuestras naciones es su amplio dominio de los medios de comunicación que operan a través de las redes digitales. Las plataformas de internet que funcionan en nuestra región pertenecen a conglomerados gigantescos, cuyos propietarios se han convertido en el núcleo del poder real en los Estados Unidos.

Mediante el uso manipulativo de sus algoritmos, las llamadas Big Techs han estado operando en América Latina con vistas a deponer o instalar gobernantes subordinados a las directrices provenientes del centro imperialista, y no a los intereses de los pueblos de estas naciones. En esto, su eficacia ha sido muy alta, puesto que han logrado influir decisivamente en el direccionamiento de la opinión pública local. Así, en la mayoría de nuestros países, tenemos hoy presidentes con este deseado perfil de subordinación.

Empero, para ser plenamente victoriosa, esta estrategia requiere que un país con la magnitud territorial, poblacional y económica de Brasil también esté sometido a ella. De lo contrario, les será muy difícil asegurarse de que todo el continente actúe como su patio trasero en sus disputas con otras potencias por la hegemonía global.

Por lo tanto, el imperialismo gringo y todas las grandes corporaciones que lo impulsan están totalmente dedicados a transformar nuestro país en el engranaje central del esquema que les viabilice la superación de esta etapa de dificultad y les posibilite retomar su hasta hace poco inobjetable liderazgo mundial.

En vista de esto, lo que menos les importa es la calidad, o la absoluta carencia de cualidades, del candidato indicado por el bolsonarismo para competir contra Lula. Lo que de verdad el imperialismo toma en cuenta es que se trata de una corriente totalmente dispuesta a atender las prioridades trazadas en el centro del imperio. Así, en función de ello, toda la gigantesca máquina de manipulación informativa ha sido activada para intentar llevar al bolsonarismo a una victoria electoral, independientemente de la podredumbre moral, ética o de lo que sea de su candidato.

Esta es la encrucijada en la que se encuentra el imperialismo. Sin embargo, con nuestro esfuerzo redoblado en estos días que preceden a los comicios, los patriotas del campo popular vamos a demostrarle a quien pretenda interferir en nuestro proceso electoral que su única salida es una estrepitosa derrota.

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*Jair de Souza es un respetado economista y analista político brasileño, graduado en Economía y Magíster en Lingüística por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Su formación interdisciplinaria le permite analizar la realidad social no solo desde las cifras, sino también desde el discurso y la construcción de sentidos en la política. Con una larga trayectoria de compromiso militante, es conocido por su defensa de la soberanía popular y su crítica frontal a las políticas neoliberales que han marcado la historia reciente de Brasil y América Latina.-Como analista, es un colaborador frecuente en medios de comunicación alternativos y redes de pensamiento crítico, donde desentraña las estrategias de manipulación mediática y el papel de las élites financieras en la desestabilización de procesos democráticos. Su visión integra la economía política con un análisis profundo de la comunicación, denunciando cómo se utilizan los mecanismos lingüísticos para justificar el despojo social. Es una voz clave para entender las tensiones del Brasil contemporáneo, el resurgimiento de las corrientes progresistas y los desafíos del movimiento popular frente a la extrema derecha.

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