Poniéndose el parche antes de la herida…
Por Luis Casado*
Un pana me comenta un par de cuestiones económicas que en el fragor de las banalidades cotidianas ya no consideramos sino como lo que son, subestimamos en demasía o derechamente perdemos de vista, desaparecen del radar, no concitan ni un cachito de atención, no sacuden el rating.
Como consecuencia, los cretinos que practican la Economía como la versión civil de los Diez Mandamientos sacan al sol su insondable ignorancia y dan lecciones sobre lo que desconocen. Con un aire tanto más docto cuanto que la cuestión en cuestión no roza siquiera el epitelio de su única neurona activa.
Todo arranca de la noción de “deuda pública”, que en estos días provoca un derrame de comentarios en lo que queda de prensa en Chile, acusaciones y condenas que sobrecogen y fascinan.
En mi insondable ingenuidad he llegado a considerar que todo el bochinche no tiene otro propósito que el de ponerse un gigantesco parche antes de la herida, visto que en marzo llega quién llega.
Que cierta prensa hace estallar una alharaca de proporciones a modo de analgésico para lo que está por venir no lo invento yo, mira ver:
Las cuatro cifras económicas inquietantes que Boric le heredará a Kast
El equipo económico de José Antonio Kast deberá enfrentar cuatro indicadores que complicarán el inicio de su gobierno: déficit fiscal estructural de 3,6% del PIB, deuda cercana a 42%, inversión estancada, desempleo sobre 8% e informalidad en torno a 27%. Analistas prevén ajustes que tomarán años.
Muchos más años que los cuatro que tendremos que soportar a José Antonio, pero a nadie se le ocurrió elegirle de por vida, o simplemente imponerlo como se impuso su figura tutelar, un cierto Augusto.
Vamos por partes, como dijeron –cada uno a su vez– Jack el destripador y los muchachos de la DINA.
En su acepción corriente, la “deuda pública”, también conocida como deuda soberana o deuda gubernamental, es el dinero que debe un Estado a otras personas, empresas, inversores o incluso a otros países. Nótese que esta definición limita el ámbito de la “deuda pública” al dinero, o a lo expresable en dinero, lo cual trae innumerables consecuencias. No obstante partamos de ahí.
El Estado dispone de la capacidad de endeudarse ante lo que se conoce como agentes económicos, aquí descritos como personas, empresas, inversores y/o países. Esto presupone la capacidad del Estado para colectar los recursos necesarios para saldar sus deudas, recursos que podríamos resumir en la parte que el Estado extrae del producto nacional y constituye el Presupuesto Nacional.
El Presupuesto, parte del producto nacional colectado como impuestos, suele ser definido cada año por el gobierno de la Nación y aprobado por la representación nacional, o sea el Congreso.
Como puedes ver, la cuestión de tener con qué pagar las cuentas depende de la Representación Nacional y del Ejecutivo. Si el Presupuesto no alcanza… o sea, si la parte del Producto recogida por el Estado es insuficiente, se produce un déficit, llamado “déficit público”. ¿Por qué? Por la sencilla razón que el Estado somos todos (teóricamente) y por consiguiente asumimos colectivamente la financiación de su funcionamiento. ¿Por qué el gobierno y el Congreso definen un Presupuesto insuficiente, generando así el déficit?
Esa es la cuestión que importa. Ahí está la madre del cordero.
El Producto nacional (PIB, o PNB) es la renta que distribuida hace la bonanza, o la miseria, de los agentes económicos. No es difícil entender que quienes manejan la manija siempre intentan obtener la mejor parte. De ahí que la distribución del Producto sea el meollo de la acción de los diferentes sectores políticos. Y de sus ambiciones. El resultado varía grandemente, y esos datos están disponibles. Veamos.
Finlandia recoge en torno al 57% de su PIB en impuestos, los que constituyen su Presupuesto anual. Francia muestra una cifra parecida. Austria un poco menos, 55%. Bélgica y las Islas Féroé recogen un 54% de su PIB. La zona euro, en promedio, un 50%. EEUU y Japón en torno a un 40%. (Fuente: Trading Economics).
Con su Presupuesto los Estados financian la Educación, la Salud, la Defensa, parte de la Vivienda, las infraestructuras y otros gastos corrientes, sin olvidar las cuantiosas subvenciones a la empresa privada.
