Por: Ramón César González Ortiz*
«Si un batallón de infantería no es suficiente para luchar contra la guerrilla, diseñamos una organización que sí lo será”. Roberto D’Aubuisson.
Introducción.
Como ya hemos visto en otras entregas, los grupos paramilitares, también conocidos como escuadrones de la muerte, fueron creados desde países como Taiwán, Francia y los Estados Unidos, entre otros. Y, desde esos países, paulatinamente se irían coordinando dentro de las políticas de contrainsurgencia del Pentágono. Así, en nuestra región se desarrollarían en el marco de la Alianza para el Progreso de John F. Kennedy.
De ahí, en el caso de Guatemala[i], nacería el escuadrón de la muerte, Movimiento Anticomunista Nacional Organizado (MANO[ii], también conocido como la Mano Blanca)[iii], cuya réplica en Argentina sería la Tripla A (Alianza Anticomunista Argentina)[iv] y en Uruguay el Comando Caza Tupamaros.
En tanto que, en el Salvador, serían dos organismos los que sobresaldrían como escuadrones de la muerte: ORDEN (Organización Democrática Nacionalista) y ANSESAL (Agencia Nacional de Seguridad de El Salvador).
Estando el primero de estos, encargado de organizar a la población civil rural contra la guerrilla. A partir de que los campesinos funcionaban como informantes (“orejas”) o directamente, como asesinos. Mientras que, ANSESAL, era una agencia formada por militares con contactos con altos mandos del poder político, un cuerpo “de elite” que coordinaba los servicios de inteligencia a nivel nacional[v].
El uso de los civiles por los escuadrones de la muerte.
Acorde con la lógica contrainsurgente, las masas constituidas por ancianos, mujeres y niños. Y que habitan en las áreas disputadas, proporcionaban a la guerrilla alimentos, ropa, refugio, medicinas e información. Motivos por los que, se considera constituyen la retaguardia estratégica o logística de la guerrilla.
De forma que, dichas masas, son consideradas parte contendiente en la guerra emprendida contra la guerrilla, lo cual implicaría que, también deben ser asesinados o aterrorizados para que obedezcan, u al menos sean obligados a huir de las áreas disputadas, con objeto de separar el pez del agua”.
Luego entonces, una de las tareas más importantes de los escuadrones de la muerte a partir de la década del ‘60, sería sembrar terror entre la población civil.
Los métodos para aterrorizar a los civiles.
Los métodos que utilizarían los escuadrones de la muerte para aterrorizar a la población en general, serían el secuestro seguido por el abandono del cadáver horas después, mutilado o con diferentes huellas de brutales torturas, en zanjas y plazas.
Actos seguidos por la negación sistemáticamente de su participación por parte de las autoridades nacionales y extranjeras. De forma que, siendo sus crímenes en general imposibles de rastrear, los escuadrones de la muerte hacían muchas veces alarde de su impunidad y connivencia con la justicia y el poder político de turno, secuestrando y asesinando a plena luz del día.
Así, dentro de la secrecía y la visibilidad, se lograría aterrorizar y paralizar a la población en general. Pero más aún, el carácter clandestino y paramilitar, desdibuja los claros nexos que unen a los escuadrones con las fuerzas estatales.
Y todos esos actos se cometerían de tal forma que, los escuadrones de la muerte se transformaran en grupos profesionalizados, especializados en represión, además de que, continuará gravitando sobre la sociedad civil en general, pero cada vez más, con la fachada de narcotraficantes.
Asimismo, la ilegalidad en la que se movían estas organizaciones, darán a la situación el aspecto de una “lucha entre fuerzas irregulares”: irregulares eran las guerrillas, e irregulares quienes las combatían.
Hechos que, podemos ver en la actualidad en el tema de la guerra contra el narcotráfico, siendo que, al negarse la relación con el Estado o las Fuerzas Armadas, se intenta preservar la imagen democrática del gobierno y dejar a las fuerzas armadas legitimas, en una posición de (falsa) neutralidad.
E igual que ocurre hoy en día con los niveles de represión, violencia e incertidumbre que generan los narcoparamilitares, la intención de los escuadrones de la muerte sería provocar el surgimiento en amplios sectores de la población de un discurso que plantee la necesidad de “poner orden” ante hechos que se presentan como azarosos, imprevisibles, incomprensibles.
De forma que, el terrorismo de estado instalado en un principio por los escuadrones de la muerte y en nuestros días por los narcoparamilitares, permite llevar a la práctica un “ordenamiento”, organizando el terror, el asesinato y la represión desde los órganos institucionales adecuados: las fuerzas de seguridad (policiales y militares).
