Por Jair de Souza*
Se ha vuelto imprescindible retomar los estudios sobre la gloriosa Revolución Haitiana, un proceso que contribuyó enormemente a liberar a la humanidad del flagelo de la esclavitud.
Las reflexiones que podemos extraer de esta memorable hazaña histórica nos serán muy útiles para comprender cómo, en este momento, el gobierno y el pueblo de Irán demuestran una sorprendente capacidad de resistencia ante una agresión cobarde y vil por parte de los gobernantes de dos países, que simbolizan lo peor de la podredumbre a que la humanidad puede llegar a representar. Evidentemente, nos referimos a los que comandan la mayor potencia armamentística del planeta, los Estados Unidos, y a los del país que encarna como ningún otro el espíritu del colonialismo y el racismo: el sionista Estado de Israel.
Muchos se preguntan: ¿cómo es posible resistir con tanta tenacidad y contraatacar con golpes devastadores contra dos potencias militares que siempre se han especializado en masacrar y destruir a sus enemigos? Y es en busca de respuestas a esas interrogantes que nos conviene repasar el desarrollo de la lucha del pueblo haitiano en aquel momento histórico de la transición del siglo XVIII al siglo XIX.
En aquel caso también teníamos una situación marcada por un aberrante desequilibrio de fuerzas entre las partes contendientes. Por un lado, estaba la empobrecida comunidad de personas negras esclavizadas de Haití, prácticamente sin recursos materiales para la guerra, y por otro, las fuerzas militares de la Francia napoleónica, considerada la mayor potencia bélica de la época. Además, en contra del pueblo haitiano se unieron otros defensores del infame sistema esclavista de nuestro continente. Así que, lógicamente, las clases dominantes de los Estados Unidos les daban pleno apoyo a los reaccionarios que buscaban sofocar de una vez la audacia de aquellos negros que exigían ser tratados como seres humanos.
No obstante la absurda asimetría en potencia de fuego a favor de los colonialistas esclavistas, los vencedores fueron, en efecto, los esclavos rebeldes, quienes lograron derrotar rotundamente a todos los contingentes de tropas que la metrópoli europea había enviado para intentar someterlos. ¿Cómo explicar tal resultado en un conflicto con tanta disparidad? En cierto modo, la explicación factible parece análoga a la que aplicaríamos a lo que ocurre actualmente en Oriente Medio.
Es que, cuando la inmensa mayoría de un pueblo está convencida de la validez de la causa por la que lucha, el nivel de su determinación y resiliencia se multiplica exponencialmente y, por lo tanto, también se eleva de igual manera su capacidad para sobrellevar los duros golpes y el sufrimiento que se les imponen. Mas, las cosas no funcionan así para quienes defienden causas injustas. Aunque estos últimos suelen regocijarse enormemente con sus avances y la aniquilación de los más débiles, casi nunca logran mantener su firmeza cuando son golpeados.
Esto no quiere decir que, necesariamente, todos los que luchan por una causa digna saldrán vencedores. Pero sí significa que es posible superar obstáculos gigantescos cuando la mayoría de la gente tiene convicción de estar recorriendo el camino de la dignidad.
Durante la Alemania hitleriana, los judíos llevados a campos de concentración sufrían monstruosas atrocidades a manos de sus verdugos nazis. Sin embargo, moralmente hablando, estaban mejor preparados para soportar el sufrimiento, porque no dudaban en absoluto de la justedad de su resistencia. Hoy, en cambio, ningún sionista en su sano juicio puede creer que se basen en algún principio de decencia o humanismo las persecuciones al pueblo palestino, los asesinatos de sus niños y mujeres, así como su expulsión de las tierras en que han vivido por miles de años.
Por eso, la mayoría de la población israelí demuestra sentir mucho los golpes que Israel recibe como represalia por parte de las fuerzas iraníes. Como las causas con las cuales están asociados son injustas, su entusiasmo y satisfacción sólo tienden a reverberar cuando obtienen ventajas claras, no en los momentos en que sufren reveses.
Entonces, quisiera recomendarles que vean un excelente documental que aborda el proceso que condujo a la Revolución Haitiana. Sin esperar una reacción mecanicista, les recomiendo que reflexionen y sientan cuánta similitud puede existir entre la determinación de las masas de esclavos que se rebelaron en Haití, y derrotaron a la gran potencia militar de su época, y los pueblos de Irán y la Palestina ocupada en nuestros días. Estoy completamente convencido de que no les faltarán puntos de concordancia al hacer tal comparación. El video sobre el proceso histórico de la Revolución Haitiana está disponible en algunos espacios de la web:
a) dividido en cuatro partes y con audio en español:
1- https://www.youtube.com/watch?v=QvPdqp3Op4Q ;
2- https://www.youtube.com/watch?v=E7TtEijHfmQ ;
3- https://youtu.be/IzirIeFI0yc ;
4- https://youtu.be/YOjXWWVl3WM ;
b) en una sola pieza compactada, con audio en español y subtítulos en portugués:https://odysee.com/A-Revolução-Que-Derrotou-A-Escravidão:8
Audio:
Este artículo fue publicado originalmente en portugués en:
*Jair de Souza es un respetado economista y analista político brasileño, graduado en Economía y Magíster en Lingüística por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Su formación interdisciplinaria le permite analizar la realidad social no solo desde las cifras, sino también desde el discurso y la construcción de sentidos en la política. Con una larga trayectoria de compromiso militante, es conocido por su defensa de la soberanía popular y su crítica frontal a las políticas neoliberales que han marcado la historia reciente de Brasil y América Latina.
Como analista, es un colaborador frecuente en medios de comunicación alternativos y redes de pensamiento crítico, donde desentraña las estrategias de manipulación mediática y el papel de las élites financieras en la desestabilización de procesos democráticos. Su visión integra la economía política con un análisis profundo de la comunicación, denunciando cómo se utilizan los mecanismos lingüísticos para justificar el despojo social. Es una voz clave para entender las tensiones del Brasil contemporáneo, el resurgimiento de las corrientes progresistas y los desafíos del movimiento popular frente a la extrema derecha.

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