Ahora bien, quienes aplauden o denuestan el gasto público en Chile, o sea la parte que el Estado recoge del PIB, debiesen comenzar por precisar que “el gasto público en 2024 alcanzó el 26,73% del PIB, una caída de solo 0,67 puntos respecto a 2023, cuando el gasto fue el 27,4% del PIB.” (Fuente: datosmacro.expansion.com).
No peco ni venial si estimo que los Presupuestos anuales del Estado de Chile rondan el 27% de su PIB.
Comparado con entre el 40% y el 57% de los países desarrollados.
Para eliminar el “déficit estructural” ante el cual llora la prensa chilensis basta con aumentar la parte del producto que recoge el Estado en impuestos. Fin del cuento. Visto que cifran el “déficit estructural” en un 3,6% del PIB, el Estado chileno debiese aumentar la carga impositiva del 27% al 30,6% de su Producto Interior Bruto.
Dicho de otro modo, el Estado chileno –desde la luminosa época del capitán general hasta el día de hoy incluyendo a todos los secuaces de sus políticas ultraliberales– dispone de un Presupuesto que, comparado con otros países, es una miseria.
Ahorrar no es la única razón, ni siquiera la más importante. Un Estado pichiruchi le transfiere, le abandona, le ofrece buena parte de su autoridad y sus prerrogativas al sector privado.
Ya dije que con su Presupuesto los Estados financian la Educación, la Salud, la Defensa, parte de la Vivienda, las infraestructuras y otros gastos corrientes, sin olvidar las cuantiosas subvenciones a la empresa privada. Es lo que muy parcialmente hace el Estado chileno. El saldo lo ponen las familias, que se endeudan para financiar la Educación de sus hijos, la Salud familiar, su vivienda, etc.
“De acuerdo con la Encuesta Financiera de Hogares del año 2021, un 57,4% de los hogares tiene alguna deuda, y el hogar mediano destina un 21% de sus ingresos mensuales a su pago y debe en promedio 3,5 veces su ingreso mensual.”
Porque en el modelo económico en vigor, las familias, los productores directos, constituyen el sector sacrificable y sacrificado de la economía. Para que la parte del Producto que remunera los capitales sea mayor, como sucede en la realidad.
Además, cuando los recursos del Estado son insuficientes, ergo “déficit público”, surge una excelente oportunidad de negocio: la deuda pública. En el ámbito financiero este es uno de los negocios más buscados, esencialmente porque la remuneración no sólo es alta, sino también exenta de riesgos.
El déficit del que se queja la prensa no es malo para todos…
El Estado de Chile, que recoge el 27% del PIB en impuestos para financiar el Presupuesto Nacional, ostenta un déficit –producto de una insuficiente recogida de impuestos– del orden del 2,8% del PIB para el año 2025 según datos de la DIPRES.
Según la CBO (Congressional Budget Office) de agosto 2025, el déficit público del Estado Federal de los EEUU, que en el 2025 fue de un 6,4% del PIB, permanecerá superior al 6% del PIB durante la próxima década.
Nótese la diferencia: Chile, que recoge apenas un 27% del Producto en impuestos ostenta un déficit del 2,8% (2025) mientras EEUU, que recoge un 40% de su PIB en impuestos constata más del 6%.
Para el ejercicio 2025, el gobierno francés –que recoge 57% de su PIB en impuestos– se comprometió en reducir el déficit público a un 5,4%... y no lo logró. Seguirá en torno al 6% y constituye el centro del debate político/económico en estos días.
De ahí que pueda decir, sin ánimo de compararnos a estas potencias… que el Presupuesto chileno, así como su déficit anual (incluyendo lo que roban, que no es poco) es peccata minuta. Una mierda.
Por las razones ya anotadas: un Estado que se encoge le deja el campo abierto a la voracidad privada. Lo que en otros sitios son servicios públicos a disposición de la población, en Chile son NEGOCIOS. Incluyendo –como en el resto del mundo– los déficits presupuestarios que constituyen una parte importantísima de los mercados financieros.
Así, la “deuda pública” lejos de ser un problema es una laguna en la que se divierten los patos. No sólo se divierten: lucran.