Así, las poderosas redes clandestinas que los escuadrones de la muerte tejieron, representan hoy, un repositorio de conocimiento contrainsurgente ya puesto a prueba.
Y que, en la actualidad se puede llevar adelante bajo el pretexto de la guerra contra el narcotráfico. Toda vez que, en realidad dicha guerra se vale de los narcoparamilitares, siendo que ellos se desprenden de los escuadrones de la muerte.
Los escuadrones de la muerte persisten, travestidos en, narcoparamilitares.
Uno de los casos más emblemáticos de la transición de escuadrones de la muerte a la formación de narcoparamilitares, será el caso Irán Gate o Contra-gate. Desarrollándose a partir del intercambio de drogas por armas para la contra nicaragüense. Y lo cual, se sabe sería clave para ayudar al financiamiento de los paramilitares centroamericanos, hechos ya investigados.
Otro caso igual de significativo, será el de la asistencia militar argentina prestada a la “narcodictadura” boliviana.
En ese caso, el enlace con los militares argentinos sería el coronel Luis Arce Gómez, ministro del interior de la dictadura (hoy detenido por narcotráfico). A partir de que, Arce, junto a su pariente Roberto Suárez, estructuraron en Bolivia la fórmula de tráfico de drogas y lavado de dinero que contaría con la cobertura de los asesores argentinos en Centroamérica.
Así, se realizaría un pacto por medio del cual los narcotraficantes bolivianos financiarían a las bandas paramilitares de la región y que se firmó en Bolivia con el delegado del general Suárez Mason, el teniente coronel Hugo Miori Pereyra, Stéfano Delle Chiaie[vi] de Avanguardia Nazionale y delegados de la CIA.
Y de ahí, Miori y Delle Chaie, entre otros grupos mafiosos, formarían en Bolivia un escuadrón terrorista denominado “Novios de la Muerte”. Escuadrón que, a su vez, estaría vinculado con el criminal nazi Klaus Barbie, quien, coordinado con el Servicio Especial de Seguridad, enseñaría a soldados bolivianos como torturar a detenidos a la vez que protegían el contrabando de drogas.
Así, los mayores narcotraficantes de Bolivia lograron su enorme expansión a través de los militares. Y todo lo cual, estuvo en pleno conocimiento de la DEA, especialmente en su sede de Buenos Aires. Al respecto, el ex agente de la Cia Michael Levine, dijo que este organismo y la propia DEA ocultaron información, porque el proceso desarrollado era en todo favorable a Washington tanto en la región como en Centroamérica[vii].
Los narcoparamilitares en la actualidad: Kaibiles y Zetas.
Tras ver el funcionamiento de los escuadrones de la muerte en Sudamérica, se puede observar que estos cuadros fueron adaptados para funcionar como hordas que agreden colectivamente a individuos inermes, a partir de deshumanizar a sus víctimas, al grado de ser capaces de aplicarles diversas torturas o agredirlas física y psíquicamente, sin reparar en su sexo, su edad, su indefensión o su real peligrosidad.
Dignos representantes de tales actos en la actualidad son los kaibiles, a partir de que, no tuvieron acciones de alta importancia y eficiencia sobre las fuerzas guerrilleras en Guatemala, sino que destacaron por cometer actos brutales de masacres y desapariciones contra la población civil desarmada.
Por ejemplo, en el Petén, donde está la escuela de formación de kaibiles, estos nunca se enfrentaron a los guerrilleros de las FAR para arrinconarlos y disminuirlos militarmente, sino que se dedicaron a realizar cruentas acciones punitivas contra población campesina no combatiente.
Un caso emblemático es la masacre cometida por fuerzas especiales kaibiles del ejército en la población de Dos Erres, en la provincia de El Petén, en 1982, durante el gobierno del general Efraín Ríos Montt.
Ahí, cerca de 180 campesinos fueron masacrados por los militares, previas torturas y violaciones de mujeres. Los cuerpos fueron tirados a un pozo donde fueron exhumados 22 años después por un equipo especializado de antropólogos argentinos. Siendo encontradas 162 osamentas de las cuales 67 eran niños y niñas menores de 12 años[viii].
Actos a los cuales se le sumara, el señalamiento de que varios líderes kaibiles, son cabecillas del narcotráfico, tal será el caso de ex capitán kaibil Byron Lima.
Así como son señalados varios kaibiles supuestamente retirados y algunos en activo, de entrenar a miembros y sicarios de los carteles mexicanos, sobre todo a los Zetas.
