Un iluminado de la ampolleta…

Mattathias Schwartz, The New York Times, 29-10-2019

Mattathias Schwartz es un periodista yanqui con 25 años de experiencia, entre otros cargos, como colaborador externo del New York Times desde 2006 y corresponsal de asuntos jurídicos desde 2024

Ralph Drollinger, quien ha pasado gran parte de los últimos tres años enseñando el Evangelio al gabinete del presidente Trump, viste como un hombre de mundo. Una mañana de este verano, durante una escala en el Aeropuerto Internacional de Miami, era la viva imagen del empresario yanqui — un hombre de aspecto amigable, de traje oscuro y mejillas robustas, en su madurez tardía.

La mujer sentada a su lado, vestida igualmente impecable con su traje sastre negro y camisa blanca, era su esposa Danielle. Ella escrutaba tranquilamente la pantalla de su iPad mientras Drollinger explicaba por qué el viaje que estaban a punto de emprender a Managua, Nicaragua, lo tenía inusualmente preocupado.

Los Drollinger iban a Managua a petición de Daniel Ortega, el autoritario presidente del país, quien los había invitado como sus huéspedes. Drollinger, que ha instalado estudios bíblicos en las capitales de 32 estados y en 24 países extranjeros, vio otra oportunidad de crecimiento.

No se consagró a un examen de conciencia muy profundo antes de aceptar. La decisión de ir era audaz, especialmente considerando las relaciones que afirma tener con el vicepresidente Mike Pence y el secretario de Estado Mike Pompeo, ninguno de los cuales puede contarse entre los partidarios de Ortega. Pence ha acusado a Ortega de «violencia patrocinada por el Estado», mientras que Pompeo ha declarado que Ortega es culpable de haber «infligido atroces sufrimientos al pueblo nicaragüense». Su colega John Bolton, que era entonces el asesor de seguridad nacional de Trump, había calificado al gobierno de Ortega de miembro de la «troika de la tiranía», un «triángulo del terror que se extiende desde La Habana hasta Caracas y Managua».

«Se diría que nos vamos a meter en un gran lío», dijo Drollinger. «Van a hacer como si yo fuese un brazo de la administración». Su vuelo debía embarcar en menos de una hora. Los Drollinger tenían asientos en clase ejecutiva. Un líder eclesiástico en Estados Unidos había pagado los boletos, mientras que el gobierno de Ortega proporcionaba el hotel. Sería difícil retroceder ahora, especialmente para alguien que analiza profundamente el impacto de sus gestos más pequeños. Las maneras de Drollinger armonizan lo que él llama el «gong» de la verdad con lo que tilda de «medusa» de la bondad, una lección de Proverbios 3:3: «Que nunca te abandonen la bondad y la verdad». «Esa es una cuestión muy pertinente», suele decir, e invita a sus interlocutores a interrumpirlo si lo encuentran alejándose demasiado en una disgresión.

Drollinger, de 65 años, mide alrededor de siete pies (2,13 m). Su vestimenta impecable suaviza el impacto de su talla, del mismo modo que una inmensa hoja a rayas podría ocultar la presencia de un elefante o una escultura de Alexander Calder del tamaño de un atrio. Estudiante universitario en la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA) en los años 1970, Drollinger fue pívot de baloncesto bajo la dirección del legendario entrenador John Wooden y formó parte de dos equipos campeones nacionales. Más tarde escribiría que Wooden era «el patriarca» que inculcó a sus jugadores una doctrina de «impecabilidad y no negociabilidad».

Wooden era meticuloso con los detalles. Medía la estatura de juego de Drollinger en 7 pies 1 3/8 pulgadas (aproximadamente 2,16 m). Les precisaba a los jugadores el modo correcto de alisar sus calcetines y de atar sus zapatos. Drollinger era igualmente preciso en cuanto a la vestimenta de sus subordinados: trajes de lana oscura, camisas de algodón blanco, corbatas de seda italiana con un nudo en forma de lágrima, zapatos negros con cordones. Las exigencias de Drollinger para con su propia vestimenta eran aún más estrictas. Camisas de algodón egipcio. Las colleras llevan el gran sello de los EEUU. Ese día, los pies de Drollinger (talla 17 en EEUU, 53-54 en Amérique latina, 50 en Europa) calzaban Allen Edmonds de cordobán negro, un cuero (de caballo o de cabra) que, según Drollinger, justifica con creces su alto precio por su excepcional durabilidad.

Recorrer los kilómetros necesarios para impulsar el crecimiento de su ministerio lo entusiasma más que supervisar su rebaño existente. «Odio el mantenimiento», me dijo. Se veía a sí mismo menos como un pastor que como algo parecido a un apóstol, alguien que «básicamente dice: “Muy bien, lancémonos y tratemos de conseguir nuevos territorios para la gloria de Dios”».

Dado que Drollinger dirige lo que se ha dado en llamar el «estudio bíblico del gabinete de la Casa Blanca», sería comprensible que Ortega pensara que Drollinger le ofrecía una vía de acceso, bueno…, a la Casa Blanca. El propio Drollinger es consciente de que el interés de algunos gobiernos extranjeros por sus estudios quizá no sea del todo bíblico. «Puedo conseguir que esos tipos me ayuden», me dijo unas semanas antes, refiriéndose a sus aliados en Washington. «Y todo el mundo en el extranjero quiere conocer a alguien en Washington».

La reunión semanal de Drollinger, que tiene lugar los miércoles a las 7 de la mañana, es quizá el grupo de estudio bíblico más influyente del mundo. La lista pública de «patrocinadores» del estudio —que, según Drollinger, se han comprometido a construir Capitol Ministries, su organización sin ánimo de lucro, y a dar testimonio público de su relación con Jesucristo— incluye a Pence, Pompeo, Rick Perry, el secretario de Energía saliente, Ben Carson, el secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano, Betsy DeVos, la secretaria de Educación, y Sonny Perdue, el secretario de Agricultura. Los ex miembros del gabinete Jeff Sessions, Alex Acosta y Scott Pruitt asistieron todos al estudio durante su mandato en la administración; Jim Bridenstine, que dirige la NASA, también asiste. (Un portavoz de Pence declaró que, aunque el vicepresidente «aprecia el trabajo del Sr. Drollinger», no asiste a la reunión del gabinete, lo que Drollinger confirmó. Ambos desmintieron las informaciones según las cuales la reunión del gabinete ya habría tenido lugar en el ala oeste.) [centro operativo y de mando del poder ejecutivo, con el Despacho Oval y la sala de crisis, NdT).

