Un fractal lleno de irregularidades y fragmentaciones
Por Javier Claure C. *
Rafael Soler es un poeta y narrador español de renombre. Nacido en Valencia en 1947. Comenzó publicando novelas y cuentos en los años 70-80. También ha publicado varios poemarios. El primero se titula «Los sitios interiores, 1979» que obtuvo el accésit del Premio Nacional Juan Ramón Jiménez. Asimismo, ha publicado varias antologías. Cuenta con numerosos premios en su trayectoria literaria. Su obra ha visto la luz en distintos idiomas. Ha participado en muchos Festivales Internacionales de Poesía. Además, es ingeniero y fue catedrático, por más de tres décadas, en la Universidad Politécnica de Madrid. Por otra parte,
es sociólogo. Actualmente es Vicepresidente de la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE). Y es anfitrión de las tertulias literarias «Lunes literario» que se llevan a cabo en el Café Comercial de Madrid.
No cabe la menor duda que Rafael Soler, es una de las voces más singulares y polifacéticas de la literatura española contemporánea. Y ha sabido construir un puente entre las ciencias exactas y las ciencias sociales. Seguramente las matemáticas para él, como lo fue para Nicanor Parra (1914–2018, físico, matemático y poeta chileno) y como lo es para David Jou i
Mirabent (físico, ensayista y poeta español), no son meras abstracciones frías; sino más bien el lenguaje secreto de su poesía. Y esta realidad, le ha permitido entrar a dimensiones profundas para encontrar un código lingüístico justo y cabal para su escritura. La sociología, en cambio, es su lente poderoso que le permite ver el mundo desde una perspectiva más amplia. Es, digamos, un fractal lleno de irregularidades y fragmentaciones. De ahí, el ruido esquizofrénico del mundo.
Después de treinta años volvió a publicar los siguientes poemarios: «Maneras de volver, 2009», «Las cartas que debía, 2011», «Ácido almíbar, 2014, Premio de la Crítica Literaria Valenciana», «No eres nadie hasta que te disparan, 2016», «Las razones del hombre delgado, 2021» y «Memoria y no, 2024».
Estoy seguro que ese silencio poético no fue un silencio de derrota ni de abandono. Fue un silencio de llenar cuadernos con versos, con apuntes, con estrofas, con pensamientos y reflexiones. Pero también, creo yo, fue un tiempo de pulir, mil veces, sus poemas para que brillen con luz propia. Por eso, Soler publicó los poemarios arriba mencionados. La poesía o la palabra escrita no es plastilina, ni se deja seducir fácilmente. Las palabras no son materia bruta que se encajan como sea. No se trata de publicar por publicar, porque cuando los versos no están bien trabajados es mejor no publicar. Los poetas, que pisan tierra firme con los dos pies, saben que la poesía no es un acto de vanidad. No es una carrera, sino una responsabilidad ante lo que se dice. Y, sobre todo, el poeta debe tener respeto al lector.
El año pasado tuve el privilegio de participar en el XXVIII Encuentro de Poeta Iberoamericanos en Salamanca (España). Y conocí a gente muy linda, poetas comprometidos con el lenguaje preciso, y que venían de diferentes países del mundo. Fue en ese inolvidable y hermoso encuentro que conocí a Rafael Soler, y tuve la oportunidad de conversar con él. Hoy
les presento la siguiente entrevista:
– ¿Cómo enfrentas el vacío cuando las palabras no llegan?
– Leyendo. Las palabras, que son nuestro alimento natural, aguardan siempre en el recodo de una página, en el verso de un escritor afín que hemos leído muchas veces, en la pizarra que ofrece el menú del día. Basta con emboscarse y no ser impaciente.
– ¿Qué es para ti un buen poema?
– Aquel que tiene respiración y música propia. Aquel que admite muchas lecturas, y crece
contigo con el paso de los años. Aquel que, bien nacido, sabes al leerlo por primera vez que
está destinado a perdurar.
– ¿Ha influido tu formación como sociólogo en la estructura de tus poemas?
