Por: Oscar Oramas Oliva.*
Desde el advenimiento de la Revolución Cubana en 1959, Cuba ha hecho de la salud una de sus políticas prioritarias y ha desarrollado un sistema de salud público, universal y gratuito, colocando al paciente en el centro de su quehacer. Basado en la prevención y el concepto del «médico de familia», ha permitido a la población beneficiarse de un nivel de protección sanitaria único para un país en desarrollo, alcanzando indicadores comparables a los de las naciones más desarrolladas del planeta. Reconocido por instituciones internacionales (OMS Organización Panamericana de la Salud) como el modelo relevante para los países en desarrollo, es considerado por algunos observadores como una posible fuente de inspiración para las naciones más ricas, en particular debido a su enfoque preventivo. Además de tratar a sus propios ciudadanos, Cuba ha ofrecido su experiencia médica en todo el mundo durante más de medio siglo, brindando atención a poblaciones de todos los continentes, convirtiendo este servicio en su principal fuente de ingresos. Fomentar instituciones de investigaciones médicas aplicadas y desarrollar una industria médicas y biotecnológicas. Desde 1963 y el envío de la primera misión médica humanitaria a Argelia, Cuba se ha comprometido a curar a las poblaciones pobres del planeta, en nombre de la solidaridad internacionalista.
Recuerdo con fruición, gratitud y admiración a los médicos cubanos en Argelia, bajo la eficaz dirección del Dr. Pablo Resik Habib[1], así como a los curaban a los enfermos en Guinea Bissau durante la guerra de liberación o la contienda de Angola, a los fundadores de las facultades de medicina en Guinea Ecuatorial y Guinea Bissau, cuyo nombre es Raul Diaz Arguelles, el comandante que luchó junto a ellos en la brega liberadora y que posteriormente cayera en Angola. Y también viene a mi mente, la enorme preocupación del Comandante en Jefe Fidel Castro, por el desarrollo de esas misiones internacionalistas.
Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), «uno de los ejemplos más exitosos de la cooperación cubana con el Tercer Mundo es el Programa Integral de Salud para América Central, el Caribe y África»[2]
Frente a ello, la actual Administración norteamericana, en especial su Secretario de Estado señor Marco Rubio ha desatado una obstinada y mendaz campaña contra Cuba que, forma parte de la política de endurecimiento del bloqueo y de descrédito del gobierno estadounidense para intentar asfixiar a la Revolución cubana y mellar dos de sus principales estandartes: su vocación internacionalista y solidaria. A tales fines, el Departamento de Estado hizo público un documento intitulado “La verdad sobre las misiones médicas de Cuba”, el cual está plagado de mentiras al tildar, en su rancio lenguaje colonial, a los médicos de esclavos y acusar al Gobierno de La Habana de practicar la Trata.[3] Con afectar ese esencial rubro de nuestras relaciones con países del Caribe, el 26 de marzo de 2025. Llego a Jamaica, la primera parada de su gira por el Caribe, difamando una vez más contra los médicos cubanos. “Es trata de personas… hay que retirarles las visas”, repitió el secretario de Estado.
La réplica del primer ministro anfitrión, Andrew Holness, no se hizo esperar. En la conferencia de prensa conjunta, le dejó bien claro a Marco Rubio que los galenos cubanos han sido de gran ayuda para su país, ante el déficit de personal sanitario, y que su presencia en la nación caribeña se ajusta a los parámetros de acuerdos de cooperación internacionales.
Días antes, la ministra de Relaciones Exteriores y Comercio Exterior de Jamaica, Kamina Johnson, también había afirmado que la cooperación médica que mantiene Cuba en su país “es legítima” y que definitivamente “no es un ejemplo de tráfico de personas”.