Los Drollinger se cuidan de distinguir sus enseñanzas de su política, pero una a menudo repercute en la otra, en temas como el matrimonio (los hombres dirigen, las mujeres se someten), la homosexualidad («una abominación» e «ilegítima ante los ojos de Dios»), el aborto (una pendiente resbaladiza hacia el infanticidio), el cambio climático (una creencia radical promovida por «teóricos de modas seculares») y la separación de familias en la frontera sur (un castigo apropiado para los «inmigrantes ilegales»). Para Drollinger, la Biblia es más que la palabra literal de Dios. Es la única base defendible para cualquier pensamiento racional. El texto, bajo la doctrina de la infalibilidad [sin ningún error], es perfecto en cuanto a los hechos y no admite múltiples interpretaciones. Tiene un significado definitivo que se ofrecerá a los estudiantes diligentes.

Los participantes describen los estudios como una especie de grupo de apoyo para la minoría piadosa de Washington, que ofrece un respiro ante el secularismo y las maquinaciones interesadas. «Como recién llegado a esta ciudad, concentrarse en los valores judeocristianos no era un tema de conversación normal que podía encontrarse», me dijo Perry. «Son los valores en que fue fundado el país». (Dijo esto en septiembre, poco antes de anunciar sus planes de renunciar a la administración.) Pompeo también se ha mostrado abierto sobre el papel que la fe juega en su enfoque del trabajo. En un discurso de este otoño en una reunión de consejeros cristianos en Nashville, relató un estudio de formación bíblica en West Point, con dos cadetes de la clase por encima de él que «me ayudaron a comenzar mi caminar con Cristo». El discurso, «Being a Christian Leader», fue destacado en la primera página del Departamento de Estado.

Durante el embarque en Miami, Drollinger redactó un correo electrónico para Kevin Sullivan, el embajador de Estados Unidos en Nicaragua. «Quiere vernos en cuanto lleguemos», dijo Drollinger, y añadió, tras un momento de reflexión: «Me alegra eso». Me dijo que ya había hablado sobre el viaje a Nicaragua con Pompeo, quien arregló un encuentro entre Drollinger y Michael McKinley, diplomático de carrera y uno de sus asesores principales. (McKinley renunció en octubre, habiendo aparentemente testificando ante el Congreso que dimitió después que la dirección del Departamento de Estado no defendiese públicamente a un ex embajador que fue denigrado por Trump en una llamada telefónica del 25 de julio con el presidente de Ucrania.)

McKinley, declaró Drollinger, había intentado disuadirlo de ir. Como también hizo un grupo de senadores que participan en otro estudio bíblico dirigido por él; según Drollinger, le advirtieron que Ortega quería usar la visita para «granjearse el favor» de Trump. Las fuerzas policiales de Ortega, así como milicianos partidistas, mataron cientos de disidentes durante una ola de protestas que sacudió a Nicaragua el año pasado. Los investigadores de la Organización de Estados Americanos calificaron los asesinatos como crímenes de lesa humanidad. A fines del año pasado, el Departamento del Tesoro designó a la esposa de Ortega, Rosario Murillo, vicepresidenta de Nicaragua, para sanciones económicas debido a sus vínculos con la policía nacional, que a su vez es acusada de tener conexiones con «”escuadrones de la muerte” que han participado en ejecuciones extrajudiciales, torturas y secuestros».

El objetivo de Drollinger para la visita era persuadir a Ortega de aprobar la recomendación de un responsable para un nuevo estudio bíblico de Capitol Ministries en Managua. Nicaragua sería el vigésimo cuarto país con un grupo de estudio aprobado por Drollinger en su capital, la mayoría de ellos establecidos después de la elección de Trump. En un espíritu de reciprocidad, Drollinger había aceptado pronunciar un discurso público en la celebración del aniversario de la revolución marxista que Ortega lideró hace 40 años. Un apretón de manos público parecía muy probable. «Tengo que pensar en cómo va a utilizar esta visita en los medios de comunicación estatales», dijo.

Cuando regresé con el café, Drollinger ya había identificado algunos pasajes bíblicos que lo guiarían durante el viaje. Pensó en el emperador romano Nerón, un herético y, en general, un mal tipo a quien el apóstol Pablo, sin embargo, cortejaba como un posible converso, cumpliendo así la orden dada por Dios en Hechos: «También es necesario que testifiques en Roma».

Quizás, aventuró Drollinger, Ortega era un poco como Trump, «que dice todo lo que le pasa por la cabeza», y los sacerdotes católicos que se oponían a Ortega en el exilio eran, como Ortega había afirmado, alborotadores y activistas. Aunque, precisó Drollinger, «hay un lugar para eso». Drollinger aborda aún el día que le es dado con la confianza de un atleta; confía en su propia capacidad para tomar «decisiones el día del partido» sobre la marcha. La situación con Ortega era complicada. Como nunca había conocido personalmente al hombre que le había enviado una invitación tan generosa, iba a mantener la mente abierta.

Hace siete años, Drollinger publicó un librito llamado «Rebuilding America: The Biblical Blueprint» (Reconstruyendo América: El modelo bíblico), que expone su ambición de «llegar a todas las capitales del mundo por Cristo». Drollinger, como muchos evangélicos, se refiere a este mandato global dado por Dios como la Gran Comisión, una expresión popularizada por el misionero del siglo XIX James Hudson Taylor; Drollinger le atribuye el mandato al encargo de Jesús, según Mateo, de «hacer discípulos de todas las naciones». Un gráfico en «Rebuilding America» representa el «camino de influencia» de un servidor público como un diamante de béisbol, que pasa por el gobierno local (primera base), el gobierno estatal (segunda base) y el gobierno nacional (tercera base) para culminar con la «influencia internacional» (el home).

Ralph Drollinger en julio con el presidente Daniel Ortega de Nicaragua y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo.Crédito…Bill McCullough para The New York Times…

El gráfico sigue la propia carrera de Drollinger — él y Danielle trasladaron su centro de operaciones de California a Washington en 2009, pero su presencia internacional se mantuvo limitada hasta 2017, cuando Trump entró en la Casa Blanca y comenzó el estudio del gabinete. «Tenemos el objetivo de tener 200 ministerios en 200 capitales federales alrededor del mundo», dice Brian Hanson, quien supervisa los esfuerzos de Capitol Ministries en el extranjero. «Vamos a alcanzar ese objetivo muy rápidamente». En 2017, Drollinger organizó una Conferencia de Liderazgo y Capacitación de tres días en el Museo de la Biblia, cerca del National Mall, para los responsables de sus estudios en el extranjero. Tres miembros del gabinete de Trump — Perdue, Perry y Pruitt — hablaron en el evento, junto a varios legisladores. Otra conferencia está programada para diciembre.

