Un día como otro, en París…
Luis Casado *
Paul Marmottan nació parado, en el seno de una familia francesa de origen belga, en 1856. Su padre, Jules, era un rico industrial del sector minero del Pas-de-Calais (noroeste de Francia). Ese detalle le permitió a Paul ser un “un historiador del arte, un coleccionista, un mecenas…”, para lo cual no hace falta diploma: basta con tener plata.
Te ahorro lo que sigue, visto que Paul se especializó en el estudio de la época del Primer Imperio y a mí Napoleón me la suda.
En su defensa de Paul –un hombre bien nacido, según wikipedia– hay que decir que le legó su palacete parisino y su villa boulonnaise (cerca del mar en el Pas-de-Calais) a la Academia de Bellas Artes, y parte de su fortuna a la Asistencia Pública. De ahí nacieron el Museo Marmottan, la biblioteca Marmottan y el hospital Marmottan. Se ve que la minería deja…
¿Y Monet en todo esto?
El tema trae tela… Entre otros porque Marmottan y la Academia combatieron lo que conocemos por impresionismo, y particularmente a Monet. ¿Te conté que la gente bien detestaba a los impresionistas? El término impresionismo vino como un escupo hacia lo que no era pintura sino algo que te dejaba la impresión de…
Como el azar hace bien las cosas, ese epíteto se lo debemos indirectamente a Monet.
Louis Leroy, crítico de arte, lo acuñó al ver un cuadro de Monet que el mismo autor había bautizado “Impresión, sol naciente”…

Claude Monet pintó una serie de cuadros mientras se encontraba en el puerto de Le Havre. Uno de ellos fue el primer cuadro de Monet en entrar en el museo Marmottan, en una época en la que sus guardianes lo denostaban.
Más tarde, fue gracias a Michel Monet que el fondo impresionista será una de las principales riquezas del museo Marmottan. Hijo menor de Claude Monet, era el único descendiente directo del artista. Heredó pues la casa de Giverny y todas las obras que contenía cuando el pintor murió en 1926.
Además de los cuadros y dibujos de Delacroix, Eugène Boudin, Johan Barthold Jongkind, Gustave Caillebotte, Renoir y Berthe Morisot, Michel heredó las últimas obras de su padre. Un conjunto de telas monumentales cuyo tema son los nenúfares.
Entre 1914 y 1926 Claude Monet había realizado 125 grandes cuadros de los cuales le regaló una selección a Francia –revelada al público sólo en 1927– ahora conocidas como Los Nenúfares de l’Orangerie. Su exposición causó un escándalo. La obra de Monet entró en el purgatorio del arte y Michel se vio poseer una herencia depreciada. Sus esfuerzos por rehabilitar los Nenúfares fracasaron.
Sin hijos, Michel instituyó el museo Marmottan como su heredero universal renunciando a dejarle la colección al Estado. A su muerte, en 1966, más de cien cuadros de Monet, entre los cuales un conjunto sin equivalente de Nenúfares, se sumaron a las colecciones del museo. Ellos constituyen el principal fondo mundial de obras de Claude Monet.
Ya en el museo, comienzas por ver la obra de Berthe Morisot, Bertita como la llama el gran Pepe Palomo, la única mujer impresionista.

Y cuadros de Caillebotte, pintor que me gustó siempre, sin saber que fui vecino de su propiedad de Yerres.

En eso estaba cuando recibí un choque emocional que me arrancó lágrimas… Ni modo: en mi edad canónica no controlo ni el palpitante ni sus reacciones. Frente a mí –prestada por el Louvre– ¡estaba la máscara mortuoria de Víctor Hugo! Su rostro calmo, como durmiendo, ofreciendo una serenidad ya más que centenaria…

Mis turbaciones no hacían sino comenzar… Al girarme hacia otras obras me golpeó El vendedor de violetas, de Fernand Pelez (París, 1848 – 1913)…

A ti te da igual, pero la imagen de este niño adormecido de cansancio, miseria y abandono me recordó a mi padre privado de sus genitores, sin familia, viviendo en las calles de Santiago al quedar huérfano a los seis años de edad. Una vida más tarde, después de criar –junto a mi madre– cuatro hijos, y de pasar por el Estadio Nacional en virtud de su calidad de obrero allendista, mi viejo terminó en Francia gracias al coraje de un Embajador digno del 14 de julio de 1789 y de La Comuna de París en 1871: Pierre de Menthon y su esposa Françoise.
Uno se enorgullece de sus orígenes, aunque no sea bien nacido. Y de estos compatriotas a posteriori que hicieron la gloria de Francia.
Justamente, Le sommeil, exposición temporal del museo Marmottan, te ofrece el privilegio de admirar de cerca, así como que no quiere la cosa, los trabajos de Rodin, como El sueño, un busto de mujer:

Hasta que finalmente te vas al subsuelo, y en la escalera te detienes a leer las sabias palabras de Louis Gillet sobre la pintura de Monet:
“Sorprendente pintura, sin dibujo y sin bordes… cántico sin palabras… Donde el arte… sin el socorro de las formas… sin etiqueta… sin anécdota… sin fábula… sin alegorías… sin cuerpo y sin rostro… por la sola virtud de los tonos… no es sino efusión… lirismo. Dónde el corazón se describe… se entrega… canta sus emociones.”
Y entonces… te quedas escuchando el jadeo de la locomotora en la Estación, aspirando el humo de las calderas… admirando, detrás, un rincón de arquitectura parisina… y a la derecha el puente de Europa, cerca de la Gare Saint Lazare…

O bien los jardines de las Tuileries, que no sé por qué razón llaman Tullerías en castellano, y no Tejerías visto que desde la Edad Media era el lugar en que trabajaban los fabricantes de tejas…

Hasta llegar a los dichosos nenúfares que escandalizaron a quienes no lograron deshacerse de los grilletes de lo “clásico”…

Y ahí tienes para escoger. Si fuese posible yo pondría dos de esos cuadros en los muros de mi casa, no sólo para disfrutar de la belleza sino también para ahorrar en electricidad: porque la luz, en este caso, viene de los cuadros de Monet…

La imagen que viene es la del estribo…

Porque te tienen que quedar ganas de venir a ver a Monet. En Giverny, en l’Orangerie de París, y por qué no en el pijo museo para pijos, situado en un barrio pijo y lleno de pijos –dónde, dicho sea de paso, El vendedor de violetas está más perdido que la chinita en el bosque– el museo Marmottan.
No pienses que es imposible… Nunca pensé vivir Francia y, junto a mis compañeros del liceo Neandro Schilling de San Fernando nos meábamos de la risa cuando algún profesor bien intencionado nos decía: “Algún día, cuando estén en París…”
Sólo espero que tu viaje no sea el producto de la mente insana de algún fascista de servicio.
Finalmente, perdona la mala calidad de las imágenes: casi todas son fotos tomadas a la rápida, con un teléfono celular hechizo, haciéndole el quite a los turistas…
Nota: para no generar falsas ideas, declaro ser nulo en arte. No sé nada de pintura, ni de música, ni de diseño arquitectónico… Lo único que me funciona, y me alegro infinitamente de ello, son las emociones que provoca la belleza. Para eso no hace falta cursar las Bellas Artes.
POLITIKA
Luis Casado, nació en Chile. Es ingeniero del Centre d’Etudes Supérieures Industrielles (CESI – París). Ha sido profesor invitado del Institut National des Télécommunications de Francia y Consultor del Banco Mundial. Su vida profesional, ligada a las nuevas tecnologías destinadas a los Transportes Públicos, lo llevó a trabajar en más de 40 países de los cinco continentes.

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