Por: Juan Hernández Machado, miembro de la Unión de Escritores y Artistas y de la Unión de Historiadores de Cuba

Para quienes nos mantenemos al tanto de lo que sucede en el mundo a diario nos llama la atención cómo las acciones del gobierno imperial del señor Donald Trump pretenden erosionar el multilateralismo.

Amenazas por aquí, sanciones por allá, uso extremo de la fuerza violando todas las leyes internacionales, ignorancia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y lo que en ella se ha acordado- con la aprobación del propio gobierno estadounidense- desde 1945 cuando fue creada, e ignorancia absoluta al respeto y la consideración que un jefe de estado debe tener con sus homólogos en cualquier lugar del mundo, incluyendo aquellos que son sus asociados.

Tres informaciones recientes nos llamaron la atención y queremos comentarlas hoy.

  1. “Venezuela ahora tiene a Estados Unidos, el ejército más poderoso del mundo (¡por mucho!), para protegerlos, y los protegeremos. NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA – ¡CERO!” Así manifestó el presidente imperial en uno de sus mensajes.
  2. Pocos días después, luego de mover algunos de sus principales buques a aguas cercanas a Cuba en medio de amenazas de ataques similares al acto de terrorismo de estado ejecutado el tres de enero con el secuestro del presidente venezolano y su esposa, declara que Cuba es una amenaza a la seguridad nacional estadounidense y mediante una orden le impone un bloqueo total de suministro de combustibles, así como advierte que impondrá altos aranceles a quienes se atrevan a violarlo.
  3. En estos días también el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó la Resolución 2812 (2026) en la que le solicitó al secretario general de esa organización que continuara presentando informes mensuales durante seis meses más sobre cualquier nuevo ataque que perpetraran los yemenitas contra buques en el Mar Rojo. La Resolución fue aprobada por 13 votos y las abstenciones de la República Popular China y de la Federación de Rusia.

Si bien hubo y aún continúan existiendo voces de protestas aquí y allá por esta medida contra Cuba y por otras acciones del señor presidente yankee, como lo relacionado con Groenlandia e Irán, por solo mencionar dos ejemplos, las acciones concretas para demostrarle a este señor que el mundo no puede tener un amo como él desea, son todavía pocas y discretas.

En lo que a Cuba respecta no es necesario repetir todo lo que se ha informado en estos últimos días después de pasar de la declaración trumpista de que “lo que queda es atacarla y arrasarla” al bloqueo total de combustible, y muchos aún se preguntan por qué.

Y es que al igual que otras administraciones donde los halcones eran mayoría y el presidente alardeó con hacer acciones militares contra el pequeño país caribeño, algunos de sus acompañantes en el gobierno, en especial varios de los integrantes de lo que se denomina el Alto Mando militar los disuadieron. Primero, porque saben que Cuba no amenaza en lo absoluto a la seguridad nacional yankee- algo reconocido por ellos desde la década de los años 90 del pasado siglo- y, segundo, porque Cuba está a pocas millas de Estados Unidos y ellos sí conocen, porque es su trabajo, que una acción militar contra la tierra de Martí y de Fidel no será un paseo y, por el contrario, les ocasionaría muchos dolores de cabeza.

Por otro lado, mientras el Consejo de Seguridad de la ONU prestaba atención a los ataques de los yemenitas contra buques que iban a abastecer a Israel como muestra de solidaridad con sus hermanos palestinos ante el genocidio sionista en su contra, qué vergüenza que no actuara de la misma forma en el caso de las dos decenas de ataques piratescos yankees que ocasionaron más de 80 muertes y el robo de cinco buques petroleros a Venezuela antes de las acciones del tres de enero pasado.

Tampoco se han divulgado lo suficiente las causas de por qué de repente el señor Trump puso fin, en mayo de 2025, a los ataques de los modernísimos buques de su Armada- los que tanto elogia hoy durante sus amenazas a la República Islámica de Irán- a los hutíes en Yemen. Su explicación fue banal pero aceptable para los no especialistas, y ahí quedó la cosa.