Todos los responsables de los estudios de Capitol Ministries son hombres; Drollinger cree que el uso de nombres masculinos en la Biblia implica una prohibición de que las mujeres enseñen la Biblia a hombres adultos. Los escritos de Drollinger han sido traducidos al español, portugués, francés y ruso. Representantes de Capitol Ministries visitaron una conferencia de pastores en San Petersburgo en octubre. Un estudio en Moscú, me dijo Drollinger, «crearía una enorme diplomacia de puerta trasera que sería buena para ambos países».

En al menos un caso, según Drollinger, su red de responsables en Washington ha intervenido ante un jefe de Estado extranjero en favor de su misión. Afirma que durante una visita a la Casa Blanca en junio de 2018 de Juan Orlando Hernández, el presidente de Honduras, Pence y Pompeo hablaron con Hernández sobre los estudios bíblicos y le sugirieron que estableciera uno propio en Tegucigalpa. Pocas semanas después, los Drollinger volaron a Honduras para reunirse con Hernández y discutir planes para un nuevo ministerio.

«Fuimos a su casa», me dijo Drollinger. «El presidente de Honduras. Su esposa es una cristiana ferviente». Atribuyó la decisión de Hernández a un «impulso de Pence y Pompeo», añadiendo: «Eso ilustra un poco cómo el gabinete me ayuda realmente en el extranjero». (Los portavoces de Pompeo no respondieron a las solicitudes de comentarios.)

En los meses previos a su viaje a Managua, me reuní con Drollinger para tres almuerzos en el segundo piso del Capitol Hill Club, el club social privado republicano donde tiene su estudio en la Cámara. En una conversación de almuerzo, Drollinger mencionó a otro de sus contactos extranjeros, un miembro del Parlamento rumano. «Usará sus amistades para abrir la puerta a Capitol Ministries en todas las naciones de los Balcanes», dijo. «Pero una de las razones por las que es tan cercano a mí es que yo le doy acceso al gabinete en Estados Unidos». Mi cara pudo haber mostrado cierta sorpresa ante lo transaccional que sonaba esto, porque Drollinger aclaró rápidamente. «¡En el buen sentido!», añadió.

Explicó que no se involucra en los detalles de los acuerdos. «No, ya sabes, en lo que sea que el miembro del gabinete y él acuerden en términos de, digamos, la relación energética o la relación agrícola o en educación. Eso es asunto de ellos. Pero no me importa la diplomacia de puerta trasera que abre conductos. Porque son legisladores en común. Necesitan relaciones yanquis. No me importa dárselas, ¿sabes?».

Drollinger no es el primer pastor que utiliza un ministerio en Washington como base para uno global. Algunos lo han comparado con Douglas Coe, quien durante décadas convirtió la famosa Oración Nacional del Desayuno en una extensa y secreta red global que se extendió más allá del ministerio hacia la diplomacia y los negocios. La organización de Coe, conocida como The Fellowship, es el tema de «The Family», una miniserie de Netflix recientemente estrenada inspirada en dos libros de reportajes del periodista Jeff Sharlet. A pesar de las revelaciones de Sharlet sobre los vínculos del grupo con dictadores y regímenes militares, su desayuno ha seguido atrayendo a todos los presidentes yanquis desde Eisenhower hasta Trump. (Esto incluye a Obama, quien usó parte de su discurso de 2013 en la Oración Nacional del Desayuno para expresar su gratitud a Joshua DuBois, el pastor que seleccionaba sus lecturas devocionales diarias y tenía el título de asistente especial del presidente.) Miles de cabilderos, legisladores y funcionarios extranjeros también asisten. Un reciente desayuno contó con la asistencia del Dalai Lama; otro incluyó dos discursos de apertura pronunciados por el rabino Jonathan Sacks.

Drollinger es consciente de la percepción de que opera a la sombra de Coe y se empeña en distinguir su propio enfoque. Califica a The Fellowship de «cristianismo de algodón de azúcar», diluido por un «universalismo» que todo lo abarca. Y a pesar de sus propias incursiones en el mundo de los acuerdos de Washington, Drollinger cree que Coe fue demasiado lejos. Ha escrito a favor de lo que llama la separación «institucional» de la iglesia y el Estado, una separación que considera consistente con la Constitución pero que se origina en las órdenes dadas por Dios, a través de la Biblia, que definen al Estado como una institución independiente. El pasaje clave está en Romanos 13: «No hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios han sido establecidas».

La separación bíblica de la iglesia y el Estado, sin embargo, según la lectura de Drollinger, deja una ventana abierta para instruir a los políticos sobre las expectativas y demandas de Dios. «La separación institucional no implica separación de influencia», según su fórmula. Tampoco impide que el propio Drollinger opine ocasionalmente directamente sobre cuestiones políticas, como lo hizo en un estudio de 2014 que utilizó Proverbios como base para afirmar, en mayúsculas proto-trumpianas: «¡ES UNA LOCURA QUE AMÉRICA PERMITA QUE IRÁN HAYA LLEGADO TAN LEJOS EN SU PROGRAMA NUCLEAR!».

Drollinger también se ha interesado en los detalles de la inmigración. En una carta pública este febrero escrita a instancias, según él, de miembros del gabinete, citó las Escrituras para apoyar la construcción de un muro fronterizo, «para proteger a los ciudadanos de los invasores». En 2017, poco después de asistir a un estudio de Drollinger sobre el libro de Romanos, Jeff Sessions, entonces fiscal general, citó Romanos para justificar la política de separar a los niños de sus padres en la frontera sur. «Jeff Sessions — sale el mismo día que le enseño algo, y lo veo hacerlo en cámara», dijo Drollinger en una entrevista posterior con la Christian Broadcasting Network. («Ralph y yo tenemos un entendimiento similar sobre el papel del gobierno», dijo Sessions cuando le pregunté sobre esto. «Romanos 13 es un enfoque sólido. Básicamente sugiere que el gobierno no es una teocracia».)

Parte del encanto de Drollinger reside en su franqueza. Durante años, ha estado publicando sus estudios bíblicos semanales en línea para ayudar al público a entender su agenda. «Esto le da a gente como usted la confianza necesaria sobre lo que hablo», me dijo. «Esa es una buena transparencia». Pero para las burocracias oficiales cuyo trabajo es comunicarse con los gobiernos extranjeros, Capitol Ministries puede parecer un competidor no responsable. «La visita en sí iba un poco en contra de nuestras directrices políticas», dijo un funcionario del Departamento de Estado en Washington que estaba familiarizado con el viaje a Nicaragua y que no estaba autorizado a comentar. «Es muy inusual».

