Vladimir Castillo Soto*
La brutalidad hacia el mundo, del monstruo, como lo definió Martí, que se fue conformando en los territorios del norte de América no es algo nuevo, se inicia desde el mismo momento en que desembarcan allí europeos, principalmente provenientes de las islas Británicas, con la intensión de apropiarse de esas tierras. Racistas, supremacistas, religiosos fundamentalistas, devinieron rápidamente en genocidas, esclavistas y terrófagos inescrupulosos e insaciables. De esa simiente surgen las entidades políticas que conformarán la nueva nación, los Estados Unidos de América (EE. UU.), que en menos de 100 años de existencia ya se había apoderado de muy buena parte del basto espacio septentrional americano, haciendo adquisiciones fraudulentas, robando la mitad de su territorio a México y, en todos estos espacios exterminando a los pueblos de las naciones indígenas, verdaderos señores de estas tierras.
En 1786 Thomas Jefferson, el principal redactor de la Declaración de Independencia de EE. UU., escribía » […] cuidémonos de creer que interesa a este gran Continente expulsar a los españoles. Por el momento aquellos países se encuentran en las mejores manos, y solo temo que estas resulten demasiado débiles para mantenerlos sujetos hasta que nuestra población haya crecido lo suficiente para írselos arrebatando pedazo a pedazo».
En 1823 el presidente James Monroe en un discurso, ante el Congreso, plantea lo que se conocerá en adelante como Doctrina Monroe, que se puede condensar en su frase más famosa, “América para los americanos”, que plantea en un principio, la exclusión de las potencias europeas de los asuntos del continente, una vez liberadas las colonias del yugo español, pero que devendría rápidamente en que todos los recursos y riquezas del hemisferio estarían disponibles exclusivamente para los americanos que, en su acepción, es símil de estadounidenses.
Sin distingo partidista esta intensión de apropiación del continente ha sido asumida, en mayor o menor grado, por todos los gobiernos de los EE. UU. Entre más racista, supremacista y cretino el presidente de turno, más obsesiva, abusiva y descarada su posición y la de su gobierno, lo cual tiene su culmen con el actual gobierno, que además de reconocerla como vigente, la integra en su Estrategia de Seguridad Nacional y la pone en práctica, brutalmente, amenazando de manera directa a Venezuela, México, Colombia, Panamá, Cuba, Nicaragua, Canadá, Groenlandia, interviniendo descaradamente en los asuntos internos de muchos países de la región, imponiendo títeres a través de fraudes electorales, profundizando el bloqueo a Cuba y agrediendo militarmente de manera cobarde, vil y artera a la República Bolivariana de Venezuela el 3 de enero de 2026.
En los últimos meses han asesinado extrajudicialmente a decenas de ciudadanos caribeños, han pretendido bloquear marítimamente a la Patria de Bolívar, han asaltado y robado barcos petroleros que salen o se dirigen a puertos venezolanos, hasta llegar a la brutal e ilegal agresión militar del 3 de enero de 2026 contra infraestructura civil y militar y el vil secuestro del presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro y la primera dama, diputada Cilia Flores, acción en la cual cayeron combatiendo decenas de soldados venezolanos y cubanos que protegían al presidente y la primera dama, así como también fueron asesinados civiles en sus casas y sitios de trabajo.
Ahora pretenden asfixiar al heroico pueblo cubano y a su Revolución, amenazando a los países que le suministran petroleo y derivados con la imposición de aranceles extraordinarios a sus productos exportados a los EE. UU., lo que de nuevo viola la Carta Fundacional de las Naciones Unidas y el Derecho Internacional.
Estos ataques no son solo contra Cuba y Venezuela, son contra todas las naciones del continente, incluidas Canadá y Groenlandia. Aquellos que creen que por lacayos, apátridas o serviles van a estar a salvo, pueden estar seguros de que esto no será así. Los gobiernos vendidos, que no muestren dignidad, que se arrastren, serán humillados y expoliados. Es triste ver que buena parte de los gobiernos del hemisferio estén entregados servilmente a los dictados del gobierno estadounidense y al servicio de las empresas occidentales, situación que, más temprano que tarde, tiene que ser revertida por sus dignos pueblos.
La injusticia no puede prevalecer, “la paz por la fuerza” es inaceptable, medidas unilaterales injustas e inhumanas deben ser declaradas ilegales, amenazas con agresiones militares o comerciales no pueden ser consentidas, organizar golpes de estado desde una embajada es intolerable, el secuestro de un Jefe de Estado es inadmisible.
En su lugar, la Carta de las Naciones Unidas y las demás Convenciones y normas del Derecho Internacional deben primar. No podemos vivir en un mundo “basado en normas” impuestas según los intereses momentáneos del fortachón de turno y menos aun en uno basado en la (in)”moralidad” de un pederasta, misógino y mitómano ser, aunque este tenga mucho poder para matar.
Es evidente que el control sobre el petróleo venezolano es muy importante para la geopolítica yanqui, principalmente, por las limitadas reservas petroleras de EE. UU. en contraste con las mayores del mundo, que reposan bajo nuestro suelo; por la necesidad de mantener el petro dólar como principal moneda de intercambio y por los confrontaciones bélicas con que amenazan al mundo, que requieren mucho petróleo para movilizar su maquinaria de guerra y sobre todo el conflicto planteado con la República Islámica de Irán, que podría hacer colapsar el mercado energético, al cerrarse el Estrecho de Ormuz.
Sin embargo, la agresión actual contra Venezuela y Cuba no es solo por recursos. La postura de Cuba, Nicaragua y Venezuela de tomar senderos antiimperialistas, de soberanía y autodeterminación, de luchar por enviar el Alca al carajo y a su vez haber creado con países hermanos del Caribe el ALBA-TCP, su determinación de fortalecer el MNOAL, el G77+China, la OPEP, su decisión de ayudar en la conformación de la OPEP+, impulsar el Grupo de Amigos en Defensa de la Carta de las Naciones Unidas y al BRICS+, todo ello enfocado en la construcción de un mundo multipolar más justo y mejor para todos los pueblos del mundo, son poderosas causas de la agresión imperialista.
Bolívar, Sandino y Martí junto a Fidel, Chávez, Daniel, Díaz-Canel, Nicolás, Cilia y miles de otros y otras compañeras han demostrado que Nuestra América no es patio trasero de nadie y que el pensamiento bolivariano y su propuesta de unión e integración de nuestros pueblos, planteada en el Congreso Anfictiónico de Panamá, sigue vigente y a sus 200 años demanda su plena ejecución para garantizar una Patria Grande libre y soberana, asegurándonos así que el monstruo que “parece destinado por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad” sea definitiva y totalmente vencido.
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