Lilliam Oviedo *
El presidente dominicano, los expresidentes, los mal llamados presidenciables y colaboradores claves del gobierno y del sistema político como el director general de Migración y el ministro de Defensa, son servidores de la clase dominante y coordinan la subordinación al poder imperialista. Se han aliado para obedecer las órdenes de la embajada de Estados Unidos y aplicar medidas antiinmigrantes. Por eso la ceremonia de rendición de cuentas ante la Asamblea Nacional, que se lleva a cabo cada 27 de febrero, Día de la Independencia, se convierte en un espectáculo de pésimo gusto.
En su reciente discurso ante la Asamblea Nacional, Luis Abinader no citó cifras de repatriación de haitianos. Ya lo había hecho el director de Migración, Luis Rafael Lee Ballester (los medios corporativos pronuncian su nombre sin decir que es un oficial ligado a la desaparición, en 1994, del profesor y abogado Narciso González, Narcisazo), quien recientemente declaró que son quinientos veintisiete mil las repatriaciones hechas desde octubre del 2024 hasta mediados de febrero del 2026.
Cumplió el encargo de su jefe y complació a los expresidentes protegidos por el pacto de impunidad, para quienes, también en la ceremonia ante la Asamblea Nacional, Abinader pidió un aplauso porque decidieron apoyar el abuso y mostrarse junto a él como lacayos.
Aplaudir a Hipólito Mejía, Leonel Fernández y Danilo Medina no les causa vergüenza a legisladores favorecidos con altos sueldos y generosas dádivas y muchos de ellos ligados a los juegos de azar y a prácticas ilícitas diversas.
¡Qué fácil es hablar de patria y alimentar al mismo tiempo la podredumbre! ¡Qué fácil es proclamarse defensor de la soberanía cuando se ha entregado al Comando Sur el control de las tierras raras existentes en el territorio nacional y se ha cedido una parte del territorio nacional para asentar a grupos de agresión y espionaje contra Cuba y contra todo escenario de avance político en la región!
La continuidad del entreguismo se percibe en cada palabra pronunciada por el presidente, no solo en las que pronunció en inglés para saludar a representantes de multinacionales cuyo papel en la sociedad dominicana habrá que analizar con cuidado.
Destacó los avances en la infraestructura que menciona con el nombre propio Verja Perimetral Inteligente. Utilizó la palabra muro. Se cansó de ocultar lo inocultable.
De los pronunciamientos contra los inmigrantes haitianos y de las manifestaciones de rechazo a un conjunto de seres humanos abusivamente etiquetados como ilegales, encargó a Ángelo Vásquez, quien dirige la Antigua Orden Dominicana, una organización fascistoide encargada de difundir planteamientos xenófobos y racistas y de organizar marchas en repudio a la población haitiana.
La Antigua Orden cuenta con el apoyo del director de Migración, del propio presidente de la República y de la derecha como conjunto. Casi todos los comunicadores al servicio de plataformas encargadas de difundir contenido basura y casi todos los analistas vendidos al mejor postor la califican como una organización patriótica y con buenas intenciones.
Se ha prestado a contribuir a desarticular comunidades donde interactúan haitianos y dominicanos. ¿No se prestaría a actuar como fuerza de choque en cualquier coyuntura en que la clase dominante, algún sector del mando imperialista o cualquier exponente del atraso considere necesario elevar los niveles de represión? ¿Por qué suponer que no está dirigida por sectores de la caverna política y la rapiña?
Las políticas antiinmigrantes tienen carácter clasista y la coerción de clase tiene múltiples rostros.
EL FASCISMO EN FOTO Y EN CARICATURA
La advertencia de Bertolt Brecht conserva vigencia, “estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie que nace de la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a sacrificarlo”.
Es asombrosa la coincidencia entre el espectáculo montado en la isla de Santo Domingo por colaboradores cercanos del presidente y el que mantiene el histriónico personaje llevado a la silla principal de la Casa Blanca.
Lee Ballester, en Santo Domingo, reclama reconocimiento por las repatriaciones masivas. Imita a Donald Trump como lo hizo Luis Abinader por imponer restricciones en el acceso a la salud y a la escuela (el caso de las parturientas, por ejemplo).
