Pedro Barragán*
La mejora de la percepción de la opinión pública internacional sobre China en los últimos años confirma una tendencia profunda en el deterioro del liderazgo estadounidense durante la era Trump, que ha abierto un espacio político y simbólico que China está ocupando gracias a su coherencia estratégica.
Según la Global Survey on Impression and Understanding of China 2025, elaborada por el Global Times Institute a partir de más de 51.000 encuestas en 46 países (1.164 en España), la imagen general de China mejora de forma consistente en prácticamente todas las regiones del mundo. No se trata únicamente de una percepción económica, es también una evaluación política del papel que China desempeña en un contexto internacional marcado por la confrontación y la incertidumbre.
Este cambio nos habla también del impacto duradero de la presidencia de Donald Trump, cuyas políticas militares agresivas, su desprecio por el multilateralismo y su uso sistemático de la coerción económica están alterando profundamente la percepción global de Estados Unidos.
Datos que apuntan a un cambio estructural
La encuesta del Global Times Institute aporta algunos datos difíciles de ignorar. En 2025, el 69 % de los encuestados declara tener una opinión favorable de China, seis puntos más que el año anterior. Aún más significativo es que el 39 % afirma tener una opinión más favorable de China que de Estados Unidos, frente a sólo un 26 % que se inclina por Washington. Se está produciendo una inversión simbólica del relato que ha dominado durante décadas.
Además, el 78 % de los encuestados considera que la “fortaleza nacional integral” de China es fuerte, con valoraciones especialmente altas en economía y tecnología (82 % en ambos casos). Este reconocimiento no se limita al Sur Global y también crece en los países desarrollados y en los europeos, tradicionalmente más alineados con la narrativa estadounidense.
Y junto al ascenso de China el desgaste de Estados Unidos. Casi el 70 % de los encuestados considera que la política exterior estadounidense reciente (antes de Venezuela y Groenlandia) tiene un impacto negativo en la comunidad internacional. Una mayoría la asocia con hegemonía, ruptura de normas y daño al orden global. En otras palabras, la pérdida de legitimidad de Estados Unidos es hoy un hecho percibido por la opinión pública mundial.
China como país de orden en un mundo desordenado
Frente a ese panorama, China aparece en la encuesta, frente a la potencia agresiva norteamericana, como un país que aporta previsibilidad. Más del 70 % de los encuestados espera que China desempeñe un papel mayor en los asuntos internacionales y cerca del 60 % considera deseable un futuro orden mundial multipolar, una idea que encaja directamente con el planteamiento estratégico chino.
Los datos reflejan una valoración pragmática de China que es vista como un país que planifica a largo plazo, que no convierte cada desacuerdo en una amenaza pública y que defiende la continuidad del sistema internacional frente a la lógica del choque permanente.
En este sentido, el apoyo internacional a las contramedidas chinas frente a los aranceles impuestos por Estados Unidos resulta especialmente significativo. Más del 70 % de los encuestados considera legítima la respuesta de Pekín, y más del 60 % critica abiertamente la política arancelaria estadounidense por elevar el coste de vida y dañar el comercio global. La defensa frente a la coerción es percibida como legítima cuando se apoya en reglas y no en ultimátums.
De potencia emergente a referente de estabilidad
Uno de los errores más frecuentes en el análisis occidental es interpretar la mejora de la imagen internacional de China como una simple consecuencia del declive estadounidense. Los datos sugieren lo contrario y China ha construido activamente una percepción de estabilidad en un mundo cada vez más volátil.
Mientras Washington adopta una diplomacia de la amenaza, Pekín insiste en conceptos como multilateralismo, respeto a la soberanía, reforma del sistema internacional y desarrollo compartido. Para amplias capas de la opinión pública global, especialmente en el Sur Global, este discurso no suena abstracto y responde a experiencias históricas concretas de subordinación, opresión y arbitrariedad.
La creciente aceptación de un mundo multipolar es otro indicador clave. Multilateralismo que ha dejado de ser una consigna vacía y que refleja la intuición compartida por la opinión pública mayoritaria de que la concentración del poder en una sola potencia es peligrosa cuando esa potencia actúa sin autocontención.
China ha sabido presentarse como uno de los pilares de ese nuevo equilibrio, como contrapeso estructural. Su defensa del sistema de Naciones Unidas, su insistencia en la reforma gradual del orden internacional y su rechazo explícito a la lógica de bloques rígidos han calado en una opinión pública cansada de la confrontación permanente.
Este posicionamiento implica que China es percibida, lejos del neutralismo o del altruismo, como un país racional y previsible, frente a la irracionalidad y agresividad norteamericana.
Otro factor decisivo es el estilo. La diplomacia de Trump es ruidosa, personalista y orientada al impacto inmediato. China, en contraste, opta por una diplomacia más silenciosa, técnica y de largo plazo. Y China aparece asociada a proyectos concretos de infraestructuras, de comercio, de tecnología, de planificación económica.
La encuesta del Global Times Institute confirma que China ya no es percibida únicamente como una potencia emergente, sino como un país central del sistema internacional, capaz de influir, resistir presiones y proyectar continuidad en un entorno global volátil. El aumento de las valoraciones favorables, la confianza en su desarrollo futuro y la comparación directa cada vez más favorable frente a Estados Unidos indican que la imagen de China ha entrado en una nueva fase.
En ese sentido, el progreso de China en la opinión pública internacional no es coyuntural. Refleja un cambio profundo en los criterios con los que las sociedades evalúan el poder global. Y esos criterios -estabilidad, previsibilidad, progreso y bienestar ciudadano- son precisamente los terrenos en los que China ha logrado avanzar con mayor claridad.
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Pedro Barragán es un destacado economista español con una sólida trayectoria en el análisis de mercados internacionales y comercio exterior. Actualmente se desempeña como Asesor de la Fundación Cátedra China, donde aporta su visión estratégica sobre las relaciones económicas entre España y el gigante asiático. Autor del libro “Por qué China está ganando”. A lo largo de su carrera, ha ocupado puestos de responsabilidad en diversas instituciones financieras y organismos de promoción económica. Es un reconocido experto en la Nueva Ruta de la Seda y en el impacto de la política macroeconómica china en Europa. Además de su labor consultiva, destaca por su faceta como conferenciante y colaborador habitual en medios especializados en economía. Su experiencia técnica lo convierte en una voz autorizada para interpretar los desafíos del mercado globalizado actual. @PedroBarraganC

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