En el caso de los Zetas, además de lo anterior, no se puede pasar por alto el hecho de que su fundador, Arturo Guzmán Decena (Z-1), era miembro del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano (GAFE), creado en 1994 contra la insurrección zapatista, de manera que sus líderes son expertos en la contrainsurgencia.
Y lo cual, se ha visto reflejado en sus estrategias del terror, así como en sus técnicas usadas en las masacres, en el descuartizamiento, así como en la quema sistemática de los restos de sus víctimas en barriles para no dejar rastros[ix].
Bibliografía.
Archipielago. LAS PISTAS DE LAS OSAMENTAS. Por: Jaime Barrios Carrillo.
Espacio, Revista Digital. El patriarca en su otoño. Por: Thomas Long. Enero 10, 2025
El Liberal, periódico digital. Guatemala, Belice y Paraguay apoyan a Taiwán desafiando a China comunista. Por: Arturo McFields Yestas. Mayo 24, 2024
Revista Envío. Universidad Centroamericana – UCA. Número 381. Tomografía de la frontera sur de México: ¿Qué pasa por donde pasan los migrantes centroamericanos? Por: José Luis González. Diciembre, 2013.
[i] En Guatemala, resulta conveniente recordar que fue en Guatemala donde, por primera vez, se aplicaron en gran escala en América Latina métodos contrainsurgentes de gran brutalidad y violencia contra la población civil y contra todo ciudadano considerado desde la óptica contrainsurgente como enemigo del estado. Se aplicaron con toda impunidad y cobertura del estado las desapariciones de ciudadanos, la tortura, las ejecuciones extrajudiciales y la persecución y acoso ideológico y psicológico. Los multitudinarios crímenes y llevaron a enfrentar la “amenaza del comunismo” con masacres que, por su carácter de asesinatos masivos, no pudieron “desaparecer” los cuerpos de campesinos adultos, hombres, mujeres y sus niños, como se había hecho en el pasado. Fosas comunes y cementerios clandestinos se multiplicaron en el país en concordancia con las más de 600 masacres cometidas.
Se trata de decenas de miles de víctimas que, a diferencia de la sofisticada desaparición de los comunistas en 1966 y de otros ciudadanos desaparecidos en grupo o individualmente cuyos cuerpos no pudieron ser ocultados para siempre, tirándolos desde aviones militares en alta mar, fueron enterrados en fosas comunes, con frecuencia en las mismas bases militares.
Valga aquí retrotraerse en la historia para señalar que en marzo de 1966 fueron secuestrados 33 dirigentes del Partido Comunista de Guatemala PGT y de otros partidos de izquierda y dados por desaparecidos ante la negación del estado de la detención. Sin embargo, documentos de la CIA que han sido desclasificados en 1998 revelaron lo que era sabido y es que los secuestrados por las fuerzas armadas del estado habían sido asesinados clandestinamente el 6 de marzo de 1966, sin que sus cuerpos nunca fueran encontrados. Esta es una de las desapariciones forzadas masivas cometidas en Guatemala junto a otras posteriores, como la desaparición de 21 sindicalistas de la Central Nacional de Trabajadores CNT en junio de 1980 y la de la junta directiva de la Asociación de Estudiantes Universitarios AEU en 1989 y, desde luego, las desapariciones de miles de campesinos, activistas urbanos, catequistas, profesores y otras categorías sociales y profesionales.
Archipielago. LAS PISTAS DE LAS OSAMENTAS. Por: Jaime Barrios Carrillo.
[ii] La Mano Blanca, Movimiento de Acción Nacionalista Organizado (MANO): Fue un escuadrón de la muerte de derecha en Guatemala, conocido por sus acciones violentas y su represión de la oposición. Debido a su acrónimo, utilizaban el símbolo de una mano blanca dentro de un círculo rojo, por lo que también eran conocidos como Mano Blanca.
Espacio, Revista Digital. El patriarca en su otoño. Por: Thomas Long. Enero 10, 2025
[iii] Los asesores estadunidenses recurrieron en Guatemala al Movimiento de Liberación Nacional, del ultraderechista Mario Sandoval Alarcón, los capitanes de empresa y cuadros medios del sector privado y a oficiales del ejército y la policía.
[iv] La Triple A, o Alianza Anticomunista Argentina, fue un aparato represivo paraestatal que operó aproximadamente entre 1973 y 1975 en Argentina, bajo los gobiernos constitucionales de Héctor Cámpora (1973), Juan Domingo Perón (1973-1974) y María Estela Martínez de Perón (1974-1976).
