*Déjenles odiar mientras temen.

Calígula el nuevo…

Luis Casado

Como cualquier hijo de vecino recibo cada día que alumbra el sol numerosos mini-videos –extraídos de algún film o fabricados ex profeso– cuyo guión es siempre el mismo: un malandra agrede a un ser vulnerable, abusando odiosamente de una persona indefensa.

Imágenes que provocan rechazo, indignación, impotencia… hasta que aparece un justiciero que en breves segundos, gracias a su fotogénica musculatura, a su pistola, o a su dominio de las artes marciales –hapkido, jiu-jitsu, judo, kapap, karate, kung-fu, capoeira, muay thai, krav maga o patada en los huevos, raya las menciones inútiles–, en su explicable arrechera de macho recio castiga al agresor y restablece la bonhomía inherente al orden filosófico surgido en las mentes de Hollywood, orden magistralmente interpretado en su día –entre tantos otros– por una lumbrera del arte escénico que vive para siempre en la memoria de los cinéfilos, el gran Ronald Reagan.

De esta manera, de probada eficiencia, la Justicia –o lo que se tiene por tal– se impone a punta de pistola, soslayando así la lenta, engorrosa e innecesaria intervención del Poder Judicial.

¿Y la democracia? ¿Y el derecho, la Constitución y las leyes?

Como dice Horacio, a tan insignes cadáveres se les acompaña sólo hasta la puerta del cementerio…

El apego a las reglas es inversamente proporcional a la cantidad de misiles y drones que eres capaz de fabricar, y a la dimensión de los cojones de quién dispone del botón.

En el prontuario de EEUU, Estado que conviene calificar de criminal, figura la entronización un pelín forzada de excelsos representantes del orden imperial en América Latina: Anastasio “Tacho” Somoza, Jorge Ubico, Rafael Trujillo, Humberto Castelo Branco, Augusto Pinochet, Alfredo Stroessner, Hugo Banzer y Jorge Videla, producto de intervenciones en Nicaragua, Guatemala, República Dominicana, Brasil, Chile, Paraguay, Bolivia y Argentina. Para no hablar de los golpes de Estado y la imposición de dictadores civiles. O del resto del mundo.

Lo de Venezuela es el último crimen de una larga lista que jalona la Historia del imperio, Historia que incluye el asesinato de presidentes vernáculos: Abraham Lincoln (1865), James A. Garfield (1881), William McKinley (1901), y John F. Kennedy (1963)–, así como el genocidio de los pieles rojas, el esclavismo de la población africana importada y la discriminación racial que aún dura.

Nada nuevo bajo el sol en el mundo libre.

De modo que lo que más impacta es constatar a qué punto Donald, hizo suyo el aforismo de Calígula – Oderint, dum metuant– devenido su símbolo, blasón e insignia:

Que me odien, con tal de que me teman…

Emmanuel Macron no sólo saludó el secuestro de Nicolás Maduro como una acción promisoria, sino que además omitió mencionar siquiera el atropello de la soberanía de un país, el ninguneo de las Naciones Unidas, el uso del Derecho Internacional, del Congreso y las leyes yanquis como sustitutos ad-hoc del papel higiénico, sin mencionar las amenazas en plan pato malo a quién osare oponerse a los designios del patrón de la Casa Blanca.

Su pusilanimidad de Macron sólo tiene parangón en la cobardía de sus pares y de la masa de periodistas amaestrados que celebraron hipócritamente “la captura” de Nicolas Maduro, decretado dictador en el país del Siglo de las Luces Apagadas.

Entretanto, tienes la impresión de estar en presencia de una partida de póker mentiroso. Escuchar el discurso, en fin, la cháchara de Donald que no logra hilvanar una frase, y luego el derrame de loas a su gloria entonadas por Pete Hegseth, trajo a mi memoria ese proverbio francés que dice:

Mercancía sobrevalorada… a menudo se estropea

En cristiano: “Mercancía demasiado alabada… a menudo está estropeada”…

Una vez más, como dice Horacio, cuando finalmente muera… en el ataúd de Donald pondrán las manillas por dentro: nadie querrá cargar con ese muerto.

Lo de Venezuela, he ahí “un triunfo” extraño.

Asesinar presidentes, bombardear países inermes, organizar golpes de Estado, destruir sociedades, etc., eso, los yanquis saben hacerlo. Ocupar territorios por la fuerza, quedarse en ellos hasta que les echan a patadas, también conocen.

Siempre en su propio interés: cuando se enteran de que hay petróleo en algún sitio… les vienen irrepresibles ganas de sembrar allí su democracia.

Ahora, en un escenario hollywoodense, secuestran un presidente con un pretexto que no se creen ni ellos… No ocupan territorio alguno, no cambian el régimen existente, no coronan a Corina como esperaba un puñado de capitanes Araya, tampoco se apoderan del “petróleo que les robaron”, y simplemente se fueron como cualquier maleante que entra a robar en una casa y sale huyendo.

Como advertencia a la distinguida audiencia vale. Para mostrar que un ejército que cuesta un billón de dólares al año sirve para algo, también vale. Pero Donald aseguró que Washington gobernará Venezuela hasta que haya “una transición segura” (sic). Uno entiende “hasta que estemos seguros de que nuestra marioneta será elegida democráticamente y podamos montar una elección como la que hubo hace unas semanas en Honduras”. Sin olvidar el coro de aplausos de los líderes del “mundo libre”, de lumbreras como Ursula von der Leyen, el mencionado Macron y el paquete de claveles de la Unión Europea.

