Memorias de un escuálido en decadencia
Por: Roberto Malaver *
¡¿Cuándo se jodió la oposición venezolana?! Perdonen que parodie al compañero Mario Vargas Llosa (a quien Dios y la Virgen tengan disfrutando en el cielo), cuando en su magistral obra Confesiones en la catedral, pone a Zavalita a decir: «¿Cuándo se jodió el Perú?». (Nótese que a uno se le sale también su pedazo de cultura). Esta vaina que nos acaba de echar el compañero Trump no tiene nombre. Se presenta a dar su discurso y, como si estuviera en Sábado Sensacional, anuncia que le tiene una sorpresa a una mujer y le dice: «Aquí está tu tío». Y se abre el telón y aparece Enrique Márquez. No me jodas, Trump. Después de que te burlaste de la compañera María —Súmate— Machado al ponerla a entrar por el garaje de la Casa Blanca, y eso que te llevaba el regalo de la medalla del Premio Nobel de la Paz, vienes tú y sales con esta vaina, presentas a un desconocido, a un candidato del Partido Comunista de Venezuela, a un hombre al que no se le conoce ni la o por lo redondo, y al que Juan —va en retroceso— Barreto salió a defender de no se sabe qué. No es por nada, pero nosotros tenemos años echándole bolas para que venga usted, compañero Trump, con este mal chiste de última hora. Ahora las discusiones que se están dando en el seno de nuestro movimiento son arrechísimas. Si usted quiere que ese desconocido sea candidato nuestro, coño, primero preséntelo, y délo a conocer un poco. La vaina no es así, a menos que usted haya hablado mucho antes con él y por eso fue por lo que lo metieron preso, porque a lo mejor se enteraron de que usted le había propuesto un golpe bajo a este hombre, pero nosotros no sabíamos un carajo. Eso nos tiene de capa caída, de Muerto a Pele el Ojo.
Y ya El País de España salió a vendernos al hombre y a decir un montón de vainas, como, por ejemplo: «Lo que nadie se esperaba era que uno de sus invitados de la noche fuera el expreso político Enrique Márquez, quien, una vez en la sala, se abrazó con su sobrina». Así empiezan las alabanzas de los medios cuando primero reciben los dólares que siempre les hemos pagado para que digan lo que queremos que digan. Lo que arrecha corazón adentro es que a nuestra compañera María —Súmate— Machado no la nombran. Ahora dicen que no la respetan, que no tiene gente, que no ha ganado sino las elecciones que ella misma hace, que Edmundo no ganó las elecciones, sino que fue un fraude que montó con su gente y sus actas falsas. ¡Coño!, por favor, compórtense, que a los que hay que darles coñazos es a los otros, es decir, a la gente de la dictadura que tiene al dictador preso allá y, sin embargo, sigue mandando aquí. Ahora todo ese montón de dólares que están en manos del poeta Leopoldo López y Carlos —Dólares— Vecchio, y la amiga Dinora, presidenta de la heroica Asamblea Nacional en el exilio, y Julio —Matemático— Borges, tendrán que pasárselos al nuevo candidato, aunque eso es muy difícil, porque el compañero Guaidó no ha devuelto medio, porque dice que todo eso se le fue en ponerle la nevera full a Fabi. Es que somos malos que jode. Ese mensaje a la oposición venezolana (es decir, a nosotros, porque lo otro no es oposición), que nos ha enviado usted, compañero Trump, es para jodernos, es para burlarse de nosotros, es para decirnos que hemos sido unos inútiles, que no cree en nosotros, que fuimos tan sinceros, que somos unos guarimberos, unos buenos para nada, ceniceros de moto, parachoques de avión, en fin, que no servimos para un carajo.
No hay derecho. No hay derecho. No hay derecho. Y lo digo tres veces porque estamos tres veces arrechos. Aparta de nosotros ese candidato, compañero Trump, y vuelve al principio, es decir, al verbo, y el verbo se hizo carne en María —Súmate— Machado. Cómo vas a dejar a esa compañera así, como volador sin rabo.
El papá de Margot se puso la mano en la boca cuando Trump anunció la llegada por todo lo alto a Sábado Sensacional del señor Enrique Márquez. Se puso la mano en la boca y no pudo decir nada y salió corriendo para el cuarto y agarró la puerta y le metió ese coñazo tan duro que la vecina salió gritando: «¿No te gusta el candidato, muérgano?».
—Desde el fondo de ti, y arrodillado, un niño triste, como yo, nos mira. —Me declama Margot.
*Roberto Malaver. Periodista y escritor. Niega ser humorista, a pesar de algunas evidencias que indican lo contrario. Co-moderador del popular programa «Los Robertos», al cual insisten en llamar «Como Ustedes Pueden Ver». Co-editor del suplemento comico-politico «El Especulador Precóz». «Co-algo» de muchos otros proyectos porque le gusta jugar enquipo. robertomalaver@gmail.com / @robertomalaver

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