Ante la arbitraria detención de Paola Pabón, prefecta (gobernadora) de la provincia ecuatoriana de Pichincha,y la decisión de Gabriela Rivadeneira, asambleísta de la bancada de la Revolución Ciudadana,de asilarse en la Embajada de México en Quito, difundimos a continuación un resumen de un artículo que aporta una reflexión teórico-política sobre a lo que acontece en Ecuador, publicado en el libro “Más allá de los Monstruos: entre lo viejo que no termina de morir y lo nuevo que no termina de nacer”  (coordinado por Katu Arkonada y Matías Caciabue).

Escrito por  Gabriela Rivadeneira, destacada figura joven del correísmo, que hoy sufre una atroz persecución por parte del gobierno de Lenin Moreno, un presidente que, traicionando un programa de transformaciones progresistas, impulsó una feroz restitución neoliberal en el país sudamericano. “Este escrito es apenas una breve cronología desde una mirada personal, una mirada desde adentro”, explica Rivadeneira, reflexionando sobre un capítulo relevante de la actual coyuntura ecuatoriana: la defección de Moreno a las banderas y a la fuerza política que transformaron Ecuador durante más de 10 años.

Resumen de “Crónica de una traición: El caso ecuatoriano”

Gabriela Rivadeneira*

Este relato no pretende ser concluyente y seguro se escapan detalles o sucesos que también fueron parte de este tiempo. Este escrito es apenas una breve cronología desde una mirada personal, una mirada desde adentro, que quizá carezca de mayor rigurosidad en la autocrítica.

Un proceso como el que vivimos en la última década es difícil de sintetizar por sus mismas condiciones dialécticas, políticas e históricas, y, más complejo aún, explicar la posterior trasgresión al pueblo ecuatoriano, por el que sería electo como el sucesor de Rafael Correa. Trataré entonces de ser lo más sucinta frente a los acontecimientos anteriores y posteriores al 24 de mayo 2017, día donde no solo se consagró el cambio de mando presidencial, sino principalmente, fecha del viraje conservador del gobierno de Lenin Moreno.

El peso de las decisiones

Durante el gobierno de Rafael Correa, quien escribe este artículo tuvo la oportunidad de formar parte del buró político de la Revolución Ciudadana. En ese espacio se generaron permanentes reflexiones, debates, discusiones y se tomaron resoluciones, posiblemente las más complejas de los últimos años, en especial la de la transición de mando, a raíz de la decisión de Correa de no postularse a lo que hubiera sido, su cuarta elección presidencial.

La intensidad de la discusión incluía la propuesta de incorporar una transitoria en el texto final del proyecto de enmienda constitucional, (realizada en la Asamblea Nacional en el 2015), que cerraría la posibilidad de su postulación para las elecciones de 2017, así como la de los asambleístas que llevaban ya dos periodos en funciones.

Frente a esta discusión, el 15 de noviembre del 2015, prununcié lo siguiente en mi blog personal:

“Es en este sentido que quiero manifestar la que ha sido mi postura pública a lo largo de todo este tiempo. Estoy firmemente convencida de que el presidente Rafael Correa ha sido el mejor presidente en la historia de nuestro país y es la persona que mejor garantiza la continuidad de este proyecto histórico. Coincido con él cuando señala que nuestro movimiento tiene grandes cuadros políticos en condiciones de asumir el liderazgo. Sin embargo, sigo creyendo que, en un contexto mundial y regional complejo, la voz del Ecuador y el liderazgo del presidente Rafael Correa deben continuar”.

