Por Jair de Souza*
Uno de los temas más presentes en los medios en los últimos días se refiere a una supuesta insanidad que podría estar afectando al actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
No hay dudas de que la gestión del actual mandatario de la potencia estadounidense se está caracterizando por la consecución de crímenes abominables contra los pueblos de otras naciones, así como contra la población de su propio país. Sin embargo, creo que atribuir la culpa principal por todas estas perversidades a la locura de su máximo dirigente es mucho más una vía de escape de las verdaderas causas que una preocupación real en la búsqueda de eliminar los problemas.
Además, adherirse a la idea de que las horrendas atrocidades que se están perpetrando se deben a deficiencias en el funcionamiento mental del comandante del sistema puede serles muy útil a quienes quieren eximir al propio sistema de cualquier responsabilidad. No olvidemos que, hace menos de un siglo, un intento similar ocurrió en relación con otra conocida figura histórica. Es que, tras la estrepitosa derrota de la máquina de guerra de la Alemania nazi por las fuerzas lideradas por la Unión Soviética, muchos de aquellos que hasta entonces le daban total apoyo a Hitler, de repente, pasaron a tildarlo de megalómano y único culpable de todo lo maligno que el nazismo había causado.
Para tener claridad de lo que se acaba de decir, basta revisar la historia con atención y comparar el papel que desempeñaban las grandes corporaciones, como Siemens, Krupp, Volkswagen, etc., durante el período de apogeo del poder nazi, con las posiciones que adoptaron después de su aplastante derrota en la guerra. Así, mientras el viento soplaba a su favor, todo el gran capital alemán estaba alineado unísonamente con su Führer, pero en cuanto el proyecto hitlerista fue derrotado y sus pretensiones supremacistas impedidas de seguir adelante, los grandes grupos capitalistas, a través de sus medios de comunicación, se encargaron de borrar todos los lazos visibles que mantenían con el sistema derrotado. En consecuencia, todas las desgracias causadas pasaron a ser atribuidas a la locura de Hitler.
No obstante, creer que sistemas estatales tan intrincados y poderosos son llevados a adoptar prácticas tan monstruosamente crueles por influencia y determinación exclusivas de una sola persona es simplemente invertir el orden de los factores. Ni Hitler ni Mussolini, por más locos, megalómanos o dictatoriales que fueran, habrían podido determinar el rumbo de Alemania e Italia si no hubieran contado con el respaldo efectivo de grupos significativamente poderosos. Si se atrevieran a tomar medidas que contrariaran los intereses de todos los grupos de poder, no permanecerían ni un solo día al mando de sus países. ¿Y por qué sería diferente en el caso de Trump y los Estados Unidos?
Lo correcto es entender que son las fuerzas reales existentes las que requieren que el mando del sistema sea ejercido por alguien dispuesto a llevar adelante los proyectos de su interés. Por eso, en esta etapa en la que los conglomerados capitalistas de los Estados Unidos están perdiendo terreno frente a competidores de otras naciones, especialmente China, la “demencia” de Donald Trump parece venir muy a propósito en su intención de impedir la consumación de su pérdida de hegemonía.
Como el sector más agresivo del gran capital estadounidense en la actualidad está compuesto por los megaconglomerados de la comunicación digital (las conocidas bigtechs), son éstos los que parecen dar la aprobación más determinante a las “intempestivas” acciones trumpistas, ya que son los que más tienen que ganar con la persistencia del clima de belicosidad. Es que su íntima asociación con la industria armamentista hace de la guerra un negocio altamente lucrativo para ellos.
Hasta poco tiempo antes, las fuerzas dominantes del gran capital gringo veían sus perspectivas de realización de negocios más bien representadas por una figura que aparentaba tener un alto grado de senilidad. Y era así porque, independientemente de esta circunstancia, los centros de decisión en todo lo que concernía a sus intereses estaban firmemente bajo su control.
Por lo que hemos intentado exponer hasta aquí, es la insanidad del sistema del imperialismo capitalista la que provoca las grandes tragedias que estamos padeciendo. Por lo tanto, no tiene sentido protestar contra el desequilibrio mental de Donald Trump si no tenemos claro que figuras iguales a él son productos de las estructuras en las que están insertadas. En consecuencia, si queremos de hecho impedir que tales “locuras” continúen ocurriendo, tenemos que empeñarnos en una lucha para poner fin al sistema que depende de tal “insanidad” para existir. En otras palabras, la lucha principal debe librarse contra el imperialismo.
Audio:
Publicado originalmente en portugués en:
- – https://www.brasil247.com/blog/a-insanidade-e-do-capitalismo-e-nao-exclusividade-de-trump
- – https://altamiroborges.blogspot.com/2026/01/trump-e-insanidade-do-capitalismo.html
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*Jair de Souza es un respetado economista y analista político brasileño, graduado en Economía y Magíster en Lingüística por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Su formación interdisciplinaria le permite analizar la realidad social no solo desde las cifras, sino también desde el discurso y la construcción de sentidos en la política. Con una larga trayectoria de compromiso militante, es conocido por su defensa de la soberanía popular y su crítica frontal a las políticas neoliberales que han marcado la historia reciente de Brasil y América Latina.
Como analista, es un colaborador frecuente en medios de comunicación alternativos y redes de pensamiento crítico, donde desentraña las estrategias de manipulación mediática y el papel de las élites financieras en la desestabilización de procesos democráticos. Su visión integra la economía política con un análisis profundo de la comunicación, denunciando cómo se utilizan los mecanismos lingüísticos para justificar el despojo social. Es una voz clave para entender las tensiones del Brasil contemporáneo, el resurgimiento de las corrientes progresistas y los desafíos del movimiento popular frente a la extrema derecha.

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