Queda por saber cómo y cuando Donald administrará un país al que no enviará tropas (Marco Rubio dixit), ni controla sino en sus sueñitos irresponsables.

James David Vance, vicepresidente en plan Charles III (espera que el otro se muera…), sugirió utilizar AnyDesk –popular programa informático que permite tomar el control de otro computador a distancia, cómodamente instalado en la Oficina Oval– aún cuando hay quién afirma que hubiese preferido NinjaOne Remote porque el nombre le hace ilusión.

Mientras tanto, el país agredido, al que hasta ayer “occidente” calificaba unánimemente de horrible dictadura, parece haber recobrado la credibilidad democrática de esa que le gusta al imperio. Hasta ahora ningún vasallo europeo –ni tampoco la administración Trump– ha sugerido que Delcy Rodríguez practique la tiranía, y todo hace penar que la de Maduro era una dictadura onanista.

Todos los demás miembros del gobierno son respetables, mientras obedezcan y hagan lo que Donald, o Rubio, o Vance, ordenen vía AnyDesk.

¿Tú entiendes algo? Yo no…

Aún menos cuando, –con el gesto de la dueña de casa que desempolva la superficie de un escritorio – , Donald desestimó la invaluable colaboración de Corina Machado (dizque porque no le cedió el pinche premio Nobel…), la de los presidentes hechizos como Juan Guaidó y Edmundo González, o figuras como Julio Borges, o el golpista Hugo Carmona y otros esperanzados demócratas.

La cuestión en la Unión Europea, incluyendo a ex mandatarios como François Hollande (Flamby), se limita, o se limitaba a subrayar que Maduro es un impresentable, y que todo el planeta se alegra de su “captura”.

Admitiendo que lo sea, nadie se ha aventurado a hablar de otra cosa, y la prensa la radio y la televisión les llevan las de abajo entrevistando a cuanto “opositor” antichavista se presta para celebrar el bombardeo de su propio país.

¿El Derecho Internacional? ¿La Carta de las Naciones Unidas? ¿La paz regional y mundial?

Al fondo a la derecha…

Hasta que… hasta que el propio Donald recordó a qué punto es imprescindible “para la seguridad de EEUU” que el imperio se apodere de Groenlandia. “Ya hablaremos dentro de veinte días”, agregó.

Como un muy apropiado eco que llega en el momento adecuado, Katie Miller –esposa del asesor presidencial Stephen Miller– puso en su red social preferida el mapa de Groenlandia revestida de la bandera yanqui, y del mensaje “SOON” (pronto). Puro azar…

El estupor, el desconcierto y la diarrea disentérica de los adormecidos líderes de la Unión Europea fue total.

No es posible, sería el fin de la OTAN, no nos pueden hacer esto (después de habernos tragado tantas culebras…) y otros lugares comunes igual de luminosos –enunciados con una voz temblorosa– fueron seguidos de alusiones hacia aquello en lo que se cagaban hasta el 3 de enero: el Derecho Internacional, la Carta de las Naciones Unidas, etc.

Hoy, en un derroche de emisiones de CO2 y de tiempo que estaría mejor utilizado en resolver las cuestiones que preocupan a los ciudadanos europeos, Macron recibió en el palacio del Eliseo –una vez más– a Zelenski y a más de una docena de líderes occidentales, incluyendo al yerno de Donald, para… ¿Para qué? Hacer la pregunta ya es enunciar la respuesta.

La Unión Europea, cuyo concepto nació en plena II Guerra Mundial, siempre tuvo como objetivo estratégico facilitarle a EEUU la administración del vasallo transatlántico. Sin AnyDesk.

Esto es como el famoso cuento del sapito y el escorpión. Rodearse de cipayos obedientes está en la naturaleza misma de EEUU. Es un tropismo congénito.

A algunas almas puras que critican a Donald y a los Republicanos yanquis, escudándose en su preferencia por los Demócratas, les ruego recordar que las dos bombas atómicas arrojadas sobre Japón (1945) fueron ordenadas por un demócrata (Harry S. Truman).

De mismo modo, los ataques a Venezuela fueron iniciados por otro demócrata:

El 9 de marzo de 2015, Barack Obama emitió una orden presidencial declarando a Venezuela una “amenaza a la seguridad nacional [de Estados Unidos]” y ordenó al Departamento del Tesoro congelar las propiedades y los activos de siete funcionarios venezolanos a los que consideraba responsables de abusos de los derechos humanos, represión y al menos 43 muertes durante manifestaciones.

La única diferencia entre Obama, y Donald, es que Donald está pirao.

¿Cuál es peor?

—oOooo—

Nota: que Donald está pirado no lo digo yo, sino «… más de 200 profesionales de la salud mental, advirtiendo que Donald Trump es peligroso debido a «sus síntomas de un trastorno de personalidad severo e intratable – narcisismo maligno», que lo convierte en «gravemente incapaz de liderar». El Guardián. Londres (Elecciones presidenciales, 2024).

Luis Casado, nació en Chile. Es ingeniero del Centre d’Etudes Supérieures Industrielles (CESI – París). Ha sido profesor invitado del Institut National des Télécommunications de Francia y Consultor del Banco Mundial. Su vida profesional, ligada a las nuevas tecnologías destinadas a los Transportes Públicos, lo llevó a trabajar en más de 40 países de los cinco continentes.

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