No podría convencer el señor presidente a quienes desean profundizar cómo se gastaron más de $ 1,500 millones de dólares en municiones que no destruyeron la fuerza coheteril y de drones de los hutíes; tampoco pudiera ser realmente convincente cualquier explicación sobre la pérdida de tres aviones del tipo F/A-18 del portaviones USS Carl Vinson en los tres últimos meses de operaciones contra Yemen. Decir poco y pasar a otro tema, como es la costumbre de los presidentes estadounidenses cuando los confrontan con algo que no les conviene, es lo que ha sucedido.

Las pérdidas materiales y financieras anteriores importan, pero más importante que eso es el daño psicológico a todos los militares de esa “poderosa” agrupación naval que fue incapaz de lograr con su poderío destruir a un contendiente del antiguamente llamado Tercer Mundo con mínimos recursos, no comparables en lo absoluto con los de otros contendientes siempre presentes en el discurso del señor Trump como China y la República Islámica de Irán.

Ese hecho demostró que el tan cacareado poder estadounidense se desvaneció cuando se enfrentó a un pueblo decidido a defender su soberanía y a mantener la solidaridad con otro pueblo hermano.

Respecto a Cuba, el señor Trump no conoce de esas cosas militares pero sus asesores en la materia y algunos de la inteligencia sí lo saben muy bien.

Durante estas más de seis décadas de enfrentamiento debido a la obsesión yankee de no aceptar que el pueblo cubano elija libremente la sociedad que quiere tener, con quiénes relacionarse y a quienes ayudar y apoyar, sus acciones belicistas han sido “crónicas de una muerte anunciada”, como escribiera ese gran amigo nuestro que fuera el Gabo.

Más de 600 atentados contra la vida de nuestro Comandante en Jefe, organizados por la CIA y otras agencias de inteligencia yankees fueron desarticulados y algunos de sus participantes fueron capturados, enjuiciados, convictos y finalmente huéspedes durante muchos años de nuestras prisiones.

Su prestigiosa brigada mercenaria armada con lo mejor que tenían en 1961 y asesorada por expertos yankees de la II Guerra Mundial, de la guerra de Corea y de la lucha guerrillera en Filipinas, fue derrotada en menos de 72 horas en Bahía de Cochinos. Algunos de sus expertos pilotos estadounidenses regaron el suelo cubano con su sangre.

¿Y quienes fueron los que derrotaron a esos “paladines de la libertad”? El pueblo cubano, corajudos pilotos con varios aviones obsoletos y técnicamente deficientes; tripulaciones de tanques e integrantes de unidades de artillería sin experiencia combativa anterior; adolescentes que manejaron las piezas de la artillería anti aérea. Pero todos con la misma determinación que hoy demuestran los hutíes de Yemen, y en nuestro caso dirigidos personalmente por el que intentaron matar en más de 600 ocasiones y no pudieron, Fidel Castro Ruz.

Hoy, y los especialistas militares estadounidenses lo conocen, la situación es diferente. A pesar de la falta de combustible y de otros aseguramientos motivados por el criminal bloqueo estadounidense desde hace más de 60 años, y basados en el concepto de Guerra de Todo el Pueblo, cada cubano tiene un lugar y un medio para enfrentar al agresor.

Y que conste, el pueblo cubano sí está claro que el agresor y el violador de todas las normas internacionales de coexistencia pacífica es el gobierno de los Estados Unidos de América

Son miles los hombres y mujeres que aún conservan buenos recuerdos de cuando se enfrentaron al mejor ejército africano de aquellos años- el ejército racista de Sudáfrica- y al final lo derrotaron, obligándolo a ir a la mesa de conversaciones y consolidando de esa forma la soberanía e integridad territorial de Angola, la independencia de Namibia y el fin del aprobioso régimen del apartheid en la propia África del Sur.

