Por: Luis Britto García *
Algún desasosiego causaron las declaraciones del Presidente de Estados Unidos sobre el petróleo robado a Venezuela después de la invasión del 3 de enero: «¡Este petróleo se venderá a su precio de mercado, y ese dinero será controlado por mí, como Presidente de los Estados Unidos de América, para garantizar que se utilice en beneficio del pueblo de Venezuela y de los Estados Unidos!» (https://www.cato.org/blog/trumps-ill-control-money-venezuela-oil-claim). Sonaban a bravuconada de asaltante.
Tampoco nos calmaron las declaraciones según las cuales los fondos que le tocaran a Venezuela serían utilizados única y exclusivamente para adquirir los caros, deficientes y tecnológicamente atrasados productos de Estados Unidos, que como nadie quiere comprar por las buenas obligan a su gobierno a andar asaltando países para colocarlos a la fuerza.
Pero el 9 de enero de 2026, a seis días apenas del sanguinario bombardeo y del secuestro del legítimo Presidente Nicolás Maduro Moros y de su señora esposa, el mismo Donald Trump que ordenó ambos crímenes suscribía la Executive Order 14373, «Safeguarding venezuelan oil revenue for the good of the american and venezuelan people».
(https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/2026/01/safeguarding-venezuelan-oil-revenue-for-the-good-of-the-american-and-venezuelan-people/). Se cubría así con jurídico guante blanco el latrocinio de todo un país. Examinémoslo.
Ya el título es objetable. A pesar de que se habla sobre el «ingreso del petróleo venezolano», nuestro pueblo, propietario del recurso, es mencionado en segundo lugar. No se explica por qué dicho «ingreso del petróleo venezolano» debía ser destinado al «bien del (norte) americano». Y mucho menos por qué este ingreso nacional no va a manos venezolanas, sino a cuentas estadounidenses del United States Treasury previstas en la Sección 3 del Decreto o «Executive Order«:
«Sección 3.Definición. Para los propósitos de esta orden, «Fondos de Depósito de Gobiernos Extranjeros» significa fondos pagados a o retenidos por el Gobierno de Estados Unidos, en cuentas designadas del Departamento del Tesoro de Estados Unidos a nombre del Gobierno de Venezuela o sus agencias o instrumentos, incluyendo el Banco Central de Venezuela y Petróleos de Venezuela, que se derivan, bien de la venta de sus recursos naturales, o de la venta de diluyentes al Gobierno de Venezuela o sus agencias o instrumentos.»
Entonces, no debemos preocuparnos. Los ingresos derivados «de la venta de sus recursos naturales» logrados por la nación misma o mediante el Banco Central de Venezuela o Petróleos de Venezuela, serán depositados «en cuentas designadas del Departamento del Tesoro de Estados Unidos». En otras palabras, todo lo pagado por nuestros recursos terminará en el Tesoro de EEUU.
¿A quién pertenecen esos fondos? Tampoco debemos sobresaltarnos. En la Sección 4 (a) «Propiedad» se reconoce que «El Fondo de Depósitos Extranjeros constituye propiedad del Gobierno de Venezuela y no constituye propiedad de ningún particular privado, incluidos acreedores judiciales de Venezuela o sus agencias o instrumentos, o actores comerciales que realizaron o están realizando negocios con sus agencias o instrumentos».
Tranquilos, los Fondos de Venezuela pertenecen al Gobierno de Venezuela, sólo que éste no puede aplicarlos para saldar sus deudas legítimamente contraídas, ni celebrar con nadie contratos que afecten dichos depósitos. Jurídicamente, la propiedad es el derecho de usar, gozar o disponer de un bien, y Venezuela aparece despojada de lo primero, de lo segundo y de lo tercero. Suena a robo a mano armada de la principal riqueza venezolana, pero a veces no conviene llamar a las cosas por su nombre.
Entonces, ¿quién dispondrá de los Fondos que pertenecen a Venezuela? La Sección 5, Tratamiento de los Fondos de Depósito de Gobiernos Extranjeros, pauta que al retenerlos, el Secretario del Tesoro de Estados Unidos «(i) designará tales fondos de manera que claramente refleje su status como soberana propiedad del gobierno de Venezuela retenida en custodia, y no como propiedad de Estados Unidos (ii) cumplirá las instrucciones relativas a los desembolsos y transferencias de los Fondos de Depósitos Extranjeros que determine el Secretario de Estado, sin permitir que tales fondos sean usados para otros propósitos y (iii) consultará apropiadamente con el Secretario de Estado, el Fiscal General y el Ministro de Energía.»

