Gaspar Velásquez Morillo
Venezuela se ha convertido hoy en un aula de clase abierta. Lo que antes se discutía en espacios cerrados, hoy debe amplificarse públicamente para blindar nuestra soberanía. Atravesamos un momento histórico donde las operaciones psicológicas no son solo rumores, sino armas diseñadas con precisión quirúrgica para inhabilitar al adversario, crear confusión en las filas revolucionarias y, sobre todo, generar fisuras entre los liderazgos y sus bases.
El reciente escenario de asedio contra el presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores ha servido como termómetro para medir la capacidad de respuesta del pueblo. La estrategia de la ultra-derecha y sus aliados imperialistas partía de una premisa falsa: que ante el conflicto, el pueblo se desbordaría en un caos desorganizado. Sin embargo, la realidad ha demostrado una madurez política inédita. La respuesta no ha sido el descontrol, sino la organización y la conciencia.
El pensamiento crítico nos obliga a identificar la asimetría informativa como el principal campo de batalla. El enemigo busca sembrar la duda y la fricción interna para que seamos nosotros mismos quienes generemos el desencuentro. Ante esto, la tarea es nivelar el conocimiento y homologar las interpretaciones de la realidad. Debemos ser un «muro de contención» intelectual y político que avance de forma consolidada, evitando que las cuñas informativas abran grietas en nuestra estructura.
Estamos en una etapa donde la democracia ya no solo es participativa, sino protagónica. Esto implica que cada revolucionario debe actuar con audacia, inteligencia y sentido pragmático. No basta con la pasión; se requiere paciencia táctica y estratégica para entender que los conflictos internos del enemigo (especialmente en Estados Unidos) terminarán por eclosionar, y debemos estar preparados para ese momento con una fuerza acumulada y coherente.
Llamado a la acción: La invitación es a la reflexión permanente y al estudio constante de los procesos que vivimos. No bajemos la guardia ante la aparente calma. Nuestra misión es consolidar la unidad desde la base comunal y social, sumando fuerzas para proteger el hilo histórico de la Revolución. Solo a través de la formación y la cohesión evitaremos que las operaciones psicológicas cumplan su objetivo de dividirnos. ¡En la unidad y la conciencia está nuestra victoria!
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