Por Alberto Pinzón Sánchez

En 1939, concluida la guerra civil española y triunfante el nacional catolicismo del dictador Francisco FrancoLaureano Gómez, azuzado por los sectores más ultramontanos del clero colombiano (caja de resonancia del clero español) y apoyado por la prensa del ruidoso, agresivo y fatuo grupo de los auto denominados “leopardos conservadores”; con fines puramente electorales, convirtió las tímidas insinuaciones laicas que venían haciendo desde el gobierno los liberales colombianos, en una “amenaza nacional contra nuestra santa madre Iglesia”, y las convirtió en parte inseparable de un complot mundial (siempre la teoría del complot), que después de finalizada la primera guerra mundial y ocurrida la revolución bolchevique, venían adelantando la masonería mundial, el liberalismo y el comunismo internacionales; los tres objetivos finales a destruir por el nazi fascismo de Hitler.

Triada, que por esos años se constituyó en Colombia, en el ariete político ideológico y violento del partido conservador contra las tímidas reformas iniciadas por el partido liberal, especialmente las reformas sobre la tenencia de la tierra promulgadas por el presidente López Pumarejo, quien después de tan tremenda ofensiva reaccionaria, en 1945 y antes de terminar su periodo, debió renunciar a la presidencia y entregarla  al virrey Lleras Camargo, para que profundizara el «encuadramiento anticomunista occidental y cristiano”, iniciado en el continente americano por el Imperialismo anglo-sajón, una vez concluida la segunda guerra mundial, mediante el “acta de Chapultepec” firmada el 8 de marzo de 1945.

La lucha de clases y el proceso político colombiano que la reflejaba en aquellas fechas, se precipitó en Colombia con la división en el seno del partido Liberal entre una fracción de la llamada izquierda liberal representada por el dirigente popular J.E Gaitán y la fracción oficialista de Gabriel Turbay, que en 1946, que en medio de una creciente violencia política le abrió paso al triunfo electoral del candidato conservador Ospina Pérez, quien durante su presidencia, adelantó la “conservatización chulavita” del aparato estatal,  que dos años después de su posesión presidencial,  condujo al magnicidio político de J.E.Gaitán y al llamado “Bogotazo”, aquel fatídico e imborrable 9 de abril de 1948, con su extensión posterior a todo el territorio de Colombia.

Ese fatídico día de la historia colombiana, Laureano Gómez quien se encontraba plácidamente en su casa horneando “pandeyucas” (como suele suceder con estos personajes) ante la presencia de “la chusma gaitanista” salió huyendo apresuradamente de su casa para refugiarse, obviamente, en la España cañí de Franco, adonde  viajó y permaneció 14 meses perfeccionando en terreno, su nacional catolicismo o Falangismo y su estrategia “electoral” que lo llevó a la presidencia de Colombia el 7 de agosto de 1950, y, cuyo origen hay que rastrearlo hasta 1930, cuando el partido liberal ganó las elecciones bipartidistas que pusieron fin al el llamado “periodo de la regeneración y la hegemonía conservadoras” iniciado en 1886, una vez el liberal convertido en conservador Rafael Núñez, ganó la guerra civil liberal-conservadora del 85. Una vez ganada la presidencia en 1930, los liberales inician un pequeño periodo reformista, insinuando una posible separación entre la Iglesia vaticana y el Estado colombiano, atadas férreamente por el autoritario R. Núñez mediante el desventajoso Concordato de 1887, que cedió más de la mitad de su territorio con sus habitantes al Estado terrenal del Vaticano.

Laureano Gómez, con sus ideas ultramontanas más elaboradas, y como  jefe del partido conservador regresó a Colombia el 24 de junio de 1949, a continuar el gobierno conservador de Ospina Pérez y, ante una fanatizada manifestación que salió a recibirlo en el aeropuerto de Medellín, le dio vida a una monstruosa quimera medieval que llamó   nuestro Basilisco, el que durante los siguientes 7 décadas, devoraría a los colombianos:

(…..) “Nuestro Basilisco, camina con pies de confusión y de ingenuidad, con piernas de atropello y de violencia, con un inmenso estómago oligárquico; con un pecho de ira, con brazos masónicos y con una pequeña, diminuta cabeza comunista, pero que es la cabeza. Este es el resultado de una elaboración mental. Es la deducción que se hace de la consideración de los últimos hechos del país, con el cuidado con el que un químico en un laboratorio seguirá la trayectoria de las reacciones para sacar la conclusión; así tenemos que el fenómeno mayor que ha ocurrido en los últimos tiempos, el 9 de abril, fue un fenómeno típicamente comunista, pero ejecutado por el Basilisco. La cabeza pequeña e imperceptible, lo dispuso, y el cuerpo lo llevó a cabo para vergüenza nacional.