Cada administración tiene sus canales paralelos, pero la Casa Blanca de Trump parece tener un estilo de diplomacia único en su género, informal. La forma de tratar los asuntos de Trump — personal, libre, transaccional — se ha incrustado en las maneras de sus subordinados, aún si aparece como una amenaza jurídica potencial para toda su presidencia. Cuando la llamada telefónica de Trump del 25 de julio con Volodymyr Zelensky, el nuevo presidente de Ucrania, una conversación que ahora está en el centro de una investigación de destitución, Trump eludió a su cuerpo diplomático y le pidió al líder ucraniano que hablara en su lugar con Rudy Giuliani, su abogado personal, y Bill Barr, su fiscal general. En este caso, el canal paralelo de los asociados aprobados por Trump parece haber suplantado casi por completo a los diplomáticos de carrera del Departamento de Estado.

Semanas antes de la llamada, a instancias de Trump, Perry lideró la delegación yanqui a la investidura de Zelensky, donde supuestamente pidió que la compañía energética estatal nombrara a dos empresarios yanquis en su junta directiva. (Perry ha negado esto.) En ese mismo viaje, según Drollinger, Perry también encontró tiempo para algunos asuntos de Capitol Ministries. Asistió a un estudio bíblico en Kiev organizado por Pavlo Unguryan, entonces miembro del Parlamento. Drollinger ayudó a abrir la reunión de forma remota, por teléfono. El propio Drollinger viajó a Kiev este otoño, donde se reunió con miembros del gabinete de Zelensky para hablar sobre la posibilidad de iniciar un estudio propio. «Está cortado en la misma tela que Trump», dijo Drollinger sobre Zelensky a principios de octubre. «Decidido a limpiar las cosas».

Drollinger nació en los suburbios de San Diego. Su padre trabajaba como ingeniero aeroespacial y más tarde fundó una pequeña cadena de tiendas de artículos para actividades al aire libre. Conoció a la madre de Drollinger durante su servicio en la Guerra de Corea, en un baile. La familia no era especialmente religiosa; Drollinger la describe como una «familia yanqui típica, nominalmente cristiana» que a veces asistía a la iglesia en Navidad y Pascua. Veía la Biblia como «un libro polvoriento en el estante». Una noche, después de un partido de baloncesto en la escuela secundaria, una animadora invitó a Drollinger a una reunión de Youth for Christ, donde se habló sobre cómo invitar a Jesucristo a tu corazón. Drollinger lo hizo esa noche, solo en su dormitorio. Sintió un deseo insaciable de leer la Biblia y se quedó despierto leyendo el Evangelio de Mateo.

Más de 200 escuelas reclutaron a Drollinger para jugar baloncesto, dice. Eligió UCLA para jugar bajo las órdenes de Wooden, quien ya había ganado ocho campeonatos de la NCAA en los nueve años anteriores. Pasó gran parte de su carrera universitaria como pívot suplente del equipo, promediando ocho puntos por partido y convirtiéndose en el primer jugador en la historia del baloncesto universitario en llegar al Final Four durante cuatro años consecutivos. Después de graduarse en 1976, rechazó ofertas de tres equipos de la NBA para poder recorrer el mundo con Athletes in Action, que jugaba partidos de exhibición y predicaba durante el medio tiempo. En el camino conoció a una jugadora que viajaba con un equipo de baloncesto femenino que compartía su devoción religiosa. Se casaron y tuvieron tres hijos. En 1980, firmó con los recién formados Dallas Mavericks, que aceptaron permitirle estudiar en el Seminario Teológico de Dallas en paralelo de sus obligaciones con el equipo. Su carrera en la NBA duró solo 67 minutos, repartidos en seis partidos, antes de quedar fuera por una lesión. «Pasé más tiempo en el remolino que con el equipo o en el seminario», me dijo.

Un círculo de oración para finalizar una reunión en Nicaragua este verano (de izquierda a derecha): los Drollinger, Murillo, Elizabeth Zamora, Ortega y Oscar Zamora.Crédito…Bill McCullough para The New York Times…

Drollinger regresó a California. Pasó los últimos años de la década de 1980 y el principio de la de 1990 trabajando para organizaciones cristianas sin fines de lucro y experimentando con nuevas formas de utilizar el deporte como vehículo de evangelización. Lanzó una revista impresa y produjo un programa de televisión cristiano con Julius Erving que se emitió en ESPN. En 1994, él y su primera esposa se divorciaron — «un capítulo triste», dijo. Poco después, un conocido lo puso en contacto con Danielle Madison, quien era entonces la directora ejecutiva de Allied Business PAC, un comité de acción política conservador en California. En su segunda cita, se les ocurrió la idea de aplicar lo que Drollinger había aprendido en el ministerio deportivo a la esfera política, y nació Capitol Ministries.

«Danielle y su PAC estaban frustrados», me dijo Drollinger. «Gastaban millones de dólares eligiendo a cristianos nominales. Luego estos tipos van a Sacramento, lejos de casa cuatro días a la semana, y su cristianismo nominal se evapora». Capitol Ministries se presentó a los donantes como un nuevo modelo. En lugar de financiar campañas políticas, trabajarían en los corazones y las mentes de los legisladores después de que asumieran el cargo. Los participantes eran en su mayoría republicanos, y se reunían en una suite cerca de la oficina del gobernador hasta 2004, cuando se citó a Drollinger calificando al catolicismo como «una de las principales religiones falsas del mundo» — ofendiendo así al gobernador Arnold Schwarzenegger y a su esposa, Maria Shriver, ambos católicos. Los estudios se alejaron de la oficina del gobernador. (Drollinger dice ahora que sus palabras fueron parte de una discusión más amplia sobre la Reforma, y reflejan lo que Martín Lutero diría si estuviera vivo hoy.)

Ese mismo año, Drollinger le dio a sus estudiantes un impreso que criticaba a las legisladoras por descuidar a sus hijos. «Las mujeres con hijos en casa», escribió, «que se desempeñan en un cargo público o están empleadas fuera del hogar, siguen un camino que contradice el diseño revelado por Dios para ellas. Es un pecado». Algunas senadoras estatales protestaron usando delantales en las sesiones; una llegó descalza y con utensilios de cocina. Drollinger se mantuvo firme, sin vacilar en su lectura de Proverbios 31, que establece que una buena esposa «vigila la marcha de su hogar».