“Nosotros no abrazamos la política para defender proyectos personales, ni para alinearnos detrás de un nombre, sino para construir un proyecto colectivo, un proyecto de país. Es la defensa de ese proyecto colectivo la que debe convocarnos a reflexionar profundamente sobre la coyuntura y los retos que tenemos a futuro, y en este marco sobre la pertinencia o no de la transitoria. Claro está que, como militante orgánica, asumiré la posición de consenso de mi bancada y de mi Movimiento”

En ese momento, el país atravesaba situaciones complejas. La caída del precio del barril de petróleo, el terremoto en la costa ecuatoriana, la apreciación del dólar y la desventaja comercial y económica frente a la devaluación de las monedas de Colombia y Perú -países vecinos de Ecuador-, la arremetida desproporcionada de los medios de comunicación, la articulación de los grupos de poder económico en contra del régimen, entre otros factores que exigían tanto una respuesta inmediata en términos de políticas públicas, como también de decisiones frente al escenario electoral y la disputa presidencial, que a esta altura sobrepasaba la frontera y se convertía en un reto regional para frenar la escalada de gobiernos neoliberales.

En ese marco, largas horas de discusión interna se llevaron en el buró político en los meses anteriores a la toma de decisión, sobre quien sería el sucesor de Correa en la candidatura Presidencial. Mientras el análisis de encuestas nos daba un margen de diferencia importante entre Moreno y los demás presidenciables, la militancia se fraccionó entre dos opciones, Lenin Moreno o Jorge Glas.

Lenin Voltaire Moreno Garcés, quien había sido durante los primeros 6 años de gobierno vicepresidente de Correa y los 4 años posteriores (financiado por el gobierno ecuatoriano) relator especial de las Naciones Unidas para las discapacidades en Ginebra, quién gozaba de simpatía por el trabajo realizado en diversas campañas de tinte social especialmente ligada a los Derechos Humanos y a las discapacidades. Vale mencionar que Moreno fue -por la voluntad política de Rafael Correa- protagonista de la campaña gubernamental construida en torno a la “Misión Solidaria Manuela Espejo”, que atendió a las personas con discapacidad del Ecuador, y que se convertiría en un ícono de los Derechos Humanos a ser replicada por diferentes países del mundo.

Por otro lado, Jorge David Glas Espinel, quien durante el gobierno de Correa ocupó varios cargos de designación y de elección, venía de ser Presidente del Fondo de Solidaridad, Ministro Coordinador de Sectores Estratégicos, Ministro de Telecomunicaciones y Sociedad de la Información, Vicepresidente de la República 2013 – 2017, asumió el proceso de reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto del año 2016, dirigió la política petrolera, de sectores estratégicos y de cooperación internacional para mega obras construidas en el período de la Revolución.

Al final la decisión tomada se vinculó a la posibilidad real de ganancia electoral que brindaba Moreno, en un binomio con Jorge Glas. Pero, dadas las condiciones previas de las discusiones tanto del buró político como del conjunto de la militancia, las relaciones internas quedaron bastante fraccionadas, que se evidenció en la campaña con una separación absoluta de las estrategias del binomio y del movimiento.

Así, mientras Moreno más se separaba de los símbolos de Alianza PAÍS (AP), el instumento político de la Revolución Ciudadana, y se vestía de color blanco; el verde flex era utilizado por Correa, Glas, y gran parte de la militancia a nivel nacional. Quienes llevaban la estrategia de comunicación política de la campaña lo justificaron con el argumento de que se necesitaba refrescar la imagen del candidato y de la política nacional frente a la polarización generada en el país por el correísmo.

Pronto aparecía la sospecha de que con Moreno se garantizaba la lid electoral, pero no se certificaba una línea ideológica de continuidad del proyecto político. Por eso, la obtención de la mayoría en la elección de asambleístas se tenía, por un lado, la seguridad de la presidencia de la Asamblea Nacional para resguardar el respeto y cumplimiento constitucional, junto con el contrapeso necesario para controlar decisiones del ejecutivo que podrían afectar derechos de las mayorías y cambiar el rumbo de la propia Revolución Ciudadana.

Se tenía, además, a Jorge Glas como segundo al mando y la Secretaría Ejecutiva del movimiento gobiernista de Alianza PAIS. De esa manera, y aduciendo también que el país tenía autoridades éticas y profesionales en las otras funciones del Estado, el respeto al mandato constitucional y al proyecto ganador en las urnas, se íba a garantizar el desarrollo del pueblo ecuatoriano.

