Por Jair de Souza*
Las elecciones previstas para este año tienen todas las perspectivas de convertirse en las más decisivas y definitorias entre todas las celebradas desde el fin de la dictadura militar-empresarial que usurpó el mando del aparato estatal de nuestro país durante unos 21 años.
Esta vez, las fuerzas representativas del campo popular-democrático-nacional disputarán con los sectores oligárquico-imperialistas no solo la Presidencia de la República, sino también la conformación de otro de los poderes políticos esenciales de la nación. Es que, además de la elección completa de los nuevos miembros de la Cámara de Diputados, deben renovarse dos tercios de los escaños en el Senado.
Sin embargo, pese a que es de suma importancia asegurar que el mando del Poder Ejecutivo permanezca en manos de quienes se identifican con las aspiraciones e intereses de la mayoría de nuestro pueblo, no es menos relevante evitar que el Poder Legislativo venga a ser un baluarte desestabilizador al servicio de fuerzas proimperialistas y antipopulares. Por ello, nuestros esfuerzos deben hacerse con vistas a que tengamos éxito en estas dos facetas de la contienda electoral.
Ahora, la gran incógnita que tenemos que descubrir es cómo enfrentar y derrotar a la extrema derecha y a todos sus aliados del gran capital en las condiciones actuales, en las que los grandes conglomerados de comunicación digital están completamente asociados e interligados con ellos. Es innegable que, por tener la propiedad y el control casi completos de las redes sociales y sus algoritmos, esta extrema derecha goza de una enorme ventaja operativa a la hora de librar batallas ideológicas contra nosotros, quienes defendemos las aspiraciones de las masas populares.
Sin embargo, aunque somos plenamente conscientes de nuestra enorme inferioridad en cuanto a recursos técnicos, esto nunca puede servir como excusa para justificar nuestra parálisis, nuestro desánimo y nuestra absorción por el espíritu del derrotismo. Al contrario, debemos encararlo como un reto para redoblar nuestros esfuerzos y nuestra militancia en la búsqueda de caminos y medios que nos conduzcan hacia un país más justo, solidario y soberano. En este texto, intentaré exponer algunas ideas sobre cómo avanzar por tal ruta en estos momentos de gran dificultad.
Uno de los temas más controvertidos en política se refiere al peso del factor económico en la determinación del curso de las luchas sociales. Algunos creen que la economía siempre juega un papel decisivo en ellas. Por otro lado, hay quienes dicen que, mucho más que por motivaciones económicas, los humanos nos movemos en función de los valores que nos posibilitan obtener reconocimiento personal, es decir, aquellos que ayudan a dar sentido a nuestra existencia.
En consecuencia, para quienes se adhieren estricta y literalmente a lo expresado en la primera categoría, cuando un gobierno garantiza un alza del nivel de vida material y económico de toda su población, esto sin duda redundará en su aprobación por la mayoría. Los partidarios de la segunda visión, por otro lado, sostienen que, independientemente de los beneficios socioeconómicos concretos, la población puede rechazar un gobierno si éste no actúa conforme a lo esperado en otros aspectos, tales como religión, moralidad, sexualidad, familia, etc.
Ante la disyuntiva planteada, nos corresponde a nosotros revelar lo verdadero y lo falaz en cada uno de estos enfoques. Bueno, me gustaría adelantarme y expresar que considero que los factores primordiales, los más decisivos, aquellos que marcan el tono de los grandes choques en todas las sociedades constituidas por clases con intereses conflictivos, son siempre de naturaleza económica.
Ahora bien, teniendo en cuenta que los avances socioeconómicos de los sectores populares en el presente gobierno de Lula son mucho más significativos que la situación de adversidad y pérdidas que caracterizó el anterior gobierno nazibolsonarista, ¿significa esto que podemos considerar que el actual mandatario será inevitablemente reelegido en el próximo pleito electoral? Por supuesto, no hay como dar una respuesta afirmativa simple a esta pregunta, aunque el principio del predominio de los factores económicos mantenga plenamente su validez. En las siguientes líneas, intentaremos dilucidar esta aparente contradicción.
En efecto, al asumir la prevalencia de factores socioeconómicos, nos resulta difícil explicar por qué, en las elecciones presidenciales de 2018, muchas personas humildes dejaron de lado demandas relativas a la elevación de su nivel de vida y el de sus familias (por ejemplo, mejores salarios, mejor transporte público, más hospitales y escuelas de calidad, etc.) para centrarse en cuestiones morales (como: protestar contra un tal kit-gay), lo cual no aliviaría en nada la situación de carencia en la que se encontraba la gente.
También podríamos indagarnos acerca de las motivaciones que, durante el gobierno de Dilma Roussef, llevaron a mucha gente de clase media a salir rabiosamente a las calles en protesta contra la corrupción y, basándose en esa ira, avalar las propuestas de privatización de Petrobras, concordar con la entrega de nuestros recursos petrolíferos a grupos extranjeros, admitir la aniquilación de nuestras grandes empresas de ingeniería y, en resumen, consentir que desestructuraran las bases económicas de nuestro país. ¿Por qué no se pusieron a reflexionar un poquito para darse cuenta de que, al final, eso resultaría en un fuerte deterioro de sus propias condiciones de vida?
De hecho, si bien es evidente que tanto los pobres en el primer caso citado como las personas de clase media en el segundo han actuado sin tener en cuenta sus reales intereses socioeconómicos, las razones subyacentes que los llevaron a comportarse así están completamente vinculadas a factores económicos. Sin embargo, estos no emanan directamente ni de los pobres ni de la clase media, sino de las clases dominantes a las que ambos grupos están sometidos.