Para 2008, la pareja había establecido estudios en más de una docena de estados y recibía más de un millón de dólares al año de donantes. Su estudio bíblico inaugural en Washington comenzó en 2010 cuando el Tea Party estaba entrando al Congreso. Su primer impulsor en el Capitolio fue Trent Franks, un congresista de Arizona que asistió a los estudios de Drollinger como representante estatal en Phoenix. (En 2017, Franks renunció después de que un miembro de su personal afirmara que él le ofreció 5 millones de dólares para permitirle dejarla embarazada.)

Durante sus primeros años, el estudio se reunía en la sala de miembros y familias, justo al lado de las galerías del tercer piso que miran hacia el pleno de la Cámara. «Es un lugar seguro», dijo el representante Bill Johnson, republicano de Ohio. «Si estaba lidiando con un problema y necesitaba apoyo en oración, sentía que podía pedirle al grupo que orara por mí, y sabía que no iba a terminar en algún periódico». En el otoño de 2011, el nombre de un congresista novato de Kansas, Mike Pompeo, se había unido a la creciente lista de patrocinadores de Drollinger.

El 28 de enero de 2016, menos de una semana antes de las primarias de Iowa pero meses después de que Trump estableciera una clara ventaja sobre sus competidores republicanos en las encuestas nacionales, Drollinger le escribió una carta solicitando una reunión. «No es demasiado pronto para empezar a pensar en un estudio bíblico semanal en la Casa Blanca», escribió.

Trump garabateó su respuesta con un marcador Sharpie. «Espero conocerlo cuando las cosas se calmen», escribió. La reunión nunca se llevó a cabo. Según el propio relato de Drollinger, su apoyo a Trump se remonta a conversaciones anteriores con Sessions, otro futuro patrocinador, con quien Drollinger coincidía en que Estados Unidos necesitaba un presidente con «una sólida experiencia como hombre de negocios». La falta de acceso directo a Trump no disuadió a Drollinger de abordar a sus contactos recién nombrados miembros del gabinete sobre la fundación de un estudio durante la transición, y el primer estudio bíblico se celebró unas semanas después, en marzo.

Ese verano, el estudio de Drollinger se cruzó una vez más con la órbita de Trump, durante una de sus caóticas reuniones de gabinete con todos los miembros. En vivo por televisión, Perry abrió la reunión liderando la oración del grupo. Después de agradecer a Dios por el nacimiento de su nieto el 4 de julio, Perry calificó el estudio de Drollinger como «uno de los grandes privilegios para mí, en esta administración». Cuando Perry comenzó su oración formal, Trump asumió una postura de piedad — ojos cerrados, cabeza inclinada, manos juntas — pero comenzó a jugar con sus pulgares y abrió brevemente los ojos. Finalmente, mientras Perry extendía la protección de su oración sobre el gabinete, los militares y el presidente mismo, Trump logró unos segundos de quietud. «Eso estuvo muy bien», dijo Trump cuando Perry terminó. «Bien hecho».

«No porque sea el presidente de Estados Unidos no trataré de compartir con él un poco de sabiduría bíblica de vez en cuando», me dijo Perry más tarde. «Apuesto a que el vicepresidente y otros miembros del gabinete también lo hacen».

El aeropuerto internacional de Managua lleva el nombre de Augusto César Sandino, quien libró una guerra de guerrillas de seis años contra Estados Unidos, «el coloso del Norte», a partir de 1927. Murillo, la esposa de Ortega, es una de sus descendientes. Una silueta de acero de 59 pies (18 m) de Sandino con sus pantalones holgados y sombrero Stetson se eleva en la cima de una colina que domina la ciudad capital. Los funcionarios nicaragüenses recibieron a los Drollinger como dignatarios, haciéndolos pasar directamente de la puerta de embarque a una sala VIP, donde se les sirvió café y les sellaron sus pasaportes. Oscar Zamora, el director para América Latina de Drollinger con sede en Perú, los esperaba con su esposa. Un hombre afable y de voz suave, con barba bien recortada, llevaba las maletas de los Drollinger hasta una Ford Excursion que los esperaba. Era Oscar Obidio Cubas Castro, el recién nombrado embajador de Nicaragua en Israel.

De camino al hotel, Drollinger, cambiando al modo deportista, contó algunos chistes para romper el hielo.

«¿Cómo está el café aquí?», preguntó a Cubas. La pregunta es una de las frases de apertura estándar de Drollinger cuando se encuentra en suelo extranjero.

«Muy bueno», respondió Cubas.

«Juan Valdez — ¿sabe quién es?»

«Sí».

«¿Es de Nicaragua?»

«No».

Las preguntas de Drollinger se dirigieron a temas más prácticos, como la duración del ciclo electoral nicaragüense (cinco años) y el número de cámaras en su legislatura (una). Cubas señaló la plaza vacía donde Drollinger debía hablar. A lo largo de los laterales de un amplio bulevar que partía de la plaza había pantallas y altavoces que llevarían las palabras de Drollinger a la multitud, hasta la enorme escultura de metal de la cabeza de Hugo Chávez. El hotel donde se alojaría Drollinger, un Crowne Plaza con forma de zigurat perforado, se alzaba en la colina justo más allá. Después de dejar su equipaje, fue llevado rápidamente a una reunión con Gustavo Porras Cortés, el jefe de la Asamblea Nacional, un hombre corpulento con una chaqueta deportiva azul marino, que estaba sentado frente a Drollinger con los brazos cruzados y una expresión adusta. Al igual que Murillo, Porras había sido señalado para sanciones económicas por el Departamento del Tesoro. Drollinger hizo todo lo posible por aligerar el ambiente. Preguntó si el vaso de jugo de naranja que le sirvieron provenía de Nicaragua. «No es peruano, ¿verdad?», preguntó. Porras esbozó una sonrisa.

Cuando la reunión llegaba a su fin, entró un hombre con una cámara de video. Porras se puso de pie, con seis banderas nicaragüenses detrás de él, con la clara expectativa de un apretón de manos oficial. Drollinger no dudó en complacer, aunque improvisó un poco de diálogo, palabras que harían difícil leer el momento como un respaldo total al régimen de Ortega. «Todos mis pequeños amigos nicaragüenses», dijo, dirigiéndose a la cámara, «solo quiero que sepan que realmente estoy aquí por los granos de café».

La tarde siguiente, poco antes de que comenzara el gran mitin, los Drollinger estaban sentados en la Excursion de Cubas mientras esta avanzaba entre las multitudes que recorrían las calles de Managua, hacia la plaza, atrayendo miradas hoscas y un par de golpes hostiles en sus flancos metálicos. Danielle miró a Ralph. Él rió, todavía tranquilo. Cubas apretó un botón y las puertas se cerraron con seguro.