Si bien esas primeras diferencias simbólicas, podían ser los inicios de una trama inesperada, lo más duro llegó con la victoria electoral. Aunque el margen fue estrecho, apenas con 2.28 puntos de diferencia y con escándalos de fraude liderados por el candidato vicepresidencial de Lasso, se impuso la catorceava victoria electoral de la Revolución Ciudadana y un respiro para la región, la confianza de saber que la Revolución y la Patria quedaban en “buenas manos”.

Después del triunfo electoral, el 1 de mayo de 2017 en la ciudad de Portoviejo, provincia de Manabí y como reconocimiento a la amplia votación obtenida, realizamos la VI Convención Nacional del Movimiento Alianza PAIS, en un acto masivo, elegimos a Lenin Moreno como Presidente del Movimiento, Jorge Glas como primer vicepresidente, Ricardo Patiño como Segundo Vicepresidente y, quien escribe, como Secretaria Ejecutiva. Por primera vez en una década, se elegía un Presidente del Movimiento distinto a Rafael Correa, quien había anunciado meses atrás su decisión de apartarse de la política y residir en Bélgica. En ese espacio se ratificó también la línea política de AP y el proyecto político ganador en las urnas.

Las tenciones no bajaron en los días posteriores a la victoria. El proceso de transición interna fue abordado desde lo técnico, indicadores, cifras, logros y pendientes de cada una de las áreas de gobierno. Sin embargo, se descuidó la transición política; donde tranquilizaba tener compañeros del proceso como parte del anunciado gabinete mientras preocupaba tener incorporaciones de los rostros públicos de las cámaras de comercio y del poder económico del país, así como la congratulación de los dueños de las corporaciones mediáticas sobre los anunciados procesos de diálogo y el “restablecimiento de la democracia en el país”.

Pronto emergió una suerte de gobierno compartido entre dos tendencias radicalmente opuestas, con dos visiones de país diferenciadas en dos planes de trabajo opuestos, la Revolución Ciudadana por un lado y, por otro, la propuesta del banquero candidato presidencial perdedor en las urnas.

24 de Mayo 2017: el inicio de la ruptura   

La Asamblea Nacional recibía con alfombra roja al electo presidente de la República. Lenin Voltaire Moreno Garcés, ingresó al salón principal del palacio legislativo a las 10:00 horas acompañado por Rocío de Moreno, quien fuera designada por el mandatario como “primera dama de la nación”, una figura que con la toma de posesión de Correa en 2007 se eliminó cuestionando la categorización de primeras, segundas o terceras clases ciudadanas. Al interno, un salón lleno con autoridades de diferentes países del mundo, representantes de las funciones del Estado, cuerpo diplomático, representantes sociales y ciudadanos, parlamentarios, autoridades de Gobiernos locales, familiares de Correa, Moreno y Glas.

Rafael Correa decidió entregar la banda presidencial, a pesar de haber tenido un quebranto de salud ocasionado por una neumonía que posterior a la entrega de la banda presidencial lo llevó a ser internado en una casa de salud de la capital. Su despedida entre llanto y vivas, acompañada de consignas de agradecimiento, canciones, y el abrazo de quienes estaban en el escenario principal, incluyendo el de Moreno que lo llamó “hermano querido”.

Minutos después de la salida de Correa de la Asamblea Nacional, dio inicio el primer discurso presidencial de Moreno. Sus palabras ratificaron su espíritu conciliador, habló de diálogos con los sectores sociales, incluso con los sectores antagonistas al proyecto político; anunció también la eliminación del espacio semanal de rendición de cuentas conocido como “Enlace Ciudadano”, donde el presidente Correa le hablaba a los ecuatorianos todos los sábados desde distintos puntos del país.

En ese marco, envió un mensaje a los medios de comunicación: les aseguró que mantendría una relación “fresca, fluida y dialogante”; se refirió puntualmente al restablecimiento de las relaciones políticas y comerciales con Estados Unidos, y mencionó que hay que abandonar “la cuadratura del socialismo del siglo pasado”, apostando por lo que considera un socialismo nuevo, moderno e inclusivo. Señaló que gobernará sin ideologías pues ese sería el modelo de inclusión y el gobierno para todos.

