Crónica
Por Jaime Hinojosa Daza

En el corazón del Caribe, entre aguas turquesa y arenas blancas, se levantaba un paraíso que escondía un infierno. , una isla privada en las Islas Vírgenes de Estados Unidos, fue durante años el epicentro de uno de los escándalos más perturbadores de las últimas décadas: la red de explotación sexual de menores organizada por el financiero Jeffrey Epstein.

El paraíso convertido en prisión

Epstein adquirió la isla en 1998 por unos ocho millones de dólares. Lo que para los lugareños era un símbolo de riqueza pronto se convirtió en un lugar marcado por rumores y secretos. Testimonios posteriores revelaron que allí se cometieron abusos sistemáticos contra adolescentes y jóvenes, muchas de ellas reclutadas bajo falsas promesas de trabajo o educación.
Los habitantes de St. Thomas y St. John comenzaron a llamarla “la isla de los pedófilos”, un apodo que reflejaba el temor y la indignación que despertaba la presencia del magnate. La isla vecina, Great St. James, también formaba parte de su entramado de propiedades, reforzando la imagen de un imperio privado donde la ley parecía no entrar.

El círculo de poder

El escándalo no solo se centró en los crímenes cometidos, sino en las conexiones que Epstein cultivó. Políticos, empresarios y celebridades viajaban en su jet privado, conocido como el Lolita Express, hacia las islas. Los registros de vuelo y documentos judiciales han alimentado sospechas sobre la complicidad o, al menos, la cercanía de figuras influyentes con el entorno del financiero.
Las Islas Vírgenes se convirtieron así en un símbolo de cómo el poder económico y las relaciones políticas pueden blindar a un individuo frente a la justicia, al menos durante un tiempo.

La caída

Jeffrey Epstein (Rick Friedman/Corbis via Getty Images)

En julio de 2019, Epstein fue arrestado en Nueva York acusado de tráfico sexual de menores. Su detención desató una tormenta mediática y judicial que alcanzó también a las autoridades de las Islas Vírgenes, donde se abrieron investigaciones sobre las actividades en sus propiedades.
El caso prometía revelar nombres y responsabilidades, pero la historia dio un giro abrupto.

El final en una celda

El 10 de agosto de 2019, Jeffrey Epstein fue hallado muerto en su celda del Centro Correccional Metropolitano de Nueva York. La versión oficial habló de suicidio, aunque las irregularidades en la vigilancia y las circunstancias del hecho alimentaron teorías de conspiración que persisten hasta hoy. Tenía 66 años y enfrentaba cargos que podían llevarlo a pasar el resto de su vida en prisión.

Jeffrey Epstein

Un legado de sombras

La muerte de Epstein cerró su proceso judicial, pero no el escándalo. Las investigaciones continúan, los archivos siguen revelando vínculos y las víctimas reclaman justicia y reparación. Las Islas Vírgenes, antes un refugio turístico, quedaron marcadas como escenario de uno de los capítulos más oscuros de la historia reciente.

Más allá de las playas y el lujo, lo que permanece es la memoria de un sistema que permitió que un hombre con poder y dinero construyera un imperio de silencio y abuso, protegido por la complicidad y la indiferencia.

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