Por: Horacio Duque *

El pasado 8 de marzo, con ocasión de las votaciones para elegir los integrantes del poder legislativo nacional y definir en unas consultas populares, los candidatos presidenciales de algunas aglomeraciones politiqueras ocurrió un acontecimiento de grandes repercusiones políticas y culturales; se dio lo que entre los colombianos conocemos como una «subienda»[1] pesquera de bocachico; el pasado domingo hubo en las urnas una abundancia electoral popular, una verdadera avalancha de sufragios canalizada por el Pacto Histórico y sus listas al parlamento. Algo muy similar a lo que ocurrió el 19 de abril de 1970 cuando triunfó el general Gustavo Rojas Pinilla, candidato de la ANAPO (Alianza Nacional Popular), a quien, con un descomunal fraude bipartidista le raptaron la presidencia de la república.

Así, con la robusta votación alcanzada por esta subjetividad política (Casi 4, 5 millones de votos), la misma se convierte en el Partido político de los colombianos en el siglo XXI. El PH, será eje central del campo político nacional en este siglo XXI, validando la transición política gestada con los Acuerdos de paz del 2016 y con el acceso al gobierno del bloque popular liderado por el presidente Gustavo Petro.

El Pacto histórico es hoy como la némesis de la vieja partidocracia liberal conservadora que encuadro la cultura política nacional desde las guerras civiles de la segunda mitad del siglo XIX, que coaguló en el uribismo, como materialidad de la violencia oligárquica contra los grupos populares desde principios del siglo XXI llevándose por delante vidas y derechos de millones de colombianos.

En principio, se podría decir que el Pacto histórico es un abigarramiento político en el que se articulan distintas tendencias del campo popular y de la izquierda revolucionaria. En mi opinión, el PH es el reflejo de la apertura mental ocurrida en la sociedad en los últimos años. Se trata de un fenómeno político que amerita el análisis más riguroso para favorecer su consolidación y enraizamiento en lo más profundo de la nacionalidad.

Además de la alta votación (en circunscripción nacional) para el Senado por la lista encabezada por la ex ministra de salud Carolina Corcho, cercana a los 4,5 millones de votos, que superó al ultraderechista Centro Democrático por más de 1.3 millones (16.1% y 17 curules), 1.6 millones a liberales (14.8% y 14 curules), 1.9 al partido conservador (10.1% y 12 curules) y por 2.5 millones a los verdes (10.1%); la tendencia más protuberante corrió por cuenta de la «explosión política» regional del PH que lo llevo a convertirse en la primera bancada de la Cámara baja, con 44 legisladores; proceso bastante disruptivo que nos indica la quiebra de las maquinarias clientelares en los ámbitos veredal, local, municipal y regional. Estamos hablando de los escenarios más ásperos de la hegemonía y la dominación violenta de las comunidades por el gamonalato que conforma la guardia pretoriana del régimen oligárquico.

Las votaciones en los departamentos fueron altísimas y las curules se dibujaron por docenas con la cabeza de destacados líderes y lideresas populares.

En Montería, en Popayán, en Barranquilla, en Pasto, en Cali, en el Eje cafetero, en Medellin, en Villavicencio, en Mocoa y en Bogotá, millones de colombianos se agolparon en las urnas para ofrecer su voluntad a favor del cambio y la transformación de la vetusta y arcaica sociedad arropada por la ultraderecha neofascista, votando por el Pacto histórico.

Vamos a intentar un análisis caso por caso para caracterizar adecuadamente el fenómeno que se decantó con la votación del pasado domingo 8 de marzo.

Hoy me refiero a lo sucedido en el departamento del Quindío, ubicado en la zona cafetera, con casi 600 mil habitantes, secuestrado por una repugnante mafia política que se reproduce con la corrupción y el despojo de los dineros públicos, por supuesto con la violencia ejercida contra los líderes sociales y los Veedores comunitarios que son sometidos al exterminio y el sicariato pagado por los poderosos gamonales que se mueven en la sombra, como es el caso del tal Toto, amo y señor de Armenia, la capital de este pequeño departamento.