Un ambiente incómodo con el ala progresista del Correísmo y el aplauso excesivo de los antagonistas de la Revolución fue el saldo de la sesión de posesión de Moreno en la Asamblea Nacional.

Posteriormente y a través de varias reuniones del buró político de AP, quien escribe pudo aprender a conocer a Lenin Moreno. Su capacidad para decir y hacer de manera diferente, sentir, decir y hacer sin coherencia y sus primeros rasgos de deslealtad, manifestados en sus declaraciones sobre la situación económica del país con la expresión de que la mesa no estaba servida, expresión que, utilizada por los “Mass Media” y la oposición, empezó a cimentar un cono de desconfianza a la administración gubernamental liderada por Correa.

El 12 de junio de 2017 ocurrió el último encuentro del buró de la Revolución Ciudadana. Tuve la oportunidad de estar en esa reunión junto a Rafael Correa, Lenin Moreno, Jorge Glas, Ricardo Patiño (en ese momento consejero de gobierno), José Serrano (presidente de la Asamblea Nacional), Paola Pabón (exparlamentaria y ministra de la política) Alexis Mera, Eduardo Mangas, Fernando y Vinicio Alvarado.

Al terminar la reunión, con desacuerdos más que acuerdos, una fotografía se hizo pública, buscando tranquilizar especialmente a la militancia que estaba inquieta por los primeros anuncios de Moreno, contradictorios a la Revolución Ciudadana.

A esa altura, ya se estaba consciente que, a pesar de los esfuerzos por conseguir un mínimo acuerdo interno, las cartas estaban echadas. La ruptura era un hecho y se debía manejar con madurez, firmeza y seguridad de las acciones, sobre todo por el capital político de la Revolución y las aspiraciones de una mayoría que en las urnas eligió la continuidad de toda una serie de políticas públicas para el mejoramiento de la calidad de vida de las grandes mayorías.

Cuarenta y siete días después del cambio de mando, con diferencias marcadas y públicas, el 10 de julio de 2017 Rafael Correa salió del país rumbo a Bélgica, como lo había anunciado años antes de dejar su mandato. En el aeropuerto Mariscal Sucre de la capital y antes de tomar el avión, se dirigió a sus coidearios, con micrófono en mano desde una tarima improvisada: “No estoy muy seguro si venció la Revolución Ciudadana. Que no me digan que es cambio de estilo las claudicaciones”. En su discurso pidió a los militantes “cuiden la revolución y la patria” y, anunció su decisión de desafiliarse de Alianza PAÍS si continúan los pactos de Moreno con grupos políticos de oposición.

Para ese entonces, Moreno había mantenido reuniones y acuerdos políticos con los Bucaram, los Social Cristianos, y otras organizaciones políticas que la Revolución Ciudadana había catalogado como “partidocracia” y que estaban reviviendo gracias al llamado de Moreno. A su vez, pronto se supo de una reunión de Moreno con los dueños de los medios de comunicación monopólicos el día 12 de julio 2017 en en el Palacio presidencial de la Carondelet, donde se acordó la revisión, es decir, el vaciamiento, de la Ley de Comunicación, una ley de la Revolución Ciudadana que buscaba la democratización de los medios y el respeto de los Derechos Humanos en el manejo de la comunicación.

Cada vez eran más obvias las diferencias ideológicas y programáticas. La crisis interna se agudizó con la decisión del gobierno de convocar a una consulta popular, que, entre otros aspectos, buscaba modificaciones a la Constitución y apartar de la vida política a Rafael Correa. Fueron públicas las declaraciones de Moreno que referían al odio que iba adquiriendo hacia quienes habían votado por él o, el llamado a que se “respiren aires de libertad” dejando de lado el “comportamiento ovejuno”, expresión utilizada por la oposición hacia el correísmo. Eso resquebrajó rápidamente las estructuras del Movimiento Alianza PAIS y dividieron a la militancia, que en una mayoría orgánica exigía acciones inmediatas de la dirigencia en contra de Moreno por atentar a la unidad y al mismo proyecto al que se decía representar.

