Ante las amenazas reiteradas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de anexar Groenlandia, Canadá adoptó una postura oficial de apoyo a la soberanía danesa, mientras que expertos y analistas advierten sobre graves riesgos para la seguridad ártica.
El gobierno del primer ministro, Mark Carney, expuso que el futuro de Groenlandia debe ser decidido “exclusivamente” por sus habitantes y por Dinamarca.
Tal respaldo a Dinamarca sobre su territorio se enmarca en una respuesta coordinada con aliados europeos.
En una muestra de compromiso diplomático, la ministra canadiense de Asuntos Exteriores, Anita Anand, tiene previsto visitar Nuuk, Groenlandia, en las próximas semanas para la inauguración del consulado de su país allá.
Más allá de la declaración oficial, analistas de defensa y expertos canadienses manifestaron profunda preocupación.
Temen que si Estados Unidos logra establecer un precedente al apoderarse de Groenlandia por razones estratégicas hemisféricas, las reivindicaciones de soberanía de Canadá en el Ártico se volverían “más vulnerables”.
Al parecer, existe la percepción de que Canadá podría ser el próximo objetivo en una lógica expansionista.
A criterio de Tom Lawson, ex jefe del Estado Mayor de la Defensa, la reclamación de Dinamarca sobre Groenlandia es “mucho más sólida” que la de Canadá sobre todo el archipiélago ártico hasta el polo norte.
Por su parte, Wayne Eyre, quien desempeñó el mismo cargo que Lawson, opinó que una toma de control de Groenlandia por parte de Estados Unidos podría significar el fin de la Organización del Tratado del Atlántico Norte pues sería la primera vez que un miembro se apodera del territorio de otro aliado.
Dicha fractura en la criticada alianza atlántica satisfaría, según Eyre, los intereses de Rusia.
La amenaza de Trump hacia Groenlandia se fundamenta, consideran varias voces, en su afán de asegurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental.
Frente a esto, Canadá, aunque participa en ejercicios militares regulares en Groenlandia, está incrementando sus inversiones en defensa y vigilancia del Ártico.
Entre las medidas se incluyen radares y mejorías en la infraestructura militar y civil del norte, en un esfuerzo por afirmar su soberanía y disipar cualquier percepción de debilidad.
Sin dudas, sostienen especialistas, esta crisis ha encendido alarmas estratégicas en Ottawa sobre la seguridad a largo plazo del Ártico, la solidez de la alianza con Estados Unidos y la necesidad de fortalecer la soberanía nacional frente a un entorno geopolítico cada vez más impredecible.
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Por: Agencia Editorial Bolivariana
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