Cada Estado puede decidir reducir sus Presupuestos (Milei, Chile…) y pasarse la Educación, la Salud y las pensiones por la costura del escroto. Este es, al parecer, el gran proyecto de José Antonio. Sabiendo que, comparado con el mundo real, Chile no le debe nada a nadie ni sufre de exceso de déficits ni de “deuda pública”.
La deuda pública acumulada en EEUU supera el 120% de su PIB y no da señales de reducirse.
La deuda pública de Francia supera el 117,4% de su PÎB y sigue creciendo.
La deuda pública chilena, según los datos de la DIPRES se habría mantenido en un 41,7% del PIB
¿Dónde está el escándalo?
Otro dato señalado en el breve párrafo aquí citado al comienzo, es la tasa de desempleo, que estaría sobre el 8%, es decir el mismo nivel que en Francia. Según Trading Economics, el promedio mundial para 2025, basado en datos provenientes de 101 países, fue del 6,64 %. Visto así, no es de aplaudir, pero tampoco una condena. Que uno sepa, ningún gobierno chileno se ha planteado alcanzar el “pleno empleo”, noción que tampoco hemos escuchado en la boca de ningún político.
La “informalidad”, es decir el trabajo fuera de cualquier obligación contractual o legal, el empleo ocasional, desprovisto de toda cobertura y/o protección, es precisamente lo que añora el liberalismo. Lo que realiza ahora mismo en Argentina Javier Milei, y lo que sueñan en sus sueñitos irresponsables todos los empresarios del mundo, al punto que hay economistas que han idealizado relaciones laborales “libres”, sin ataduras, lo que tendría el mérito de eliminar el desempleo.
La mejor solución para un problema contractual… es disolver el lazo contractual. O reducirlo a una relación ocasional, como una visita a los lenocinios. Acabada la prestación… no hay ninguna relación. Es lo que dice la International Labor Organization:
¿Qué es un empleo informal? Es una relación laboral que no está sujeta a la legislación nacional, no cumple con el pago de impuestos, no tiene cobertura de protección social, y carece de prestaciones relacionadas con el empleo…
Que la “informalidad” en Chile alcance el 27% junto a un desempleo en el 8%… ese sí es un dato. ¿Quién es responsable? ¿José Antonio se compromete a acabar con esa lacra? ¿En serio? ¿O bien preferiría desarrollar el “auto-empleo”, ese que no genera… desempleo?
Para terminar, evoquemos la “inversión estancada”. Como cualquier hijo de vecino sabe, todo detentor de capitales busca rentabilizarlos. Y hoy por hoy, una de las “inversiones” más rentables y seguras es la inversión financiera –acciones, obligaciones, deuda pública, criptomonedas, etc.– que según los datos disponibles obtienen en promedio un 8,5% anual. En esa tesitura, los capitales siguen afluyendo a la Bolsa de New York, que no produce un cuesco, exceptuando dólares.
Para atraer la inversión es preciso y útil imitar el modo de funcionamiento de los citados lenocinios, burdeles o lupanares. O si prefieres copiar las reglas del boxeo a puño limpio, en dónde, precisamente, no hay reglas. Para comenzar hay que reducir la carga impositiva. Reducir el Presupuesto del Estado para dejarle más espacio a la piratería del gran capital. La cuestión no reside en cómo financiar los servicios públicos, sino en eliminarlos. Como en Chile.
Un Estado puede decidir regular su sistema impositivo en modo tal de recoger en impuestos más dinero del que gasta, y constatar así un superávit fiscal. En Chile sería un juego de niños si se toman en cuenta los datos aquí evocados. Pero haciendo tal cosa se mataría el NEGOCIO. Por eso todos los gobiernos, sin excepción, han hecho exactamente lo contrario.
Lo que realmente le inquieta a la ortodoxia chilensis esmantener a la población bajo un régimen miserable, para seguir produciendo lucro.
Garcharse a la población es el método. De ahí que lo nuestro sea más bien una deuda púbica…
POLITIKA
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Luis Casado, nació en Chile. Es ingeniero del Centre d’Etudes Supérieures Industrielles (CESI – París). Ha sido profesor invitado del Institut National des Télécommunications de Francia y Consultor del Banco Mundial. Su vida profesional, ligada a las nuevas tecnologías destinadas a los Transportes Públicos, lo llevó a trabajar en más de 40 países de los cinco continentes.

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