Juan Hernández Machado*

El tres de enero pasado el mundo se conmocionó.

En un abierto acto de terrorismo de estado, el gobierno de Donald Trump secuestró de forma artera y deleznable al presidente legítimo de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros y a su esposa, diputada y primera combatiente, Cilia Flores.

Es lógico que en estos días el grueso de las informaciones importantes se relacione con este acto violatorio de las leyes internacionales y de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas.

Como parte de las informaciones conocidas, está el hecho que 32 cubanos, miembros del Ministerio del Interior y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, murieron de forma heroica al cumplir con su deber de proteger la vida del primer mandatario venezolano.

Los amigos y aquellas personas nobles, justas y honestas- aunque no compartan las posiciones políticas de Cuba y de Venezuela- han rechazado ese acto criminal y han mostrado respeto y sensibilidad por la pérdida de los combatientes cubanos.

Otros, sin embargo- los represantes del ente verdaderamente terrorista y violatorio, la prensa que responde a sus posiciones (y a su dinero) así como algunos representantes de países, de organizaciones y a título individual, que solo son unos simples desclasados, cipayos y lamebotas del imperio yankee- demuestran su insanidad moral y pobreza de espíritu con declaraciones como éstas:

“El régimen de Maduro se sostenía con la ayuda de esta gente/ La hipocresía del régimen cubano: llorar a los cubanos caídos en Venezuela/ ¡Bien muertos están! /Eso les sucedió por ser represores en Venezuela/ Eran parte de los que sostenían a la dictadura venezolana”.

No es nuestro objetivo refutar ninguno de esos planteamientos, porque no vale la pena hacerlo. Provienen de personas que si nos ponemos a su altura nos desprestigiaríamos bastante o, no lo dude, podemos estar ante la producción de algún algoritmo o elemento de inteligencia artificial.

Simplemente nos referimos a los mismos porque están en las redes, al alcance de su mano y usted, persona sensible, honesta y humana, pudiera dejarse confundir por los mismos.

Por ello queremos compartir algunos elementos históricos que sustentan el título de este comentario y permiten comprender el origen y desarrollo de las relaciones entre cubanos y venezolanos y nuestra presencia cubana, de cientos de personas en disímiles especialidades, donde priman la medicina, la educación, el deporte y la agricultura, en ese hermano país.

Si bien es cierto que nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz junto al “mejor amigo de Cuba” como él lo llamara, el compañero Hugo Rafael Chávez Frías dieron un impulso sustancial a las relaciones entre ambos países desde la década de los años 90 del pasado siglo, el origen de dichas relaciones se encuentra mucho antes en la historia.

No pensaban los españoles incursionar por nuestras tierras cuando indios de la cuenta del Orinoco se trasladaron en sus rústicas embarcaciones a diferentes puntos de Cuba- como han demostrado excavaciones e investigaciones científicas.

Lamentablemente y gracias a las acciones de los colonialistas españoles, nuestros indígenas – a diferencia de los de otros países en nuestra región- fueron eliminados, pero queda el vínculo ancestral entre lo que hoy son Venezuela y Cuba.

El Padre de la Patria cubana, Carlos Manuel de Céspedes, fue un ferviente seguidor de la práctica revolucionaria del Libertador Simón Bolívar y sus referencias al pensamiento bolivariano son frecuentes en su correspondencia y diferentes documentos oficiales y personales elaborados por él antes y después que diera el primer grito por nuestra independencia de España, el 10 de octubre de 1868.

Céspedes conoció que el propio Bolívar consideró aportar algo a la independencia de Cuba mediante el envío de una expedición que contribuyera a poner fin al dominio español sobre nuestro archipiélago.

Esta actitud hacia el pensamiento y obra del Libertador se vio fortalecida por la presencia de centenares de buenos hijos de Venezuela que integraron las diferentes expediciones que vinieron a nuestro país para incrementar las filas de los independentistas y dotarlos de vituallas y armamentos para liberarse del yugo español.

Hasta en la diplomacia independentista cubana tuvieron lugar los hermanos venezolanos, tales como Cristóbal Mendoza, José Antonio Echeverría y Florencio Ribas.

Según relata René González Barrios en su libro “Cruzada de Libertad: Venezuela por Cuba”, en marzo de 1877 existían cuatro grandes agrupaciones patrióticas pro cubanas en Venezuela: “el Comité Cubano de La Guaira…la Sociedad Auxiliadora de Cuba Libre en La Guaira…el Comité Cubano de Caracas …y la Sociedad Auxiliadora de la República de Cuba” 1

Otra buena cantidad de organizaciones de apoyo a nuestra independencia de España existió durante los años de la llamada Guerra Necesaria, que se iniciara el 24 de febrero de 1895.

¿Y dónde dejar la presencia de nuestro Héroe Nacional José Martí en Venezuela?

Martí, aunque muy joven cuando iniciaron las acciones armadas por nuestra independencia en 1868, conoció de la afinidad del pensamiento de Carlos Manuel de Céspedes hacia la obra del Libertador y de la contribución de los venezolanos a nuestra lucha libertaria.

El 20 de enero de 1881 llegó a La Guaira y lo primero que hizo fue trasladarse a Caracas donde rindió tributo al Libertador Simón Bolívar. Luego impartió clases de literatura en varios colegios y también escribió para diversos órganos de prensa.

Uno de sus artículos, sobre el difunto escritor Cecilio Acosta, provocó que el dictador venezolano Antonio Guzmán Blanco le indicara a través de un edecán que tenía que abandonar el país, lo que hizo el 28 de julio- seis meses después de su llegada- desde Puerto Cabello en un vapor con destino a la ciudad de Nueva York.