Esto se debe a que, en sociedades regidas por el antagonismo de clases, los valores ideológicos que sobresalen son los de las clases dominantes. Son éstas quienes tienen los instrumentos y la capacidad para manipular a porciones significativas de los sectores no privilegiados, con el propósito de desviarlos de las luchas por demandas materialmente relacionadas con sus necesidades reales, e inducirlos a descargar su frustración y furia contra blancos que no afectan a los intereses de los más ricos.
Esta desviación de la lógica solo ocurre porque las clases dominantes recurren a todos los instrumentos a su disposición para inducir a muchos trabajadores a alejarse de las cuestiones que ponen en riesgo los intereses económicos de los privilegiados. Sin esta intervención manipuladora, esos pobres tenderían a priorizar la lucha por salarios más dignos, por una baja del costo de vida, por viviendas más dignas, etc., en lugar de preocuparse por cuestiones como el matrimonio homoafectivo o la existencia de baños unisex. Así que, al adoptar esas posturas, acaban por fortalecer y preservar los intereses económicos de los banqueros, los señores del agronegocio y los grandes capitalistas en general.
De igual manera, la religión es otra herramienta empleada en el proceso de manipulación que busca sacar del debate las agendas socioeconómicas que contrarían los intereses de las clases dominantes. No es de extrañar que las llamadas iglesias neopentecostales estén incluidas entre los más coléricos enemigos del proyecto de asignación familiar y de casi todos los programas estatales de amparo a los más necesitados. Por lo tanto, mientras se oponen firmemente que se imponga gravámenes sobre las grandes fortunas, buscan impedir que los recursos públicos se utilicen para ayudar a los carenciados. Lo que pretenden con eso es asegurar que el dinero esté disponible para el pago de lucros y dividendos a los rentistas. Una vez más, los intereses económicos de los más pudientes están detrás de algo que, aparentemente, es de otra naturaleza.
Por lo tanto, todas las transformaciones sociales importantes están relacionados con cuestiones vinculadas a intereses económicos. Al fin y al cabo, incluso cuando es posible admitir que la búsqueda del reconocimiento social es un factor deseado por las personas, tampoco debe haber duda de que la principal forma de lograr ese reconocimiento es, siempre ha sido y seguirá siendo, a través del poder económico. Hacer que nuestra gente entienda esto es el gran desafío que enfrentamos.
Habrá que desmantelar las falacias que los agentes de la extrema derecha difunden para conseguir adeptos entre las capas populares. Para esa operación desinformativa, ellos cuentan con el apoyo de las megaplataformas digitales de comunicación, todas pertenecientes a financiadores del extremismo derechista alrededor del mundo. Aquí en Brasil, esta labor está entrelazada con la red capilar de iglesias neopentecostales. Son éstas las que se dedican a sedimentar entre la población más humilde gran parte de las tergiversaciones originadas y lanzadas desde las redes digitales.
Nuestra tarea es hacer que la gente entienda el papel que desempeñan estas estructuras que sirven a los poderosos locales y al imperialismo, así como revelar los verdaderos intereses que están ocultos tras las falacias propagadas. Evidentemente, se trata de un trabajo duro, ya que disponemos de muchísimo menos recursos que los grandes capitalistas y sus representantes de la extrema derecha. Tendremos que aprovechar al máximo todas las lagunas que existen en las propias redes sociales digitales, pero aún más importante es nuestro contacto directo con el pueblo al cual pretendemos servir. Por lo tanto, debemos y necesitamos mejorar nuestra presencia en las redes, pero es imprescindible echar raíces sólidas en las bases populares.
Sabemos que, en las próximas elecciones, los grandes conglomerados de comunicación pondrán todos sus algoritmos al servicio de las hordas nazibolsonaristas. Para enfrentar y derrotar esta abrumadora maquinaria de tergiversaciones y mentiras, es importante que empecemos ahora mismo a buscar formas de desenmascarar la avalancha de manipulación que está por venir. Saber cómo revelar y exponer los innumerables intereses económicos de las clases dominantes que están camuflados entre todos estos trucos es el elemento fundamental para alcanzar nuestra victoria.
Audio:
Publicado originalmente en portugués en:
– https://desacato.info/o-peso-do-fator-economico-nas-proximas-eleicoes-por-jair-de-souza/
– https://altamiroborges.blogspot.com/2026/01/o-peso-do-fator-economico-nas-eleicoes.html
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*Jair de Souza es un respetado economista y analista político brasileño, graduado en Economía y Magíster en Lingüística por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Su formación interdisciplinaria le permite analizar la realidad social no solo desde las cifras, sino también desde el discurso y la construcción de sentidos en la política. Con una larga trayectoria de compromiso militante, es conocido por su defensa de la soberanía popular y su crítica frontal a las políticas neoliberales que han marcado la historia reciente de Brasil y América Latina.
Como analista, es un colaborador frecuente en medios de comunicación alternativos y redes de pensamiento crítico, donde desentraña las estrategias de manipulación mediática y el papel de las élites financieras en la desestabilización de procesos democráticos. Su visión integra la economía política con un análisis profundo de la comunicación, denunciando cómo se utilizan los mecanismos lingüísticos para justificar el despojo social. Es una voz clave para entender las tensiones del Brasil contemporáneo, el resurgimiento de las corrientes progresistas y los desafíos del movimiento popular frente a la extrema derecha.

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