PORTADA: Jesús Linares, de 48 años, y Reggie Carrero, de 52, en un apartamento dañado el domingo en Catia La Mar, Venezuela, tras los ataques llevados a cabo por el ejército estadounidense como parte de la operación para capturar a Nicolás Maduro.Credit…The New York Times
América Latina ya enfrentaba dificultades para saber cómo manejar las intervenciones del presidente Trump en la región. Entonces atacó a Venezuela.
Por Jack Nicas
Jack Nicas ha sido uno de los principales corresponsales en América Latina desde 2021. Reportó desde Ciudad de México.
La ciudad quedó a oscuras. Las defensas aéreas quedaron inhabilitadas. Sonaron explosiones. Y bajo el cielo nocturno, una flota de helicópteros estadounidenses se abalanzó y capturó al presidente.
Horas después, al celebrar la captura del líder venezolano, Nicolás Maduro, por parte del gobierno estadounidense, el presidente Donald Trump mencionó el petróleo de Venezuela 20 veces.
El momento conmocionó a América Latina quizá más que cualquier otro acontecimiento de este siglo, pero su significado depende de a quién preguntes.
Para la izquierda latinoamericana, confirmó lo que ciertos líderes llevan décadas advirtiendo: Estados Unidos es una potencia imperial dispuesta a invadir y explotar a sus vecinos del sur en beneficio propio y de sus recursos naturales.
Para la derecha latinoamericana, Trump acababa de rescatar a una Venezuela quebrada de una dictadura de izquierda y ahora por fin se daría cuenta del inmenso potencial económico del país.
Brasil, México, Colombia, Chile, España y Uruguay —todos ellos dirigidos por izquierdistas— denunciaron conjuntamente los atentados y la captura como “un precedente sumamente peligroso” y advirtieron contra “cualquier intento de control gubernamental, de administración o apropiación externa de recursos naturales o estratégicos” en Venezuela.
El presidente de Argentina, Javier Milei, el líder de derecha más destacado de la región, aplaudió la acción estadounidense. “Aquí no hay medias tintas ni grises”, dijo. “Se está del lado del BIEN, o se está del lado del MAL”.
En lo que todos pueden estar de acuerdo es en que la intervención demostró que Estados Unidos vuelve a ser el centro de gravedad en América Latina, para bien o para mal.

Trump está entre ellos. “La doctrina Monroe es una gran cosa, pero la hemos superado por mucho, por muchísimo. Ahora la llaman doctrina Donroe”, dijo el sábado, refiriéndose a la política de 1823 del presidente James Monroe, que pretendía impedir que las potencias europeas se entrometieran en el continente americano. “Con nuestra nueva estrategia de seguridad nacional, el dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a cuestionarse”.
En los 30 años anteriores al gobierno actual de Trump, la política exterior estadounidense en América Latina se había enfocado en gran medida en apoyar la democracia y el libre comercio.
Trump ha revisado ese enfoque para enfocarse en lo que le conviene a Estados Unidos o, en muchos casos, a él.
Impuso aranceles a Brasil en un intento fallido de salvar de la cárcel a su aliado, el expresidente Jair Bolsonaro. Aplicó sanciones al presidente de Colombia después de que criticara la política estadounidense. Apoyó a un candidato de derecha en Honduras, en una sorpresa que podría haber inclinado la balanza electoral. Y concedió a Argentina un salvavidas de 20.000 millones de dólares para ayudar a Milei en las elecciones legislativas.
Esas acciones inquietaron a muchos en América Latina, recordándoles el largo historial de intervenciones de Washington en la región, como sus invasiones de México, Panamá y Haití, y su apoyo a golpes militares.
“Pensando como región, esto asusta de un modo que no había visto en mucho tiempo”, dijo Celso Amorim, el principal asesor en política exterior del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y uno de los funcionarios gubernamentales con más experiencia de América Latina, tras haber sido en diversas ocasiones ministro de Asuntos Exteriores, ministro de Defensa y asesor especial de Brasil durante 16 años.
“Lo más grave para mí es que esta vuelta al intervencionismo ni siquiera está disimulada”, dijo en una entrevista. “Ni siquiera hay un, digamos, ‘No, fuimos allí para defender la democracia’. Hay un objetivo que es obviamente económico”.