Allí levanto cabeza el PactoH y alcanzo una curul en la Cámara de Representantes con el nombre del joven líder Miguel Grisales.

Sobre el apoyo popular al Pacto Histórico en el Quindío recojo las apreciaciones del analista político Gustavo Hernández (Ver https://bambucomunicaciones.com/2026/03/11/editorial-186-quindio-elecciones-del-8-de-marzo-la-disputa-entre-maquinarias-voto-de-opinion-y-el-derrumbe-del-liberalismo/ ) quien plantea lo siguiente:

«Con 44.631 votos, la lista (del PactoH) logró asegurar una curul sin contar con alcaldías ni control institucional territorial y enfrentando simultáneamente a los dos bloques políticos dominantes. Su votación se concentró principalmente en Armenia (26.288 votos), pero también alcanzó cifras significativas en Calarcá (5.410) y La Tebaida (3.341).

«Desde el punto de vista interpretativo, este resultado refleja la consolidación de un voto de opinión con capacidad de convertirse en representación política efectiva. En un departamento donde las maquinarias territoriales han tenido históricamente un peso considerable, la votación del Pacto parece provenir de la combinación de militancia organizada, voto ideológico y voto ciudadano alternativo de sectores que buscaban equilibrar el poder de los aparatos tradicionales.

«En perspectiva, la elección del 8 de marzo deja (para el Quindío) varias conclusiones de fondo. Primero, la consolidación de un sistema tripolar entre la derecha tradicional, la maquinaria territorial y una fuerza alternativa en crecimiento. Segundo, el fortalecimiento de las coaliciones electorales como estrategia para optimizar resultados en sistemas con pocas curules. Tercero, el crecimiento del voto de opinión como factor de equilibrio frente a las maquinarias. Y cuarto, el colapso del liberalismo como actor central de la política departamental.

«El Quindío no solo eligió tres congresistas. Lo que realmente hizo fue reordenar su mapa de poder político. Y en ese nuevo mapa aparecen tres energías en disputa: la del aparato tradicional reorganizado, la de la maquinaria territorial consolidada y la de una alternativa que crece desde el voto ciudadano libre. La batalla por el futuro político del departamento, lejos de cerrarse, apenas comienza (Ver https://bambucomunicaciones.com/2026/03/11/editorial-186-quindio-elecciones-del-8-de-marzo-la-disputa-entre-maquinarias-voto-de-opinion-y-el-derrumbe-del-liberalismo/ ).


[1][1] La subienda en Colombia es un

fenómeno natural anual, generalmente a inicio de año (iniciando hacia enero), donde el nivel del río Magdalena baja y grandes cantidades de peces migran río arriba para reproducirse, generando una época de abundancia y pesca artesanal

. Es una tradición clave para los pescadores locales y la economía, permitiendo la comercialización de especies como bocachico, bagre y barbudo.


*Horacio Duque Giraldo es un historiador, analista político y académico colombiano. Cuenta con una sólida formación académica que incluye: Licenciatura en Ciencias Sociales con énfasis en Educación Básica. Maestría en Análisis de Problemas Políticos, Económicos e Internacionales Contemporáneos. Maestría en Relaciones Internacionales. Como analista, es conocido por su enfoque crítico y su vinculación con movimientos sociales. Sus análisis suelen centrarse en la defensa de los derechos humanos, medioambientales y los derechos de comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas, especialmente en el sur occidente colombiano. Ha participado como conferencista en seminarios sobre el proceso de paz, promoviendo la pedagogía sobre la democracia ampliada y el pluralismo político

BLOG DEL AUTOR: *Horacio Duque
X: @horacio_DG
Correo: horacioduquegiraldo@gmail.com
Siguenos en X: @PBolivariana
Telegram: @bolivarianapress
Instagram: @pbolivariana
Threads: @pbolivariana
Facebook:  @prensabolivarianainfo
Correo: pbolivariana@gmail.com ||FDE82A