Y para que no nos acusen de estar recurriendo a hechos lejanos en nuestra historia, ahí está el ejemplo de los 32 compañeros caídos en cumplimiento de su deber en Venezuela el pasado tres de enero.

Los millones de cubanos que les rendimos el merecido homenaje en cada rincón del país no fuimos obligados como alega la propaganda fabricada en Washington y difundida por el mundo entero, sino indignados y determinados a no permitir bajo ninguna circunstancia que los representantes del Tío Sam nos quiten lo que nos pertenece y por lo que hemos luchado y sufrido durante tantos años.

Las nuevas medidas aplicadas por el señor Trump, a quien sabemos que no le gusta perder, nos van a provocar nuevos sufrimientos pero no nos van a derrotar.

Somos un pueblo amante de la paz, así lo hemos demostrado siempre, pero ni nos dormimos en los laureles ni renunciamos a nuestros principios. Mientras continuamos con el trabajo creador para sacar adelante el país, los medios de nuestra defensa, completamente preparados, actualizados y en óptimas condiciones están al alcance de la mano en todo momento.

Además de lo anterior, hay elementos de esta última decisión del señor Trump respecto a Cuba que deben ser considerados a nivel internacional.

Por una parte, su actuar irresponsable durante su primer año de mandato compromete a las autoridades legislativas que, en la mayoría de los casos han tenido que enfrentarse a hechos consumados porque no fueron consultadas previamente.

En algún momento- no solo por esto sino también por medidas internas como la actitud hacia los inmigrantes y la protección de los miembros de ICE frente a los recientes asesinatos de ciudadanos estadounidenses, para no mencionar la participación del joven Trump en el escándalo Epstein- esas autoridades tendrán que decirle a su señor presidente que no puede continuar actuando según su propia agenda porque lejos de hacer grande a Estados Unidos de nuevo, como él plantea, lo está desprestigiando cada día más.

También está la extraterritorialidad de la última medida adoptada contra Cuba en lo que al abastecimiento con combustible se refiere. Si los gobiernos del mundo continúan aceptando la imposición de Estados Unidos en todos los aspectos, bien arreglados estaríamos. Y ahí está la afectación al multilateralismo.

Existen las organizaciones, los mecanismos, y también la voluntad para no permitir que el señor Trump se convierta realmente en el amo imperial en nuestro planeta; las declaraciones de condena son buenas pero hay que hacer uso efectivo de dichos mecanismos, unirse más y adoptar medidas que realmente beneficien a los que desean convivir en paz, aunque tengan ideas diferentes en algunos aspectos, aunque estas afecte al gobierno de Estados Unidos si no cambia de actitud.

Solicitarle con palabras al señor Trump que actúe como debe hacer un presidente de un gran país como el suyo, es como arar en el mar.

Solo demostrándole que no puede ser como quiso ser el señor Adolfo en el pasado siglo, a quien tanto se parece, pudiera lograrse recuperar un poco la vergüenza que se ha perdido en nuestro mundo de hoy.

9 de febrero 2026.

♦♦♦

*Juan Hernández Machado es contador- planificador, graduado en idioma inglés y diplomático. Analista político internacional. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas, de la Federación Filatélica y de la Unión de Historiadores de Cuba. Premio Nacional de Filatelia 2012. Autor de más de veinte libros publicados en Cuba y Colombia, con artículos en medios de varios países. Colaborador del periódico digital El Pregonero del Darién y de la revistas COLAREBO y Bohemia.Biografía

BLOG DEL AUTOR:  Juan Hernández Machado
Correo: jhernandezm47@nauta.cu
Siguenos en X @PBolivariana
Telegram: @bolivarianapress
Instagram: @pbolivariana
Threads: @pbolivariana
Facebook: @prensabolivarianainfo
Correo: pbolivariana@gmail.com ||FDE82A