Crónica de una usurpación anunciada y el prolongado bloqueo a la RC

El 25 de agosto 2017, Ricardo Patiño, Virgilio Hernández y Paola Pabón renunciaron al gabinete de Moreno haciendo la denuncia pública del viraje conservador. Estas renuncias, sumada a la persecución iniciada contra Jorge Glas, junto a las declaraciones públicas, más la conformación del gabinete y las vocerías de derecha que tomaron fuerza al interior del gobierno, fueron el detonante para que se convoque el 31 de octubre de 2017, a reunión de la Dirección Nacional del Movimiento Alianza PAIS.

En esta sesión se reafirmó el programa de gobierno de Alianza PAIS, se rechazó la consulta popular inconstitucional y con mayoría de 22 de los 32 miembros de la Dirección Nacional se destituyó de la Presidencia del Movimiento a Lenin Moreno, aplicando la normativa interna del movimiento y apegados a las normas que regulan a las organizaciones políticas en el país.

Esta acción que afianzó a la militancia correísta, tuvo la reacción inmediata de los que compartían el espacio de AP y del gabinete, interpelaron al órgano electoral que ya cooptado por el gobierno, a través de leguleyadas jurídicas otorgaron la representación jurídica del movimiento a Moreno, quién de manera inmediata conformó una dirección nacional ilegítima que tomó posesión inmediata de este y los bienes muebles que contábamos a la fecha, incluyendo la histórica sede de la Shyris, a pesar de no contar con el veredicto final del órgano electoral. Hicieron uso de la fuerza pública para el desalojo de la sede, donde había militancia haciendo vigilias para defender el espacio.

De esa manera, con claras irregularidades, el movimiento fundado por Correa se quedaba sin su principal líder. En esa época se advirtió que Alianza PAÍS sin Correa es como un café descafeinado. Sin sus fundadores y quienes daban vida a ese instrumento político, Alianza PAÍS estaba destinado al fracaso. Continuaron meses de litigios jurídicos en los órganos electorales sin respuesta, dejando en absoluta indefensión a quienes denunciamos el atropello del gobierno en las decisiones electorales.

De manera inmediata, se decidió convocar a la Convención Nacional de militantes de la Revolución Ciudadana. Rafael Correa viajó al Ecuador para el efecto y el 3 de diciembre 2017 en la ciudad de Esmeraldas se hizo pública la ruptura con el gobierno de Moreno, y se ratificó la línea política progresista y se anunció la reorganización de la estructura nacional de la Revolución Ciudadana y la presentación al órgano electoral de la solicitud de reconocimiento de nuestro propio casillero.

La usurpación de AP apenas fue el inicio de un bloqueo político irracional, muchas veces con argumentos risibles. El 29 de diciembre de 2017 se presentaron los requisitos formales al Consejo Nacional Electoral (CNE) para solicitar la autorización para la recolección de firmas bajo el nombre de Movimiento Revolución Ciudadana, misma que fue contestada con la negativa del CNE el 23 de enero de 2018, argumentando que la denominación Revolución Ciudadana, es la consigna que identifica al Movimiento Alianza PAIS y al anterior gobierno.

También justificó su negativa porque con fecha 13 de diciembre de 2017 se había presentado una solicitud, por parte de una persona cercana al entonces Director Provincial de Pichincha y actual Secretario Ejecutivo de Alianza PAIS, Gustavo Baroja, para que reserve el nombre de Partido de la Revolución Ciudadana, maniobra con la que se impedía el registro al correísmo; esta fue la segunda negativa del CNE.

La tercera negativa apareció cuando se presentó el 6 de marzo de 2018 la solicitud bajo el nombre de Movimiento Revolución Alfarista. El CNE agencioso por cumplir las órdenes de Carondelet, negó la solicitud aduciendo que como organización política de izquierda no podíamos llevar el nombre de quien fuera un liberal en su época.