José Martí no escondió en esa etapa su voluntad de continuar luchando hasta conseguir la independencia de Cuba y su opinión respecto a Venezuela se sintetizan en estas palabras “Déme Venezuela en qué servirla; ella tiene en mí un hijo… pero a Venezuela, como a toda nuestra América, nuestra América desinteresada, la hemos de querer y de admirar sin límites porque la sangre que dio por conquistar la libertad ha continuado dándola por conservarla…” 2

En los más de 50 años de república controlada por los Estados Unidos, el pueblo cubano recibió gustosamente a exiliados venezolanos en la década del 20, que habían sido forzados a abandonar su país por las autoridades que mal gobernaban en Venezuela y facilitaron el petróleo nacional a la British Petroleum y a la Standard Oil.

Muchas y estrechas fueran las relaciones entre ellos y nuestros jóvenes más preclaros del momento, encabezados por el líder estudiantil comunista Julio Antonio Mella.

Una década después, luego del derrocamiento del dictador cubano Gerardo Machado se instauró un gobierno que por efímero fue llamado de los cien días, porque una vez más, con el apoyo irrestricto del gobierno estadounidense de entonces le robaron a nuestro pueblo la posibilidad de ser verdaderamente libre e independiente.

Combatiendo junto a uno de los cubanos más pre claros del momento, Antonio Guiterras Holmes, regó su sangre generosa en nuestro suelo el venezolano Carlos Aponte.

Y en los años finales de la década del 50, cuando los mejores hijos de Cuba desde las sierras, los montes y las propias ciudades se enfrentaban a la dictadura de Fulgencio Batista, que finalmente derrotaron, muy importante fue la ayuda recibida desde Venezuela en términos de armas, finanzas y el apoyo para retransmitir nuestra Radio Rebelde y que la verdad de la revolución se conociera por todo el continente.

Por eso, a solo 23 días del triunfo, en enero de 1959, nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz hiciera su primera visita al exterior para expresar nuestra profunda gratitud al pueblo venezolano por la ayuda y apoyo recibidos.

Como puede apreciar, amigo lector, vínculos de amistad, de hermandad y de solidaridad mutua como esos ni son frágiles ni se formaron en una semana.

Por eso, sí sentimos bastante el asesinato de nuestros 32 compatriotas el pasado día 3 en una acción de terrorismo de estado que viola todas las leyes internacionales y las propias del país agresor, Estados Unidos de América.

Pero cayeron en el cumplimiento del deber, como si lo hubieran hecho en nuestro propio suelo patrio. Los sentimos como sentimos a nuestros compatriotas que cayeron en Nicaragua apoyando a la Revolución Sandinista o en la pequeña isla de Granada en 1983 cuando otros halcones en el poder en Washington le dieron un zarpazo mortal a la revolución granadina de Maurice Bishop.

No obstante, y para aquellos que tal vez confundidos por la propaganda imperial piensan que a Cuba le quedan los días contados como dice el presidente imperial y su cohorte, la historia demuestra que somos un pueblo amante de la paz pero que no nos sentamos de brazos cruzados esperando a que otros decidan nuestro destino.

Ahí está la invasión yankee, utilizando carne de cañón cubana mercenaria, que fue derrotada en menos de 72 horas, en Bahía de Cochinos, en abril de 1961; nosotros estuvimos al borde de la desaparición nuclear en octubre de 1962 pero nos mantuvimos firmes y los principales dirigentes de Estados Unidos y de la entonces Unión Soviética tuvieron que respetarnos; estuvimos varios años apoyando al pueblo angolano y cuando llegó el momento de retirarnos solo nos llevamos nuestros muertos y la satisfacción de haber contribuído con la consolidación de la independencia de Angola, con la independencia de Namibia y con la terminación del oprobioso régimen del apartheid en Sudáfrica.

Somos hijos del mismo pueblo, como nuestros próceres concibieran, desde el Río Grande hasta la Patagonia. Por ello, un golpe a uno, como este a Venezuela el pasado día tres, es un golpe a todos; una amenaza a uno- que pudiera ser las hechas a Nicaragua, Cuba, México, Colombia- por el emperador de Washington, es una amenaza a todos.

Lo que sí debe quedar claro, en lo que a nosotros, los de este pequeño archipiélago en medio del Caribe respecta, es algo que diría nuestro Titán de Bronce, el general Antonio Maceo Grajales cuando, convencido de que lograríamos la independencia de España y conociendo las ansias expansionistas de los Estados Unidos, le escribiría a un compatriota: “El que intente apoderarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la contienda”.

Mientras seguimos observando las acciones del enemigo, continuamos condenando el acto de terrorismo de estado cometido contra Venezuela el pasado día tres y reclamando la devolución inmediata del presidente légitimo de ese hermano país, Nicolás Maduro Moro y de su esposa, la diputada, Cilia Flores, a la vez que nos preparamos por si el café de la mañana les da por pensar distinto sepan a lo que se van a enfrentar.

8 de enero 2026

1 ◙ González Barrios, René, “Cruzada de libertad: Venezuela por Cuba”, Casa Editorial Verde Olivo, 2005, p. 144

2 ◙ Martí Pérez, José. Obras completas, tomo 7, pp. 267, 291.

♦♦♦

*Juan Hernández Machado es contador- planificador, graduado en idioma inglés y diplomático. Analista político internacional. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas, de la Federación Filatélica y de la Unión de Historiadores de Cuba. Premio Nacional de Filatelia 2012. Autor de más de veinte libros publicados en Cuba y Colombia, con artículos en medios de varios países. Colaborador del periódico digital El Pregonero del Darién y de la revistas COLAREBO y Bohemia.Biografía

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