«¿Qué es el FSLN?», preguntó Danielle, señalando las banderas y letreros que llevaban las iniciales del partido gobernante que Ortega había llevado al poder.

Drollinger, 2,13 m., con el presidente Daniel Ortega de Nicaragua, 1,78 m. Foto Bill McCullough para The New York Times

«¿Frente Sandinista? Algo así», respondió Zamora.

Todo indicaba que Washington vigilaría de cerca el discurso de Drollinger. El día anterior, los Drollinger fueron llevados a la residencia oficial de Kevin Sullivan, el embajador yanqui. También estuvo presente un experto en derechos humanos del Departamento de Estado, que informó a los Drollinger sobre los numerosos abusos que Ortega y su gobierno habían cometido en los últimos 18 meses. Ese mismo día, en una conferencia sobre libertad religiosa celebrada en el Departamento de Estado, Pence reiteró la posición oficial yanqui. Calificó al gobierno de Ortega/Murillo como un «régimen» que «reprime violentamente la disidencia, agrede a los opositores y tolera a los matones». A la mañana siguiente, Drollinger me leyó un mensaje de texto de Ben Carson: «Orando por ti, Ralph». Drollinger me dijo que planeaba adoptar una línea más suave, en algún punto entre la medusa y el gong.

La multitud llenaba la plaza y se desbordaba por las calles. Cientos de banderas del FSLN ondeaban en una espuma de negro y rojo. Los Drollinger estaban sentados en una tribuna con otros dignatarios invitados detrás de una larga mesa de plexiglás. El inicio del mitin parecía un concierto de rock; la multitud fue bombardeada con música pop, el himno patriótico «Adelante Comandante» y el sonido de explosiones mezcladas con campanas de iglesia. El Comandante Ortega apareció, con una camisa blanca y una gorra de béisbol azul. Lanzaba señales de victoria y sonrisas a la multitud rugiente mientras avanzaba por la tribuna, estrechando manos.

Cuando llegó el turno de Drollinger de hablar, Ortega apartó su silla un pie o dos de la mesa, para que toda la asamblea pudiera verlo girarse para escuchar atentamente al alto yanqui. «Les traigo saludos del estudio bíblico de los miembros del gabinete de la Casa Blanca», dijo Drollinger. Su voz de barítono era calmada, casi pausada. Zamora tradujo sus palabras al español.

La mayor parte del discurso fue descriptiva, explicando el formato y el propósito de los estudios bíblicos de Drollinger. Hubo algunos gestos suaves hacia la conducta virtuosa. Drollinger citó Proverbios — «La justicia enaltece a la nación» — y añadió que los atributos divinos «deben reflejarse en nuestra vida personal. Esos atributos deben estar en la vida de nuestros líderes políticos». Esto fue lo más cerca que estuvo de reprender a sus anfitriones.

Los Drollinger, sentados junto a Zamora y su esposa, escucharon cortésmente mientras los otros invitados pronunciaban sus discursos. Solo uno de los aliados de Nicaragua había enviado a su líder para celebrar el 40 aniversario de la victoria de Ortega: Osetia del Sur, un pequeño territorio separatista respaldado por Rusia en el Cáucaso. Los discursos avanzaron, con los relojes cronográficos de los dignatarios lanzando destellos de sol mientras elogiaban la revolución sandinista. Pronto, Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Venezuela, comenzó a agitar el puño hacia la multitud.

«¡Tengo malas noticias para el señor Trump!», gritó en español. «¡Nunca volveremos a ser el patio de nadie! ¡Largo de aquí con su doctrina Monroe!» Luego dirigió su ira hacia Pence y Bolton, gritándoles por su nombre: «¡Quiten sus manos de Nicaragua! ¡Quiten sus manos de Cuba! ¡Quiten sus manos de Venezuela!»

Zamora consultó brevemente con los Drollinger sobre lo que se estaba diciendo. Entonces ambas parejas se levantaron y salieron del escenario, ante la vista de la multitud, mientras Rodríguez seguía hablando. Cubas se apresuró tras ellos.

«No voy a quedarme sentado ahí a que me den una paliza por mi nación cuando su país ni siquiera puede proporcionar electricidad a sus ciudadanos», dijo Drollinger en el estacionamiento detrás de la tribuna. Era lo más parecido a la ira que había visto en él. «Son un país fracasado. No tienen derecho a levantarse y predicar contra Estados Unidos».

«¡Especialmente cuando saben que los usamericanos vinieron y se sentaron en la tarima!», añadió Danielle.

Minutos después, Drollinger cerró los ojos y habló desde el asiento delantero.

«Señor, solo te pido que tengas tu voluntad con los líderes de esta nación», dijo. «Tú dices que pones líderes y los derribas. Y si este líder parece abusar de su pueblo y comete actos de genocidio, que lo apartes del cargo». Cubas siguió conduciendo en silencio, de regreso al hotel. Su teléfono se iluminó — un mensaje de voz de un asistente de Ortega llamando para tranquilizar a los Drollinger. «El presidente y la vicepresidenta entienden perfectamente por qué se fueron», informó Cubas. «Están muy agradecidos por sus palabras».

Al tercer día, Drollinger estaba impaciente por salir y conocer algo del país. Los planes de visitar un volcán se descartaron por falta de tiempo, así que el grupo se conformó con un helado en un exclusivo centro comercial de Managua. Después de pagar la cuenta, Cubas planteó la posibilidad de una reunión cara a cara entre Ortega y Trump.

«Cuando la gente habla con Ortega cara a cara, le dicen cosas malas sobre Trump», dijo Cubas. «Si pueden hablar cara a cara, será algo positivo. Como Kim Jong-un. ¿Está de acuerdo?»

«Tendrán que haber muchas reformas para que eso suceda», respondió Drollinger. Había escuchado lo mismo de Kevin Sullivan y Michael McKinley.

«Eso no sucedió con los norcoreanos. ¿Cuál fue la diferencia?»

«Ellos tenían una bomba nuclear».

«¿Es necesario que tengamos una bomba, para hablar?»

No era difícil ver el punto de Cubas. Los crímenes de Ortega no eran peores que los de los gobernantes de Corea del Norte, sin mencionar a Egipto y Arabia Saudita. ¿Por qué Nicaragua no podía pedir la buena voluntad de Trump, de la que todos los demás gozaban?

Drollinger se ve a sí mismo menos como un pastor y más como algo parecido a un apóstol, alguien que «básicamente dice: “Muy bien, lancemos el barco y tratemos de conseguir nuevos territorios para la gloria de Dios”».Foto Bill McCullough para The New York Times…

«Esas no son mis decisiones», respondió Drollinger, tocando suavemente la mesa. «Ortega necesita hablar con Kevin. Kevin y el Departamento de Estado de Estados Unidos tienen los brazos abiertos».