Tan risible este argumento que mereció la respuesta inmediata de los historiadores más importantes del país, fundamentando las razones por las que Eloy Alfaro se debía considerar no solo un liberal sino además un radical, cuyo pensamiento revolucionó su época y confluyó con ideas anarquistas, socialistas y comunistas que surgieron en Ecuador a partir de la segunda década del siglo XX. Cuando la apelación llegó al Tribunal Contencioso Electoral, sin argumento alguno y sin escuchar a las partes, dispusieron el archivo de la misma.

Esta tercera negativa y con la cercanía de la fecha para la convocatoria a elecciones seccionales del mes de marzo 2019, entrmaos en la exigencia de buscar otras alternativas. Con las negativas del CNE sabíamos que ninguna solicitud directa del correísmo iba a tener respuesta positiva. Fue así que el 05 de mayo de 2018, hicimos pública la alianza con el Movimiento Acuerdo Nacional MANA, que ya tenía casillero otorgado por el CNE para el inicio de recolección de firmas.

En apenas 70 días la organización recogió 462.000 firmas gracias al trabajo de su militancia que logró llegar a casi medio millón de ciudadanos que ratificaron su confianza en el liderazgo de Rafael Correa y en la vigencia del proceso de la Revolución Ciudadana. Sin embargo, una nueva maniobra impidió la presentación de firmas, puesto que un día antes de la entrega de las firmas, actores políticos antagónicos a la RC, dijeron en rueda de prensa y aseguraron tener la representación legal de MANA, expulsaron de la agrupación, aún no reconocida, al expresidente Rafael Correa y a otros 9 dirigentes nacionales. Esta acción fue secundada por el Consejo Nacional Electoral que no dudó dos veces en otorgar la representación jurídica a estos actores que montaron este galimatías para impedir nuevamente que la RC tenga su representación formal en el sistema electoral.

Fue el cuarto rechazo al correísmo por parte de un gobierno que promueve “aires de libertad” en un país donde la democracia, así como la constitución están de vacaciones.

Retrocesos, retos y reconstrucción

Describimos aquí, en simples rasgos, lo que han sido 20 meses de acelerados retrocesos para el pueblo ecuatoriano. No es dramático, ni exagerado afirmar que inició “el ciclo de la desesperanza”. Con el actual gobierno, los pobres están condenados a la pobreza, mientras los pudientes se reafirman en la acumulación del capital.

Regresamos como país, a aquella denominada larga y triste noche neoliberal de la que habíamos creído salir como pueblo hace más de diez años.

¿Cómo no íbamos a ser objeto de ese ataque concertado de las grandes corporaciones económicas y mediáticas, si fuimos elegidos como parte de un proyecto de transformación radical de la sociedad, de sentido profundamente popular, hacia la equidad y la justicia social? Sabíamos que nos íbamos a enfrentar a poderosos intereses. Pero, la política implica tomar decisiones en un campo atravesado por el conflicto, conflicto de intereses: principalmente el que enfrenta a las grandes mayorías sociales con las pequeñas minorías de privilegio. Quien crea que se puede obrar desde el consenso absoluto, miente o se miente a sí mismo y esa es la trampa del unanimismo construida por Moreno en lo que va del ejercicio de su gobierno.

Hoy el Ecuador vive un golpe real a la economía, al no existir un plan de desarrollo nacional. Todas las medidas parches tomadas en estos meses afectan directamente a las clases populares, lo que a su vez acrecienta las brechas de desigualdad. Las políticas económicas del gobierno han perdonado más de cuatro mil millones de dólares a los grupos de poder económicos más grandes del país, mientras han recortado cerca de quinientos millones de dólares al presupuesto de educación. Una cantidad similar fue quitado al presupuesto de salud de este 2019, afectando especialmente a quienes son beneficiarios de la política de gratuidad. Nuevamente, las grandes mayorías confinadas al margen del desarrollo.

