Palestina, Cuba y Venezuela: mujeres que enfrentan el genocidio, el bloqueo y el secuestro imperial. Cilia Flores, la primera combatiente que eligió acompañar a Maduro en cautiverio
En la geopolítica del dolor, hay quienes sufren en silencio y quienes convierten ese sufrimiento en bandera de resistencia. Las mujeres del Sur Global, particularmente aquellas que habitan territorios asediados por guerras, bloqueos criminales o intervenciones unilaterales, no son víctimas pasivas de la historia: son protagonistas de una épica cotidiana que desafía al imperio, al patriarcado y a todas las formas de opresión.
Desde las palestinas, las libanesas, las iraníes, las congoleñas que sostienen la vida bajo los bombardeos, pasando por las cubanas que reinventan la supervivencia frente al bloqueo genocida de Estados Unidos, hasta las venezolanas que resisten el acoso imperial, con el caso emblemático de Cilia Flores, la primera combatiente que decidió acompañar a su esposo, el presidente constitucional Nicolás Maduro en el cautiverio, todas ellas encarnan la fuerza indómita de los pueblos que se niegan a doblegarse.
Palestina: La madre de todas las batallas
En Gaza y Cisjordania, la ocupación israelí no cree ent treguas ni en alto al fuego. Mientras el mundo mira con indiferencia cómplice, las mujeres palestinas libran una batalla silenciosa pero feroz contra el proyecto colonial que busca borrar a su pueblo del mapa. Las recientes propuestas de desplazamiento forzado impulsadas por sectores extremistas israelíes y la junta de Paz de Donald Trump no son sino la continuación de la Nakba por otros medios, y las mujeres son el principal dique de contención contra ese intento de limpieza étnica.
Los datos de organismos internacionales como la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (Unrwa) y la Iniciativa de Ginebra son estremecedores, pero también revelan una verdad incómoda para las potencias occidentales: la resistencia palestina tiene rostro de mujer. En los campos de refugiados, en los hospitales que funcionan sin electricidad, en los escombros de las viviendas bombardeadas por la aviación israelí, son las madres, las hermanas, las hijas, quienes organizan la supervivencia colectiva.
La ofensiva militar israelí desatada en los últimos meses no distingue entre civiles y combatientes, pero ha sido especialmente cruel con las mujeres embarazadas y las recién paridas. Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas, más del 60 por ciento de los centros de salud en Gaza han sido destruidos o han quedado inoperativos, dejando a miles de mujeres en gestación sin atención médica. Las que logran dar a luz lo hacen en tiendas de campaña, en medio del frío y la escasez, sosteniendo en sus brazos la próxima generación de un pueblo que viene al mundo a sufrir y con el presagio de desaparecer.
Pero sería un error ver a estas mujeres solo como víctimas. Son ellas quienes, en las marchas del regreso, se plantan frente a los francotiradores israelíes. Son ellas quienes mantienen viva la memoria de los mártires mientras amasan el pan con la escasa harina que llega. Son ellas quienes, en las prisiones de ocupación, soportan torturas y humillaciones sin delatar a sus compañeros de lucha. La causa palestina es, en esencia, una causa feminista, porque no hay liberación posible mientras un pueblo entero viva bajo el yugo del colonialismo.
Cuba: La isla que enseña a resistir
A 90 millas al sur de Florida, las mujeres cubanas protagonizan otra gesta heroica: sostener la dignidad de una nación bloqueada hace casi 70 años por la potencia más poderosa de la historia. El bloqueo de Estados Unidos, recrudecido como nunca en los últimos años, no es una simple disputa comercial: es un acto de guerra económica diseñado para doblegar la voluntad de un pueblo que se atrevió a ser libre.
Las cifras que maneja el Ministerio de Salud Pública cubano son escalofriantes. Más de 33.000 mujeres embarazadas enfrentan riesgos evitables debido a las limitaciones energéticas provocadas por las sanciones. Hospitales materno-infantiles funcionan con racionamiento eléctrico, quirófanos de oncología pediátrica posponen cirugías por falta de insumos, y madres como Emma Doris Ricardo Santana, de acuerdo a La Jornada, ven cómo la salud de sus hijas e hijos depende de una batalla diaria contra la escasez.