– Cada poeta tiene mirada y mundo propio. En un mercado, a la salida del parque, el poeta
percibe una realidad singular y única, no digo mejor, pero sí distinta: el vuelo de una mosca,
la manera de alzarse el cuello del abrigo pueden ser sustanciales. La poesía recoge el
personal sentir con música de cada poeta. Y un sociólogo es observador permanente, notario
crítico de cuanto acontece cerca y lejos. El sociólogo analiza, cuenta y concluye; el poeta
canta, aunque no siempre sepa el por qué. Así que, en poemas donde destaque la narratividad
y puede ser mi caso, el sociólogo puede ser buen maestro de ceremonias.
– El título de uno de tus poemarios es «Ácido almibar». Sugiere una mezcla de dulzura y
corrosión. ¿Qué aspectos de la vida te parecen más ácidos y cuáles más azucarados?
– La vida es un oximorón, y quien no lo vea así que siga remando.
– Mucha gente cree que escribir poesía es juntar palabras al azar. Es decir, escribir sin ton ni
son. La poesía a menudo se trivializa como un acto improvisado. ¿Qué opinas al respecto?
– Hay mucho sin ton ni son en nuestra sociedad, donde un «instagramer» sustituye a
educadores, lo inmediato manda, y las redes sociales son el nuevo ágora donde todo
acontece. Y esto acaba de empezar.
– ¿Qué papel juega la ironía en tu poesía?
– Una herramienta eficaz, también en narrativa, que permite abordar asuntos de largo aliento
sin atosigar. La grave, si es leve, mejor.
– Has escrito varios poemarios. Tu primer libro «Los sitios interiores» se publicó en 1979. Y
tu segundo libro «Maneras de volver» en 2009. ¿Por qué treinta años de silencio poético?
– Siete poemarios, para una vida con la Poesía por casa y por bandera. Todo tiene su
momento. Escribir es lo que importa, publicar un serio compromiso.
– Si la muerte es el silencio definitivo, ¿por qué la poesía insiste en hablarle, en nombrarla una
y otra vez?
– ¿La muerte es el silencio definitivo? ¿Un negro telón que cierra todo? ¿Qué sentido
entonces? ¿Qué asideros? ¿Dónde el Supremo Hacedor? Como para no nombrarla, poema sí
y otro también.
– ¿Cómo ha evolucionado tu escritura con el tiempo?
– Me acojo al mejor criterio de mis lectores, si los hubiera, y de los críticos, si alguno pasa por mis páginas. Sí puedo decir que escribiendo me siento joven en mi edad provecta.
– ¿Encuentras alguna relación entre el pensamiento matemático y la poesía?
– Alguna habrá, como relación tendrá la Poesía con la apicultura, el ajedrez de alta
competición y las jóvenes piernas que nos saludan al salir del metro. La Poesía es un capazo donde cabe todo.
– Por último, ¿Qué me dices del mundo actual?
– Para no repetir.
*Javier Claure Covarrubias, nació en Oruro, Bolivia, en 1961. Es miembro del Pen-Club Internacional, de la Unión Nacional de Poetas y Escritores de Oruro (UNPE) y de la Sociedad de Escritores Suecos. Ejerce el periodismo cultural. Tiene poemas y artículos dispersos en publicaciones de Suecia y Bolivia. Fue uno de los organizadores del Primer Encuentro de Poetas y Narradores Bolivianos en Europa (Estocolmo, 1991). Ha estudiado matemáticas e informática en la Universidad de Estocolmo y de Uppsala. Además, es egresado de Pedagogía en Matemáticas de la Universidad de Estocolmo. Formó parte de la redacción de las revistas literarias “Contraluz” y “Noche literaria”. Algunos de sus poemas han sido seleccionados para las siguientes antologías: “El libro de todos” (1999), “La poesía en Oruro” (2005) y “Poesía boliviana en Suecia” (2005). Forma parte del “Diccionario de autores orureños” (2007). Ha publicado “Preámbulos y ausencias” (2004) y “Con el fuego en la palabra” (2006).

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