José Oscar Fuentes*

Por primera vez en ocho años, un primer ministro canadiense, en este caso Mark Carney, pisó suelo chino como parte de una visita de tres días hasta el 17 de enero.

A juicio de diferentes voces, tal hecho señala un movimiento interesante y a tener en cuenta en una relación bilateral que lleva años sumida en la tensión y la desconfianza.

También, estiman, el acercamiento busca reactivar un vínculo estratégico clave para Canadá; pero navega entre el enorme peso económico de China, la presión de Estados Unidos y profundas diferencias políticas.

Más allá de las opiniones de expertos y otras fuentes, el canciller chino, Wang Yi, valoró el viaje de Carney y expresó que posee un significado de giro y de referencia, capaz de abrir nuevas perspectivas.

Por su parte, la homóloga canadiense de Wang, Anita Anand, reconoció la tendencia hacia la mejoría de los nexos que comenzó en 2025.

Tal lenguaje optimista contrasta con la realidad de una asociación que, establecida en 1970, ha pasado por uno de sus peores momentos en la última década.

COMPLEJOS NEXOS

Desde su establecimiento, recordaron reportes de prensa, las relaciones entre Canadá y China se han construido sobre un entramado de intercambios económicos, educativos y culturales.

La nación norteña acoge a más de 1,8 millones de residentes de origen chino, y el mandarín es su cuarta lengua más hablada.

Programas como el de Intercambio de Becarios Canadá-China, de 1973, han fomentado la colaboración académica durante décadas.

En 2018 hubo un punto de inflexión a partir de la detención en Vancouver de Meng Wanzhou, una ejecutiva de Huawei, a petición de Estados Unidos.

China respondió con el arresto de dos ciudadanos canadienses, en un episodio que congeló la diplomacia, y la decisión de Ottawa en 2024 de imponer aranceles del 100 por ciento a los vehículos eléctricos chinos, siguiendo la línea de Washington, generó represalias sobre productos canadienses como la canola y la carne de cerdo.

AUTONOMÍA ESTRATÉGICA DESDE CHINA

Beijing ve en la visita de Carney una oportunidad estratégica para debilitar la alianza norteamericana. Los medios estatales chinos han sido claros al instar a Canadá a seguir un camino de política exterior independiente de Estados Unidos, lo que llaman “autonomía estratégica”.

Para especialistas del gigante asiático, las acciones agresivas del presidente estadounidense, Donald Trump, desde aranceles hasta intervenciones militares, han generado inquietud en Ottawa.

Si Estados Unidos puede reclamar Groenlandia, ¿podría entonces reclamar Canadá?”, preguntó Cui Shoujun, experto en política exterior de la Universidad Renmin.

SOCIOS CONTRA ALIADOS

Para el gobierno de Carney, que asumió el año pasado, el objetivo es pragmático: diversificar la dependencia económica.

Casi el 75 por ciento de las exportaciones canadienses van a Estados Unidos, un socio que bajo Trump ha impuesto aranceles y mostrado actitudes beligerantes. Revivir la relación con China, el segundo mayor socio comercial individual de Canadá, es una prioridad económica.

No obstante, alertan desde diversos escenarios, Canadá camina sobre una cuerda floja, pues como aliado tradicional de Estados Unidos y miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte no puede ni quiere romper con Washington.

“Canadá no es solo un vecino de Estados Unidos, sino también un aliado”, expuso Zhu Feng, decano de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad de Nanjing.

Por otro lado, apuntaron medios de prensa, la relación comercial bilateral alcanzó en 2024 los 118 mil 700 millones de dólares, de acuerdo con fuentes oficiales.

Y las exportaciones canadienses a China (casi el cuatro por ciento de los envíos totales al exterior del país norteño) registraron 29 mil 900 millones del billete verde.

PERSPECTIVAS

Quizás, el futuro inmediato de los vínculos chinos-canadienses pasará por una cooperación práctica en áreas específicas, lejos de grandes acuerdos estratégicos. Se esperan avances en comercio, pero no la eliminación total de los aranceles vigentes, y el diálogo debe centrarse probablemente en sectores como agricultura, energía limpia y educación, en los cuales los intereses convergen.

El éxito dependerá de la capacidad de ambos países para “gestionar las diferencias”, como pidió Wang Yi.

Para Canadá, el desafío será cooperar con China en clima y comercio mientras mantiene una postura firme en derechos humanos y seguridad.

De la otra parte, significará aceptar que Canadá, pese a sus fricciones con Trump, no se alejará de su alianza histórica.

Con escaso margen a las dudas, y en un mundo cada vez más fracturado, la visita de Carney a Beijing puede entenderse como un recordatorio de que la diplomacia a menudo consiste en navegar por aguas grises para buscar un equilibrio inestable pero necesario entre intereses económicos urgentes y alianzas políticas inquebrantables.

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Por: Agencia Editorial Bolivariana
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