Por: Juan Hernández Machado, miembro de la Unión de Escritores y Artistas y de la Unión de Historiadores de Cuba
Todos los grandes conflictos generan una gran cantidad de informaciones provenientes de diversas fuentes, en las que predominan las correspondientes a los participantes en el conflicto, así como las generadas por la gran prensa que sirve a los intereses de las principales potencias, en especial a los intereses del gobierno de los Estados Unidos de América.
Así ha sucedido desde octubre de 2023 en el llamado por muchos “el conflicto del Medio Oriente”, que no es más, como sabemos, que la etapa actual del genocidio del pueblo palestino por parte del gobierno sionista de Israel, así como las agresiones de este último al Líbano, a Yemen y a Siria, así como sus acciones desestabilizadoras en contra de la República Islámica de Irán.
Una de las muy publicitadas acciones del presidente Donald Trump ha sido su esfuerzo por lograr un alto al fuego entre las fuerzas sionistas de Israel y el movimiento islámico Hezbollah del Líbano por una parte – alcanzado en noviembre de 2024- y por otra entre las fuerzas sionistas de ocupación y las del movimiento islámico Hamas y sus aliados en la Franja de Gaza, alcanzado en octubre de 2025.
Como se supone que cuando se logra un alto al fuego se alcanza un nivel de paz, al menos relativa, esa es la palabra que se comenzó a utilizar en ambos casos y que se repite hasta por escritores respetados nada seguidores de la política racista y exterminadora del gobierno de Tel Aviv con el irrestricto apoyo de Washington.
Paz debe significar el fin de la violencia, el cese formal de hostilidades, la solución- aunque temporal- de un conflicto y en el caso de un acuerdo de cese al fuego entre dos contendientes es una condición a asumir por las dos partes.
Entonces, lo sucedido en ambos escenarios donde se logró un alto al fuego- que si lo fuera a definir el difunto humorista cubano Bernabé pondría su cara de pícaro y diría “!Mentira, muchacho!”- debería correspondese con las definiciones anteriores, pero la propaganda proveniente de la Casa Blanca y de su aliado Israel es hablar de paz solamente mientras dan paso al objetivo final que ambos perseguían cuando se adoptaron los respectivos acuerdos de cese al fuego: el desarme total y unilateral de las dos fuerzas islámicas que luchan por los legítimos derechos de sus pueblos a no dejarse dominar por el régimen sionista y racista de Tel Aviv.
Aquí también hay un factor a considerar y al que nos referimos en varias ocasiones en el año 2025: el mediador y garante principal del cese al fuego.
Increíblemente y contra toda la lógica aunque aceptado con mansedumbre por todos los que intervinieron, ayudaron y posibilitaron que se lograran esos dos acuerdos de cese al fuego, el garante principal de los mismos es nada más y nada menos que el gobierno de los Estados Unidos, el principal aliado, sostén y abastecedor de armamento, inteligencia y apoyo de todo tipo al gobierno de Israel.
Debido a esto, en el caso del Líbano, tanto el gobierno de ese país como las fuerzas de las Naciones Unidas que sirven en el mismo debido a conflictos anteriores con Israel hablan de más de 10 mil violaciones del acuerdo de cese al fuego por parte de Israel, las que han provocado más de 150 civiles muertos y el desplazamiento de más de cien mil libaneses de sus legítimos territorios al sur del río Litani.
Mientras esto sucede, representantes de los gobiernos estadounidense y francés continúan presionando al gobierno libanés y sus dirigentes de las Fuerzas Armadas para que terminen el proceso de desarme del movimiento islámico Hezbollah, ofreciendoles todo tipo de promesas de ayuda y colaboración si lo logran.
Por su parte, las violaciones del acuerdo alcanzado con el movimiento islámico Hamas por parte de Israel en la Franja de Gaza se cuentan por cientos y ya han ocasionado según el Ministerio de Sanidad de la Franja 576 palestinos muertos y otros 1,543 heridos.
Cada día hay acciones diferentes por parte de Israel en ambos teatros de operaciones. Se divulgan, son noticias, se conoce ampliamente pero nada las detienen. Y, a pesar de eso, se continúa hablando de la paz alcanzada en los dos lugares.
El mundo se está cansando de las acciones intempestivas del señor Trump. No hablaremos de China, Irán o Cuba, sino de sus propios aliados y amigos. Ahí están los aranceles impuestos a países europeos y todo el revuelo causado por el caso de Groenlandia.
Por eso las cosas hay que llamarlas por su nombre. No es tiempo de la diplomacia empalagosa que se vive en algunas reuniones importantes con fotos para la prensa y todo, pero al final, no hay resultados concretos que beneficien a la Humanidad.
Hay que abogar y exigir la diplomacia respetuosa, las conversaciones serias (la última ronda de conversaciones de Estados Unidos con Irán no había terminado y ya Trump estaba imponiendo nuevas medidas a la República Islámica), las vías verdaderamente pacíficas para resolver conflictos.
La base de todo debe ser el respto mutuo y el apego a las leyes internacionales- las que al parecer no existen en el código de conducta del principal representante del Tío Sam.
No es mediante el dictado imperial de quien ocupa la Casa Blanca en detrimento de los derechos legítimos de los países y pueblos que comparten este planeta como se tienen que resolver los diferendos. Aceptar la posición del señor Trump es dejarse sojuzgar y perder la soberanía e independencia.
Hasta el momento la paz que garantizan los Estados Unidos es la paz de los sepulcros. Aceptar la misma, aunque sea de palabra, convierte a quien lo haga en cómplice de la arrogancia imperial aún cuando esa no sea su voluntad.
Entonces, dejemos de hablar de paz en el Líbano y en la Franja de Gaza mientras que el gobierno racista de Israel continúe violando a su antojo los acuerdos de cese al fuego que firmara con los defensores de la supervivencia de ambos pueblos ante la geofagia sionista.
14 de febrero 2026
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*Juan Hernández Machado es contador- planificador, graduado en idioma inglés y diplomático. Analista político internacional. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas, de la Federación Filatélica y de la Unión de Historiadores de Cuba. Premio Nacional de Filatelia 2012. Autor de más de veinte libros publicados en Cuba y Colombia, con artículos en medios de varios países. Colaborador del periódico digital El Pregonero del Darién y de la revistas COLAREBO y Bohemia.Biografía

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