Con alivio leemos esta Sección. Para manejar nuestros recursos y los fondos provenientes de ellos, los venezolanos ya no tendremos necesidad de un SENIAT que los recaude, un Ministerio del Poder Popular para las Finanzas que los maneje, una Tesorería que los custodie, una Asamblea Nacional que los distribuya mediante el Presupuesto ni una Contraloría que verifique la correcta administración de ingresos, bienes y erogaciones. Todos los «desembolsos y transferencias» serán efectuados por persona de inmarcesible moral y enciclopédicos conocimientos sobre nuestra Hacienda Pública: el Secretario de Estado Marco Rubio. También, suponemos, la selección de los espléndidos cachivaches estadounidenses que recibiremos a cambio de lo que quede de nuestros recursos.
La providencial Executive Order nos libera asimismo de la pesada carga de gobernarnos y dirigir nuestra política externa, pues, como dicta su Aparte 4 (d): «Propósito Gubernamental. La retención y administración de los Depósitos de Fondos de Gobiernos Extranjeros sirve para propósitos soberanos públicos, incluyendo el compromiso de obligaciones internacionales, el cumplimiento de funciones gubernamentales, y el mantenimiento de objetivos diplomáticos e internacionales». Nuestra soberanía será así administrada por el United States Treasury y el Secretary of State, Marco Rubio. Podremos asimismo reposar del pesado trabajo de dirigir nuestra diplomacia mediante Cancillería y Cuerpo Diplomático, y en definitiva, prescindir de toda la administración antes dedicada al «cumplimiento de funciones gubernamentales».
Hasta aquí, se guardan las formas. «Saqueo, pero con orden», sugieren todas las disposiciones en el púdico inglés de la Executive Order. Pero ay, poco duran modales entre pandilleros. Después de suscrito esta especie de Manual de Buenos Modales para el Latrocinio, se divulga lo concerniente al reparto del botín de un petrolero con aceite venezolano abordado por el ejército de Estados Unidos. De los cinco millones de dólares que vale la carga, tres se reconocen para Venezuela, quizá para ser congelados como Foreign Government Deposit Funds. Los otros dos son depositados por el honrado Marco Rubio, no en el United States Department of the Treasury, sino en una enigmática cuenta en Qatar.
El autor del golpe de mano, interpelado por la Comisión de Asuntos Extranjeros del Congreso de Estados Unidos, no logra explicar por qué una invasión en regla con el Ejército de dicho país no es una Guerra (que no puede ser iniciada sin previa autorización del mismo Congreso), ni por qué el botín del saqueo bélico va a parar tan lejos del Tesoro de los asaltantes.
No hay persona, empresa ni país que sobreviva a la continuada extorsión del 40% sobre sus ingresos netos. En eso estamos.

TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO
*Luis Britto García (Caracas, 1940) es uno de los intelectuales más prolíficos y polifacéticos de la Venezuela contemporánea. Narrador, ensayista, dramaturgo y doctor en Derecho, su obra destaca por una aguda crítica social y un manejo magistral del lenguaje. Alcanzó el reconocimiento internacional tras ganar en dos ocasiones el prestigioso Premio Casa de las Américas: primero en narrativa con su libro de relatos Rajatabla (1970) y luego en ensayo con La máscara del poder (1988). Su estilo se caracteriza por el uso de la ironía, el humor negro y la experimentación formal, explorando la identidad latinoamericana y las estructuras del poder. Además de su labor literaria, es un influyente analista político y profesor universitario. Entre sus novelas más emblemáticas destaca Abrapalabra, una pieza clave de la literatura venezolana moderna. En 2002, recibió el Premio Nacional de Literatura en reconocimiento a su trayectoria. Su legado abarca desde el guion cinematográfico hasta el dibujo, consolidándose como una voz imprescindible del pensamiento crítico. http://luisbrittogarcia.blogspot.com – brittoluis@gmail.com

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