Llamando las cosas por el nombre que tienen

Luis Casado*

Los periodistas occidentales, cuyo oficio consiste mayormente en repetir las consignas del dueño del medio en que laburan, las cacarean en plan tatarita compulsivo. Tal vez por esa razón Dmitri Peskov, diplomático que funge de portavoz del Kremlin, se cachondea de los plumíferos. Uno de ellos le preguntó:

“¿Es verdad Sr. Peskov que Ud. se refirió en términos agresivos a propósito del presidente francés?”

Peskov, que tiene algunos km recorridos y varias llegadas estrechas, respondió:

“Nunca, un diplomático ruso ha sido agresivo en contra de nadie. Nosotros estamos por el diálogo y eso requiere de un lenguaje diplomático. Un diplomático, si tiene que enviar a alguien al carajo, utiliza un lenguaje tal que al terminar de hablar el otro siente de verdad ganas de irse al carajo”.

Lamentablemente, los mandamases europeos comunican en plan jefe pandillero. Eso explica que el mismo Peskov se haya pronunciado sobre los jerarcas europeos del modo siguiente:

“Se puede sin duda afirmar, y convenir, que Starmer no es Churchill, y que Macron no es De Gaulle. La lista está lejos de ser exhaustiva. Tal es la realidad política en la que vivimos”.

Más claro echarle agua…

Michel Poniatowski, que fue un resistente a la ocupación nazi, y luego ministro de la República, escribió una biografía sobre uno de los más grandes diplomáticos franceses: Talleyrand. En otra parida te conté que en su trayectoria política, Talleyrand –un tipo brillante y de una rara inteligencia–, traicionó a la monarquía, a la Iglesia, a la Revolución, al Consulado, al Imperio, a Napoleón, a Louis XVIII, a Charles X y a Louis-Philippe.

A tal punto que alguna vez, durante un Consejo de ministros, Napoleón le espetó:

“Ud. es un ladrón, un cobarde, un hombre sin fe. Ud. no cree en Dios; ha faltado a sus deberes toda su vida, ha engañado y traicionado a todo el mundo (…) Ud. señor, no es sino mierda dentro de medias de seda”. (1809)

Talleyrand, impasible, salió de la sala dando un portazo y replicando:

“Qué lastima que un hombre tan grande sea tan mal educado…”

Michel Poniatowski, a quién le debo una por razones que lo engrandecen, usa en la biografía ese cuidadoso y elegante lenguaje que hace el encanto del idioma francés para referir comportamientos y realidades no siempre deslumbrantes, mira ver:

Como muchos de sus contemporáneos, Talleyrand sirvió regímenes sucesivos sin emitir excesivas reservas. Se ha querido discernir en esa actitud un modelo de cinismo. Pero, salvo raras excepciones, toda Francia, durante cincuenta años, se deslizó de un poder a otro sin crisis de consciencia. Militares, políticos, funcionarios, jueces, prestaron tantos juramentos que se decidió finalmente no pedirlos para no transformar la nación en un cementerio de promesas traicionadas.”

Es difícil decir tanto, y tan bien, con tan pocas palabras. Evitando al mismo tiempo los adjetivos desapacibles, y las condenas fáciles y evidentes.

Este fragmento del libro llamó mi atención porque… si cambias Talleyrand por los nombres de quienes han caciqueado en la copia feliz del edén desde el golpe de Estado hasta nuestros días, y sustituyes Francia por Chile… resulta difícil no aceptar que parece una aguda y fehaciente descripción de nuestra propia historia.

No obstante, no me atrevería a confundir las innegables cualidades y el peso indudable de la acción de Talleyrand en ese periodo histórico de Francia, con la mediocridad, la bajeza y la zafiedad de los sátrapas y demócratas que se han sucedido en el expolio del campo de flores bordado durante más de medio siglo.

Para comprender el Chile de hoy –incluyendo la vulgar parodia de la dictadura a la que asistimos con Kast–, se hace indispensable examinar su etiología, su génesis, sus raíces. Quienes se interesan en la política conocen el juicio de Machiavelo:

Para prever el avenir hay que conocer el pasado, porque los acontecimientos de este mundo tienen siempre lazos con los tiempos que los precedieron. Creados por hombres animados de las mismas pasiones, esos acontecimientos deben necesariamente tener los mismo resultados”.

A propósito de los sucesivos episodios que jalonan la historia de una nación, Poniatowski explica la resiliencia de Talleyrand cuando escribe:

En esta sucesión de regímenes que tendían a modificar Francia, Talleyrand siempre tuvo la inteligencia y la lucidez de discernir la mutación siguiente, y la habilidad para prepararla y para prepararse. Tenía suficiente filosofía y conocimiento de la historia para no creer en ningún sistema, y si aceptaba –por interés– servir el uno y el otro, no se sometía a nadie.”

El propio Talleyrand precisó:

La Revolución atacaba principios y costumbres de los que yo mismo había sido víctima. Me parecía estar hecha para romper mis cadenas, me era agradable, abracé entusiasta su causa y después los acontecimientos dispusieron de mí.”

Cada cual puede optar por un Talleyrand demiurgo de su destino, o bien por un Talleyrand juguete de la tempestad. Lo cierto es que su participación en la Historia comienza con un acto liberador.

Por contra, los nuestros, en Chile, se aprovecharon de un golpe de Estado, del asesinato de un presidente en ejercicio, de la masacre de miles y miles de ciudadanos, de una dictadura criminal, y de la pseudo transición a un remedo vergonzante de democracia sumisa que conservó el modelo dictatorial comenzando por su Constitución, para profundizar el modelo económico neoliberal y disfrutar de las ventajas del poder.

Un refrán popular lo dice breve y sencillamente:

“Esos polvos trajeron estos lodos”.

La llegada de un neonazi a La Moneda no es sino la consecuencia de la inconsecuencia.

Ello explica que quienes mangonearon en el poder –de Aylwin a Boric sin excepciones– vacilen hoy entre devenir los actores de una oposición hipócrita o transformarse en los comediantes de una colaboración vergonzante.

En nuestros oídos resuenan una vez más las palabras de Salvador Allende, que se hacen más justas y certeras según pasa el tiempo:

Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse.”

En cuanto a mí, que no soy diplomático, no resisto a la tentación de usar el rústico lenguaje del Petit Caporal para despedir a los defraudadores del periodo 1991 – 2026:

Uds. son unos ladrones, unos cobardes, hombres sin fe. Uds. no creen en Dios; han faltado a sus deberes toda su vida, han engañado y traicionado a todo el mundo (…) Uds. señores y señoras, no sino mierda dentro de medias de seda.”

Cumplida esta imprescindible tarea de profilaxis, nos iremos ocupando de la Kagada presente:

Was du heute kannst besorgen, das verschiebe nicht auf morgen…

POLITIKA


Luis Casado, nació en Chile. Es ingeniero del Centre d’Etudes Supérieures Industrielles (CESI – París). Ha sido profesor invitado del Institut National des Télécommunications de Francia y Consultor del Banco Mundial. Su vida profesional, ligada a las nuevas tecnologías destinadas a los Transportes Públicos, lo llevó a trabajar en más de 40 países de los cinco continentes.

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