Lula, el estadista más influyente de Latinoamérica, mantuvo el sábado dos reuniones distintas con sus ministros sobre el ataque estadounidense, según el gobierno brasileño. A continuación, emitió una crítica especialmente severa, afirmando que las acciones de Washington “cruzan una línea inaceptable” y que “la comunidad internacional, a través de las Naciones Unidas, debe responder con contundencia”.
El domingo, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños —la principal organización multilateral de la región— celebró una reunión de emergencia para abordar la situación en Venezuela. Muchos países dirigidos por políticos de izquierda enviaron a sus ministros de Relaciones Exteriores, mientras que otros, dirigidos por líderes conservadores, enviaron a diplomáticos de menor rango.
En la reunión, el ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Yván Gil, advirtió de que el resto de América Latina debería estar preocupado. “Este ataque no es solo contra Venezuela, es un ataque contra América Latina y el Caribe”, dijo al grupo de 33 países. “Hoy fue Venezuela; mañana puede ser cualquier otro país que decida ejercer su soberanía”.
Muchos latinoamericanos discreparon. El gobierno de Maduro era corrupto y represivo, dijeron, y eso provocó la ira del gobierno estadounidense. “A todos los criminales narco chavistas, les llega su hora”, dijo el sábado el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, refiriéndose a los seguidores del predecesor socialista de Maduro, Hugo Chávez. “Su estructura terminará de caer en todo el continente”.
Sin embargo, está por ver si los países harán algo más que emitir declaraciones airadas. Estados Unidos es el socio económico más crucial para gran parte de la región, y Trump ha demostrado estar dispuesto a intervenir económica, política y ahora militarmente contra los países que se le opongan.

“Creo que estamos en el punto más bajo de la diplomacia interamericana porque todos los países se han replegado sobre sí mismos y todos están desarrollando enfoques transaccionales en su relación con este gobierno”, dijo Arturo Sarukhán, exembajador de México en Estados Unidos. Dada la creciente división partidista en la región, añadió, “creo que va a ser muy difícil ver un enfoque potente de las naciones latinoamericanas y caribeñas ante esto”.
La respuesta de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ilustró esa cuerda floja política.
Aunque condenó el ataque de Venezuela, Sheinbaum lo hizo de forma más diplomática que varios de sus homólogos. Hay que tener en cuenta que, al mismo tiempo, el sábado, Trump volvía a advertir de que los cárteles mexicanos podrían ser su próximo objetivo militar.
Brasil, sin embargo, está mucho más lejos de Estados Unidos y su socio comercial principal es ahora China. Eso ha permitido a Lula adoptar un enfoque mucho más combativo frente a Trump, lo que ha dado resultados positivos para Brasil.
Amorim sugirió que las políticas de Trump podrían empujar a otros países hacia China. Las intervenciones “van a tener el efecto contrario al deseado por Estados Unidos”, dijo. Los países “tendrán que buscar cada vez más contrapesos, para no dejarse involucrar en este tipo de situaciones”.

Lo que parece más probable ahora es que las opiniones encontradas de América Latina sobre Venezuela —y los esfuerzos de cada país por preservarse a sí mismo— conduzcan a una acción poco cohesionada. Sarukhán dijo que probablemente haría falta una ocupación a gran escala de Venezuela para impulsar algo más que declaraciones.
Eso también significa un posible envalentonamiento de Trump.
En el último año, sus acciones en América Latina se han vuelto más agresivas. Esto ha hecho que muchos países no sepan qué pensar de sus palabras duras.
Horas después de ver cómo el ejército estadounidense llevaba a cabo una exitosa operación en Venezuela, ya estaba insinuando que Cuba podría ser la próxima. “Creo que acabaremos hablando de Cuba, porque Cuba es una nación en decadencia”, declaró a los periodistas el sábado.
El domingo por la mañana, en una llamada telefónica con The Atlantic, dijo: “Necesitamos Groenlandia, sin duda”.
El domingo por la noche, tenía en mente otro objetivo en el hemisferio
“No va a seguir haciéndolo durante mucho tiempo”, dijo Trump sobre el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien ha criticado con frecuencia a Trump. “Tiene fábricas de cocaína”.
Preguntado si Estados Unidos llevaría a cabo una operación contra Colombia, respondió: “Me parece bien”.
Jack Nicas es el jefe de la corresponsalía del Times en Ciudad de México y lidera la cobertura sobre México, Centroamérica y el Caribe.
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