Donald Trump, desde foros instalados en los grandes centros de poder, ha tildado de criminales a los migrantes y ha utilizado contra ese grupo humano los calificativos más hirientes y humillantes.
Los colaboradores del gobierno dominicano han puesto en boca de Ángelo Vásquez, un joven de origen humilde y de muy pobre formación académica, el mismo discurso.
En la marcha realizada en Los Mina el 15 de febrero, la Antigua Orden utilizó la consigna: “no queremu`haitiano aquí, que se vayan para Haití`.
Con escasa participación popular, Vásquez y sus seguidores marcharon con uniforme negro y medallas para advertir que debían salir del país todos los haitianos que viven en Los Mina, debido a que uno o dos de ellos fueron acusados de matar a un joven.
En el Discurso sobre el Estado de la Unión, Donald Trump presentó a la madre de una víctima de un crimen cometido por un indocumentado y llamó delincuentes a todos los indocumentados. Trump vociferó adjetivos que no ha pronunciado contra Netanyahu y contra otros de sus pares que tienen las manos teñidas de sangre. ¿Debe responder una comunidad entera por un delito que comete uno de sus miembros? Entre el absurdo simplismo y la pura abyección se califica un planteamiento de ese tipo.
En Higüey, dice la Antigua Orden que hay cien haitianos por cada dominicano (¿quién hizo el censo?) y el mismo 27 de febrero, mientras Abinader hablaba ante en el Palacio del Congreso, los aspirantes a paramilitares, acompañados de varios productores de contenido basura, se exhibían saliendo de Santo Domingo hacia el este del país, no hacia San Isidro a repudiar la presencia militar yanqui, sino hacia Higüey, a repudiar a trabajadores haitianos. ¡Parece mentira, pero es fea verdad!
Se han pronunciado contra las misas en Creole que tradicionalmente son oficiadas el 21 de enero porque la Virgen de la Altagracia, una advocación mariana, tiene muchos devotos entre la población haitiana, devoción que data del siglo XVII. Ese día del año se oficia misa en español y también en creole. ¿Por qué quienes apadrinan esta organización no les explican a sus dirigentes que esto no amenaza la soberanía dominicana? La sola pregunta es redundante.
Oportunistas como Ramfis Domínguez Trujillo (nieto del dictador Rafael Leónidas Trujillo) se montan en la ola antiinmigrantes. Dice Domínguez Trujillo que ha diseñado un plan para prescindir de la fuerza de trabajo haitiana en la economía dominicana. ¿Qué más falta por ver y escuchar?
El proyecto es dividir a los trabajadores explotados en ambos pueblos y preservar el sistema de privilegios, poniendo a disposición del poder hegemónico los recursos naturales de la isla. La aplicación del proyecto imperialista en República Dominicana, como en Haití, puede tener derivaciones impredecibles. No es ocioso preguntar hasta cuándo el poder estadounidense apostará a la estabilidad en esta parte de la isla y con qué fin (obedeciendo a cuál encargo) la clase dominante fomenta el surgimiento de fuerzas de choque.
Hay que impedir que germine la siembra de odio.
Es deber de conciencia tumbar las máscaras al enemigo. Es tarea ineludible fomentar la conciencia. En la construcción de la esperanza deberán participar todas las manos.
Resulta más pertinente que nunca la cita de Jacques Viau, el poeta de dos patrias, quien, en un fragmento del poema Será preciso, dice:
“He hablado con palabras antiguas
palabras que fueron usadas ayer
para decir que el cielo era morada de mitológicos seres
que habitaban las estrellas y soplaban el viento.
Hoy para hablarle al pueblo renacido
ocupado en edificar
habrá que ser sincero
y decirle que el cielo… es cielo
que las estrellas son simplemente… estrellas
que el vegetal es un amasijo de besos
y el hombre, resultado de tiernas componendas nocturnas.
Entonces una alegría infinita trazará su órbita definitivamente
alrededor de esta tierra que nutrimos”.
Hermosa manifestación de humanidad, sincera invitación a forjar sueños que deberían materializarse en la lucha contra el enemigo, no en alianza con él.

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