Esa noche, unos minutos antes de las 6 de la tarde en punto, los Drollinger estaban esperando en el vestíbulo del hotel cuando llegó la llamada de la oficina de Ortega. Cubas los condujo a un nuevo y reluciente centro de convenciones, donde Ortega y Murillo los esperaban en una amplia sala de juntas. A lo largo de una pared, tres banderas rojinegras del partido FSLN alternaban con cuatro banderas azules y blancas de Nicaragua.

A sus 73 años, Ortega parecía estar aferrado a la posibilidad de pasar por una versión más joven de sí mismo. Su cabello y bigote uniformemente castaños, su mirada severa y sus zapatos negros de cordones de estilo militar recordaban tanto al uniforme militar que usó como joven revolucionario cuando llegó al poder en 1979, como a la vestimenta del político de mediana edad que perdió la presidencia en 1990 y pasó 17 años como líder de la oposición. Su chaqueta deportiva azul marino estaba cerrada contra el frío del potente aire acondicionado. Murillo había envuelto su cuerpo delgado en un caparazón alucinógeno de bufandas y chales. Contando sus varios anillos, broches y collares, llevaba al menos 20 piezas de joyería separadas. Se quitó su capa más externa — una bufanda fucsia — y sin decir palabra se la entregó a una joven asistente. La asistente regresó con un abanico de mano.

Drollinger rompió el hielo con elogios al bistec que había comido ese día. «Muy buena carne», dijo. «Carne argentina, no tan buena. Sin sabor. Carne nicaragüense, muy buena». Hubo un ida y vuelta amistoso sobre la carne. Luego Ortega tomó las riendas. Envió a un oficial de policía a buscar un grueso libro azul, un ejemplar original de un estudio encargado por Grover Cleveland en 1895 que consideraba una posible ruta para un canal transcontinental, uno que pasaría no por Panamá sino por Nicaragua. El libro parecía sugerir algún viejo afecto entre Estados Unidos y Nicaragua que yacía incrustado en los archivos y, quizás, en el corazón del comandante.

Ortega luego pronunció una larga narrativa de la historia reciente de Nicaragua basada en agravios. Drollinger escuchó con intensidad seria, sus largas piernas cruzadas a la altura de los tobillos, su mirada firme e inalterable fija en Ortega mientras Zamora traducía sus palabras. Finalmente, Ortega regresó al presente. Hubo algunos forcejeos ligeros sobre la posibilidad de que Estados Unidos se involucrara en el proyecto del canal. Ortega aludió a la violencia reciente, presentándose como una fuerza para la paz y la estabilidad.

Drollinger fue al grano. «¿Cómo puedo ayudarlos mejor con nuestro Departamento de Estado?», preguntó.

Murillo comenzó a traducir las palabras de Ortega al inglés y añadió algunas de las suyas, mientras Ortega se sumía en el silencio. El problema, dijo Murillo, eran las sanciones. Los yanquis querían elecciones anticipadas y rendición de cuentas por los muertos por la policía el año pasado. Pero Murillo insistió en que ya habían hecho todo lo posible para acomodar las demandas de los elementos criminales y contrarrevolucionarios, todo por la paz.

Drollinger asintió con simpatía y lanzó algunos nombres. ¿Y si pudiera organizar una reunión con el senador Marco Rubio? ¿Sullivan? ¿McKinley?

«Quieren que las elecciones se hagan ahora», dijo Murillo. «Y les hemos dicho: hay una constitución».

«Parece que el Departamento de Estado de USA está obsesionado con la idea de tener elecciones anticipadas», parafraseó Drollinger. «Y ustedes creen que ese es el gran problema».

«Ellos lo dicen», respondió Murillo. «Nosotros no lo creemos».

Ella y Ortega hablaron extensamente sobre las fuerzas que se habían aliado en su contra — ONG internacionales, activistas por los derechos de los homosexuales, activistas por el derecho al aborto, católicos que se habían apartado de Dios. Sus voces se elevaron mientras desahogaban, no del todo objetivamente, sobre la conspiración que enfrentaban. Su apasionado sentimiento de victimización revelaba una verdad delicada, que el mitin había sido diseñado para ocultar: los líderes de Nicaragua no estaban seguros. Se sentían vulnerables. Necesitaban un patrocinador.

«El secretario Mike Pompeo y su esposa, Susan, son muy buenos amigos de Danielle y de mí», dijo Drollinger. «Y Susan y Mike Pompeo son cristianos fervientes. Como saben, él está al frente de un Departamento de Estado que tiene mucha gente que piensa diferente que él. ¿Qué podría hacer en mi relación personal con Mike Pompeo para ayudarlos mejor en términos de reconciliación?»

Esta vez, logró atravesar el orgullo de los gobernantes. Murillo planteó la posibilidad de que Pompeo viniera a Nicaragua. «No una misión pública», añadió. «Podría recorrer el país y hablar con la gente».

«Entonces, ¿quizás Mike y Susan podrían visitar Nicaragua?», preguntó Drollinger. «¿Les gustaría eso?»

«¡Sí, por supuesto! ¡Por supuesto!», respondió Murillo.

«Tal vez podríamos hacer un paseo en bote juntos», dijo Drollinger. «Y Susan es muy fuerte en Cristo», añadió. «No está en muchas reuniones. Pero está en la oficina mucho». El tono de la reunión había cambiado. Drollinger era ahora alguien que podría ser capaz de entregar algo que Ortega y Murillo querían.

«Muchos problemas como este, creo, se resuelven a través de la confianza en las relaciones personales», añadió Drollinger. «En lugar de a través de la jerarquía de los gobiernos».

Drollinger ha escrito sobre la separación de la iglesia y el estado. «La separación institucional no implica separación de influencia», es como lo expresa.Crédito…Bill McCullough para The New York Times…

Esto llevó a Murillo a mencionar a Trump. Ortega, dijo Murillo, conoció a Trump en la década de 1980 en una recepción en Nueva York cuando se reunía la Asamblea General de las Naciones Unidas. Quizás Trump no lo recordaba, añadió. Ahora era el turno de Drollinger de rechazar la petición implícita. «Así que quizás lo mejor que puedo hacer aquí es regresar y preguntarle a Mike si le gustaría venir a Nicaragua», dijo. La conversación luego giró hacia el gabinete de Trump. Drollinger dio fe de que eran «hombres y mujeres de Dios realmente maravillosos». Mencionó a Betsy DeVos, Ben Carson y Sonny Perdue. «Tenemos enormes estudios bíblicos los miércoles por la mañana con ellos», dijo. «Y así, a través de esas relaciones personales y espirituales, déjame ver qué podemos hacer para reconciliarnos».