Ante dichas respuestas y solo mostrando el chantaje, la prepotencia y la política de fuerza, ya el 25 de febrero de 2025, Washington, una política de restricciones de visas a cualquier otra persona en el mundo que supuestamente sea “cómplice” de los programas de colaboración médica cubana en el extranjero. Una declaración del Departamento de Estado aclaró que la medida se extiende a los funcionarios “actuales y anteriores”, pero también a la “familia inmediata de dichas personas”. Ante la falta de argumentos acuden a su arma favorita, las amenazas. El periódico jamaiquino The Gleaner valoró esa política de Washington, “…cuyo daño no solo lo sentirá Cuba, sino también la gente pobre de África, Asia y las Américas, incluidos varios países del Caribe, Jamaica entre ellos. Costará vidas y, posiblemente, la consecuencia no deseada de sumarse a los factores que impulsan a los migrantes ilegales de sus países de origen a los Estados Unidos. Algo que la administración Trump se opone vehementemente”. “Dejen a los médicos cubanos”, se titulaba el editorial de dicho rotativo.
Los vicecancilleres cubanos Carlos Fernández Cossio y Josefina Vidal, salieron inmediatamente a refutar los infundios grotescos del señor Rubio, marcados por el desprecio mas absolutos por la salud humana y no, por promover ese derecho humano tan esencial.
Y es que esta medida del Gobierno estadounidense contra Cuba, la séptima en poco más de un mes, tendría consecuencias internacionales.
A nivel global es bien conocido el prestigio de la medicina cubana y que, durante décadas, cientos de miles de nuestros galenos han ofrecido sus servicios en países de todo el orbe, atendiendo a más de 2 300 millones de personas y salvando más de 12 millones de vidas. Al amenazar con negar las visas a los funcionarios extranjeros, el Gobierno de Estados Unidos pretende sabotear estas misiones médicas en el extranjero, mediante la intimidación, y privar así a Cuba de una de sus principales fuentes de ingresos en un momento crítico para la economía nacional.
La obsesión del secretario de Estado no es un tema nuevo. Hace casi cuatro años, cuando presentó junto a otros políticos, de la misma catadura moral, el Proyecto de Ley para Combatir la Trata de Médicos Cubanos, sostuvo que no tenía dudas de que estas brigadas médicas eran “una trampa coercitiva”. “El régimen de Castro y de Díaz-Canel puede tratar de disfrazar estas misiones como esfuerzos humanitarios, pero la realidad es que son brigadas de trata de personas patrocinadas por el Estado”, dijo entonces. También aseguró que los médicos, enfermeros y otros profesionales de la salud cubanos que participaban de estas misiones estaban expuestos a “condiciones de trabajo deplorables, confiscaciones de sus documentos legales y una compensación significativamente reducida”. Desde entonces son esos los términos de una campaña comunicacional de descrédito muy malintencionada. Ya hacen saber al algunos en el Caribe que, no están de acuerdo con que sus ciudadanos se formen en Cuba. Si hubiera un Premio Nobel del engaño, sin dudas, este flamante personaje , ya hubiera recibido uno.
Los programas médicos de Cuba en el mundo concuerdan con los esquemas de Naciones Unidas para la cooperación Sur-Sur . Los líderes de la Comunidad del Caribe (CARICOM) han defendido que la cooperación médica cubana es absolutamente legal y ajustada a todas sus leyes nacionales. Países como Guyana, Belice, Santa Lucía, Saint Kitts y Nevis, Barbados, San Vicente y las Granadinas han advertido que, sin el personal sanitario cubano, sus sistemas de salud colapsarían. En respuesta al anuncio de Washington, los líderes caribeños han reafirmado su derecho a decidir, de manera autónoma, con qué países establecer relaciones y colaborar.
El primer ministro de San Vicente y las Granadinas, Ralph Gonsalves, por ejemplo, declaró que preferiría perder su visa estadounidense antes que permitir que mueran “60 personas pobres y trabajadoras” por falta de atención médica.
Numerosas publicaciones locales como Jamaica The Gleaner, Jamaica Star, Barbados Today, St. Vincent Times, Antigua Observer, Trinidad and Tobago Newsday, Trinidad and Tobago Guardian, Now Grenada, Wiredja, iWitness News, Iwnsvg from Saint Vicent and the Granadines, Final Call, People’s Dispatch, Jacobin y otras, han editorializado y criticado la acción de Washington contra la cooperación médica cubana.
El ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Yván Gil, destacó la vocación humanista de los médicos cubanos y señaló que Marco Rubio “no es capaz de ver en los ojos de los millones de seres humanos, de mujeres y hombres que han salvado su vida gracias al desprendimiento de miles de médicos y médicas cubanas”. Solo la envidia “atroz” y el odio extremo de un personaje como él “pueden llevarlo a cuestionar una misión de amor y solidaridad con el mundo entero”.
Al gobierno de México también tratan de acosarlo por recibir médicos cubanos, mediante acuerdos remunerados, como ha dicho en las llamadas mañaneras la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
La Administración Trump también ha incluido a Cuba en la lista de “adversarios extranjeros”, junto a Venezuela, Irán, Rusia y China, limitando aún más el acceso cubano a la tecnología estadunidense.
A Cuba la han declarado país “enemigo de la humanidad”. Otra gran mentira de Marco Rubio, como la de los médicos, que no se sostiene. Y eso los pueblos agradecidos del mundo lo saben[4]; pero las campañas de desinformaciones de Goebbels de tratan confundir, olvidar y tergiversar.
El Secretario de Estado Marco Rubio ha anunciado nuevas restricciones de visas contra funcionarios de países africanos (no mencionados), Granada y Brasil, acusándolos de complicidad en lo que califica como un “esquema de trabajo forzado” en las misiones médicas cubanas. Según Rubio, estas son una “estafa diplomática desmesurada” que «enriquece al gobierno cubano mientras explota a sus profesionales».
En el caso de Brasil, el Secretario de Estado apunta sobre el programa «Mais Médicos», olvidando convenientemente que Cuba dejó de participar en él desde 2018, tras la hostilidad del gobierno de Jair Bolsonaro. ¿Por qué entonces sancionar a funcionarios brasileños ahora? La respuesta es clara: estas medidas son parte de una burda campaña política, del show de la administración Trump para atacar al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, en franco respaldo al golpista Jair Bolsonaro, así como atacar a Cuba.
Es importante señalar que durante la participación cubana en «Mais Médicos», entre 2013 y 2018, cerca de 20.000 médicos cubanos atendieron a 113 millones de pacientes en más de 3.600 municipios de Brasil, llevando atención médica a 60 millones de brasileños, donde gran parte de ellos vivían en áreas remotas. Por primera vez en la historia, más de 700 municipios brasileños contaron con un médico. Muchos de esos lugares no han contado jamás con un profesional de la salud desde la salida de los cubanos, y ningún galeno estadounidense los sustituyó.
Respecto a Granada el asunto es aún más peculiar, y sólo puede oler a una venganza mafiosa cuando atacan a una pequeña isla del Caribe que depende de los médicos cubanos para sostener su sistema de salud como afirmara el Primer Ministro Dickon Mitchell. La atacan porque públicamente frente a la gira de amedrentamiento del mismo Marco Rubio por el Caribe a comienzos de año, varios funcionarios del gobierno granadino como el ministro de salud Christopher Cornwall y el ministro de exteriores Joseph Andall aseguraron que renunciarían a su visa estadounidense si fuera necesario para sostener la cooperación con Cuba, reafirmando así el compromiso ético y moral de Granada con la defensa del derecho soberano que le asiste a decidir sus alianzas.
Pero las presiones sobre África son las que sin dudas hacen caer las caretas de los politiqueros de Washington. Desde 1963, cuando 55 profesionales de la salud llegaron a Argelia, Cuba ha enviado 56.144 cooperantes a 42 países africanos, atendiendo a poblaciones en condiciones de extrema pobreza. Durante el brote de Ébola en 2014, 255 miembros de la Brigada Henry Reeve enfrentaron la epidemia en Sierra Leona, Liberia y Guinea Conakry, ganando el Premio Dr. Lee Jon-Wook de la OMS en 2017 por su contribución a la salud pública global. En la pandemia de COVID-19, 716 colaboradores cubanos trabajaron en 12 países africanos. Actualmente, más de 4.000 profesionales de la salud brindan servicios en ese continente, presentes en 29 naciones, muchas de ellas entre las más empobrecidas del mundo.