El principal responsable político de dicha organización delictiva era López Rega -secretario personal de J. D. Perón y Ministro de Bienestar Social, el “más peronista de los ministerios”-. Quienes manejaban las cuestiones operativas eran tres ex miembros de la Policía Federal Argentina (PFA).
Molinari, Lucrecia I. «ESCUADRONES DE LA MUERTE»: GRUPOS PARAMILITARES, VIOLENCIA Y MUERTE EN ARGENTINA (’73-’75) Y EL SALVADOR (’80) Diálogos Revista Electrónica de Historia, vol. 10, núm. 1, febrero-agosto, 2009, pp. 94-116 Universidad de Costa Rica San Pedro de Montes de Oca, Costa Rica
[v] En El Salvador D’Abuisson contó con el apoyo del Grupo Miami y de los coroneles Nicolás Carranza, viceministro de Defensa y Roberto Santibáñez, director de la agencia de inteligencia salvadoreña ANSESAL. Ambos cobraban en la nómina de la CIA.
D’Abuisson, subdirector de ANSESAL, renunció al ejército para formar una estructura político-militar de ideología fascista, en apoyo de las fuerzas armadas. Para ello contó con la asesoría de Mario Sandoval Alarcón, quien lo conectó a su vez con antiguos miembros de la Organización del Ejército Secreto francés (OES) y oficiales argentinos expertos en tortura, asesinatos y casas de seguridad, que habían participado en la guerra sucia de su paísEl Grupo Miami -también conocido como “los seis”-, canalizó millones de dólares al plan terrorista de D’Abuisson, destinado a desestabilizar a la junta de gobierno reformista moderada surgida de un golpe el 15 de octubre de 1979. Según información que en su momento tuvo en sus manos la fiscal general de Estados Unidos, Janet Reno, dos de los miembros del Grupo Miami eran los empresarios salvadoreños autoexiliados, Roberto Hill y Orlando de Sola, calificados como de “extrema derecha”.
La Jornada. Clave, el testimonio de Robert White en el caso del asesinato de monseñor Romero. Por: CARLOS FAZIO. México D.F. Viernes 24 de septiembre de 2004
[vi] Stefano Delle Chiaie, el escuadrón “Novios de la Muerte” para instalar al narcotraficante general Luis García Meza como dictador de Bolivia en el “golpe de la cocaína”.
los lazos íntimos entre la WACL, basada en la dictadura militar del KMT en Taiwán, y la Iglesia de Unificación del “reverendo” Moon, auspiciado por los igualmente anticomunistas militaristas de Corea del Sur.
Las extensas operaciones de Moon en América Latina se coordinan bajo la sigla CAUSA, e incluyen periódicos como Tiempos del Mundo, bancos en Honduras, Uruguay y Brasil, y el comercio de armas. Entre las organizaciones latinoamericanas afiliadas a la WACL está ARENA (Alianza Renovadora Nacionalista), el partido ultraderechista de El Salvador fundado por el ex coronel de la inteligencia militar, Roberto D’Aubuisson.
El Internacionalista. Estudió en la “academia” de los escuadrones de la muerte, cuna de la Liga Mundial Anticomunista. El alma máter de Lucio Gutiérrez. Abril de 2003
[vii] Cubadebate. Murió Suarez Mason: Un terrorista al servicio de Washington. Por: Stella Calloni. 24 junio 2005. www.cubadebate.cu
[viii] Esta acción punitiva contra la población civil desarmada fue respuesta a una emboscada de las guerrillas de las FAR (Fuerzas Armadas Rebeldes). Las fuerzas armadas de Guatemala consideraron que la aldea Dos Erres era simpatizante de la guerrilla y decidieron liquidar a la población. Dentro de las “pruebas” presentadas por los militares están algunos sacos de frijoles producidos por un empresario agrícola de nombre Federico Aquino Ruano, cuyas iníciales eran precisamente FAR.
Comisión Internacional contra la Impunidad de Guatemala, organismo de la ONU.
Archipielago. LAS PISTAS DE LAS OSAMENTAS. Por: Jaime Barrios Carrillo.
[ix] Revista Envío. Universidad Centroamericana – UCA. Número 381. Tomografía de la frontera sur de México: ¿Qué pasa por donde pasan los migrantes centroamericanos? Por: José Luis González. Diciembre, 2013.
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BLOG DEL AUTOR: Ramón César González Ortiz
Licenciado en Sociología y Maestro en Estudios Políticos y Sociales por la UNAM. /@PBolivariana