Todos vosotros sabéis que el fenómeno actual del mundo es la sucesiva caída de unos países y otros, tras el telón de acero. Ahora bien: esa caída se ha producido sin ninguna excepción en todos los casos, por el procedimiento del Basilisco: una aglomeración, el Frente Popular como se llamó en tiempo la confusión de las Izquierdas donde la pequeña cabeza comunista no es perceptible, va adelantando con esos pasos tenebrosos con que está caminando en Colombia, hasta que llega el momento en que el telón cae definitivamente y las naciones unas tras otras sucumben en la más terrible destrucción. Ahora bien: para los colombianos todos, pero muy particularmente para los conservadores, la vida sin libertad no vale la pena ser vivida. La libertad no es un hecho, la libertad no es un derecho siquiera. La libertad es una recompensa y sólo la disfrutarán los que saben merecerla. Por eso con inmenso júbilo vengo a unirme a vosotros en la alegre, la decisiva, la enérgica y fuerte lucha de salvar la libertad amenazada en Colombia como nunca antes estuviera, para decirle al país y deciros a vosotros que la única solución que tiene la Patria es la solución conservadora, porque cualquiera otra que se vislumbre aún dentro de la perspectiva más remota, ocasionará indefectiblemente la ruina de la libertad y la muerte de la República” …. (1).

Así, la efectiva imaginación política y electoral del ingeniero Laureano Gómez, convirtió la lagartija americana que el biólogo Lineo clasificó en 1758 como Basiliscus, basiliscus, en la monstruosa quimera de la mitología griega, mitad reptil mitad gallo que la mente mística del santo español Isidoro de Sevilla, en su miserable celda monacal, imaginaba nacido de un huevo de gallina empollado por un sapo que mataba con su mirada y su aliento pútrido. Quimera afianzada en Colombia, gracias a dos tradicionales leyendas que la ideología religiosa colonial española impuso sobre la ignorancia popular: Una, la leyenda del “bujío negro” extraída del güio, boa, o anaconda (Eunectes marinus), serpiente gigantesca de olor cadavérico existente en las llanuras y selvas colombianas que devora íntegramente a sus presas. Otra, la ingenua, pero no menos terrorífica tradición del “coco” (arrurrú mi niño) que devora a los niños que no se duermen por dedicarse al extenuante vicio solitario.

Pero lo más destacable de la quimera anticomunista de Laureano, fue que en la realidad actual histórica, terminó por un efecto de inversión en espejo, convertido en un Basilisco que en más 70 años de guerra contrainsurgente y anticomunista, ha devorado más de un millón de colombianos y desaparecido cerca de cien mil personas incluso en hornos crematorios; ha expropiado millones de hectáreas de tierra a más de 6 millones de campesinos, y convertido la tan citada palabra democracia en una serie de “dictaduras elegidas”, cohesionadas en un blindado Bloque de Poder Contrainsurgente dominante: Mariano, Laureano, Rojas Pinilla, las democracias restringidas del Frente Nacional, de la Seguridad Nacional y, los 20 años del  Uribato de Uribe Vélez, Santos y Duque.

Y, la fantasiosa pequeña cabeza comunista imaginada, convertida en la realidad en una diminuta pero mortífera y terrorífica cabeza anti comunista o mano negraLas dos patas sobre las que se asienta en poderosos ejércitos estatales: uno, el terrorífico partido anticomunista armado narco-paramilitar Y otro, el gigantesco, ineficiente y corrupto aparato burocrático armado para la coerción del Estado, sostenido asesorado y orientado ideológicamante por el gobierno imperial de los Estados Unidos. 

El pecho resistente a todo viento adverso, convertido en un blindado aparato mediático de propaganda llamado cínicamente opinión pública. Las dos alas membranosas que lo sostienen en equilibrio: la banca financiera transnacional y el latifundismo de los agronegocios. El buche, en un insaciable saco de la corrupción y finalmente, una larga y lenta cola burocrática de yupis palaciegos al servicio de la junta administradora del Estado dirigida por el presidente de turno, orientado desde la embajada más grande del Mundo situada en Bogotá.

Esta es la sorprendente y real historia política colombiana del Basilisco anticomunista, imaginado y diseñado en 1949, por el ingeniero y caudillo falangista conservador colombiano, Laureano Gómez. (Revisado 27.03.2026)

Fuente internet

Usar:

1) Henderson, James. Cuando Colombia se desangró. Áncora Editores. Bogotá. 1984. Página 168.


*Alberto Pinzón Sánchezes un médico cirujano y antropólogo colombiano, reconocido como uno de los analistas más profundos del conflicto social y armado en su país. Su trayectoria combina el rigor científico con un activismo intelectual incansable por la paz, lo que lo llevó a integrar la histórica Comisión de Personalidades (Notables) durante los diálogos del Caguán (1998-2002), donde aportó propuestas clave para la humanización del conflicto. Debido a su pensamiento crítico y su defensa de los derechos humanos, se vio obligado al exilio en Europa, desde donde continúa su labor como ensayista y columnista. Sus escritos destacan por un enfoque interdisciplinario que disecciona la geopolítica regional, las estructuras del poder estatal y la necesidad de una solución política negociada. Es una voz de referencia para entender la historia contemporánea de Colombia, siempre abogando por transformaciones estructurales que garanticen la justicia social y el fortalecimiento del Estado social de derecho.

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