La retórica de Rubio sobre el supuesto “trabajo forzoso” es profundamente hipócrita. Mientras EE.UU. persigue las misiones médicas cubanas, no propone soluciones reales a los problemas de salud de esas naciones que dependen de estos servicios de salud. La pregunta inevitable es: ¿está EE.UU. dispuesto a enviar médicos a los lugares donde Cuba lo hace? ¿Llevará profesionales de la salud a los municipios más remotos de Brasil, a las aldeas de África devastadas por la pobreza, o a las pequeñas naciones del Caribe que luchan por mantener sus sistemas sanitarios? La respuesta es evidente.
Pero la presión norteamericana contra los países es tan fuerte y grotesca que exigen a algunos que, les muestren los acuerdos con Cuba, para examinar como poder extorsionarlos mejor. Los norteamericanos acuden a los mas siniestros procedimientos para obstaculizar las acciones de Cuba.
Mientras Cuba ha enviado más de 605.000 trabajadores de la salud a 165 países, asistiendo a más de 2.300 millones de consultas, EE.UU. no tiene un programa comparable de cooperación médica internacional. En lugar de contribuir, prefiere castigar a quienes sí lo hacen, demostrando que su prioridad no es la humanidad ni los derechos humanos, sino la imposición de una política imperialista y prepotente.
En una conferencia conjunta con el Primer Ministro de Jamaica, Dr. Andrew Holness, Rubio fue cuestionado sobre su postura acerca de la presencia de los profesionales médicos cubanos en el Caribe y qué alternativas proponía para garantizar la estabilidad de la atención médica en ese país. «No se trata de médicos. No se trata de la prestación de asistencia médica. No tenemos ningún problema con la asistencia médica ni con los médicos. Tenemos un problema… y no me refiero a Jamaica; ellos… hoy hemos hablado de esto sobre el cumplimiento de las normas laborales internacionales y similares. Pero me refiero a este programa en general, a cómo funciona en todo el mundo». Recordó que «la forma en que funciona en todo el mundo es que, básicamente, a los médicos no se les paga. En muchas otras partes del mundo, no se les paga. Se le paga al gobierno cubano; el gobierno cubano decide cuánto, si es que hay algo, darles; les retiran los pasaportes; básicamente, operan como mano de obra forzada en muchos lugares».[5] Pero el Sr. Rubio olvido cuánto cuesta formar un médico en su país: ´´Obtener el título de Médico en Estados Unidos incluye el costo de: estudios de pregrado ($150,000 aprox), el MCAT ($450) y la Facultad de Medicina ($300,000 aprox). Todos estos costos, en promedio, pueden rondar los $500,000 USD, sin contar el costo de la vida de esos ocho años (aproximadamente). Y en Cuba todos los gastos los asume el Estado, es decir el estudiante no paga nada, al contrario de Estados Unidos.
En esa escalada genocida contra el pueblo cubano, la Administración Trump no tienen ningún escrúpulo, ni el menor sentimiento hacia otros seres humanos. ¿No es más humano y lógico apoyar, mancomunar esfuerzos y recursos, salvar vidas de miembros de nuestra especie biológica? ¿No es humano promover investigaciones conjuntas ante las epidemias en curso u otras posibles ante los cambios climáticos? ¿No debiéramos unirnos en planes conjuntos ante la exacerbación de enfermedades que parecían liquidadas? ¿No es criminal, el poner trabas al desarrollo de la atención medico a los más desfavorecidos? ¿No es más sensato promover la solidaridad[6] en ese campo, la que nos enseñó nuestro Líder, Fidel Castro?

BLOG DEL AUTOR: Oscar Oramas Oliva
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