Gaspar Velásquez Morillo*

El 3 de enero de 2024 quedará grabado a fuego en la memoria nacional como el día en que la barbarie imperial, en una operación militar desproporcionada y violatoria de todo derecho internacional, secuestró al Presidente Constitucional Nicolás Maduro y a la diputada Cilia Flores. Este acto, precedido por el asesinato de militares y civiles en el perímetro de Fuerte Tiuna, no es un hecho aislado. Es el eslabón más reciente de una larga cadena de agresiones, que se remonta a la IV República y su condición de territorio tutelado por las misiones militares yanquis. Hoy, ante esta afrenta que hiere el orgullo nacional, la respuesta debe ser unidad, verticalidad institucional y la aceleración de la construcción de nuestro destino soberano, empezando por el corazón de nuestra economía: la reforma de la Ley de Hidrocarburos.

Para comprender la profundidad de la codicia que despiertan nuestras riquezas, es imprescindible volver la mirada a los cimientos de la industria petrolera. Los documentales “El Reventón 1 y 2” son un testimonio estremecedor y pedagógico. No son solo crónicas históricas; son un espejo del sacrificio, la explotación y el drama humano que financió el desarrollo ajeno. Como docente, he visto lágrimas e indignación en estudiantes al confrontar las condiciones infrahumanas de aquellos trabajadores y la voracidad de las concesionarias. Esa memoria dolorosa es un antídoto contra la amnesia histórica.

Por ello, siendo parte de la Subcomisión Académica para la nueva Ley de Hidrocarburos, propuse que lo vieran por cuenta propia como material obligatorio. El impacto fue palpable en la próxima reunión un silencio elocuente invadió a diputados e invitados. Ese silencio era la comprensión de una verdad esencial: el petróleo no puede ser visto únicamente como un negocio. Es, ante todo, una fuente de energía estratégica que condiciona el orden geopolítico, económico y militar mundial. Estados Unidos, ávido de asegurar su exclusivo standard de vida”, ha demostrado que para apoderarse de fuentes energéticas cercanas y abundantes –como las nuestras, a solo tres días de navegación– recurrirá a cualquier medio: desde sanciones asfixiantes – a las más de 1.088 medidas coercitivas unilaterales) hasta el magnicidio se han planteado y ahora el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa la diputada Cilia Flores.

La expulsión de la Misión Militar yanqui y de la DEA por el Comandante Chávez marcó el fin de la Venezuela colonizada. Hoy, el secuestro del Presidente es el intento desesperado por revertir esa historia. Frente a esto, la Reforma de la Ley de Hidrocarburos se convierte en un acto de resistencia y soberanía. Debemos instrumentarla con audacia, adecuándola a esta coyuntura de asedio. Esto implica diseñar mecanismos inteligentes que, a través de negociaciones en los mejores términos, atraigan inversión y tecnología sin comprometer un ápice nuestra independencia. La ley debe blindar la propiedad nacional del recurso, maximizar la renta para el pueblo y contemplar escenarios de extrema presión internacional.

Nuestro Llamado a la Acción:
La invasión y el secuestro no nos doblegarán. Al contrario, deben galvanizar nuestra determinación de ser dueños absolutos de nuestro destino petrolero. En consecuencia, hago un llamado urgente a la acción:

Primero, que la Asamblea Nacional, en una sesión especial, proyecte el documental “El Reventón 1” para que todas y todos sus integrantes, en pleno, reconozcan en la memoria del saqueo la razón de ser de una ley soberana. Segundo, que los medios de comunicación públicos transmitan el documental de manera masiva, para que el pueblo conozca el costo humano de su riqueza y la importancia de defenderla. Tercero, aprobación de una Ley de Hidrocarburos robusta, nacionalista y adaptada a los tiempos de guerra económica, que convierta nuestro recurso en el pilar de nuestra liberación definitiva.

Comprendamos de una vez: quien se apropie de Venezuela, se apropia de una llave energética del mundo. No permitiremos que el fantasma de “El Reventón” vuelva. Defenderemos con las uñas, con la ley en la mano y con la memoria viva, esta Patria petrolera y soberana. La hora es de unidad, conciencia y acción legislativa transformadora.

*Ex-Coordinador de la Comisión Académica de la Comisión de Energía y Petróleo de la Asamblea Nacional. 2023.

Suscribo lo que dice Silvio Rodríguez: -La era está pariendo un corazón…

Gaspar Velásquez Morillo

Venezuela

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