Emma, profesora universitaria y sobreviviente de cáncer, no se rinde. Sabe que su hija Claudia, de 10 años, necesita hormonas para su trastorno del crecimiento que no llegan a la isla porque las empresas que podrían venderlas temen las multas del Departamento del Tesoro. Pero en Cuba, como ella misma dice, «se activa el espíritu de guerrilla». Vecinas que comparten lo poco que tienen, médicos que improvisan soluciones con recursos limitados, abuelas que sostienen la tradición de la solidaridad.
La resistencia cubana tiene nombre de mujer, y también de niña. Ainara Neira Reyes, pionera de 11 años, lo expresó con una claridad que debería avergonzar a los burócratas de Washington: «Nos faltan lápices y balones, pero nunca nos faltarán las ganas de vencer». Porque eso es Cuba: un pueblo que, pese a todo, sigue de pie, construyendo socialismo con uñas y dientes, mientras las mujeres tejen redes de apoyo mutuo que desafían la fueria genocida del bloqueo.
Venezuela: Cilia Flores, Primera Combatiente
En Venezuela, la agresión multiforme del imperio ha encontrado en las mujeres una resistencia inquebrantable. No solo en las calles, donde las madres de los caídos en las guarimbas de 2017 siguen exigiendo justicia, o en las barriadas populares, donde las jefas de familia organizan los comités locales de abastecimiento y producción. También en las más altas esferas del poder revolucionario, donde la figura de Cilia Flores ha emergido como un símbolo de lealtad y coraje en las circunstancias más adversas.
El 3 de enero de 2026, una operación militar estadounidense en Caracas, violatoria de todas las normas del derecho internacional, secuestró al presidente Nicolás Maduro y a su esposa. En ese momento de máxima tensión, cuando cualquier persona en su sano juicio habría pensado en su propia seguridad, Cilia Flores tomó una decisión que la historia recordará: no abandonar a su compañero. Podría haber buscado refugio, podría haber negociado su salida, podría haber optado por la supervivencia individual. Pero la primera combatiente de Venezuela eligió el camino más difícil: acompañar a su esposo a la prisión injusta.
Lo que siguió fue una muestra de la saña con la que opera el imperio cuando tiene en sus manos a quienes considera enemigos. Al ser presentada ante un tribunal federal en Manhattan el 5 de enero, Cilia Flores no solo mostró el rostro de una detenida política, sino las marcas físicas de un trato degradante. Su abogado defensor, Mark Donnelly, denunció las lesiones y exigió una evaluación médica inmediata.
Pero el relato imperial no puede ocultar la verdad profunda: Cilia Flores, más allá de cualquier consideración política, encarna la decisión consciente de una mujer que pone la lealtad por encima del miedo. En una cultura que suele presentar a las mujeres como accesorios o como víctimas pasivas, su gesto de acompañar a Maduro al cautiverio la consagra como una figura de una entereza moral poco común. No es la «viuda de» ni la «esposa de»: es Cilia Flores, abogada, diputada, primera combatiente, la que eligió compartir el destino de su pueblo y de su compañero en la hora más oscura.
Sororidad Internacionalista
Las mujeres del Sur Global no penden de un hilo: son el hilo mismo que sostiene el tejido social de sus pueblos. Desde las palestinas que enfrentan el genocidio sionista con dignidad inclaudicable, pasando por las cubanas que reinventan la vida bajo el bloqueo, hasta las venezolanas que resisten el asedio imperial con la frente en alto, todas ellas nos enseñan que otra realidad es posible.
La causa de Cilia Flores, esposada en una corte de Manhattan, es la misma que la de las madres de Gaza y la de las abuelas de La Habana: la causa de la soberanía, de la dignidad, de la vida misma. Frente a un orden mundial que castiga a los pueblos rebeldes con hambre, bombas y sanciones, estas mujeres levantan la bandera de la resistencia con la fuerza de quien sabe que no hay victoria sin lucha, ni lucha sin amor.
Por eso, cuando la historia juzgue estos tiempos, no recordará a los burócratas de Washington ni a los generales de Tel Aviv. Recordará a las mujeres que, en medio del horror, supieron mantener encendida la llama de la esperanza. Recordará a Emma, a Ainara, a Petra. Recordará a las madres de Gaza. Y recordará a Cilia Flores, la primera combatiente, la que decidió acompañar a su esposo al cautiverio, una demostración de que, en las batallas más duras, el amor también es un arma de resistencia.

Por: Agencia Editorial Bolivariana
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