«Sí», dijo Murillo. «Tiene que venir del corazón».

«Tiene que venir del corazón», coincidió Drollinger. «Así que déjame ver, debido a mi amor por ustedes y su país, qué podemos hacer para acceder a los corazones».

Entonces Danielle intervino para encaminar las cosas hacia lo que los Drollinger habían venido a buscar. «Este sería un gran comienzo con un maestro de estudio bíblico en su Parlamento», dijo.

Murillo parecía confundida. «Tienen que decirnos qué quieren hacer», dijo. No pasó mucho tiempo para que los Drollinger explicaran. El estudio en Managua crearía unidad dentro del gobierno, dijo Drollinger, tal como los estudios bíblicos lo habían hecho para tantos equipos deportivos profesionales y dentro del gabinete de Trump. Propuso el nombre del pastor elegido por Capitol Ministries, un hombre recomendado por Zamora a quien Drollinger había entrevistado en el hotel. Ortega, que había sido cercano al mentor del pastor, coincidió en que era un buen hombre.

«Bien», dijo Drollinger. «Entonces tenemos un trato». Ortega emitió un gruñido de asentimiento, pero esto no fue suficiente para Drollinger. Lentamente extendió un largo brazo y le dio un puñetazo amistoso a Ortega.

La visita hipotética de Pompeo a Nicaragua, que Drollinger había presentado de manera tan plausible aquella noche de julio, no se había materializado a finales de octubre, tres meses después del viaje. «No he hablado con él sobre eso todavía», respondió Drollinger cuando le escribí para pedirle una actualización. «Tiene asuntos más importantes que resolver ahora».

En cuanto a su opinión sobre Ortega, Drollinger me dijo en un correo electrónico anterior que tenía «una percepción mitigada». Continuó: «Afortunadamente, Dios no me ha llamado a juzgar su corazón. Me alegra que Dios me haya llamado a servir a su institución de la iglesia, en la cual me dedico a amar a todos los que conozco». Fue sorprendente lo ávidamente que había tratado de cultivar al líder nicaragüense, dado lo que había oído de él de parte de Sullivan, McKinley y los senadores. Los escrúpulos que había expresado en privado a lo largo del viaje parecieron evaporarse una vez que estuvo en la sala.

Esta falta de voluntad para juzgar parecía reflejar su lectura de las Escrituras, en particular Romanos 13. No era quien para evaluar a las autoridades que habían sido elegidas por Dios. Trump, también, en virtud de su cargo, parecía estar más allá del juicio de Drollinger. Si Trump hubiera querido ser un líder religioso, admitió Drollinger durante uno de nuestros almuerzos, probablemente no cumpliría con las especificaciones de la Biblia. (La Primera Epístola de Pablo a Timoteo menciona el control de sí mismo, la gentileza, la humildad y la monogamia como calificaciones para los líderes de la iglesia, entre otras cosas).

Pero según Drollinger, la Biblia tiene un test definitivo para los líderes políticos, quienes deben ser juzgados no por su carácter sino por sus resultados. «El Señor dota a ciertas personas con ciertas fortalezas», es como Jeff Sessions me lo dijo. «Algunos son buenos jugadores de béisbol. Que seas creyente no significa que vayas a golpear mejor la bola rápida».

Justo debajo de la superficie de estas declaraciones cuidadosamente redactadas sobre las calificaciones de Trump estaba la opinión de que el presidente era un medio para un fin, un medio que no debía ser cuestionado porque el fin era tan transparentemente la voluntad de Dios. La mano de Dios estaba detrás de su repentina elevación a la presidencia, junto con la de tantos humildes legisladores en su gabinete, y la agenda sancionada por la Biblia que defienden.

En cuanto a la destitución, Drollinger me escribió a finales de septiembre que el Partido Demócrata estaba bajo el control de un «sistema no bíblico» — el socialismo — pero que Romanos:13 significaba que Trump tenía que someterse a la investigación, proporcionar pruebas y dejar la Casa Blanca pacíficamente si el Senado votaba por su destitución. A principios de octubre, Trump adoptó un enfoque diferente, calificando el juicio político de «golpe» ilegítimo y «estafa». Drollinger pronto actualizó su opinión para alinearla con la de Trump. Romanos:13 no requería que la Casa Blanca cooperara, escribió, porque el Congreso en pleno aún no había votado para abrir una investigación de juicio político.

Anteriormente, Drollinger había comparado a Trump con Sansón, por su perseverancia de piel dura, y con el buey en Proverbios 14:4, que produce «abundantes cosechas» junto con lo que él llamó «un gran hedor». Agregando: «Va a haber mucha mierda en el establo. Pero vas a tener mucha productividad. Porque has elegido a un buey para hacer tus labores agrícolas. Vas a arar mucho más suelo que si fuera cualquier otro».

Ortega, también, había perseverado, hasta el punto de que el hedor amenazaba con sumergir la cosecha. Cuando la reunión en Managua llegaba a su fin, Murillo lanzó un disparo de despedida contra las ONG y otros intrusos en Nicaragua. Estaban obsesionados, dijo, «con el aborto, los derechos de los homosexuales y el matrimonio homosexual. Y nos han acusado de todo. Porque no hemos aprobado nada de eso».

«Mike Pompeo entenderá todas estas dimensiones», le aseguró Drollinger. «Entenderá las dimensiones morales mejor que la mayoría de las personas que heredó en el Departamento de Estado. Solo porque seas un cristiano que ha sido situado en la cima de un ministerio no significa que puedas despedir a todos tus empleados y volver a contratar a todos los que piensan como tú».

«Ese es el comienzo, para alcanzar esa cercanía, la cercanía espiritual, de la unidad», dijo Ortega. «Con Dios, todo es posible».

«¡Amén!», dijo Drollinger. Pidió a Zamora que dirigiera al grupo en oración. Murillo y Ortega cerraron los ojos y unieron sus manos con los Drollinger. Todos inclinaron sus cabezas.

Mattathias Schwartz es un periodista colaborador que escribe para la revista desde 2006. Sus artículos anteriores incluyen perfiles del secretario de Estado Mike Pompeo y del ex director de la CIA John Brennan.

Una versión de este artículo aparece en la edición impresa del 3 de noviembre de 2019, Página 26 del Sunday Magazine con el título: Acts of the Apostle.

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