Quito (PL) Cuando América del Sur estaba plagada de dictaduras militares que significaron la asfixia de la democracia y los derechos humanos, Jaime Roldós llegó a la presidencia de Ecuador trayendo una luz: la esperanza del cambio.
El 10 de agosto de 1979 el abogado y político asumió la jefatura de Estado, con lo cual el país se convirtió en el primero de la región en salir de aquellos regímenes, pues aquí los militares dominaron durante toda una década.
Pero Roldós significó una transformación: el mandatario traía ideas de renovación para el país, comenzando por sus premisas de defensa de la democracia y la soberanía.
El actual presidente, Rafael Correa, en su discurso de toma de posesión en el 2013, recordó a aquel «joven con el que inauguramos el retorno a la democracia (…) un presidente que vivió, y probablemente murió por los derechos humanos».
Por su parte, el historiador e intelectual ecuatoriano Juan Paz y Miño ratificó la idea de que Roldós surgió como una reivindicación de la necesidad de los derechos humanos.
«En aquella época ya sabíamos lo que estaba pasando en nuestra región, y su postura significaba ir en contra de todos aquellos gobiernos fascistas», aseveró en declaraciones exclusivas a Prensa Latina.
De acuerdo con sus planteamientos, la figura del político se engrandeció continentalmente al atacar a las dictaduras en lenguaje directo y defender el valor de un proyecto diferente.
Sin embargo, su temprana muerte el 24 de mayo de 1981, menos de dos años después de llegar al poder, impidió la concreción de aquel programa.
«Con el fallecimiento de Roldós quedó trunca la posibilidad de cambios grandes en el país, pese a lo cual su gobierno se caracterizó por aplicar un reformismos social y, sobre todo, por tener coherencia política internacional suficiente para defender los principios de soberanía de América Latina», indicó.
Correa, por su parte, estimó que «si Roldós no hubiera muerto, estoy seguro de que la historia de Ecuador y de Nuestra América sería diferente».
CASO CUBA: EVIDENCIA DEL GIRO
La postura que asumió el mandatario hacia Cuba fue una evidencia de sus ideas, pues apenas 13 días después de tomar el poder decidió restablecer relaciones con La Habana.
Quito había roto los nexos diplomáticos con este país a inicios de la década del 60, al calor de las presiones ejercidas por Estados Unidos, tras el triunfo de la Revolución en la isla caribeña.
Según Paz y Miño, la resolución de Roldós ante el conflicto fue una muestra de su postura consciente de que Cuba pertenecía a la región latinoamericana y no podía seguir aislada.
«Él sabía que aquella nación era víctima (y es) de una verdadera hostilidad de tipo neocolonial e imperialista, y el acercamiento a ella fue parte del necesario proceso de reformas y retorno a la democracia en nuestro país», afirmó.
Asimismo, estimó, abrir relaciones con la isla fue importante para los cubanos, pero también para Ecuador, pues mostró que ya no se subordinaba más a las políticas norteamericanas de ruptura y cerco.
De manera general, «plantar apertura con Cuba era plantear la reivindicación a favor de lo que entonces era llamado el Tercer Mundo, y en contra del neocolonialismo y la dependencia, por tanto se afirmaba al mundo el espíritu de soberanía y autenticidad de nuestro país», manifestó.
ROLDÓS EN ECUADOR
Rememoró Paz y Miño que Roldós llegó a la presidencia con un amplísimo apoyo ciudadano: era el candidato joven y triunfaba sobre la postulación de Sixto Durán Ballén, quien articulaba a toda la derecha oligárquica.
El mandatario pertenecía a Concentración de Fuerzas Populares (CFP), un partido nacido en 1949 en la ciudad portuaria de Guayaquil, y que contaba con un gran apoyo barrial y de los sectores tradicionalmente marginados.
No obstante, apuntó el historiador, en medio de aquel partido populista, Roldós lucía raro, pues su pensamiento se caracterizaba por el racionalismo y parecía un abogado ilustre en medio de aquel grupo tipificado por el verbalismo, la movilización de masas, las banderas y los himnos.
Entonces, él le daba al CFP el sentido racionalista y así consiguieron ganar la presidencia, agregó.
Al llegar al poder, sus propuestas en política nacional significaron un vuelco: profundizar la reforma agraria, mantener el Estado como controlador de la riqueza petrolera, redistribuir el ingreso para
mejorar las condiciones de vida de la población, entre otras.
Adicionalmente, Roldós logró capitalizar el apoyo de los más jóvenes, generaciones crecidas en dictadura que nunca habían tenido participación democrática ni habían ejercido la posibilidad del voto.
Sin embargo, tres factores jugaron en contra de su gestión; en primer lugar, el enfrentamiento con Perú en 1981 provocó que se comenzaran a dedicar muchos recursos a la seguridad interna ante la amenaza de una invasión de Lima, recordó el especialista.
Por otro lado, su Gobierno coincidió con el declive del petrolerismo de la década del 70, con lo cual los precios del crudo cayeron y este recurso dejó de ser un sustento para la nación.
Al interior del país, se produjo una inflación que provocó descontento entre la población y algunos sectores sociales pensaron que las reformas de su gestión estaban agotadas.
El día de su fallecimiento, Roldós estuvo durante la mañana en el Estadio Olímpico Atahualpa, de esta capital, y en medio de los aplausos hubo una silbatina enrome como muestra del disgusto, recordó Paz y Miño.
Pero en la noche se conoció su muerte, agregó, y aquello fue increíble: el pueblo lo lloró durante tres días y entonces se comenzó a sufrir su ausencia.
DESPARICIÓN DE ROLDÓS: CAPÍTULO INCONCLUSO
Si bien las investigaciones de la época sobre el accidente aéreo que causó la muerte del presidente concluyeron que las causas de la caída de la avioneta fueron fallas mecánicas y del piloto, hasta hoy persiste la sospecha de se trató de un atentado.
Ciertamente, Roldós reivindicaba la democracia y, en consecuencia, no convenía a las dictaduras que formaron parte del llamado Plan Cóndor, dirigido a exterminar a los líderes y el pensamiento de izquierda en Latinoamérica.
Paz y Miño aseveró que el jefe de Estado significaba un cuestionamiento muy fuerte a los gobiernos ultraderechistas que dominaban en la región, por lo cual la hipótesis de que su muerte fuera provocada es fuerte, aunque nunca se ha probado.
Sobre el asunto, Correa consideró muy casual que tras la llegada al poder en Estados Unidos en 1981 de una administración de línea dura (encabezada por Ronald Reagan), la cual dio respaldo a las dictaduras, justo seis meses después murieron tres líderes latinoamericanos con posturas diferentes a la derecha, y los tres en accidentes aéreos.
Así mencionó la desaparición de Roldós el 24 de mayo, del general nacionalista peruano Rafael Hoyos Rubio el 5 de junio, y del presidente de Panamá Omar Torrijos el 31 de julio.
Con respecto a la muerte del político ecuatoriano, Paz y Miño
concluyó que «si lo mataron o no, no lo sabemos, lo que sí es un hecho es que su desaparición favoreció a todos aquellos que estaba en contra de los principios de soberanía, dignidad, democracia y derechos humanos en América Latina».
* Corresponsal de Prensa Lstina en Ecuador.

