Por Félix Carrillo Hinojosa

Desde tiempos pretéritos, ciertos personajes que se adueñaron de la política nacional, entendieron que se debía dividir a la CIUDADANÍA, a través de un trapo rojo y otro azul, a los que debían sumarsele el odio y el miedo y ponerlos a marchar como unos borregos, en donde solo podían repetir lo que su jefe político les dijera.

Así han mantenido al pueblo Colombiano, con unos profundos atrasos en la educación, ciencia y tecnología, vivienda, empleo y salud, entre otros. Por años, «el odio y el miedo» han caminado en detrimento de los valores humanísticos, que una sociedad debe construir para bien del presente y de las generaciones que surjan, sin esa tara del trapo rojo o azul, que solo ha traído muerte, atraso y división.

Todo ese viejo direccionamiento ha manoseado al ser humano, cuya finalidad solo ha servido para crear unas élites políticas, económicas y sociales, que siempre les ha oprimido. Como castigo para esa clase dominante surgió «el narcotráfico» que con la furia del dólar, sometió a esa impenetrable clase política, a los clanes económicos y a esa élite social de dedito parado, muchos de ellos venidos a menos, las cuales terminaron avasalladas por ese fenómeno económico informal. Hoy la situación es otra. Los deteriorados y famelicos partidos ya no mandan y sus cuadros directivos envejecidos como ellos, siguen rumiando un poder que no tienen, igual hacen los Senadores y Representantes, que se pavonean y someten con sus credenciales a una CIUDADANÍA que se cansó y decidió salir a la calle, rebotarse ante tanta injusticia social, retando a la epidemia del Covid, porque a su dirigencia política y el actual gobierno, los cubrió la incapacidad y todo en Colombia tiene que pasar por el filtro de la corrupción.

Para tomar esa decisión, no había que pedirle permiso o ser enviados por Maduro, Diosdado, ELN, disidencia de la FARC-EP. Los floreros de Llorente están a la vista, no necesitan emisarios. Es solo abrir la vida cotidiana del pueblo colombiano y encontrarás: «hambre, desempleo, mala educación, injusticia social». La CIUDADANÍA rompió el molde del odio y el miedo para pararsele al centro de poder y contar una nueva historia de rebeldía. Por ahora, ella va ganando. Ante esa realidad, Iván Duque Márquez, el más mediocre de los huéspedes que ha tenido la Casa de Nariño, se asustó y sin más recurso mental, sacó a la calle a la policía y el ejército y los enfrentó a esa «caterva de vándalos», según ellos, que además, no quieren a Colombia.

Petro sostenido por su pueblo y asesiado por los depredadores

Decidió montar su sanedrín político, a través de unos expresidentes, que a manera de manada de tigres, que aún siguen hambrientos de poder, decidieron darles el sí. Allí están unidos hasta que dure la mermelada, Samper, Pastrana, Gaviria y Uribe, quienes coordinan la «fidelidadad» de los seis partidos de gobierno, más otros movimientos de poco peso, pero que con unos puestos y cierto protagonismo, se unen a lo que digan «ellos». A esos asustados personajes, se unieron los grupos Santodomingo, Ardila Lulle, Sarmiento Ángulo, empresarios Antioqueños, los Chard, las organizaciones gremiales de ganaderos y latifundista, medios de comunicación, periodistas cuidando sus puestos, quienes han construido un frente común «TODOS CONTRA PETRO» e hicieron en privado, una gran fiesta, en donde con júbilo expresaron: «ahora sí le llegó el tatequieto, a ese iluso pueblerino, que pretende ser Presidente sin haber consultado con el que diga él».

Ese poderoso movimiento económico y político, ve en Gustavo Petro Urrego al enemigo que se debe vencer, por varias razones: «Es el único que puede poner al descubierto, todas las maniobras que les ha permitido mantenerse durante años en el poder», «Rescatar de las empresas mafiosas de la salud, su derecho fundamental y no de servicios que estás han mantenido para enriquecer a sus socios y directivas», «Cambiar la dependencia que han construido los grandes empresarios, a través de sus productos, por unos más sanos hábitos, que ayuden a corregir su rumbo y volver la salud más preventiva», «Un mejor acuerdo con otros países, que generen un desarrollo equilibrado en los tratados de Libre Comercio, que siempre ha dejado en desventaja a la economía nacional», «Lograr una educación pública de calidad en todos sus frentes, cuya gratuidad no sea impensable sino el mecanismo de erradicar el analfabetismo», «Buscar en otros productos, los instrumentos ideales para competir en los mercados nacionales e internacionales y no depender del extractivismo como elemento prioritario de su economía».

Así como estás habrán muchas formar de mejorar la realidad que vive Colombia. A esa cuenta alegre, que ha planteado ese movimiento, se les olvidó incluir al protagonista de todo: LA CIUDADANÍA. Esa conformada por jóvenes, indígenas, negros, raizales, mestizos, palenqueros, la comunidad LGBTI, cuya diversidad sexual ha sido manoseada, un gran número de policías, soldadados, artistas, congresistas, empresarios, comunicadores, campesinos, artistas, deportistas y personas del común, que como yo, pensamos que este modelo caducó, que en Colombia solo habla la corrupción, todo es tape tape, que no le creemos al cuento del CastroChavismo, miedo o al odio.

Somos LA CIUDADANÍA que está de pie, que sabe y ha tomado conciencia que esta es su única oportunidad. Si no es ahora, no será nunca. Que el voto no está en los partidos ni en el gobierno, sino en LA CIUDADANÍA, la misma que ha sido sometido durante tantos años. Somos LA CIUDADANÍA que salió a la calle para regresar a sus casas, vivos o muertos, con una nueva oportunidad para sus hijos y nietos. Es LA CIUDADANÍA que sabe la lucha que libra Gustavo Petro Urrego, contra viento y marea, señalando la corrupción y sus protagonistas, quien recibe los ataques más aleve del centro de poder, porque cada ataque que él realiza, es una verdad que ellos quieren acallar.Todo eso lo sabe LA CIUDADANÍA, que no traicionará esa realidad». #Desdemiraya

Félix Carrillo Hinojosa