Se recortaron subsidios a los combustibles; se redujeron salarios y despidieron a más de 100.000 funcionarios públicos; se retomaron las políticas del FMI; se negocian TLC y se arrodillan a los arbitrajes internacionales. Se atenta a nuestra soberanía con la instalación de oficinas de cooperación militar estadounidense en Carondelet, se desentienden de los procesos de paz de la región, niegan la UNASUR y el sistema de integración regional de nuestra América, anuncian la entrega de Assange.

¡Cuánto por contar y cuánto por luchar!

En nuestro país la contrarrevolución comenzó solapada en banderas de continuidad con el programa votado en las urnas. Pero Moreno es apenas la delgada membrana de la contrarrevolución. Quienes dirigen las operaciones se valen de su figura insípida e intrascendente para devolver el poder a las oligarquías. En síntesis: destruir lo que despectivamente llaman “correísmo”.

Los interesados en esa destrucción saben que tienen dos principales obstáculos para la consumación total de sus objetivos antidemocráticos: la memoria de la Revolución Ciudadana y el capital político con el que cuenta. Saben que, si no dan la estocada ahora, se van a enfrentar cada día que pase con un referente más grande y que poco a poco suma respaldos. En torno a la Revolución Ciudadana como un renovado proyecto político popular y progresista, en el que van a confluir si hacemos las cosas bien, las aspiraciones del conjunto más vasto de las ecuatorianas y los ecuatorianos.

Está claro que la persecución que se enfrenta no es judicial, es política y, como todo problema político su solución también es político. Ellos quieren una pseudodemocracia donde las mayorías estén proscriptas. Frente a ello, la tarea colectiva será trabajar para volver a ser vértice de un movimiento amplio y ciudadano, que le devuelva la democracia al pueblo.

Ellos sueñan con un Ecuador para minorías, sin Revolución Ciudadana que les quite el sueño. Nuestro desafío es recrear un movimiento progresista lo más amplio posible, capaz de construir una nueva victoria popular y plantear al pueblo ecuatoriano un rumbo de dignidad, soberanía y justicia social.

Vamos a enfrentar en las calles, en los barrios, desde los movimientos sociales el ataque abierto a la democracia. Vamos a enfrentar en las urnas la disputa política necesaria, a pesar del bloqueo pautado por el gobierno en nuestra contra, hoy tenemos un movimiento político nacional que nos ha cobijado para que los cuadros políticos de la Revolución Ciudadana disputen las elecciones locales de marzo 2019 y, quienes estamos convencidos de este proyecto de transformación, tengamos una perspectiva real de disputa electoral, en la recuperación de un proyecto nacional y popular.

Entendiendo que en la lucha política no existen ni los triunfos ni las derrotas definitivas, pues no son procesos lineales, ni siquiera progresivos, sino que muchas veces son contradictorios e incluyen en su origen elementos que nos llevan a tener avances y retrocesos.

Más allá de los monstruos que regresaron a quitarnos los sueños, vamos a resistir a las políticas antipopulares y antinacionales. ¡Democracia a la medida de las élites no es democracia! ¡Democracia sin la principal fuerza política del país, no es democracia! ¡La Revolución Ciudadana está en las calles, en la memoria y en el corazón de las mayorías populares! ¡Volveremos!

* Licenciada en Gestión para el Desarrollo Local Sostenible de la Universidad Politécnica Salesiana. A los 19 años fue electa concejala de su cantón, Otavalo, para luego ser vicealcaldesa y, posteriormente, viceprefecta y gobernadora de su provincia, Imbabura.Actualmente es Asambleísta Nacional de la bancada de la Revolución Ciudadana, ejerciendo durante dos periodos consecutivos (2013-2015 y 2015-2017) la presidencia de la Asamblea Nacional del Ecuador. Ha destacado por su proyección regional e internacional y por su lucha en favor de integración, la unidad y la soberanía de América Latina, ejerciendo también en dicho periodo como Presidenta Alterna del Parlamento Latinoamericano y Caribeño (Parlatino).